C√ďMO LEER 100 LIBROS AL A√ĎO (Y POR QU√Č PROVOCA RECHAZO)

El art√≠culo de H√©ctor Garc√≠a Barn√©s publicado en El Confidencial, ‚ÄúHay gente en Espa√Īa que lee 80, 150 o 300 libros al a√Īo, y no es tan dif√≠cil como suena‚ÄĚ, llama poderosamente la atenci√≥n tanto por los casos que presenta de grandes lectores como por los comentarios m√°s bien negativos que √©stos reciben en los comentarios. Seg√ļn informa Garc√≠a Barn√©s, la encuesta de h√°bitos de lectura y compras de libros de 2021, realizada por Federaci√≥n de Gremios de Editores de Espa√Īa, indica que ‚Äúlos mayores de 18 a√Īos leen de media 10‚Äô2 libros anuales, pero hay un 36% de personas que no leen ni uno‚ÄĚ, seg√ļn dicen la mitad de ellos por falta de tiempo. Por contra, los ‚Äúsuperlectores‚ÄĚ, seg√ļn nomenclatura del periodista ‚Äúesos aficionados a la literatura que leen al a√Īo la misma cantidad de libros que pueblos enteros‚ÄĚ, s√≠ encuentran tiempo para entregarse a su vicio favorito. El ingeniero Mariano Hortal, quien lee unos 300 libros al a√Īo como refleja su blog Lectura y locura, es seguramente un caso extraordinario, pero seg√ļn informa Garc√≠a Barn√©s no es tan extra√Īo encontrar en Espa√Īa lectores que consumen de 80 a 150 libros anuales entre las filas de profesores, editores y periodistas. Y espero que entre otros tipos de lectores.

Aunque me considero sencillamente una lectora, yo soy una de esas ‚Äėsuperlectoras‚Äô en tanto que mi media anual ronda los 100 libros. Empec√© a llevar la lista de todo lo que leo a los catorce a√Īos para no olvidarme de nada, y sigo anotando religiosamente los vol√ļmenes por los que paso, no por af√°n de cumplir un cupo sino por pura curiosidad sobre c√≥mo se va desarrollando mi paseo anual por los libros. Y, como dec√≠a, por pura necesidad memor√≠stica. Entiendo que los lectores que ha entrevistado Garc√≠a Barn√©s corresponden a un perfil similar: ni ellos ni yo competimos con otros lectores, no esperamos ser premiados por leer, y no leemos para hinchar nuestras listas respectivas sino que estas se van llenando.

El n√ļmero de libros le√≠do no indica las horas pasadas ante un volumen y por ello durante un tiempo tambi√©n sol√≠a anotar las p√°ginas de cada libro, h√°bito que perd√≠. S√≠ que ha habido casos en los que he dudado de a√Īadir un libro a mi lista por estar alrededor de las 100 p√°ginas, aunque en otros casos haya podido leer libros de 800 o 900 p√°ginas (como el que ahora leo, Fall; or Dodge in Hell de Neal Stephenson). Una cosa que hay que entender es que cuanto m√°s se lee m√°s aumenta la velocidad de lectura, y m√°s mejora la comprensi√≥n, sin duda alguna. Mi velocidad de lectura habitual ronda las 50-60 p√°ginas por hora, aunque como dec√≠a en la entrada anterior, raramente leo m√°s de dos horas seguidas a no ser que sea por trabajo. Nunca me obligo a leer cada d√≠a, ni acabo un libro que no me guste, con lo cual habr√≠a que a√Īadir a los 100 anuales algo as√≠ como unos 10 o 12 m√°s por n√ļmero de p√°ginas le√≠das en los vol√ļmenes que al final no acab√©.

Ni los superlectores del art√≠culo ni yo misma narramos esta experiencia con af√°n de notoriedad. De hecho, Garc√≠a Barn√©s ofrece el art√≠culo a quienes dicen no tener tiempo de leer para que vean que si se quiere se encuentra. Los lectores entrevistados explican algo m√°s que obvio: el tiempo siempre es limitado pero si se encuentran tres horas y media al d√≠a para ver la televisi√≥n (la media nacional en Espa√Īa en 2021), o perder el tiempo en las redes sociales, se puede encontrar una hora para la lectura. De hecho, es cada vez m√°s importante adquirir ese h√°bito ya que diversos estudios indican que tal como el ejercicio f√≠sico habitual mantiene sano el coraz√≥n, la lectura ayuda a mantener la salud del cerebro.

Dejando de lado este tema, queda claro que quienes leemos encadenando libros posiblemente obtenemos alg√ļn tipo de endorfina de la lectura parecida a la que anima a los deportistas. Yo no hago deporte, aunque soy consciente de que deber√≠a, y por lo tanto comprendo que hay mucha gente a la que no le interesa nada la lectura, pero en todo caso no se me ocurre despreciar los logros deportivos de los deportistas aficionados. Si me tropezara con un art√≠culo en el que una serie de se√Īores y se√Īoras me contaran que corren una marat√≥n a la semana porque les encanta, no se me pasar√≠a por la cabeza denigrarlos; sin embargo, lo que reflejan los comentarios al art√≠culo de Garc√≠a Barn√©s es desconfianza y desprecio, y una impresi√≥n muy equivocada de que los superlectores son (o somos) arrogantes.

Procedo a citar algunos de esos comentarios. Mr. Puterfull sentencia que ‚ÄúLa lectura no se puede tomar como un reto o una competici√≥n. Nos estamos volviendo locos‚ÄĚ, aunque nada en el art√≠culo sugiere que los superlectores se enfrenten a retos o compitan. Stuart Carter subraya que ‚Äúel leer no puede ser ni una obligaci√≥n‚ÄĚ sino que ‚ÄúLo importante es leer y disfrutar de lo que se lee‚ÄĚ, sin reparar en que esto mismo defienden los entrevistados. Alberto Mart√≠n opina (en may√ļsculas) que ‚Äú100 LIBROS AL A√ĎO? ES UNA BARBARIDAD‚ÄĚ para a continuaci√≥n dudar que los superlectores hayan comprendido lo que leen. Otro lector, Weyland Yutani (el nombre de la diab√≥lica corporaci√≥n en la saga Alien), concluye que ‚ÄúEl que se lee 300 libros al a√Īo no lee, hojea. No es lo mismo‚ÄĚ, pese a que no tiene base alguna para justificar su argumentaci√≥n (ni para insinuar que Mariano Hortal miente). Philip Buster secunda esa tesis infundada con un rotundo ‚ÄúPuedo consumir mucha lectura y no leer nada‚ÄĚ. Maria Benjumea niega con rotundidad que se puedan leer 50 o 60 p√°ginas en una hora (‚Äúme huele a chamusquina‚ÄĚ). En su opini√≥n, ‚Äúm√°s de 30 p√°ginas en una hora es saltarse p√°rrafos o leer basura‚ÄĚ. Una tal Maxim√≥n insiste en que ‚Äúsi leo al ‚Äėpeso‚Äô estoy perdiendo literalmente mi tiempo‚ÄĚ, pese a que los superlectores entrevistados mencionan en todos los casos libros de calidad. Seg√ļn ella, ‚Äúlo ideal es seleccionar muy bien que se va a leer y porqu√©‚ÄĚ, de modo que ‚ÄúYo, con 10/12 libros en un a√Īo me doy por satisfecha‚ÄĚ.

Otros comentarios atacan a los superlectores en lugar de por el flanco de la capacidad de comprensi√≥n por el flanco del tiempo. Daniel Monle√≥n, quien dice ser lector seg√ļn el momento de su vida, comenta que ‚Äúleer es disfrutar‚ÄĚ al igual que otros placeres, sin que sea ‚Äúuna elecci√≥n (‚Ķ) [ni] mejor ni peor que otras‚ÄĚ pero s√≠ ‚Äúm√°s solitaria‚ÄĚ. Reaccionando al c√°lculo de unos de los superlectores que ha decidido no perder el tiempo con malos libros porque le queda tiempo para leer s√≥lo unos 3500 en su vida, Felipe Garc√≠a escribe que ‚ÄúNo tengo ning√ļn inter√©s en leer 80 libros al a√Īo, ni de leer 3500 en lo que me resta de vida. Ni tampoco en ver 50 temporadas de series por a√Īo ni en ver 200 partidos del a√Īo‚ÄĚ, poniendo as√≠ al mismo nivel la lectura y el consumo de televisi√≥n, que todos los superlectores desprecian. Por √ļltimo, Jorge Valdecasas escribe que ‚ÄúSi alguien me dice que tiene un trabajo de 8 horas, 3 hijos y se lee un libro cada 2 d√≠as del calibre de los tres tomos del se√Īor de los anillos (sic), pedir√≠a que le quitasen la custodia de sus hijos‚ÄĚ, pasando por alto que los h√°bitos de lectura suelen nacer por imitaci√≥n de los padres y madres que leen.

Como dec√≠a, no imagino semejantes comentarios en respuesta a un art√≠culo sobre c√≥mo encontrar tiempo para correr maratones, y la pregunta obvia es por qu√© dan tanta rabia los superlectores entrevistados. No hay ning√ļn comentario que agradezca los consejos dados (llevar libros siempre que se vaya de viaje aunque sea en el metro, buscar ratos m√°s breves a lo largo del d√≠a si no se puede dedicar una hora a la lectura, usar las bibliotecas p√ļblicas para experimentar con distintos tipos de libros), sino un conjunto de ataques. Espa√Īa es un pa√≠s tremendamente inculto y quiz√°s ah√≠ radica la inquina. Mientras que un comentario sugiere que el √≠ndice de lectura va subiendo como indica la apertura de nuevas grandes librer√≠as en las ciudades mayores, otro espeta que si fuera as√≠ habr√≠a una librer√≠a en cada calle, mientras lo que hay son bares.

Dada esta situaci√≥n no sorprende tanto que los superlectores sean menospreciados como listillos que se creen superiores a los dem√°s. Por otra parte, es cierto que los entrevistados no dudan en criticar el consumo masivo de series y de programas de cotilleo como lacras que impiden maximizar el tiempo que se podr√≠a dedicar a la lectura, y entiendo que esta postura pueda ser ofensiva. Tengo que aclarar que en mi propio entorno acad√©mico no todo el mundo lee desaforadamente, y que m√°s de un colega profesor de Literatura lee menos de lo que debiera por culpa de las series. No me sorprender√≠a tal como van las cosas que de aqu√≠ a treinta a√Īos ya no se ense√Īen libros en nuestros grados de Estudios Ingleses, sino series (creo que el cine est√° muriendo antes de poder llegar a nuestras aulas).

Como escrib√≠ en mi anterior entrada, cuando llega la noche y tengo un rato de ocio siempre surge la duda de si optar√© por una pel√≠cula o por el libro que est√© leyendo esos d√≠as. Como dec√≠a Daniel Monle√≥n en su comentario leer es solitario y normalmente si opto por una pel√≠cula es porque quiero hacerle compa√Ī√≠a a mi pareja, que es un fan√°tico total del cine. El problema es que si la pel√≠cula no me interesa demasiado me revuelvo inquieta en el sof√° pensando en el libro que podr√≠a estar leyendo, situaci√≥n que es dif√≠cil de comprender (lo s√©) para un no lector. Si lo piensas bien, el h√°bito de leer constantemente es sumamente extra√Īo, y quiz√°s un tanto ego√≠sta como sugieren algunos de los comentarios citados. Ciertamente, no se puede compartir, a pesar de redes sociales como GoodReads o los muchos clubs de lectura, a no ser que, como hac√≠an muchas familias en el siglo XIX, uno lea en voz alta y otros escuchen. Tampoco es que ver la televisi√≥n o usar las redes sociales sea un acto m√°s sociable, como se puede ver en esos grupos de adolescentes que no hablan entre s√≠ mientras cada uno consulta su m√≥vil. Pero somos los lectores impenitentes los que arrastramos el sambenito de estar demasiado abstra√≠dos, demasiado inmersos en otros mundos. De ser unos raros, en suma.

Como s√© que nunca correr√° una marat√≥n, digan lo que digan los deportistas, s√© que no sirve de nada recomendar leer si no 80 al menos m√°s de 12 libros al a√Īo. Lo dejo caer, por si alguien se anima.

Publico una entrada una vez a la semana (s√≠gueme en @SaraMartinUAB). ¬°Los comentarios son muy bienvenidos! Desc√°rgate los vol√ļmenes anuales de https://ddd.uab.cat/record/116328 y visita mi sitio web https://gent.uab.cat/saramartinalegre/. La versi√≥n en ingl√©s del blog est√° disponible en https://blogs.uab.cat/saramartinalegre/
‚ÄÉ

HOMENAJE A LAS MINISERIES

Ya es de noche, despu√©s de la cena, y toca relajarse: es la hora de elegir una pel√≠cula en cualquiera de las plataformas a la que una est√° suscrita. Esto significa emplear aproximadamente dos horas en absorber una historia, dejando de lado los quince minutos (o m√°s) que puede llevar seleccionar una pel√≠cula m√≠nimamente atractiva, a menos que se haya preseleccionado y colocado en la lista correspondiente. Si sabes de una pel√≠cula que realmente quieres ver, tanto mejor; si no, en este punto comienzas a preguntarte si tienes la resistencia para aguantar ciento veinte minutos de un gui√≥n posiblemente mediocre con una direcci√≥n y actuaciones superficiales, la t√≠pica pel√≠cula con una calificaci√≥n de 6 a 6‚Äô5 en IMDB. Ah√≠ es cuando te preguntas ¬Ņpor qu√© no ver un episodio de una serie? Sesenta minutos como m√°ximo y luego temprano a la cama, tal vez para leer un rato; o quedarte en el sof√° a disfrutar de un videojuego. Cuatro horas y cuatro episodios despu√©s, te preguntas a d√≥nde se ha ido el tiempo y si te despertar√°s a tiempo cuando suene la alarma…

¬ŅPor qu√© es m√°s f√°cil ver cuatro episodios de una serie en lugar de un largometraje, que siempre ser√° m√°s breve? Por la misma raz√≥n que es m√°s f√°cil leer sesenta p√°ginas de una novela que un relato de veinte p√°ginas. Todas las narraciones requieren un esfuerzo para dominar las reglas de su mundo ficticio, se trate de un micro cuento o de un serial inacabable de veinte temporadas. Aplicado a un texto corto este esfuerzo no es productivo porque se gasta en poco tiempo. Con un texto m√°s largo, sucede lo contrario: una vez que se comprenden las reglas narrativas b√°sicas, la narraci√≥n en s√≠ puede degustarse muchas p√°ginas o muchas horas, sin esfuerzo adicional. Cuando elegimos una serie en lugar de una pel√≠cula, o una novela en lugar de un relato, estamos maximizando la utilidad del esfuerzo que hacemos para entrar en sus mundos imaginarios. Cuando la pel√≠cula de dos horas termina, tenemos que comenzar el proceso de nuevo con otra pel√≠cula. Con una serie, el mismo esfuerzo se extiende horas, d√≠as, semanas y m√°s, sin inversi√≥n adicional. Adem√°s, ver una serie tambi√©n resuelve el problema de qu√© ver los d√≠as siguientes, hasta que la serie termine o su atractivo disminuya para el espectador. En resumen, una persona que ve una pel√≠cula diferente todos los d√≠as, o que lee un cuento diferente a diario, debe estar dispuesta a gastar mucha energ√≠a imaginativa, mientras que alguien que usa dos horas al d√≠a para ver la misma serie durante un mes, o leer la misma novela, solo se involucra en una historia, sin importar cu√°n compleja sea la trama y las subtramas.

No me gustan las series por la misma razón que no me gustan las novelas de más de 400 páginas: debe haber un límite, creo, al tiempo que estoy dispuesta a invertir en una sola historia. Por las razones que he explicado, no me gustan demasiado los cuentos, que generalmente me impacientan incluso cuando tienen solo unas pocas páginas. Me gustan las películas, pero cada vez me resulta más difícil encontrar guiones que me interesen y, por ello raras veces estoy dispuesta a invertir dos horas de mi tiempo en ver un largometraje, especialmente si estoy leyendo un libro atractivo. A menos que viaje en un tren, avión o autocar, o que lea por trabajo, no leo más de dos horas seguidas por placer, lo que significa que para mí la película de la noche está en competencia directa con cualquier libro que pueda estar leyendo. Por lo general, el libro gana.

Una soluci√≥n para aquellos a quienes, como a m√≠, no les gustan las series y est√°n empezando a odiar las pel√≠culas es ver miniseries. La diferencia entre una serie y una miniserie no es tan f√°cil de establecer. En principio, una miniserie est√° limitada a una temporada; de hecho, la palabra ‚Äėtemporada‚Äô ni siquiera deber√≠a aplicarse a este tipo de narraci√≥n, ya que una serie solo tiene ‚Äėtemporadas‚Äô si es propiamente una serie, no una miniserie. Para confundir a√ļn m√°s las cosas, no es f√°cil distinguir entre miniserie y serie por n√ļmero de episodios: por poner un ejemplo, la brillante miniserie Berlin Alexanderplatz (1980) consta de catorce episodios, mientras que la no menos brillante serie Sherlock (2010-2017) consta de quince episodios distribuidos en cuatro temporadas. Tal vez en lugar de ‚Äėminiserie‚Äô, deber√≠amos usar la etiqueta de ‚Äėserie de una temporada‚Äô, aunque esto contradiga mi argumentaci√≥n anterior. La Academia de Artes y Ciencias de la Televisi√≥n de los Estados Unidos, que otorga los Emmy, prefiere la etiqueta ‚Äėserie limitada‚Äô, y parece que en el Reino Unido la palabra serie se usa tanto para minis como para series m√°s largas.

En cuanto a la duraci√≥n de los episodios, hay miniseries de solo dos episodios que son m√°s cortas que la magn√≠fica pel√≠cula de Steven Spielberg Schindler’s List (1993), de 195 minutos. El l√≠mite superior est√° marcado por el m√°ximo que puede durar una temporada, aunque dir√≠a que quince episodios son suficientes. Los episodios pueden durar de veinte a noventa minutos, si bien la mayor√≠a dura de cuarenta y cinco a sesenta minutos, por lo que el n√ļmero de episodios no es una indicaci√≥n de la duraci√≥n real de una miniserie. Se dice que War and Remembrance (1988-1989) es la miniserie m√°s larga, con sus 27 horas (en 12 episodios); ¬°su primer episodio dura 150 minutos! Para agregar m√°s datos, las dos miniseries de ficci√≥n de mayor rango en IMDB calificadas con un 9,4 (dejando de lado las miniseries documentales) son muy diferentes en cuanto a duraci√≥n: Band of Brothers (2001) dura 594 minutos, Chernobyl (2019) solo 330.

La miniserie naci√≥ mucho antes de la palabra en s√≠, que apareci√≥ a principios de la d√©cada de 1960 (1963, seg√ļn el diccionario Merriam Webster), con la adaptaci√≥n serializada de novelas. En The Classic Serial on Television and Radio (2001), Robert Giddings y Keith Selby atribuyen a John Reith, el inventor brit√°nico de la radiodifusi√≥n de servicio p√ļblico, la idea de usar la cadena de radio de la BBC para representar obras de teatro en la d√©cada de 1930, h√°bito que gener√≥ una moda centrada en los cl√°sicos literarios y populares del siglo XIX. Esta moda se traslad√≥ m√°s tarde a la televisi√≥n. Giddings y Selby se√Īalan (p. 19) que la adaptaci√≥n en 1951 por parte de BBC Television de la novela The Warden de Anthony Trollope en seis episodios fue la primera miniserie; fue seguida en 1952 por Pride and Prejudice. Seg√ļn Francis Wheen‚Äôs Television (1985), el inmenso √©xito en los Estados Unidos, en 1960-1970, del serial brit√°nico The Forsyte Saga (1967), basado en las novelas de John Galsworthy, ‚Äúinspir√≥ la miniserie estadounidense‚ÄĚ, tambi√©n a menudo basada en novelas, tanto cl√°sicas como best-sellers.

Siento usar mis recuerdos personales, pero sucede que mi infancia y adolescencia se solapan con el per√≠odo en el que las miniserie estadounidenses y las brit√°nicas florecieron. El a√Īo clave fue 1976. Fue entonces cuando la adaptaci√≥n de la BBC de las novelas de Robert Graves I, Claudius (1934) y Claudius the God (1935) como I, Claudius, y la versi√≥n de ABC del best-seller de Irvin Shaw Rich Man, Poor Man (1969) lleg√≥ a la pantalla de televisi√≥n con una fuerza de hurac√°n que recuerdo perfectamente. Ten√≠a diez a√Īos cuando Hombre rico, hombre pobre fue emitida por TVE, en 1977, y doce cuando Yo, Claudio fue vista por fin en Espa√Īa en 1978, y s√≠ recuerdo su impacto con toda claridad. No recuerdo haber visto la exitosa miniserie anglo-italiana Jes√ļs de Nazaret (1977, dirigida por Franco Zefirelli), emitida por TVE en 1979, pero ciertamente recuerdo el enorme fen√≥meno en el que se convirti√≥ Roots (1977), o Ra√≠ces, basada en la novela de Alex Hailey (1976), en ese mismo a√Īo de 1979. Luego vinieron otras adaptaciones de la BBC (me qued√© impresionad√≠sima con la versi√≥n de 1978 de la BBC de Wuthering Heights, que vi a los trece a√Īos, antes de leer la novela de Emily Bront√ę) y los √©xitos de la d√©cada de 1980: ShŇćgun (1980), adaptaci√≥n de la novela de James Clavell; The Thorn Birds (1983) basada en la novela rom√°ntica de Colleen McCullough; y la trilog√≠a de miniseries North and South (1985, 1986, 1994), basada en las novelas de John Jakes.

La miniserie que posiblemente alter√≥ m√°s profundamente c√≥mo se deb√≠a gestionar la adaptaci√≥n literaria fue Brideshead Revisited (1981) de Granada Television/ITV, basada en la novela de 1945 de Evelyn Waugh. Esta serie de once episodios, que lanz√≥ la carrera de Jeremy Irons, se emiti√≥ en Espa√Īa en 1983. Ten√≠a yo diecis√©is a√Īos entonces y recuerdo estar completamente encantada con todo lo que mostraba. Curiosamente, Televisi√≥n Espa√Īola emiti√≥ originalmente Brideshead en su segundo canal, que solo llegaba a una minor√≠a de espectadores y luego le dio una segunda oportunidad en su canal principal en 1984. Eran los tiempos previos a la aparici√≥n de los canales privados (en la d√©cada de 1990) y mucho antes de las plataformas de streaming, cuando todos ve√≠an la misma serie. Brideshead Revisited tiene poco que ver con todas las otras miniseries que he mencionado, siendo una exploraci√≥n bastante sutil del desajuste entre Charles Ryder y la rica pero decadente familia de su amigo Sebastian Flyte. Tambi√©n es una cr√≥nica bastante nost√°lgica del final de las grandes casas aristocr√°ticas brit√°nicas (el magn√≠fico Castillo Howard fue la ubicaci√≥n principal), y como tal un precursor de la novela mucho m√°s cr√≠tica de Kazuo Ishiguro The Remains of the Day (1989). Era yo entonces una adolescente f√°cilmente impresionable y cre√≠ a pies juntillas que la cultura inglesa era tan fina y elegante como Brideshead mostraba, lo cual no era el caso. Tampoco capt√© el profundo clasismo, que vi con toda crudeza cuando ense√Ī√© la novela una d√©cada despu√©s a estudiantes de primer a√Īo que no le vieron la gracia.

Repasando estos d√≠as las listas de las mejores miniseries actuales, es decir, de los √ļltimos diez a√Īos, concluyo que este tipo de narraci√≥n est√° floreciendo de nuevo, aunque tambi√©n est√° siendo sobrevalorada. Disfrut√© enormemente de The Queen‚Äôs Gambit (2020), seg√ļn la novela de Walter Tevis (1983), pero encontr√© The Night Manager (2016), basada en la novela de John le Carr√© (1993), muy poco merecedora de su √©xito. Un problema que afecta a las miniseries es que las plataformas no distinguen en sus men√ļs entre ellas y las series de varias temporadas, con lo cual es f√°cil perderse las menos publicitadas. La imposibilidad de suscribirse a todos los servicios de streaming significa adem√°s que los espectadores se pierden constantemente las series de las que podr√≠an disfrutar. Esta iba a ser originalmente una entrada con una lista de grandes miniseries recientes, pero yo misma tengo acceso a una selecci√≥n muy limitada. Este es un tema para otro post, por supuesto, pero me pregunto si la proliferaci√≥n de plataformas est√° haciendo que la pirater√≠a vuelva a crecer, una vez que los espectadores que se apa√Īan bien con los ordenadores han llegado a la conclusi√≥n de que no hay forma de mantenerse al d√≠a con el flujo incesante de productos audiovisuales atractivos.

Terminaré sugiriendo que la miniserie podría acabar matando la adaptación cinematográfica de novelas para el cine, probablemente sea una buena noticia. Una película de dos horas nunca puede acomodar los eventos de una novela de extensión media y mucho menos los de cualquier novela de más de 400 páginas. La miniserie, que es siempre más flexible, parece ser, por lo tanto, un vehículo mucho más adecuado para adaptar novelas, como ya demostró la hermosa versión de Orgullo y prejuicio (1995) de la BBC. La mala noticia asociada a esta tendencia es la tentación de prolongar la miniserie para una segunda temporada y más allá, con la esperanza de convertirla en una serie propiamente dicha basada en el atractivo de un personaje o una trama. Un ejemplo es The Handmaid’s Tale (2017-) ya en su quinta temporada, mucho más allá de la novela original de Margaret Atwood. Los showrunners intentan explotar el atractivo de todas las series populares, pero es bueno saber cuándo hay que detenerse, y este es el rasgo que más aprecio de las miniseries.

Espero que vosotros también las disfrutéis.

Publico una entrada una vez a la semana (s√≠gueme en @SaraMartinUAB). ¬°Los comentarios son muy bienvenidos! Desc√°rgate los vol√ļmenes anuales de https://ddd.uab.cat/record/116328 y visita mi sitio web https://gent.uab.cat/saramartinalegre/. La versi√≥n en ingl√©s del blog est√° disponible en https://blogs.uab.cat/saramartinalegre/

VIVIR CON MIEDO: ESCLAVOS DEL TERRORISMO PATRIARCAL, DE SALMAN RUSHDIE A AFGANIST√ĀN

Al final de Blade Runner (1982) de Ridley Scott, el replicante Roy Batty muestra su humanidad poco antes de morir al recordar todo lo que ha vivido y concluir que, con su muerte, ‚Äútodos esos momentos se perder√°n en el tiempo, como l√°grimas en la lluvia‚ÄĚ, una frase conmovedora que el actor Rutger Hauer aport√≥ a la pel√≠cula salt√°ndose el gui√≥n. Este es uno de los discursos m√°s famosos de la historia del cine, pero la frase de la misma escena que recuerdo con mucha m√°s fuerza es ‚ÄúToda una experiencia sentir miedo. Eso es lo que es ser un esclavo‚ÄĚ que el replicante esclavizado dirige al hombre que lo persigue, el detective Deckard (Harrison Ford), en un momento en que su vida est√° en manos de Batty. Supongo que la frase fue escrita por el guionista David Peoples, y lo saludo por encapsular en ella la raz√≥n por la que actuamos como cobardes frente a la brutalidad: estamos esclavizados por el miedo, y este miedo tiene sus ra√≠ces en la violencia.

Es inevitable mencionar esta semana el brutal ataque sufrido por el autor nacido en India Salman Rushdie, treinta y tres a√Īos despu√©s de la fatwa que el ayatol√° Jomeini respald√≥ contra √©l por supuestamente haberse burlado del Islam en su novela The Satanic Verses (1989). Vivo en un pa√≠s donde la Inquisici√≥n hizo que 1346 personas fueran ejecutadas de maneras horribles entre 1478 y 1834, incluidos los territorios ocupados de Am√©rica Central y del Sur, por lo que estoy bastante familiarizada con la brutalidad a la que puede conducir la creencia religiosa radicalizada. Precisamente por eso, me sorprende, como a muchas otras personas, ver que el fanatismo religioso sigue vivo y causando tanto da√Īo, cuando deber√≠a ser solo una cuesti√≥n del pasado hist√≥rico.

El fanatismo es la base no solo del atentado contra Rushdie, sino tambi√©n del terrorismo que alter√≥ tan brutalmente la paz en Barcelona una tarde de agosto de hace cinco a√Īos, y del nuevo cautiverio de todas las mujeres en Afganist√°n bajo el r√©gimen talib√°n establecido en 2021. No me olvido de las v√≠ctimas en Palestina, ni de las mujeres estadounidenses a las que los intolerantes fundamentalistas de la Corte Suprema de los Estados Unidos les impiden abortar. A aquellos que se preguntan por qu√© no se detuvo el Holocausto, les dir√≠a que la respuesta es clara, ya que hoy estamos viendo ejemplos similares: somos esclavos que pueden ser f√°cilmente intimidados y sometidos por el miedo. Cuando tenemos miedo, procuramos desconectar y dejamos de actuar.

No sé si alguna vez hubo un momento en que los humanos vivieran sin violencia, pero en aras de la argumentación voy a suponer que eso sucedió. A menudo he argumentado que el patriarcado no se trata fundamentalmente de sexismo, sino de dominación y poder. El dominio, sin embargo, se mantiene por medio de la violencia y mi suposición es que el patriarcado comenzó cuando uno de los cazadores masculinos en una expedición tribal entendió que la violencia utilizada contra los animales podría usarse contra otros humanos para ganar ascendencia. El primer patriarca fue muy probablemente un matón que vio que su capacidad para usar la violencia podía convertirse en la base del poder, y que usurpó a las mujeres el poder de dar vida colocando el falo en el centro de la vida social.

El jefe tribal no tiene por qu√© ser un mat√≥n o un villano, pero el sistema de terror impuesto mediante la violencia (obed√©ceme o si no…) es la base misma de la civilizaci√≥n patriarcal, el r√©gimen autoritario en el que todos vivimos, incluidas las democracias. El otro sistema de control patriarcal se estableci√≥ a trav√©s de la religi√≥n. Le√≠ no hace mucho tiempo en un texto de alguien cuyo nombre he olvidado que la religi√≥n apareci√≥ como un sistema para imponer la obediencia cuando las tribus crecieron. El cacique y sus guerreros solo pueden controlar a trav√©s de la violencia directa a una cantidad limitada de individuos, pero si inculcas en la tribu el miedo a los dioses o a dios a trav√©s de personas presentadas como un elenco de seres sagrados (ya sean magos o sacerdotes), entonces el n√ļmero de individuos que puedes controlar puede crecer hasta llegar a los miles de millones, como demuestran el Catolicismo y el Islam.

No s√© mucho sobre el Islam, pero puedo decir con certeza que el Catolicismo ha controlado el comportamiento personal por medio del miedo al infierno y del ostracismo social, y cuando estas estrategias fallaban, por los medios violentos que la Inquisici√≥n respald√≥. El dominio del Catolicismo est√° ahora muy debilitado, y el Papa ya no excomulga a ning√ļn creyente por sus transgresiones o por sus blasfemia, si bien en t√©rminos hist√≥ricos, esta iglesia no es tan diferente del fanatismo desenfrenado que vemos hoy en otras religiones.

La suposici√≥n es que la Historia avanza hacia un futuro en el que se respetar√°n todos los derechos humanos y el r√©gimen autoritario que conocemos como patriarcado se transformar√° en una democracia dirigida por ciudadanos plenamente participativos. Cuando Hadi Matar hundi√≥ su cuchillo diez veces en el cuerpo desprotegido de Salman Rushdie, no solo retras√≥ el reloj a 1989, sino que tambi√©n confirm√≥ que el progreso se est√° deteniendo. Los derechos de las mujeres y las personas LGTBIQ+ afganas se han evaporado, y lo mismo est√° sucediendo en los Estados Unidos. Putin, Trump, Bolsonaro y los muchos otros patriarcas que amenazan la democracia nos est√°n llevando de vuelta a los tiempos m√°s oscuros que pens√°bamos que eran solo parte de la Historia, lamento repetir mi argumento. Hablar de guerra nuclear se est√° normalizando en el verano m√°s caluroso registrado jam√°s, lo que indica que el cambio clim√°tico podr√≠a no tener tiempo de matarnos porque un invierno nuclear lo har√°. El fanatismo y el fascismo que cre√≠amos muertos est√°n regresando, como el asesino psic√≥pata de las secuelas cada vez m√°s malas, y aunque ning√ļn otro grupo de seis millones de personas ha sido exterminado tan sistem√°ticamente como lo fueron los jud√≠os de Europa, inmensos colectivos humanos est√°n siendo victimizados, con las mujeres en la parte superior de la lista, a pesar de que en realidad somos la mayor√≠a del 52% en el mundo.

Una pregunta que a menudo se hace sobre los esclavos afroamericanos es por qu√© nunca organizaron una rebeli√≥n colectiva y asesinaron en masa a sus due√Īos, ya que estos eran claramente una minor√≠a en comparaci√≥n con el n√ļmero de personas esclavizadas. Bien, el replicante Roy Batty nos dio la respuesta: ser esclavo es vivir con miedo, y vivir con miedo te convierte en esclavo. Agregar√© que posiblemente solo se necesite el 10% de matones verdaderamente brutales para esclavizar al resto, aunque por lo que veo en los votos de aquellos que apoyan las pol√≠ticas de extrema derecha, entre el 25% y el 30% de la poblaci√≥n son esclavos que anhelan un amo duro y que piensan que el resto deber√≠a ser esclavizado.

Como mujer, estoy aterrorizada. Por esa tendencia anti-democr√°tica, por la embestida contra los derechos de las mujeres, por el odio contra las personas LGTBIQ+ incluso en pa√≠ses como Espa√Īa donde el matrimonio gay es un derecho, y por la incapacidad de la comunidad mundial para detener a bestias como Putin. Estamos retrocediendo tan r√°pido que nos llevar√° siglos recuperar el futuro. Pensad en lo que J.K. Rowling debe estar sintiendo ahora, atrapada como est√° entre la furia de los activistas trans que la han calificado de TERF, y el odio del hombre musulm√°n radical que le anunci√≥ en Twitter despu√©s de que Rushdie fuera atacado ‚Äút√ļ eres la siguiente‚ÄĚ. Y no me olvido de la rapera musulmana catalana Miss Raisa, defensora de la comunidad LGTBI. Un hombre fue arrestado hace solo unos d√≠as, no solo habiendo amenazado con decapitarla, sino aparentemente prepar√°ndose para hacerlo.

Mi libertad de expresi√≥n personal y nuestra libertad de expresi√≥n colectiva se ven comprometidas por el miedo y el odio que se derraman sobre nosotros, tanto por parte de instituciones de larga historia, tal como la religi√≥n organizada, como otras nuevas, tales como las redes sociales. Salman Rushdie pens√≥ que estaba libre de la fatwa y viajaba sin escolta, cansado de los a√Īos que pas√≥ aislado como un prisionero. Su ataque por un joven que ni siquiera hab√≠a nacido cuando se emiti√≥ la fatwa, y que muy probablemente actu√≥ como un lobo solitario, podr√≠a ser solo el trabajo de un individuo fan√°tico aislado, pero este hombre representa algo m√°s profundo.

La libertad de expresión de los otros radicalizados y antidemocráticos, ya sean los talibanes o Donald Trump, no se ha socavado, mientras que la nuestra ha sido limitada por su violencia. Twitter expulsó a Trump, pero se trata de un gesto simbólico. Entre el aluvión de tuits que reaccionaron al ataque contra Rushdie con amor y compasión, se podía ver un río de tuits celebrándolo y justificándolo. No niego que Los Versículos Satánicos puedan haber ofendido a algunos creyentes islámicos, pero de ser así se trata de un asunto que debe debatirse con diálogo, no con un cuchillo. De hecho, el ataque va a tener el efecto contrario, ya que las ventas de la novela se dispararon instantáneamente. Lo siento mucho por los musulmanes amantes de la paz, la inmensa mayoría, que tendrán que soportar la peor parte de la cruel e idiota acción criminal de este hombre.

No me importa, en cualquier caso, tanto Rushdie como por los 14‚Äô2 millones de mujeres y ni√Īas de Afganist√°n, esclavizadas por los talibanes. No s√© cu√°ntos de los 15 millones de hombres forman parte del r√©gimen, o son c√≥mplices, pero me temo sobre todo que este r√©gimen sirva de ejemplo para la propagaci√≥n del patriarcado antidemocr√°tico en todo el mundo. Mirad lo que Amnist√≠a Internacional dice sobre el tema.

Personalmente, ya no me siento libre, si es que alguna vez se me sentido libre, y de hecho he dejado de creer en la libertad de expresi√≥n. El popular actor Tom Holland acaba de anunciar que cerrar√° temporalmente sus redes sociales para proteger su salud mental de las constantes cr√≠ticas. Entiendo su decisi√≥n, pero el problema es que tal como est√°n las cosas ahora, la √ļnica forma de proteger la salud mental es desconectarse por completo del mundo y proteger cualquier privilegio que se pueda tener. Si quieres estar m√≠nimamente conectado con la vida de hoy, especialmente si eres mujer, debes aceptar la angustia mental, la ansiedad, y el miedo. Y trata de perpetuar la ilusi√≥n de libertad a pesar de saber que, incluso en las mejores circunstancias, no eres m√°s que un esclavo de la codicia, el autoritarismo, el odio y la lujuria por el poder, en resumen, del patriarcado. Cuanto m√°s libre creas que eres, menos capaz ser√°s de comprender tu esclavitud.

Publico una entrada una vez a la semana (s√≠gueme en @SaraMartinUAB). ¬°Los comentarios son muy bienvenidos! Desc√°rgate los vol√ļmenes anuales de https://ddd.uab.cat/record/116328 y visita mi sitio web https://gent.uab.cat/saramartinalegre/. La versi√≥n en ingl√©s del blog est√° disponible en https://blogs.uab.cat/saramartinalegre/

CR√ďNICA DE LA MUERTE DE LA LITERATURA (II): EL ESCRITOR COMO INFLUENCER

El otro art√≠culo que me ha interesado y, en este caso, me ha horrorizado es ‚ÄúThe Unlikely Author Who‚Äôs Absolutely Dominating the Bestseller List‚ÄĚ de Laura Miller para Slate sobre la novelista actualmente de mayores ventas en Estados Unidos: Colleen Hoover. El an√°lisis de Miller me llev√≥ a una pieza similar de Stephanie McNeal, ‚ÄúHow Colleen Hoover Became the Queen of BookTok‚ÄĚ para BuzzFeed, publicada unas semanas antes.

‚ÄúCoHo es el apodo de los fans para la querida autora de romance y suspense Colleen Hoover‚ÄĚ, escribe McNeal. Hoover, una madre de tres hijos de 42 a√Īos residente en Texas, ha publicado m√°s de 20 novelas y novelas cortas en la √ļltima d√©cada, capturando los corazones de los blogueros especializados en libros, de #bookstagram y, m√°s recientemente, #BookTok‚ÄĚ. De hecho, ambas periodistas describen a Hoover como una persona conocedora de las redes sociales que ha trazado una estrategia maestra para lograr su ascenso a las listas de los m√°s vendidos gracias a un uso asombrosamente inteligente de las redes sociales. Miller y McNeal enfatizan que la popularidad actual de Hoover no es un producto de las rese√Īas de libros de TikTok (o booktoking), sino el resultado de una d√©cada de cultivo implacable por parte de la autora de cada red social sucesiva, a medida que sub√≠an y bajaban.

Nunca hab√≠a o√≠do hablar de Hoover, pero no es nada sorprendente, ya que he renunciado a tratar de dar sentido a la constante avalancha de novedades y, adem√°s, no uso las redes sociales, excepto Twitter (principalmente para anunciar las nuevas publicaciones de este blog). Si Hoover es m√°s astuta que cualquier otro escritor a la hora de publicitar su trabajo, entonces felicitaciones para ella. Su √©xito, hay que se√Īalar, es muy diferente de las recomendaciones de boca a oreja que impulsaron a J.K. Rowling a la cima de las listas de best-sellers a nivel mundial, un fen√≥meno en el que no tuvo influencia directa y que fue una gran sorpresa para sus editores, Bloomsbury. Hoover comenz√≥ a autopublicarse, hasta que la casa editorial Atria le ofreci√≥ un hogar, generando en este proceso inmensos ingresos para ambas. Insisto una vez m√°s, si autora y editorial entienden su negocio tan a fondo, merecen sus ganancias. Lo que me preocupa es el impacto que escritores como Hoover est√°n teniendo en los h√°bitos de lectura de sus lectores. Y no, no he le√≠do ninguna de sus novelas ni tengo intenci√≥n de hacerlo.

Mi argumentaci√≥n podr√≠a no tener sentido, pero mencionar√© a otra escritora de impacto supuestamente muy alto para establecer una comparaci√≥n, que no se basa en las ventas, o en las rese√Īas de TikTok, sino en los comentarios de GoodReads. La autora nigeriano-estadounidense Chimamanda Ngozi Adichie es muy conocida como la autora de la novela Americanah (2013) y el ensayo We Should All Be Feminists (2014). En GoodReads, la novela de Adichie tiene hoy 4‚Äô31 estrellas sobre 5, con 329.795 valoraciones y 27.308 rese√Īas; su ensayo, est√° valorado con 4‚Äô42 estrellas (246.407 valoraciones y 24.421 rese√Īas). Destacar√© que los libros por encima de 4 estrellas son, en mi experiencia de uso de GoodReads, generalmente excelentes y que cualquier obra por debajo de 3‚Äô70 es dudosa. Ahora, pasemos a Hoover. Sus novelas son, a excepci√≥n de un par de fracasos, calificadas por encima de 4, con la favorita de los lectores, It Ends with Us (2016) calificada con 4‚Äô40, sobre la base de, ¬°atenci√≥n!, 1.406.095 calificaciones y 139.103 rese√Īas. La supuestamente innovadora Normal People (2019) de Sally Rooney solo obtiene un 3‚Äô83 con 899.160 calificaciones y 84.780 rese√Īas.

Una regla de GoodReads y de cualquier otro sitio web que califique los textos de cualquier tipo es que los votantes tienden a disentir, por lo que los trabajos con cerca de cinco estrellas siempre encuentran detractores. Siempre leo primero las peores cr√≠ticas, ya que las cr√≠ticas de cinco estrellas suelen ser predecibles (‚Äėesto es una obra maestra‚Äô y as√≠ sucesivamente). Casi 16.000 lectores calificaron It Ends with Us con una estrella. Olvid√© decir que se trata de una novela rom√°ntica y entre las rese√Īadoras m√°s populares, Alissa Patrick se queja de clich√©s de la trama (‚Äúuna historia sobre un tipo que aparentemente tiene el pene m√°gico para hacerte tirar tus convicciones por la ventana solo porque est√° bueno y usa uniforme de hospital‚ÄĚ). La cr√≠tica de Olivia va m√°s all√°, acusando a Hoover de reducir ‚Äúel abuso dom√©stico a una pelea entre amantes y presentar una caricatura sin tacto de las realidades del maltrato. Acepto que esta puede no haber sido la intenci√≥n, pero la explicaci√≥n dada en la nota de la autora no absuelve a este libro de su marketing imprudente e irresponsable‚ÄĚ. En contraste, la rese√Īa de 5 estrellas m√°s popular, firmada por Aesta, comienza con ‚ÄúIt Ends With Us es uno de los libros m√°s poderosos de 2016 y una de las historias m√°s crudas, honestas, inspiradoras y profundamente hermosas que he le√≠do. (…) Es el tipo de libro que quiero dar a cada mujer y decirle… LEE ESTE LIBRO. AHORA‚ÄĚ (https://www.goodreads.com/book/show/27362503-it-ends-with-us). Lo siento, pero paso.

He estado pensando en por qué el éxito de Colleen Hoover me molesta tan profundamente, al no ser yo misma una novelista (envidiosa) y estar abierta a leer cualquier cosa. Además, es casi imposible expresar una opinión sin atacar los géneros que practica Hoover (romance, YA, thriller, ficción femenina y romance paranormal) o a sus lectores (en su mayoría mujeres jóvenes). Corro el riesgo de ser vista como una bruja feminista elitista y vieja, que tal vez es lo que soy, pero no es cómo me gustaría ser vista. Creo que lo que me deprime es que, dado lo terminal que es todo el mundo de la lectura, con más gente que nunca leyendo pero con los que leen sin elegir las mejores opciones disponibles, se desperdicie tanta energía lectora. Es esta sensación persistente de que todos esos lectores jóvenes se sentirían mucho mejor leyendo mejores libros ya que, presumiblemente, les gusta leer.

No soy tan ingenua como para creer que la solución está en leer los clásicos (me quejé de la torpeza narrativa de Moby-Dick hace apenas dos entradas) o que la lectura de ficción por entretenimiento debería prohibirse (yo mismo leo ciencia ficción para pasar el rato). Lo que me deprime es esta marea que viene principalmente de América, pero también está generalizada en Europa, por la que se obtiene en las novelas más populares, o más bien en los géneros populares, una visión plana de la realidad. La ficción popular siempre ha sido criticada por este motivo, pero hace unas décadas llegó un punto en que la novela romántica, la ficción detectivesca, la ciencia ficción, la fantasía, etc., podían competir con la ficción sin género en la profundidad con la que retrataban a la sociedad (también porque la ficción sin género se volvió menos profunda).

Debo concluir que lo que me preocupa es cómo, en ausencia de un mejor tipo de escritura, un tipo de escritura menos competente está atrayendo todo el interés. Tanto en la narrativa de género como en la novela sin género, los libros prometen en la propaganda de las contraportadas y en las críticas entusiastas mucho más de lo que pueden dar, muy probablemente porque los autores del presente no han leído tanto como los autores del pasado. Dado que los lectores tampoco son demasiado cultos, los estándares se están erosionando y lo que pasa ahora por una obra maestra (las palabras utilizadas por muchos críticos de GoodReads para elogiar los libros de Hoover) es en realidad solo una novela razonablemente bien elaborada y llena de clichés del tipo que solía juzgarse como de nivel medio o bajo.

Tal vez envidio a los lectores de Hoover porque describen experiencias de lectura muy intensas en las que han sido poco menos que obnubilados. Solo tengo esta sensaci√≥n muy raramente, y a menudo me encuentro soportando m√°s que disfrutando de algunos libros. Posiblemente, cuanto m√°s se lee, m√°s se ven las costuras de cualquier libro y menos se est√° dispuesto a disfrutar del viaje. Sigo pensando, sin embargo, que el mundo de la lectura est√° al rev√©s (podr√≠a decirse que siempre lo ha estado) y que hay muchos otros novelistas que vale la pena leer y promover. O tal vez no, y la nuestra es la era de las Colleen Hoovers y de la escritora como influencer. Sol√≠a ser el caso de que los autores se convert√≠an en figuras p√ļblicas por la fuerza de sus publicaciones, y creo que ahora es todo lo contrario: primero te construyes como un aspirante a influencer y luego construyes un f√°ndom de base antes de que est√©s realmente listo para producir una obra s√≥lido.

Comentando estos d√≠as con una de mis sobrinas (de 13 a√Īos) sus libros para el verano, me habl√≥ de Joana Marc√ļs, una autora mallorquina de veintid√≥s a√Īos, que comenz√≥ su carrera regalando su primera novela en l√≠nea y cultivando un f√°ndom leal en Wattpad. Wattpad, la web donde compartes tu ficci√≥n y recibes retroalimentaci√≥n de los lectores, es una idea maravillosa, pero aunque conecta a nuevos escritores con lectores y editores, no es una plataforma para fomentar la renovaci√≥n de los clich√©s narrativos, ya que depende como todas las redes sociales de los ‚Äėme gusta‚Äô y de la popularidad. Wattpad Studios promete ahora adem√°s convertir las historias en adaptaciones cinematogr√°ficas y televisivas aplastantes. Las redes sociales, en suma, est√°n matando la literatura al no solo haber quitado a los j√≥venes el tiempo libre que muchos sol√≠an invertir en actividades m√°s creativas, sino tambi√©n al convertir a los escritores en personas influyentes que se preocupan m√°s por monetizar el talento que por desarrollarlo.

No s√© c√≥mo podr√≠a funcionar, pero estoy casi segura de que si comparamos una novela de, digamos, la reina del romance Danielle Steele con una de Colleen Hoover, podr√≠amos notar una diferencia significativa en la calidad, a favor de la primera. Empiezo a sonar como George Eliot cuando lanz√≥ su feroz ataque mis√≥gino ‚ÄúSilly Novels by Lady Novelists‚ÄĚ [Novelas tontas de autoras tontas] (1856) (publicado an√≥nimamente en la Westminster Review), cosa que no es mi intenci√≥n, pero tomar√© prestada de su ensayo la idea de que las ‚Äúmayores deficiencias‚ÄĚ no solo de las mujeres sino de todos los autores que escriben hoy en d√≠a ‚Äúse deben m√°s que a la falta de poder intelectual a la falta de esas cualidades morales que contribuyen a la excelencia literaria: una laboriosidad sufrida, un sentido de la responsabilidad involucrada en la publicaci√≥n y una apreciaci√≥n de lo sagrado en el arte del escritor‚ÄĚ. En cambio, encontramos ‚Äúese tipo de facilidad que surge de la ausencia de cualquier alto est√°ndar‚ÄĚ y mucha ‚Äúautor√≠a f√ļtil‚ÄĚ alimentada por la vanidad. La vanidad, por descontado, es una cualidad profundamente humana, como bien saben quienes desarrollaron las redes sociales.

En cuanto a lo sagrado en el arte del escritor y ese arte mismo, me temo que ya nadie sabe en qué consiste.

Publico una entrada una vez a la semana (s√≠gueme en @SaraMartinUAB). ¬°Los comentarios son muy bienvenidos! Desc√°rgate los vol√ļmenes anuales de https://ddd.uab.cat/record/116328 y visita mi sitio web https://gent.uab.cat/saramartinalegre/. La versi√≥n en ingl√©s del blog est√° disponible en https://blogs.uab.cat/saramartinalegre/

CR√ďNICA DE LA MUERTE DE LA LITERATURA (I): LA NOVELA EXPERIMENTAL Y EL ASCENSO DEL INFLUENCER

En mi √ļltima entrada argument√© que la literatura altamente creativa est√° pr√°cticamente muerta, y que parte de esta muerte anunciada se debe al dominio de la novela escrita por autores a los que no les importa la prosa literaria. Unos d√≠as despu√©s, Domingo R√≥denas de Moya public√≥ en el suplemento cultural de El Pa√≠s, Babelia, un art√≠culo titulado ‚Äú¬ŅQui√©n teme a la literatura experimental?‚ÄĚ en el que b√°sicamente argumentaba que la confluencia de intereses comerciales y el desinter√©s de los lectores hab√≠an matado la ficci√≥n experimental. Por experimental se refer√≠a en esencia a la ficci√≥n Modernista que culmina en Ulysses (1922) de James Joyce, ahora objeto de celebraci√≥n por su centenario.

La noci√≥n que R√≥denas expuso de lo experimental fue criticada en los comentarios de los lectores como una postura elitista que no ten√≠a en cuenta el escaso inter√©s que las novelas Modernistas suscitaron en el momento de su publicaci√≥n, ni el hecho de que el experimentalismo se puede encontrar en otros textos. De hecho, este es el caso. Las novelas g√≥ticas, por ejemplo, suelen ser narrativas experimentales porque los autores necesitaban mantener la ilusi√≥n de que los eventos absurdos que narraban realmente hab√≠an sucedido. Dr√°cula de Bram Stoker (1897), por ejemplo, es un prodigio en ese sentido, ya que consiste en un conjunto de documentos muy variados, desde las grabaciones fonogr√°ficas del diario del Dr. Seward hasta recortes de peri√≥dicos. El extra√Īo caso del Dr. Jekyll y el Sr. Hyde (1886) de R.L. Stevenson, que es una novela corta, tambi√©n sorprende por c√≥mo se construye el cuento, desde el exterior hasta el interior, comenzando con las observaciones de los amigos del buen doctor y terminando con su propia versi√≥n de la cat√°strofe que lo envuelve.

Stoker y Stevenson eran tipos muy diferentes de escritores, pero su popularidad demuestra que los lectores de a pie están abiertos a la experimentación siempre que la historia narrada sea atractiva, cosa que no es el caso en Ulysses. Este es, por otro lado, un texto literario mucho más puro ya que Joyce no lo redactó principalmente como narrador, o como novelista, sino como un experimentador literario que intentaba crear un nuevo tipo de artefacto. Tuvo un gran éxito en ese esfuerzo, pero, por supuesto, nadie que se le acerque como narrador o novelista puede estar satisfecho con sus habilidades narrativas (ni siquiera mencionaré su Finnegan’s Wake, 1939, que casi mata la novela literaria para siempre).

Entre los comentarios al texto de R√≥denas, me llam√≥ la atenci√≥n uno firmado por una persona que se hac√≠a llamar ‚ÄėLola Montes‚Äô. ‚ÄėElla‚Äô dej√≥ constancia de una peculiar tergiversaci√≥n del papel de los ordenadores en la escritura al escribir que ‚ÄúHoy en d√≠a los libros se escriben como churros gracias a los ordenadores, eso exige muy poco esfuerzo y escasa meditaci√≥n sobre lo que se escribe), una boutade que sugiere que ‚ÄėLola‚Äô debe ser una tecn√≥foba, una persona mayor, o ambas cosas. No obstante, otro de sus comentarios me pareci√≥ absolutamente relevante: ‚ÄúLa dificultad de una lectura es directamente proporcional a la relaci√≥n entre el nivel cognitivo del autor y la realidad y contexto que presenta. Y eso requiere tambi√©n altos niveles cognitivos en los lectores. No se trata de experimentar solo con los puntos y comas. Hoy en d√≠a, la Gran Literatura Cl√°sica debe considerarse experimental porque muy pocos la abordan y la entienden‚ÄĚ. Este comentario se puede abordar de dos maneras: no, Lola, los lectores muy sofisticados de altas habilidades cognitivas tambi√©n pueden encontrar tediosa la ficci√≥n experimental y/o cl√°sica y, s√≠, Lola, cuanto m√°s b√°sicas son las habilidades de los lectores, menos probable es que elijan ficci√≥n m√°s all√° del est√°ndar b√°sico de hartarse de leer en unas pocas horas una novela de prosa incolora.

Una cuesti√≥n que no se aborda habitualmente en relaci√≥n con los h√°bitos de lectura es el ocio. La novela naci√≥ en el s. XVIII como un g√©nero dise√Īado para llenar el tiempo libre de las mujeres ociosas de clase media y alta, que no hab√≠an recibido educaci√≥n formal m√°s all√° de la mera alfabetizaci√≥n. Los caballeros tambi√©n le√≠an novelas (incluso el Pr√≠ncipe Regente hab√≠a le√≠do las novelas de Jane Austen), pero estar asociado con la escritura de novelas y su lectura estaba mal visto. Cuando en La inquilina de Wildfell Hall (1848) de Anne Bront√ę, la sirvienta Rachel trata de advertir a su ama Helen sobre el mal comportamiento de su esposo, Helen la recrimina: ‚Äú¬ŅY entonces, Rachel? ¬ŅHas estado leyendo novelas?‚ÄĚ

La idea de que la novela podr√≠a ser un veh√≠culo para una alta reflexi√≥n intelectual y para la expresi√≥n literaria creativa dirigida a lectores mejor educados lleg√≥ mucho m√°s tarde, en un proceso de 50 a√Īos que se extendi√≥ desde Middlemarch (1871-2) de George Eliot hasta Ulysses (1922). Este proceso se superpone con el establecimiento (en el Reino Unido) de la educaci√≥n primaria y secundaria financiada por el estado y, por lo tanto, con la idea de que la lectura de los cl√°sicos ten√≠a que ser parte de la educaci√≥n de todas las personas. Tened en cuenta que las novelas todav√≠a se trataban en ese contexto como textos para el ocio y no se proclamaron oficialmente parte de una educaci√≥n deseable hasta que F.R. Leavis public√≥ The Great Tradition (1948).

La novela, así pues, ocupa diversos nichos en el ocio, desde la necesidad más básica de entretenimiento en la playa, mientras se viaja, para llenar una tarde aburrida, hasta la necesidad más elaborada de comprender la vida. Aquellos que leyeron Ullysses originalmente tenían tiempo en sus manos para este tipo de texto exigente, ya que no es en absoluto una novela que se sirva para relajarte al final de una jornada laboral agotadora. Ni siquiera sirve Middlemarch para ese propósito, ni ninguna novela de los principales novelistas rusos y franceses, sino que se leen porque el lector tiene curiosidad por ellas. Los lectores dotados de curiosidad literaria siempre encuentran tiempo para leer textos exigentes, pero aun así, los leen durante su tiempo libre (a menos que sean profesionales literarios de la crítica y la docencia superior, o lectores cautivos como son los estudiantes).

La orientaci√≥n para llenar ese tiempo de ocio productivo, aparte de la educaci√≥n, sol√≠a provenir de los peri√≥dicos y revistas, y en naciones cultivadas como Francia o Alemania de programas de televisi√≥n dedicados a la lectura (en Espa√Īa tenemos P√°gina 2 desde 2007 pero ignoro si tiene p√ļblico). El cr√≠tico literario Bernard Pivot, un ex periodista, les dec√≠a a los lectores franceses a qui√©n ten√≠an que leer en su programa semanal de entrevistas Apostrophes (1974-1989) y muchos prestaban atenci√≥n. Cuando Oprah Winfrey comenz√≥ su club de lectura (en 1996, como segmento de su programa de entrevistas), ya no se trataba de curiosidad literaria sino de otra cosa. Como escribi√≥ Scott Tossel en The Atlantic, durante el apogeo de la controversia desatada por la negativa del autor Jonathan Franzen a ser publicitado por Oprah, ‚ÄúEl Modernismo (y el posmodernismo) nos ense√Īaron que las verdaderas recompensas del arte y la literatura no se obtienen f√°cilmente, sino que deben lograrse solo a trav√©s de la dificultad y la lucha. Obtener cultura de Oprah, desde este punto de vista, es como obtenerla de las gu√≠as Cliffs Notes, un m√©todo m√°s barato y tramposo, pero que impide obtener las recompensas totales que ofrece de una obra de arte‚ÄĚ. Tossel no consider√≥, por supuesto, por qu√© Oprah tuvo que llenar un vac√≠o dejado por la educaci√≥n, ni cuando los trabajadores empleados 40 o m√°s horas a la semana pueden encontrar la energ√≠a para cosechar las recompensas de la lectura exigente.

Oprah actuaba como lo que m√°s tarde se llamar√≠a, a partir de 2015, una influencer. Aqu√≠ es donde est√° sucediendo la verdadera batalla. El conocido programa de entrevistas del cr√≠tico alem√°n Marcel Reich-Ranicki en la televisi√≥n p√ļblica alemana, Literarisches Quartett (1988-2001), que de alguna manera cierra la brecha entre Pivot y Winfrey, es ahora impensable, con sus entrevistas en profundidad y su discusi√≥n comprometida de la literatura. El club de lectura de Winfrey termin√≥ en 2011, con el final de su talk show y su nueva versi√≥n lanzada en 2012, Oprah‚Äôs Book Club 2.0, que reconoce el auge de las redes sociales interactivas, nunca ha tenido el mismo impacto. Aquellos que, como Tossel, estaban horrorizados porque la literatura fina y creativa hab√≠a ca√≠do en las manos plebeyas de Oprah Winfrey, deben sentirse suicidas hoy, viendo c√≥mo la literatura est√° pereciendo ahogada por las rese√Īas de narrativa poco exigente ofrecidas primero por los booktubers, ahora por los booktokers. Los lectores siguen a√ļn el ejemplo de otros, pero mientras que Pivot y Reich-Ranicki, y en gran medida Winfrey, actuaron por una genuina preocupaci√≥n por educar utilizando los medios de comunicaci√≥n, esta preocupaci√≥n ha desaparecido de las redes sociales, con algunas excepciones que no alcanzan, de todos modos, el alto n√ļmero de seguidores que alcanzaron esos influencers proto literarios. Hoy mandan otros influencers como las Kardashians.

En principio, nada impide que los booktubers y booktokers defiendan la extremadamente exigente ficci√≥n Modernista, posmodernista y post-posmodernista, o cualquier otro g√©nero literario (poes√≠a, drama). De hecho, las Kardashian podr√≠an ayudar a publicitar a Joyce, ya que est√°n publicitando tantas marcas de moda. El problema, a mi modo de ver, es que quienes est√°n presentes en las redes sociales como cr√≠ticos de libros suelen ser personas muy j√≥venes cuyo gusto literario a√ļn no se ha formado y que est√°n, adem√°s, en las garras de esta enfermedad que es la ficci√≥n juvenil o young adult. Disculpadme mi esnobismo edadista, pero aunque la idea de que los j√≥venes se recomienden libros entre s√≠ es hermosa, la idea de que en su mayor√≠a recomienden novelas dise√Īadas para complacer a los lectores j√≥venes no lo es.

Hace poco estaba leyendo La escritura o la vida (1994, originalmente L‚Äô√©criture ou la vie) de Jorge Sempr√ļn, unas memorias profundamente conmovedoras de su regreso a la vida ordinaria despu√©s de Buchenwald, y me sorprendieron las escenas en las que √©l, entonces de 20 a√Īos, comenta poemas con un oficial estadounidense, tan joven como √©l. Ambos hombres han le√≠do una inmensidad y citan una incre√≠ble variedad de poemas, que saben de memoria. Estaban, claramente, bajo otras influencias (e influencers). En cuanto a la ficci√≥n para adultos j√≥venes, no niego la calidad de sus textos, como nunca negar√≠a la calidad de la literatura infantil. Lo que estoy diciendo es que ha tenido el desafortunado (o tr√°gico) efecto secundario de convencer a la mayor√≠a de los lectores adolescentes, de los cuales la gran mayor√≠a son chicas, de que hay algo llamado literatura ‚Äėadulta‚Äô que es aburrida hasta la muerte y solo debe leerse con las primeras canas.

Continuo despotricando en la siguiente entrada…

Publico una entrada una vez a la semana (s√≠gueme en @SaraMartinUAB). ¬°Los comentarios son muy bienvenidos! Desc√°rgate los vol√ļmenes anuales de https://ddd.uab.cat/record/116328 y visita mi sitio web https://gent.uab.cat/saramartinalegre/. La versi√≥n en ingl√©s del blog est√° disponible en https://blogs.uab.cat/saramartinalegre/

M√ĀS ALL√Ā DE LA NOVELA: LA OTRA PROSA

Mi entrada de hoy contin√ļa desde la anterior en el sentido de que quiero considerar aqu√≠ por qu√© la novela ocupa la primera posici√≥n en las filas de todos los textos literarios. De hecho, quiero considerar c√≥mo es que hemos confundido la narrativa con la literatura, reduciendo adem√°s la ficci√≥n solo a la novela, la novela corta y el cuento (y olvidando que el teatro y la poes√≠a tambi√©n pueden ser narrativos). Como sostuve en mi √ļltima entrada, la no-ficci√≥n narrativa no puede competir en la estima del p√ļblico lector con la novela debido a la fijaci√≥n generalizada pon la ficci√≥n narrativa, que para m√≠ es cada vez m√°s dif√≠cil de explicar, particularmente si tenemos en cuenta que a menudo la ficci√≥n narrativa se basa en hechos de la vida real (como ocurre en Moby-Dick), mientras que la no-ficci√≥n narrativa toma prestadas muchas t√©cnicas narrativas de la ficci√≥n, incluyendo la novela, la novela corta y el cuento.

Comenzar√© con una observaci√≥n muy b√°sica con respecto a un tema que a menudo damos por sentado. Cada vez que alguien es descrito como un ‚Äėescritor‚Äô, inmediatamente asumimos que esta persona debe ser un novelista. Cada vez que alguien afirma que le gusta leer, generalmente quiere decir que disfruta leyendo novelas. Sin embargo, no todos los escritores son novelistas y no toda la lectura consiste en leer novelas. Cuando me vi por primera vez etiquetada como ‚Äúprofesora universitaria y escritora‚ÄĚ, me qued√© desconcertada, porque nunca me he presentado como escritora a pesar de que en este momento soy autora de 8 libros, aparte de haber editado una larga lista de vol√ļmenes e incluso hacer alguna traducci√≥n. Emily Bront√ę, record√©moslo, solo public√≥ Cumbres borrascosas (1848). Sin embargo, la raz√≥n por la que ella es universalmente considerada como escritora y yo no (ni siquiera en mi fuero interno) es que ella escribi√≥ una novela (y hermosa poes√≠a) y yo escribo ensayos.

Bront√ę no era una escritora profesional, y yo tampoco, sin embargo, eso es irrelevante, porque lo que cuenta para ser un ‚Äėescritor‚Äô no es la capacidad de comercializar la propia escritura, sino seguir una vocaci√≥n que supuestamente es art√≠stica (yo soy escritora vocacional, pero no del tipo art√≠stico). Bront√ę ciertamente produjo arte literario en su novela, pero la gran mayor√≠a de los novelistas activos hoy en d√≠a no son en absoluto capaces de escribir prosa art√≠stica, siendo en su mayor√≠a competentes en el oficio de contar historias. No hay nada de malo en producir y disfrutar de un cuento bien contado escrito en prosa funcional, pero ese tipo de novela debe ser disfrutada y estudiada como narrativa, no como literatura. Antes de perderme en mi propia argumentaci√≥n, debo se√Īalar que no solo los autores de ensayos (acad√©micos o de otro tipo) tambi√©n son escritores, sino que algunos de ellos son capaces de escribir prosa literaria de una calidad mucho mayor que la mayor√≠a de los novelistas. Como ejemplo, leed cualquiera de los exquisitos ensayos de Robert Macfarlane sobre la naturaleza, y luego leed cualquier novela ganadora reciente del Premio Booker y decidme d√≥nde se puede encontrar la mejor prosa literaria.

Un punto a√ļn m√°s b√°sico que los que he planteado es que toda la escritura se produce en verso o en prosa. Ahora identificamos el verso con la poes√≠a, y toda la poes√≠a con la poes√≠a l√≠rica, pero de hecho el verso se puede utilizar en cualquier tipo de escritura. Podr√≠a, sin duda, escribir este blog en verso en lugar de prosa. El verso se ha utilizado en la narrativa, desde baladas hasta poemas √©picos que se extienden a muchas p√°ginas, y de hecho en novelas. El verso sol√≠a ser de uso com√ļn en teatro, pero, si no me equivoco, T.S. Eliot fue el √ļltimo autor importante en escribir obras de teatro en verso, situ√°ndolas adem√°s en √©poca contempor√°nea. Asociamos el verso a obras centenarias, como las de Shakespeare y compa√Ī√≠a, pero tendemos a olvidar que nadie ha hablado nunca en verso, y que la poes√≠a (especialmente el verso sin rima ingl√©s) fue de gran utilidad mnemot√©cnica para los actores. Para resumir este punto, escribir en verso consume mucho m√°s tiempo que escribir en prosa, pero en realidad no hay ninguna raz√≥n por la que el verso no deba dominar sobre la prosa. Por favor, tened en cuenta que no todos los poemas son textos literarios capaces de producir una impresi√≥n art√≠stica, a pesar de que aceptamos que la poes√≠a (los textos creados a prop√≥sito para usar el verso art√≠sticamente) es parte de la literatura.

As√≠ pues, lo que no est√° escrito en verso, es prosa, un estilo de escritura en el que el ritmo es secundario y la rima no se usa (a pesar de que el verso utilizado principalmente en el drama isabelino, y por Milton en Paradise Lost, tampoco tiene rima). La prosa puede ser un instrumento muy romo (l√©ase cualquier conjunto de instrucciones) o una herramienta muy sofisticada, capaz de sostener desde un tuit ingenioso a toda la Wikipedia. Aqu√≠ es donde la palabra ‚Äėcreativa‚Äô complica las cosas. Nadie esperar√≠a que un art√≠culo de peri√≥dico o revista usara la prosa de una manera creativa, ya que el prop√≥sito principal de la prosa en ese tipo de textos es transmitir informaci√≥n e ideas. El segmento m√°s creativo de la escritura en prosa se encuentra en los textos literarios que incluyen, permitidme recalcarlo de nuevo, el texto dram√°tico (para el escenario tambi√©n para la pantalla) y lo que obstinadamente llamamos ficci√≥n, como si la ficci√≥n no se pudiera encontrar en la poes√≠a narrativa y en las obras de teatro.

Una vez que el experimento de Eliot en la escritura de obras de teatro en verso termin√≥, debo decir que cualquier impulso literario se perdi√≥ para el teatro. Con esto quiero decir que los autores desde Beckett en adelante no vieron ning√ļn sentido en cultivar una prosa creativa del tipo que hace cosquillas al cerebro con el ingenio de las palabras, prefiriendo en cambio centrarse en lo situacional, ya sea narrativo o no narrativo. Pensando en las mejores obras de los siglos XX y XXI que he visto, me llama la atenci√≥n que las amo ya sea por la historia que cuentan o por la experiencia que ofrecen, si bien dif√≠cilmente las citar√≠a como ejemplos de arte ling√ľ√≠stico tal como todav√≠a citamos a Shakespeare (tanto su verso como su prosa).

Ser√≠a absurdo afirmar que la prosa utilizada en cuentos, novelas cortas y novelas ya no es art√≠stica, pero ciertamente creo que la mayor√≠a de las novelas son apreciadas por su trama m√°s que por la calidad de su prosa. Recientemente he le√≠do The Power of the Dog (1967) de Thomas Savage, la novela que Jane Campion adapt√≥ tan incre√≠blemente bien para la pantalla, como guionista y directora. Esta novela ha sido mi experiencia lectora m√°s satisfactoria dentro de este tipo de libros en todo el a√Īo (por lo tanto, la mejor novela entre las veinte que he le√≠do hasta ahora) y mientras la le√≠a me preguntaba por qu√© funciona tan bien. Creo que se debe a una feliz superposici√≥n de control narrativo total (Savage sabe cu√°ndo proporcionar detalles aparentemente triviales que luego se revelan cruciales) con una prosa que est√° por encima de las necesidades b√°sicas de la historia. No hay grandes revuelos po√©ticos, pero la prosa de Savage es precisa y perspicaz en sus descripciones y en su di√°logo. ¬ŅSignifica esto que El poder del perro es gran literatura? La respuesta es que es gran narrativa, superior a muchas otras novelas, aunque no necesariamente proporciona una mejor experiencia de lectura que algunos grandes libros de no-ficci√≥n que he le√≠do. Pero ¬Ņes la novela de Savage literatura? No, si pensamos que el autor no estaba particularmente interesado en escribir prosa art√≠stica. S√≠, si utilizamos el concepto ‚Äėliteratura‚Äô como sin√≥nimo de narrativa, tal como se hace hoy en d√≠a.

Se da la enigm√°tica posibilidad de que la literatura pudiera estar ya muerta con la excepci√≥n de la poes√≠a si consideramos la literatura como el uso art√≠stico del lenguaje. Tanto en el texto dram√°tico (esc√©nico y audiovisual) como en la ficci√≥n en prosa (novela, novela breve, relato) cualquier intento de llamar la atenci√≥n sobre el lenguaje en s√≠ mismo se percibe como un obst√°culo; independientemente del grado de fantas√≠a en la trama, todas las obras utilizan di√°logo, descripci√≥n y comentario autoral simples y funcionales. Ning√ļn escritor narrativo est√° haciendo ahora un esfuerzo (o muy pocos) para aprovechar al m√°ximo las posibilidades del lenguaje, prefiriendo en cambio poner sus energ√≠as en la situaci√≥n (la caracterizaci√≥n est√° muriendo o casi muerta). Ya sea que vayamos al teatro, veamos las √ļltimas series de Netflix o nos recostemos en el sof√° con una novela en nuestras manos, no queremos que se nos ofrezcan r√°fagas de lenguaje elaborado, sino una narrativa que fluya bien y est√© inteligentemente construida, y un di√°logo que sea lo m√°s cercano posible a la vida real (¬°sin versos, por favor!) incluso cuando la obra en cuesti√≥n est√° ambientada en el Marte del s.XXIV.

Si, como sostengo, la novela no es realmente un repositorio de prosa art√≠stica no hay, por tanto, raz√≥n para darle tanto espacio en las titulaciones de Literatura, la cr√≠tica acad√©mica, las rese√Īas ni la lectura. Si los novelistas no son m√°s capaces que, digamos, los cient√≠ficos, de escribir el tipo de prosa que te hace admirar la flexibilidad art√≠stica del lenguaje, entonces ¬Ņpor qu√© son tan valorados? Si decimos amar la literatura y no solo la ficci√≥n, ¬Ņc√≥mo es que muy pocas personas disfrutan de la poes√≠a y casi nadie lee obras de teatro?

En nuestros Grados de Literatura Inglesa la poes√≠a y el teatro ocupan solo un peque√Īo rinc√≥n, y si la presencia de la ficci√≥n breve es m√°s o menos estable, esto se debe a que los estudiantes que se dan atracones de series de televisi√≥n durante horas ya no tienen paciencia para las novelas. Mucho menos para otros g√©neros. El curso de Literatura Victoriana que imparto se centra en cuatro novelas. Sol√≠a llamarse G√©neros de la Literatura Victoriana y duraba dos semestres. Cuando se redujo a un semestre, perdimos la obra (The Importance of Being Earnest de Oscar Wilde), la poes√≠a y la selecci√≥n de pasajes de ensayos Victorianos. Todav√≠a les doy a los estudiantes los libritos con los poemas y los ensayos, pero el tiempo que necesito para ayudarlos a leer las novelas ha reducido el tiempo que podr√≠a usar para los otros g√©neros a nada. La broma es que los verdaderos superventas de la √©poca victoriana fueron los libros religiosos. A los lectores victorianos les encantaban los sermones, al parecer.

Para resumir mi argumentación, me gustaría que pudiéramos reconocer que lo que llamamos literatura es en realidad narrativa, y que la novela no es mejor que la no-ficción narrativa a la hora de ofrecer historias interesantes contadas en prosa de calidad similar. Los ensayos, como muestra Robert Macfarlane, pueden ser de mayor calidad literaria que las novelas si nos fijamos en la belleza de su prosa, mientras que el creciente peso del realismo está haciendo que sea cada vez más difícil utilizar el lenguaje literario en todo tipo de ficción. No estoy resucitando el viejo debate de si los novelistas populares deberían ser parte del canon lo mismo que los literarios. Más bien, llamo la atención sobre la extraordinaria cantidad de energía que absorben las novelas incluso en los grados de Literatura en comparación con otros géneros que sí se preocupan por el arte literario (como la poesía) y otros géneros escritos en prosa de calidad similar y por autores tan competentes como los novelistas o incluso más.

Si no estáis de acuerdo conmigo, por favor enviadme ejemplos de prosa bellamente elaborada en la ficción reciente y continuaremos la conversación. Gracias.

Publico una entrada una vez a la semana (s√≠gueme en @SaraMartinUAB). ¬°Los comentarios son muy bienvenidos! Desc√°rgate los vol√ļmenes anuales de https://ddd.uab.cat/record/116328 y visita mi sitio web https://gent.uab.cat/saramartinalegre/. La versi√≥n en ingl√©s del blog est√° disponible en https://blogs.uab.cat/saramartinalegre/

LEER MOBY-DICK SIN DISFRUTAR EN GRANDE (COMO UNA BALLENA)

NOTA: en el original en ingl√©s de esta entrada juego con la expresi√≥n ‚Äėhaving a whale of a time‚Äô que s√≥lo se puede traducir como ‚Äėdisfrutar a lo grande‚Äô (o ‚Äėpasarlo bomba‚Äô). Aqu√≠ me invento ‚Äėdisfrutar a lo grande como una ballena‚Äô para estrechar la distancia ling√ľ√≠stica.

Michael Quinion explica en su hermoso diccionario en l√≠nea de modismos World Wide Words el origen de la expresi√≥n ‚Äėhaving a whale of a time‚Äô, que significa disfrutar enormemente. El modismo tiene su origen, como es f√°cil de conjeturar, en la idea de que las ballenas son animales grandes con los que se pueden comparar grandes cosas. Aparentemente, informa Quinion a sus lectores, la jerga estudiantil estadounidense de principios del siglo XX fue muy prol√≠fica en sus muchas referencias a las ballenas. El art√≠culo de Willard C. Gore, ‚ÄúStudent Slang‚ÄĚ para The Inlander, revista de los estudiantes de la Universidad de Michigan (diciembre de 1895), define ‚Äúballena‚ÄĚ como 1. Una persona que es un prodigio ya sea f√≠sica o intelectualmente (‚ÄúEs una ballena en el tenis‚ÄĚ) y 2. Algo excepcionalmente grande, severo o alegre, de ah√≠ el modismo que ‚Äúhaving a whale of a time‚ÄĚ (en Quinion). Hacia 1901, se√Īala Quinion, el modismo ya estaba completamente consolidado y ‚Äúnunca ha desaparecido‚ÄĚ.

Este pr√≥logo es mi introducci√≥n al problema que he sufrido como lectora estas √ļltimas semanas: no he disfrutado como una ballena leyendo Moby-Dick; or, the Whale (1851) de Herman Melville. Este ha sido, si mal no recuerdo, mi tercer intento de leer este afamado cl√°sico americano y si esta vez he perseverado es solo porque hab√≠a anunciado a dos colegas especializados en Melville que por fin estaba leyendo el libro. Estoy coeditando un libro llamado Detoxing Masculinity al que uno de mis colegas (Rodrigo Andr√©s) ha contribuido con un cap√≠tulo sobre Moby-Dick y pens√© que hab√≠a llegado el momento de llenar ese lamentable vac√≠o en mis lecturas. Adem√°s, mi doctoranda Xiana V√°zquez est√° trabajando en una tesis sobre los humanos como presas, y me parece que la novela de Melville es fundamental para su tesis. Por favor, tened en cuenta que Moby-Dick es un cachalote, un depredador dentado a diferencia de la a√ļn m√°s enorme ballena azul, animal que filtra el agua y as√≠ selecciona el menudo krill que consume. Ning√ļn humano ha sido devorados por un cachalote (que se sepa), y a pesar de la constante especulaci√≥n sobre si la ballena que se trag√≥ a Jon√°s podr√≠a haber sido un cachalote, los estudios cient√≠ficos indican que el profeta habr√≠a sido aplastado en tal evento.

El problema de Moby-Dick no es su extensión (539 páginas en su edición de Project Guttenberg) sino la problemática fusión en el texto de, esencialmente, dos libros: uno, una fábula sobre cómo el Capitán Ahab se obsesiona con la ballena blanca que le amputa una pierna; el otro, un informe de no ficción (no lo llamaría ensayo) sobre la caza de ballenas y las ballenas en sí, en particular los cachalotes. Nam Peruge afirma en una entrada de su blog que los lectores pueden omitir los 100 capítulos no narrativos de la novela y centrarse en los 35 restantes que son narrativos, estrategia que, de hecho, se puede seguir al estilo Rayuela. El problema, como se puede ver, es que si solo se leen los 35 capítulos narrativos no se puede presumir de haber leído Moby-Dick, esta supuesta novela que es más una obra no-ficción que de ficción. El otro gran problema es que mientras que los capítulos narrativos son lo suficientemente competentes como aventura, la larga lista de capítulos no narrativos es bastante aburrida como no-ficción. Soy una lectora diría que paciente pero a pesar de mi amor por la no-ficción y de estar habituada a la prosa académica, que suele ser bastante seca (incluida la mía), tuve muchas dificultades para leer más de treinta minutos seguidos la prosa en excesivo detallada de Melville. El día que leí Moby-Dick durante una hora seguida estaba en un tren sin nada más que hacer (o leer).

De hecho, he utilizado con Moby-Dick un viejo truco de mis d√≠as de estudiante, que consist√≠a en combinar los libros que ten√≠a que leer para la clase pero que no me gustaban con un libro que me encantaba. Si le√≠a una buena parte del texto obligatorio, entonces me permitir√≠a leer un poco del que prefer√≠a. Por puro accidente, mi elecci√≥n de compa√Īero para Moby-Dick result√≥ ser una combinaci√≥n perfecta. The Tiger: A True Story of Vengeance and Survival (2010) de John Vaillant (que deber√≠as apresurarte a tomar prestado de Internet Archive antes de que lo cierren, como podr√≠a suceder), es un emocionante volumen narrativo de no-ficci√≥n sobre la caza de un tigre siberiano devorador de hombres. Vaillant cuenta, adem√°s, la historia de esta especie y de c√≥mo el colapso de la Uni√≥n Sovi√©tica llev√≥ a su desesperada situaci√≥n. Su obra queda tan cerca de Moby-Dick en muchos sentidos que Vaillant incluso usa como ep√≠grafe una cita de Melville para uno de los cap√≠tulos. Los dos libros difieren, sin embargo, en un punto importante: a pesar de que The Tiger es la mezcla perfecta de lo informativo y lo narrativo a la que Melville apuntaba, nunca competir√° con Moby-Dick porque los libros de no-ficci√≥n todav√≠a sufren del absurdo prejuicio de ser considerados inferiores a la ficci√≥n.

Esto se debe a la adoraci√≥n moderna de la imaginaci√≥n autoral. La iron√≠a es que aunque Melville invent√≥ al Capit√°n Ahab y tuvo la idea de hacer que su cachalote fuera albino (ver lo popular que es hoy en d√≠a la ballena jorobada blanca Migaloo), este autor se inspir√≥ en un episodio hist√≥rico muy conocido, el del hundimiento del ballenero Essex en 1820 por un cachalote. El primer oficial Owen Chase public√≥ al a√Īo siguiente su Narrative of the Most Extraordinary and Distressing Shipwreck of the Whale-Ship Essex, relato que llev√≥ a Melville a escribir su novela 30 a√Īos despu√©s. El suceso del Essex inspir√≥ tambi√©n al autor estadounidense Nathaniel Philbrick a escribir un volumen de no-ficci√≥n verdaderamente admirable, uno de los mejores libros que he le√≠do, en cualquier g√©nero: In the Heart of the Sea: The Tragedy of the Whaleship Essex (2000), que gan√≥ el National Book Award for Nonfiction. En 2015 Ron Howard lanz√≥ la adaptaci√≥n cinematogr√°fica, una pel√≠cula de ficci√≥n (no un documental) con Chris Hemsworth interpretando a Chase (que no era tan guapo…).

Los muchos lectores que comparten sus problemas con Moby-Dick en Goodreads (ver el complet√≠simo comentario de ‚ÄėMatt‚Äô) mencionan la obra maestra de Philbrick como un volumen que, a diferencia del de Melville, les hizo disfrutar como ballenas. Mi colega Nick Spengler, que quiere ense√Īar Moby-Dick en una optativa semestral, me dice que la novela de Melville debe abordarse como una construcci√≥n singular en lugar de una novela est√°ndar. Me cont√≥ que los ilustres Francisco Rico y Gonzalo Pont√≥n compartieron en la UAB una asignatura optativa similar sobre El Quijote, un texto tambi√©n compuesto y no lo que ahora conocemos como novela. Mi impresi√≥n es que nuestros estudiantes tendr√°n dificultades para leer a Melville, aunque conf√≠o en que si alguien puede hacer que Moby-Dick sea atractiva, este es Nick. Yo misma me matricular√≠a en su clase. Como le dije, estoy planeando ense√Īar un curso de no-ficci√≥n en 2023-24, que sin duda incluir√° In the Heart of the Sea, por lo que bien podr√≠a ser que los estudiantes lean los dos libros simult√°neamente. ¬°Ser√° un experimento interesante!

El otro gran problema al que se enfrenta hoy la (supuesta) obra maestra de Melville es su enfoque insensible hacia las ballenas y la caza de ballenas, como muchos otros comentaristas han notado. Un pasaje del Cap√≠tulo 41 resume todo lo que rechina en el trato que esta novela da a los animales; me refiero a las l√≠neas que describen el desmembramiento de Ahab. El capit√°n estaba atacando a la ballena con una ‚Äúhoja de seis pulgadas‚ÄĚ cuando el animal ‚Äúseg√≥ la pierna de Ahab‚ÄĚ, en una acci√≥n que solo puede llamarse autodefensa pero que Ahab lee como pura ‚Äúmalicia‚ÄĚ. Desde que perdi√≥ su pierna, Ahab ‚Äúhab√≠a acariciado un deseo de venganza salvaje contra la ballena‚ÄĚ, ‚Äúcomo la encarnaci√≥n monoman√≠aca de todas esas presencias maliciosas por las que algunos hombres profundos creen ser devorados‚ÄĚ. Melville escribe que Ahab identifica la ‚Äúmalignidad intangible que ha existido desde el principio‚ÄĚ con la ‚Äúaborrecida ballena blanca‚ÄĚ, y concluye que Ahab ‚Äúapil√≥ sobre la joroba blanca de la ballena la suma de toda la ira general y el odio sentido por toda su raza desde Ad√°n hasta sus d√≠as‚ÄĚ.

Melville es lo suficientemente sutil como para que podamos leer a Ahab como un loco que persigue injustamente a un animal que debe sentirse aterrorizado y que intenta, en consecuencia, huir de su enemigo y, m√°s tarde, salvar su propia vida para siempre [AVISO DE ESP√ďILER] destruyendo el barco ballenero del capit√°n, el Pequod. Sin embargo, en el cap√≠tulo 105 Melville descarta el relato de c√≥mo la inclemente caza de ballenas de los s. XVIII y XIX casi extermin√≥ a estos otros mam√≠feros con la observaci√≥n bastante absurda de que dado que otras especies cazadas en mayor n√ļmero a√ļn sobreviven (se refiere a los elefantes), ‚Äúconsideramos que la ballena es inmortal en su especie, por perecedera que sea en su individualidad‚ÄĚ. Tal vez debido a la reacci√≥n negativa que todo esto provoca en los lectores contempor√°neos, Moby-Dick puede estar funcionando hoy como una potente defensora de los derechos de los animales. Estoy segura de que muchos lectores aplauden cuando [AVISO DE ESP√ďILER] la ballena se lleva a Ahab (presumiblemente para ahogarlo, no para devorarlo).

Deseo, por √ļltimo, elogiar a Ray Bradbury, por ser uno de los mejores lectores de Herman Melville. John Huston encarg√≥ a Bradbury que escribiera el guion de la pel√≠cula finalmente estrenada en 1956. Bradbury era entonces bastante conocido, pero no estaba familiarizado con Moby-Dick, y encontr√≥ la doble tarea de adaptar el libro y soportar el maltrato de Huston apenas soportable. Narr√≥ su terrible experiencia en Green Shadows, White Whale (1992), que son sus memorias ligeramente ficcionalizdas de los casi dos a√Īos que pas√≥ en Irlanda escribiendo el guion, mientras Huston beb√≠a, llevaba una agitada vida social y disfrutaba de las carreras de caballos. El director, por cierto, le rob√≥ un cr√©dito de escritura a Bradbury, ya que no fue coautor del guion. Parece que Steven Spielberg quer√≠a mostrar en Tibur√≥n (1975) a su pescador Quint (Robert Shaw) viendo Moby-Dick de Huston, para enfatizar las similitudes del personaje con el obsesivo Ahab, pero el actor Gregory Peck, quien interpret√≥ a Ahab, no lo permiti√≥. Peck, impuesto por Warner Bros. en contra de los criterios de Huston aunque el actor no era consciente de ello, siempre estuvo descontento con un papel que le lleg√≥ con solo 38 a√Īos (Ahab tiene 58). Vi la pel√≠cula (otra vez) justo despu√©s de terminar la novela y debo decir que para m√≠ Peck sigue siendo el Ahab perfecto. Hay muchas otras adaptaciones, pero esta tiene un encanto pintoresco que la hace √ļnica. Por cierto que Russell Crowe, actualmente de 58 a√Īos, podr√≠a ser hoy un gran Ahab.

No tengo espacio aqu√≠ para comentar si Melville era consciente de los elementos queer obvios en la relaci√≥n entre el narrador Ishmael y su amigo polinesio el arponero Queequeg, pero me maravilla que los lectores originales no vieran nada peculiar (que es lo que queer significa) en su amistad. Solo desear√≠a que esa parte de Moby-Dick fuera m√°s larga, y que la pareja [AVISO DE ESP√ďILER] pudiera sobrevivir, feliz para siempre en una exuberante isla tropical desierta con el pobre cachalote como compa√Īero, los tres disfrutando como ballenas.

Publico una entrada una vez a la semana (s√≠gueme en @SaraMartinUAB). ¬°Los comentarios son muy bienvenidos! Desc√°rgate los vol√ļmenes anuales de https://ddd.uab.cat/record/116328 y visita mi sitio web https://gent.uab.cat/saramartinalegre/. La versi√≥n en ingl√©s del blog est√° disponible en https://blogs.uab.cat/saramartinalegre/

C√ďMO NO CONTROLAR LAS CARRERAS QUE ESCOGEN LOS ESTUDIANTES: EL CASO AUSTRALIANO

Tengo una estudiante de doctorado australiana que es inmensamente talentosa y cuando le pregunt√© si hab√≠a pensado en solicitar un trabajo en una universidad de su pa√≠s, me sent√≠ muy confusa porque comenz√≥ a decirme que las tarifas de las matr√≠culas han aumentado much√≠simo, y esto complica las cosas. Claro, respond√≠, pero me refer√≠a a solicitar un trabajo, no a estudiar para otro t√≠tulo. Lo que ella quer√≠a decir, sin embargo, es que las matr√≠culas han aumentado tanto para las titulaciones en Humanidades que muchos empleos docentes se est√°n perdiendo debido a la menor demanda (como se ver√°, esto no es generalizable a todo el pa√≠s). El aumento de los costes de las matr√≠culas australianas me recuerda a lo que sucedi√≥ hace unos a√Īos cuando el Gobierno brit√°nico permiti√≥ que las universidades inglesas comenzaran a cobrar tarifas de alrededor de ¬£9,000 por los Grados. El caso australiano, sin embargo, tiene un aguij√≥n a√ļn peor en la cola, ya que las tarifas subieron solo en algunos Grados pero no en otros, siguiendo una l√≥gica retorcida que correspond√≠a a un intento descarado pero fallido de hacer ingenier√≠a social.

Hace unos d√≠as las universidades espa√Īolas publicaron sus notas de corte y, como cada a√Īo, los peri√≥dicos se llenaron de art√≠culos sobre por qu√© algunas titulaciones son tan populares y otras menos atractivas. La nota de corte para cada Grado depende de la relaci√≥n entre la oferta y la demanda y, por lo tanto, la alt√≠sima nota de corte del Grado combinado de Matem√°ticas y F√≠sica no se justifica porque atrae a una multitud de estudiantes, sino porque solo ofrece 20 plazas para una demanda posiblemente cinco veces mayor. Si ofreciera 500 plazas, su nota de corte ser√≠a baja porque no creo que haya una demanda tan grande. Durante muchos a√Īos, el grado en Traducci√≥n e Interpretaci√≥n de la UAB ha sido uno de los m√°s demandados, aunque las posibilidades de conseguir empleo como int√©rprete o traductor son bastante bajas, m√°s a√ļn con un trabajo bien remunerado. Es un Grado de moda, por razones misteriosas. En otros casos, como Medicina, el Grado tiene una enorme demanda que parece justificada por la alta demanda de m√©dicos, sin embargo, las universidades espa√Īolas no est√°n ofreciendo m√°s plazas porque aparentemente los hospitales espa√Īoles carecen de puestos suficientes para formar m√©dicos residentes.

En Espa√Īa, en definitiva, no existe una adecuada correspondencia entre las titulaciones de Grado que eligen los estudiantes y los posibles puestos de trabajo, ni entre las plazas ofertadas y la demanda. Nuestro principal problema, sin embargo, no es tanto ese desajuste sino que entre el 15% y el 35% de los estudiantes abandonan el Grado de su elecci√≥n entre el primer y el tercer a√Īo (nuestros Grados se extienden a cuatro a√Īos), en muchos casos porque esa no era su primera opci√≥n. No hace falta decir que esto es muy costoso para las universidades p√ļblicas, que deben invertir mucho esfuerzo y recursos en estudiantes que nunca terminar√°n su carrera. Hay que pensar que nuestras tasas de inscripci√≥n son bastante bajas (1.202,32 ‚ā¨ para el primer a√Īo en el Grado en Estudios Ingleses de la UAB) pero solo cubren alrededor del 15% del coste real de la matr√≠cula.

Paso al caso australiano. En 2020, Dan Tehan, Ministro de Educaci√≥n en el gabinete conservador del Primer Ministro Scott Morrison (Partido Liberal de Australia, 2018-2022), ide√≥ un plan para redistribuir los costos universitarios. Afirmando que Australia necesitaba trabajadores capacitados en t√≠tulos STEM (ciencias, tecnolog√≠a, ingenier√≠a y matem√°ticas o CTIM), educaci√≥n, construcci√≥n y salud en los pr√≥ximos cinco a√Īos, Tehan redujo las tarifas de esos t√≠tulos en un 20% (con descuentos m√°ximos del 62% para matem√°ticas y agricultura), y aument√≥ las tasas para Humanidades, ciencias sociales o derecho, hasta un 113% (ver BBC). En un discurso citado muchas veces en los medios australianos, Tehan argument√≥ que ‚Äúlas universidades deben ense√Īar a los australianos las habilidades necesarias para tener √©xito en los trabajos del futuro‚ÄĚ. Agreg√≥ que dado que las tarifas se fijan por ‚Äėunidad‚Äô (asignatura) y no a nivel de grado, ‚Äúlos estudiantes que estudian Artes a√ļn pueden reducir su gasto eligiendo asignaturas optativas en materias como matem√°ticas, ingl√©s, ciencias y TI dentro de su t√≠tulo‚ÄĚ. Peculiar, como m√≠nimo.

Un a√Īo despu√©s, en 2021, ya estaba claro que, como se√Īal√≥ el experto en educaci√≥n superior de la Universidad Nacional de Australia Andrew Norton a The Boar, las pol√≠ticas del Gobierno y el aumento de tarifas no hab√≠an tenido un impacto ‚Äúdram√°tico‚ÄĚ en las decisiones de los estudiantes. Para junio de 2022, el estado de Nueva Gales del Sur incluso se√Īalaba un aumento del 9% en la demanda de t√≠tulos de Humanidades en relaci√≥n a 2020, incluso mucho m√°s alto en grados espec√≠ficos (ver SMH).

Una estudiante declara en el art√≠culo de The Boar que ‚ÄúLa mayor√≠a de las personas que conozco no escogieron sus Grados en funci√≥n de los costos de las tarifas, elegimos nuestros temas en funci√≥n del inter√©s o la carrera futura, pero s√© que eso depende de gozar de un cierto privilegio¬Ľ. Estas palabras son muy preocupantes porque sugieren que s√≥lo pueden permitirse obtener t√≠tulos en Humanidades los estudiantes con m√°s capacidad de soportar la carga de un pr√©stamo estudiantil sustancial. Por otro lado, la profesora Catharine Coleborne, Presidenta del Consejo Australasi√°tico de Decanos de Artes, Ciencias Sociales y Humanidades, se√Īal√≥ en el mismo art√≠culo que ‚Äúlos aumentos de tasas tambi√©n hab√≠an creado problemas para financiar‚ÄĚ los Grados STEM, ya que las tarifas m√°s bajas tambi√©n significan menores ingresos para las universidades. El nuevo Ministro de Educaci√≥n, Jason Clare, ha prometido revisar la pol√≠tica para formar ‚Äúgraduados listos para el trabajo‚ÄĚ de su predecesor, como Tehan llam√≥ a su extra√Īo plan.

Como comenta el lector que firma como voiceinthewilderness, ‚ÄúS√≥lo un gobierno inhumano no querr√≠a que la gente estudiara humanidades‚ÄĚ. No puedo estar m√°s de acuerdo, pero tambi√©n voy a jugar a hacer de abogado del Diablo al argumentar que los Grados de Humanidades deber√≠an ser mucho m√°s elitistas. Intelectualmente, no financieramente. Quiz√°s todos los grados. Suponiendo que el Ministro Tehan fuera perfectamente honesto en su deseo de suministrar a Australia trabajadores bien capacitados en las √°reas que su naci√≥n necesitar√° en un futuro cercano, aun as√≠ cometi√≥ el error de asociar la elecci√≥n de t√≠tulo universitario al precio. Sin embargo, si se desea dise√Īar la composici√≥n de la fuerza laboral, se debe atraer talento vocacional, cuesti√≥n que no tiene nada que ver con el precio de la matr√≠cula. Si quieres mejorar la enfermer√≠a, necesitas estudiantes con talento en este campo, para lo cual necesitas otorgar becas, no bajar las tasas. Hay que mantener las matr√≠culas con precios moderados, para que cualquier persona que quiera estudiar pueda obtener un t√≠tulo, pero tambi√©n hay que hacer los t√≠tulos mucho m√°s competitivos y que los mejores estudiantes reciban becas. No hay que empe√Īarse en tener m√°s estudiantes en un √°rea u otra, sino mejores estudiantes en todas.

Gabriel Plaza, el alumno con la nota m√°s alta para la prueba de acceso a la universidad (o Selectividad) de la comunidad de Madrid (13.964 sobre 14) ha optado por cursar un Grado en Filolog√≠a Cl√°sica, decisi√≥n que ha desatado una sorprendente tormenta de tuits. Plaza respondi√≥ a aquellos que se burlaban de √©l o lo acusaban de desperdiciar sus talentos que ‚Äúprefiero la felicidad al √©xito‚ÄĚ, como si no pudiera ser feliz y exitoso en este campo del conocimiento. La reacci√≥n negativa a la decisi√≥n de Gabriel conecta con la impresi√≥n general de que los t√≠tulos de Humanidades son in√ļtiles y est√°n llenos de estudiantes con talentos limitados que no podr√≠an ingresar en Grados m√°s exigentes. De hecho, creo que los Grados de Humanidades deber√≠an tener notas de corte mucho m√°s altas para que solo los estudiantes con una calificaci√≥n de Notable bajo de promedio fueran admitidos. Creo que Tehan se equivoc√≥ al aumentar las tarifas, deber√≠a haber hecho que las Humanidades fueran m√°s selectivas por nota de acceso si es que hay una necesidad real de reducir el n√ļmero de estudiantes en este √°rea. Estoy segura de que un pa√≠s rico como Australia puede permit√≠rselos.

Podemos debatir hasta el infinito el problema de cu√°ntos estudiantes de Humanidades debe educar una sociedad, pero aun nos quedar√≠a por resolver el problema de por qu√©, como estamos viendo, tantas √°reas profesionales tradicionales no tienen reemplazo generacional, mientras que las profesiones m√°s nuevas no logran atraer empleados a pesar de ofrecer altos salarios. Tal vez lo que el caso australiano est√° revelando es otra cosa: que los estudiantes universitarios se ven a s√≠ mismos principalmente como estudiantes y no pueden (o no quieren) verse como profesionales. Posiblemente, las Humanidades siguen siendo populares contra viento y marea precisamente porque no est√°n destinadas a profesionalizar sino a educar a los estudiantes a un nivel superior, ofreciendo un espacio de crecimiento personal del que carecen los Grados m√°s pr√°cticos. Lo que parece claro en cualquier caso es que ning√ļn sistema nacional de educaci√≥n puede combinar a la perfecci√≥n la vocaci√≥n personal y el mercado laboral, y parece probable que las cosas continuar√°n de la misma manera desordenada actual durante mucho tiempo. Ni aqu√≠ ni en Australia hay quien pueda controlar las decisiones de los estudiantes – afortunadamente.

Publico una entrada una vez a la semana (s√≠gueme en @SaraMartinUAB). ¬°Los comentarios son muy bienvenidos! Desc√°rgate los vol√ļmenes anuales de https://ddd.uab.cat/record/116328 y visita mi sitio web https://gent.uab.cat/saramartinalegre/. La versi√≥n en ingl√©s del blog est√° disponible en https://blogs.uab.cat/saramartinalegre/

DEPRESI√ďN Y ANSIEDAD: LAS PRINCIPALES PALABRAS CLAVE EN LA UNIVERSIDAD

En una reciente reuni√≥n de Departamento surgi√≥ el problema apremiante de la baja asistencia de los estudiantes este √ļltimo semestre. No he dado clase en este tiempo pero mis compa√Īeros me dicen que menos del 50% de los alumnos han asistido a sus clases, porcentaje incluso inferior a lo que vi en el primer semestre, cuando todos segu√≠amos usando mascarillas y soportando la incomodidad de las ventanas abiertas en invierno por la ventilaci√≥n para protegernos del Covid-19.

Las causas de la ausencia de los estudiantes de las aulas, un problema general que no se limita a un grado particular, son dif√≠ciles de precisar ya que, l√≥gicamente, no se puede hablar con personas que no est√°n all√≠ y preguntar a sus compa√Īeros sobre su ausencia es in√ļtil. Aquellos cuyo trabajo es hablar con los estudiantes afirman que los estudiantes desaparecidos generalmente no est√°n interesados en las actividades del aula; encuentran aburridas las lecciones y escuchar las presentaciones orales de sus compa√Īeros, cosa que, de todos modos, no es un fen√≥meno nuevo. Lo novedoso es que alrededor del 20% de todos los estudiantes de mi universidad han notificado a la oficina correspondiente que no pueden asistir a clases porque padecen problemas de salud mental relacionados con la depresi√≥n y la ansiedad. Estas dos palabras se han convertido de esta manera en las palabras clave m√°s importantes en nuestra vida acad√©mica.

Los docentes tambi√©n est√°n deprimidos y sufren de ansiedad, aunque podr√≠a decirse que la edad y la experiencia, al menos entre las filas de los docentes titulares m√°s privilegiados, nos dan una capacidad de resistencia de la que la generaci√≥n m√°s joven podr√≠a carecer. El personal m√°s joven, empleado principalmente como asociados temporales a tiempo parcial, incluso cuando son doctores embarcados en carreras acad√©micas serias, sufre de depresi√≥n y ansiedad causadas por el mismo factor que abruma a los estudiantes: la falta de perspectivas. Tal como est√°n las cosas ahora, la mitad de la plantilla que les pide a los estudiantes que hagan un esfuerzo para capacitarse para su futuro profesional est√° atrapada en un limbo profesional que no se est√° disolviendo lo suficientemente r√°pido. Mi universidad se jacta en estos d√≠as de que est√° ofertando entre 50 y 70 nuevos puestos a tiempo completo cada a√Īo (la mayor√≠a con un contrato de cinco a√Īos), pero a pesar de que a mi Departamento se le han asignado tres para 2022-23, dos de esos puestos est√°n destinados a darle a asociados con una carrera acad√©mica que abarca unos veinte a√Īos la oportunidad de ser titulares (por supuesto, otras personas podr√≠a ganar los puestos, a los que se concursa en oposici√≥n). En cuanto a la colega que se ha jubilado, su puesto a tiempo completo se ha transformado en un conjunto de tres asociados, ahorr√°ndole as√≠ a la instituci√≥n aproximadamente la mitad de su salario. Depresi√≥n y ansiedad, ahora se entienden.

Entre el personal de mayor edad, aquellos de nosotros que llevamos trabajando treinta a√Īos o m√°s, veo principalmente decepci√≥n y cansancio. Nosotros, afortunados profesores titulares a tiempo completo, podemos jubilarnos despu√©s de los 60 a√Īos siempre que llevemos 30 a√Īos activos y teniendo en cuenta que nuestra pensi√≥n se reducir√° en relaci√≥n con la pensi√≥n completa que solo se consigue a los 67 a√Īos. La colega que se ha jubilado en mi Departamento se encuentra precisamente en esa situaci√≥n. He o√≠do hablar de muchos otros que se han jubilado anticipadamente con una p√©rdida econ√≥mica notable porque ya no pod√≠an hacer frente a la ense√Īanza de los estudiantes deprimidos y ansiosos que ahora est√°n en nuestras clases y a las presiones que nos impone la burocratizaci√≥n de la universidad. Ten√≠a la impresi√≥n de que solo los profesores menos interesados en la investigaci√≥n se jubilaban o piensan en hacerlo, pero esta semana un querido amigo que ha publicado una maravillosa serie de excelentes obras me dijo que tambi√©n est√° considerando la jubilaci√≥n. Est√° cansado, una palabra que escucho entre el personal mayor con una regularidad mon√≥tona. Yo misma me siento muy cansada, y si voy trampeando es porque tengo una baja carga docente y al fin puedo escribir libros. Todav√≠a me queda una d√©cada por delante, al menos, y hay d√≠as en que la perspectiva abruma. Al mismo tiempo, espero continuar publicando una vez retirada, con suerte, en paz y tranquilidad.

Las causas de la depresi√≥n general y la ansiedad son transparentes: el neoliberalismo ha creado una econom√≠a de servicios que solo ofrece empleos precarios a los j√≥venes; el cambio clim√°tico amenaza con acabar con la vida en la Tierra en unos quince a√Īos como m√°ximo, y el fascismo est√° aumentando en todas partes, borrando derechos humanos que ha costado m√°s de 200 a√Īos establecer. Como si el Covid-19 no fuera suficiente, Ucrania lleva cuatro meses sufriendo una invasi√≥n horrible que, adem√°s, podr√≠a resultar en la muerte por hambruna de millones en √Āfrica y Asia que dependen de los cereales ucranianos para sobrevivir. Vladimir Putin declar√≥ la semana pasada que el reinado de Occidente ha terminado y ser√° reemplazado por una nueva era, cambio que no me importar√≠a en absoluto si esta fuera una era de verdadera democracia y cooperaci√≥n internacional. No creo que haya querido decir eso. Esta semana he animado a mi sobrina a lo largo de los tres d√≠as que ha durado su examen de Selectividad, pese a sentirme horriblemente ansiosa por el tipo de futuro que ella y su generaci√≥n encontrar√°n. S√© que muchos de nosotros entre los cincuenta y los sesenta a√Īos tenemos una vida relativamente buena (no mencionar√© el miedo constante a la enfermedad o a que nunca obtendremos una pensi√≥n) pero temblamos por lo que el futuro podr√≠a depararles a los j√≥venes, al menos yo lo hago. Entiendo que se sientan deprimidos y ansiosos, y que no vean ning√ļn sentido en la educaci√≥n, a pesar de que saben que sin asistir a la universidad sus perspectivas ser√°n a√ļn peores.

La situación es objetivamente mala, pero también me pregunto si se siente subjetivamente así porque nuestra capacidad para hacer frente a la vida (nuestra resiliencia) se ha visto socavada por una filosofía de felicidad que requiere estar constantemente satisfecho. Yo misma no tengo razones personales o profesionales para sentirme abatida, pero así es como describiría mi estado de ánimo desde al menos 2008, cuando estalló la crisis financiera. No estoy clínicamente deprimida pero, como muchos otros de mis conciudadanos, me resulta cada vez más difícil ver las noticias (no porque no me importen los demás, sino porque sí me importan) e incluso hacer frente a crisis personales menores que no son realmente tan importantes. Estoy, además, como estudiosa de Estudios de Género, harta y cansada de las presiones de la izquierda y de la derecha, hasta el punto de que estoy considerando rendirme por completo y escribir sobre otros asuntos, una vez que haya terminado mi próximo libro. Trato, por lo tanto, de entender si más allá de los problemas reales, la depresión y la ansiedad generalizadas tienen que ver con la ruptura de una promesa de felicidad personal y colectiva, hecha tal vez en la década de 1960, que no se ha materializado.

Tratando de entender si ese es el caso, he le√≠do consecutivamente, por casualidad, dos libros que est√°n en profundo di√°logo mutuo. Por razones que no consigo explicarme, a√ļn no hab√≠a le√≠do El hombre en busca de sentido (1946) de Viktor Frankl, originalmente titulada Ein Psychologe erlebt das Konzentrationslager. Ten√≠a la impresi√≥n err√≥nea de que se trata de un adusto libro filos√≥fico cuando es en realidad unas memorias de la desgarradora experiencia de Frankl como prisionero de los nazis en diversos campos. El otro libro es Happycracia: C√≥mo la ciencia y la industria de la felicidad controlan nuestras vidas (2019) de Eva Illouz y Eric Cabanas, publicado originalmente en franc√©s como Happycratie: comment l’industrie du bonheur a pris le controŐāle de nos vies (2018). Estaba leyendo este libro y pensando en c√≥mo se relacionaba con el otro cuando me encontr√© con una cita de Frankl, subrayando la conexi√≥n.

Frankl (1905-1997) era un prestigioso neuropsiquiatra activo en Viena cuando en 1942 √©l y su familia fueron capturados y finalmente separados. Durante los tres a√Īos de su cautiverio en diversos campos, logr√≥ tomar notas sobre su condici√≥n mental y la de sus compa√Īeros de prisi√≥n; durante ese tiempo, Frankl encontr√≥ consuelo en la esperanza de volver a vivir con su joven esposa sin saber que ella ya hab√≠a muerto. Las memorias de Frankl son diferentes de las de otros sobrevivientes del Holocausto precisamente porque √©l ten√≠a una comprensi√≥n extremadamente l√ļcida de la resiliencia, una palabra que ahora est√° de moda tanto como depresi√≥n y ansiedad. Ser√≠a obsceno hablar de felicidad en el contexto de los campos y lo que Frankl describe es una situaci√≥n en la que los prisioneros jud√≠os se adaptaron lo mejor que pudieron a la erosi√≥n de su humanidad porque antepusieron la resiliencia a cualquier otro valor. Sus pensamientos no eran ni positivos (eso ser√≠a inane) ni negativos (eso ser√≠a suicida) sino que se centraban en sobrevivir paso a paso. Frankl afirma que los prisioneros m√°s resistentes estaban motivados por la idea de algo de su vida anterior que necesitaban continuar, ya fuera una carrera y un matrimonio como en su propio caso, u otras cuestiones. Es por eso que, seg√ļn explica, que para muchos el per√≠odo m√°s oscuro lleg√≥ despu√©s de su liberaci√≥n cuando descubrieron que la vida cuyos recuerdos los hab√≠an estado sosteniendo en el campo de concentraci√≥n ya no exist√≠a. Muchos tambi√©n sufrieron, agregar√©, porque sus relatos de sufrimiento extremo no fueron cre√≠dos. El volumen de Frankl fue traducido al ingl√©s en 1959, lo que sugiere que durante unos quince a√Īos los relatos de los sobrevivientes fueron de poco inter√©s, al menos en el √°rea angl√≥fona del mundo.

Illouz y Cabanas citan a Frankl como parte de sus esfuerzos para demoler la psicolog√≠a positiva, la escuela de pensamiento estadounidense que afirma que la psicolog√≠a no debe limitarse a tratar a los enfermos mentales, sino que debe proporcionar a todos herramientas para sentirse mentalmente estables e, idealmente, felices. Los autores se quejan, con mucha raz√≥n, de que el neoliberalismo ha convertido la psicolog√≠a positiva, con la aquiescencia de sus inventores, en una herramienta para hacer responsables a los individuos de su bienestar, evitando as√≠ los problemas estructurales que est√°n en la ra√≠z de mucho sufrimiento humano. Dentro de los par√°metros establecidos por la ‚Äėhappicracia’ neoliberal, los estudiantes no est√°n deprimidos y ansiosos porque el presente y el futuro sean sombr√≠os, sino porque est√°n gestionando mal su salud mental. Muchos de los gur√ļs ‚Äėhappicr√°ticos‚Äô basan sus carreras en ense√Īar a las personas que no est√°n mentalmente enfermas a sentirse mal porque no est√°n trabajando adecuadamente por su felicidad. Esto ser√≠a el equivalente a decirles a los prisioneros de los nazis que el problema no es el campo, sino su enfoque negativo de la situaci√≥n. La resiliencia es en muchos sentidos parte del pensamiento positivo, pero la diferencia es que mientras que la verdadera resiliencia se refiere a la capacidad de hacer frente a situaciones negativas, de las cuales la vida tiene muchas, la resiliencia se vende ahora como una herramienta para asegurar la felicidad personal contra viento y marea. Al mismo tiempo, si la absurda promesa de que se puede llevar una vida libre de preocupaciones (porque de esto se trata la felicidad) nunca se hubiera hecho, la depresi√≥n y la ansiedad no estar√≠an tan extendidas.

Para m√≠, el principal enigma es por qu√© tantos cuyas vidas son bastante buenas en comparaci√≥n con las vidas de las muchas personas privadas de derechos en el mundo, en Occidente y en todas partes, sufren de depresi√≥n y ansiedad. Soy una atea confirmada, pero tiendo a estar de acuerdo con la visi√≥n cristiana de que la vida debe ser soportada, no disfrutada (o solo disfrutada en momentos especiales). La vida no tiene que ser un valle de l√°grimas y, sin duda, lo que m√°s me enoja es que podr√≠a ser mucho m√°s satisfactoria si respet√°ramos los derechos humanos y elimin√°ramos la sed patriarcal de poder. Sin embargo, encuentro la declaraci√≥n en la constituci√≥n estadounidense de que ¬ętodos los hombres son creados iguales, que est√°n dotados por su Creador con ciertos Derechos inalienables, que entre estos se encuentran la Vida, la Libertad y la b√ļsqueda de la Felicidad¬Ľ no solo hip√≥crita sino tambi√©n una base pobre para una vida comunitaria de paz y justicia. Tal vez si toda la energ√≠a negativa consumida por la depresi√≥n y la ansiedad pudiera canalizarse hacia una demanda de justicia social y personal, nos sentir√≠amos mejor, pero como sugieren Illouz y Cabanas, ese es el objetivo del neoliberalismo: que nos obsesionemos por nuestra felicidad personal (o su carencia) mientras el mundo permanece en manos de los pocos que lo est√°n destruyendo para su propio beneficio personal y, presumiblemente, para procurar su total felicidad.

Publico una entrada una vez a la semana (me puedes seguir en @SaraMartinUAB). ¬°Los comentarios son muy bienvenidos! Te puedes descargar los vol√ļmenes anuales aqu√≠: https://ddd.uab.cat/record/116328. La versi√≥n en ingl√©s del blog est√° disponible en https://blogs.uab.cat/saramartinalegre/en/. Encontrar√°s en mi web informaci√≥n sobre mis publicaciones y actividades: https://gent.uab.cat/saramartinalegre/

UN G√ČNERO FANTASMA: EL EXTRA√ĎO CASO DEL TECNOTHRILLER

El que debería escribir esta entrada hoy es mi estudiante de doctorado Pascal Lemaire ya que ha elegido tratar el tecnothriller como su tema de investigación. Sin embargo, yo misma tengo curiosidad por algunos de las cuestiones que está planteando sobre este género, así que aquí estoy.

All√° por 2014 Pascal public√≥ en H√©lice un excelente art√≠culo que es la base de su disertaci√≥n, iniciada este curso acad√©mico. En ‚ÄúAin‚Äôt no technothriller in here, sir!¬Ľ (II.3, marzo de 2014, 50-71) se ocup√≥ del hecho de que tanto autores como cr√≠ticos niegan que el tecnothriller realmente exista como g√©nero, a pesar de que esta es una etiqueta con la que la mayor√≠a de los lectores de ficci√≥n popular est√°n familiarizados. Pascal pone a prueba la hip√≥tesis en su art√≠culo de que ¬ęEl Tecno-Thriller (sic) es una ficci√≥n narrativa ambientada en el pasado cercano o en un futuro cercano sobre la violencia en un contexto pol√≠tico ejercida con tecnolog√≠as avanzadas¬Ľ, y aunque, como sucede con cualquier definici√≥n de g√©nero, pronto surgen las excepciones, logra nombrar una lista sustancial de autores y novelas relacionadas con el g√©nero y establecer algunos sub-g√©neros clave (guerra submarina, ficci√≥n de la Tercera Guerra Mundial, la historia del Comandante y la novela sobre el Comando). Su conclusi√≥n es que el tecnothriller existe al mismo nivel que, por ejemplo, existe la chick-lit, es decir, tanto como una etiqueta comercial como un conjunto de caracter√≠sticas que se fusionan en un g√©nero que la mayor√≠a de los lectores pueden identificar. Tambi√©n afirma que ‚Äúel paquete entero‚ÄĚ sobrevive y debe estudiarse como ‚Äúun testimonio de algunos de los aspectos culturales del √ļltimo cuarto del siglo XX hasta nuestros d√≠as‚ÄĚ. Tal como explic√≥ a su tribunal de seguimiento anual la semana pasada, a pesar de ser un lector muy buen conocedor del g√©nero, lo est√° abordando de manera cr√≠tica; no quiere reivindicar todos sus valores, sino asegurarse de que la cr√≠tica acad√©mica actual ya no pase por alto la existencia del tecnothriller.

Mientras debat√≠amos estos asuntos en nuestra √ļltima tutor√≠a, record√© el trabajo revolucionario que Janice Radway hizo a principios de la d√©cada de 1980, cuando su enfoque sobre la novela rosa basado en la respuesta de las lectoras result√≥ en su estudio indispensable Reading the Romance (1984). Hasta entonces, la ficci√≥n rom√°ntica era un vergonzante secreto en la escritura y la lectura de las mujeres, ya que la cr√≠tica feminista consideraba el g√©nero como un v√°stago de la ideolog√≠a patriarcal (lo es, sin duda). Radway, sin embargo, demostr√≥ que las lectoras de novela rosa entienden bien c√≥mo los textos de los que disfrutan se posicionan en relaci√≥n con el patriarcado, sabiendo de sobras c√≥mo se relacionan la fantas√≠a rom√°ntica y la sumisi√≥n sexista. Sus preferencias han remodelado gradualmente el g√©nero hacia una discusi√≥n m√°s abierta de los contextos en los que el feminismo ofrece a las mujeres esperanza y consuelo como el romance parece ofrecer. Hoy, en resumen, ninguna cr√≠tica feminista trata a las lectoras de novela rosa de la manera condescendiente en que sol√≠an ser tratadas en el pasado y, al rev√©s, muchas autoras han incorporado narrativas de empoderamiento en sus obras que ciertamente pueden llamarse feministas.

La contradicci√≥n que Pascal explorar√°, as√≠ pues, es por qu√© el tecnothriller, un g√©nero que ha estado subiendo a la cima de las listas de los libros m√°s vendidos durante d√©cadas, est√° siendo ignorado por todos los estudiosos, mientras que la novela rosa, un g√©nero que sol√≠a ser marginal, ha recibido tanta atenci√≥n. La respuesta, como puede verse, se halla en mi propia frase: los g√©neros considerados marginales y que se dirigen a p√ļblicos no mayoritarios se ven ahora como objetos leg√≠timos de estudio acad√©mico, pero todav√≠a no sabemos qu√© hacer con los autores que m√°s venden y que se dirigen a p√ļblicos de gran tama√Īo (en cualquier g√©nero). Ahora se pueden encontrar libros como el de Deborah Philips Women’s Fiction, 1945-2005: Writing Romance (2014), pero hasta donde yo s√© nadie ha escrito una tesis sobre Danielle Steel, posiblemente la autora m√°s popular del g√©nero junto con Barbara Cartland. Hay mucha bibliograf√≠a sobre novela rosa y muchos recursos acad√©micos para estudiarla pero todav√≠a entendemos muy mal el fen√≥meno del autor s√ļper-ventas y no sabemos c√≥mo argumentar que los autores pueden ser participantes clave en un g√©nero o en toda la ficci√≥n a pesar de carecer de m√©rito literario. Ser√° m√°s f√°cil para Pascal escribir sobre todo el g√©nero del tecnothriller, en resumen, que justificar escribir una disertaci√≥n solo sobre Tom Clancy, el autor m√°s conocido del g√©nero despu√©s de su padre fundador, Michael Crichton.

Otros asuntos complican el acercamiento al tecnothriller. Suponiendo que Pascal eligiera seguir los pasos de Janice Randway y llevar a cabo un trabajo de campo entre los lectores de tecnothrillers, su trabajo no ser√≠a igualmente bienvenido por la sencilla raz√≥n de que la mayor√≠a de los lectores de este g√©nero son hombres blancos heterosexuales cisg√©nero. Este no es un grupo demogr√°fico muy popular en estos d√≠as entre los acad√©micos. Hace apenas unos d√≠as tuve que explicarle por en√©sima vez a una compa√Īera feminista que escribo sobre ese tipo de autores masculinos porque quiero saber qu√© est√°n haciendo. Encuentro maravillosa la progresi√≥n de las mujeres en todas las √°reas de la literatura, y me alegra ver c√≥mo el enfoque m√°s inclusivo est√° dando como resultado la buena acogida de muchos autores trans y no binarios, pero aun as√≠ quiero saber m√°s sobre los hombres tradicionalmente binarios porque est√°n produciendo cantidades masivas de ficci√≥n le√≠da principalmente por hombres, y por lo tanto generando una ideolog√≠a de g√©nero de la que quiero ser consciente. Se puede ignorar todo esto s√≥lo a riesgo de no entender c√≥mo funciona el mundo. Del mismo modo, el tecnothriller necesita ser explorado porque sus narrativas basadas en tramas que exaltan la tecnolog√≠a atraen principalmente a hombres cisg√©nero, heterosexuales, blancos y, ¬Ņadivinen qu√©?, esta es la categor√≠a de persona que tiene el poder hoy en d√≠a en el hogar donde naci√≥ el g√©nero, los Estados Unidos, y en muchas otras naciones clave del mundo. Cuando el Presidente Ronald Reagan afirm√≥ que una novela de Tom Clancy le hab√≠a dado mejor informaci√≥n que los informes de la CIA, alg√ļn acad√©mico deber√≠a haber escuchado y comenzar a prestar atenci√≥n a este g√©nero. No era ninguna broma.

Aparte de la baja popularidad de los lectores a los que se dirige el tecnothriller entre los acad√©micos de hoy, el g√©nero tambi√©n es tratado como un brote bastardo por la comunidad centrada en la ciencia ficci√≥n, desaire que es m√°s dif√≠cil de explicar. Dar√© por sentado que los tecnothrillers comienzan con The Andromeda Strain [La amenaza de Andr√≥meda] (1969) de Michael Crichton y dejar√© a Pascal una explicaci√≥n m√°s matizada de los or√≠genes del g√©nero. Esta novela narra los fren√©ticos esfuerzos de un grupo de cient√≠ficos estadounidenses para detener la propagaci√≥n de un virus extraterrestre mortal que llega a la Tierra junto con los restos de un sat√©lite militar. La p√°gina de Wikipedia afirma que ‚Äúlas rese√Īas de The Andromeda Strain fueron abrumadoramente positivas, y la novela fue un √©xito de ventas en Am√©rica, estableciendo a Michael Crichton como un respetado novelista y escritor de ciencia ficci√≥n‚ÄĚ. Esto no es cierto en lo que respecta a ser un respetado escritor de CF. Crichton nunca fue nominado para un Hugo, y su √ļnica nominaci√≥n para una Nebula fue para la pel√≠cula Westworld (1973), que escribi√≥ y dirigi√≥.

Posiblemente, la condici√≥n de autor s√ļper-ventas de Crichton lo alej√≥ de la mayor√≠a de los fans de la ciencia ficci√≥n y de los autores del g√©nero que luchan por tener un m√≠nimo impacto, y tambi√©n contribuy√≥ a la alienaci√≥n de otros escritores de tecnothriller del f√°ndom y a su ninguneo en el circuito de premios de la CF, a pesar de que parece m√°s que claro que el tecnothriller es un subg√©nero de la CF, particularmente cercano a su rama militar. M√°s all√° de si los autores que m√°s venden necesitan f√°ndom o premios, hay otro problema. Hace un tiempo estuve pensando en escribir un libro sobre Crichton pero la tarea pas√≥ a ser imposible una vez me di cuenta de que sus valores ideol√≥gicos son ahora obsoletos en muchos sentidos, especialmente en lo que respecta al g√©nero identitario; el proyecto qued√≥ en nada despu√©s de mi lectura de Prey [Presa] (2002). Bromeando un poco con su otro t√≠tulo m√°s conocido, Jurassic Park [Parque Jur√°sico] (1990), dir√≠a que Crichton es ahora un dinosaurio; si os fij√°is, ya nadie lo menciona en relaci√≥n con la franquicia cinematogr√°fica iniciada por la pel√≠cula de Spielberg de 1993, una se√Īal segura de que ya no se le respeta. Elizabeth Trembley public√≥ en 1996 Michael Crichton: A Critical Companion, pero no veo a nadie dispuesto a actualizar este volumen, como yo misma pens√© en hacer.

Ahora bien, si Crichton es una patata demasiado caliente hoy en d√≠a, imaginad la dificultad de tratar de una lista de autores principalmente interesados en la tecnolog√≠a relacionada con la guerra y en convertir ese inter√©s en materia de historias emocionantes para entretener a blancos adultos de ideolog√≠a poco progre. Debo decir que no soy lectora de tecnothrillers (aunque he visto toneladas de pel√≠culas basadas en ellos, o que son tecnothrillers por derecho propio) y tal vez estoy asumiendo err√≥neamente como la mayor√≠a de mis compa√Īeros acad√©micos que como su postura es tecn√≥fila y de derechas no vale la pena analizarla y mucho menos defenderla. Sin embargo, suponiendo que este sea el caso (a pesar de que el propio Crichton fue muy cr√≠tico con el mal uso de la ciencia y el impacto de las tecno-corporaciones), y que los hermanos e hijos de Tom Clancy son, en el peor de los casos, supremacistas blancos y militaristas ac√©rrimos, ¬Ņno deber√≠amos estar al caso de lo que est√°n escribiendo? Hay algo m√°s. Como estoy aprendiendo de Pascal, los escritores de tecnothrillers tienen una muy buena comprensi√≥n de los problemas geopol√≠ticos, mientras que los escritores realistas literarios insisten en representar la vida personal de las gentes de clase media al margen de todo conflicto nacional o internacional. Supongo que muchos lectores encuentran los tecnothrillers did√°cticos y, como Ronald Reagan, est√°n aprendiendo de ellos lecciones que ning√ļn otro escritor est√° proporcionando. Tal vez, y esto es algo que Pascal debe investigar, podr√≠a valer la pena aprender algunas de estas lecciones y no asumir, como hacemos, que son basura.

Si un g√©nero logra sobrevivir en ausencia de f√°ndom, premios especializados y atenci√≥n acad√©mica, e incluso sigue apareciendo en la lista de los libros m√°s vendidos despu√©s de d√©cadas, esto significa que vale la pena estudiarlo. Como especialista que escribe sobre ciencia ficci√≥n escrita por hombres cuyos valores no siempre comparto, me parece absolutamente necesario explorar lo que interesa a la mayor√≠a de los lectores masculinos. Simplemente no es cierto que la mayor√≠a est√© leyendo ahora tanta ficci√≥n escrita por hombres como por mujeres, ni que la ideolog√≠a de g√©nero haya impactado la escritura de los hombres (y sus lecturas) tanto como ha impactado la de las mujeres. Podr√≠amos tener la impresi√≥n de que el mundo de la ficci√≥n ahora est√° acomodando sin problemas los profundos cambios en la ideolog√≠a de g√©nero que hemos visto en las √ļltimas d√©cadas, pero creo que este no es el caso en absoluto y que as√≠ como algunas mujeres aman apasionadamente la ficci√≥n rom√°ntica del tipo m√°s tradicional, algunos hombres siguen siendo sin duda adictos a los tecnothrillers. Si guardan silencio sobre su adicci√≥n es simplemente porque nadie se interesa por sus preferencias. Me alegro, entonces, de que Pascal Lemaire se preocupe con un inter√©s verdaderamente acad√©mico por la ficci√≥n escrita por hombres de ideolog√≠a muy diferente de la suya propia. Estoy muy interesada en lo que est√° descubriendo y espero que muchos otros lectores tambi√©n lo est√©n.

Publico una entrada una vez a la semana (me puedes seguir en @SaraMartinUAB). ¬°Los comentarios son muy bienvenidos! Te puedes descargar los vol√ļmenes anuales aqu√≠: https://ddd.uab.cat/record/116328. La versi√≥n en ingl√©s del blog est√° disponible en https://blogs.uab.cat/saramartinalegre/en/. Encontrar√°s en mi web informaci√≥n sobre mis publicaciones y actividades: https://gent.uab.cat/saramartinalegre/

GILIPOLLAS, VILLANOS, Y LA ACTUAL GUERRA EN UCRANIA

Uno de los expertos entrevistados en el volumen colectivo editado por el psicólogo Jean-François Marmion, The Psychology of Stupidity (2020; originalmente Psychologie de la Connerie, 2018), al que dediqué mi entrada del 4 de marzo, era el filósofo moral Aaron James. Después de haber leído su espléndida monografía Assholes: A Theory (2012), me gustaría usar mi entrada de hoy para presentar una reflexión sobre el asshole como una gradación en lo que llamo villanía patriarcal (dentro de los Estudios de las Masculinidades).

James se√Īala que la mayor√≠a de los assholes son hombres de la misma manera que yo misma he observado que la mayor√≠a de los villanos son hombres, y ambos coincidimos en que hay assholes y villanos femeninos (la villana es, como la hero√≠na, un papel narrativo feminizado y no una categor√≠a moral). James y yo tambi√©n coincidimos en la raz√≥n por la cual los assholes y los villanos son principalmente masculinos: ambos tipos se caracterizan por un fuerte sentido de hacer su libre albedr√≠o (sense of entitlement) solo alentado en los hombres por el patriarcado; algunas mujeres que disfrutan de o han tomado el poder en sus manos tambi√©n se permiten comportarse como assholes o villanas patriarcales, pero son una peque√Īa minor√≠a.

Paso a presentar una mini-lecci√≥n de etimolog√≠a y a comentar unas diferencias ling√ľ√≠sticas. A pesar de que estamos acostumbrados a escuchar la palabra asshole invocada muchas veces en pel√≠culas y series para insultar o describir a un tipo que se comporta de manera odiosa, esta es una corrupci√≥n estadounidense de la palabra original, arseholes, que significa ano (arse = culo, hole = agujero). Los brit√°nicos entienden ass como asno as√≠ que asshole no tiene sentido para ellos. Llamar a alguien ass/asno significa que esa persona es est√ļpida, como se supone que son los burros (no lo son); se trata de un ejemplo de puro especiesismo, pero no est√° relacionado con la palabra asshole. Cuando un estadounidense dice kiss my ass no quiere decir ‚Äėbesa a mi burro‚Äô, quiere decir ‚Äėb√©same el curlo‚Äô. Aunque la palabra asshole surgi√≥ como un sin√≥nimo vulgar de ano en s. XIV, su uso como insulto personal se remonta solo al s. XX, cuando se hizo verdaderamente popular en el entorno coloquial estadounidense (alrededor de la d√©cada de 1970).

Las pel√≠culas y la televisi√≥n, como he se√Īalado, han exportado asshole a todo el planeta, una vez que la resistencia contra las palabrotas se rebaj√≥ en la d√©cada de 1980. Por cierto, los brit√°nicos tienden a preferir cunt (co√Īo) como fuerte insulto personal contra los hombres insoportables, un ejemplo de misoginia particularmente detestable (imaginad insultar a una mujer llam√°ndola ‚Äėpolla‚Äô). En espa√Īol, usamos ‚Äėgilipollas‚Äô, pero esta es una palabra que me parece bastante d√©bil en comparaci√≥n con asshole. Al parecer, ‚Äėgilipollas‚Äô proviene de cal√≥ ‚Äėjili‚Äô o ‚Äėgilis‚Äô que significa idiota, mientras que ‚Äėpolla‚Äô como sabemos es un vulgarismo para el pene. ‚ÄėGilipollas‚Äô significa as√≠ algo como ‚Äėhombre idiota que piensa con su polla/polla‚Äô, aunque ‚Äėtonto del culo‚Äô quiz√°s se acerca m√°s a asshole.

Muchos art√≠culos llevan una historia improbable tomada de una entrada de blog seg√ļn la cual ‚Äėgilipollas‚Äô proviene de un tal Don Baltasar Gil Im√≥n (1545-1629), el Fiscal del Consejo de Hacienda bajo el Rey Carlos IV. Este hombre ten√≠a dos hijas supuestamente feas, con las que se exhib√≠a en busca de un pretendiente. ‚ÄėPolla‚Äô se usaba en el pasado como sin√≥nimo de chica (tal como ‚Äėpollo‚Äô se usaba para chicos) y, aparentemente, las burlas contra ‚ÄėGil‚Äô y sus ‚Äėpollas‚Äô se convirtieron en la burla ‚Äėgilipolla‚Äô, cosa que me suena como una explicaci√≥n mis√≥gina del insulto. Dicho esto, ‚Äėpolla‚Äô se usa para el pene seg√ļn parece porque el pene empolla los test√≠culos (‚Äėhuevos‚Äô) como una gallina. He visto ‚Äėpollita‚Äô en lugar de ‚Äėpolla‚Äô usado en referencia a ni√Īas en textos antiguos, pero no tengo ni idea de cu√°ndo ‚Äėpolla‚Äô se convirti√≥ en el sin√≥nimo vulgar favorito para el pene.

Volviendo al tema, ¬Ņqu√© es, en definitiva un gilipollas (o un asshole)? Permitidme usar la clar√≠sima definici√≥n de James: ‚Äúuna persona cuenta como un asshole/gilipollas cuando, y solo cuando, se permite sistem√°ticamente disfrutar de ventajas especiales en las relaciones interpersonales a partir de un arraigado sentido de derecho a su libre albedr√≠o que lo inmuniza contra las quejas de otras personas‚ÄĚ. James, que se inspir√≥ para su an√°lisis acad√©mico del asshole en los surfistas gilipollas que no respetan los c√≥digos de comportamiento en este deporte, ve al asshole como alguien que hace lo que le da la gana independientemente de las consecuencias en situaciones sociales que requieren moderaci√≥n, como estar en una cola, conducir en la autopista, interactuar con los compa√Īeros o subordinados en el trabajo, estar con la familia, etc. El asshole, as√≠ pues, es un hombre cuyo comportamiento odioso no puede ser controlado porque no escucha razones y no puede ser reformado. ‚ÄúEl asshole‚ÄĚ, argumenta James, ‚Äúse niega a escuchar nuestras quejas leg√≠timas, por lo que plantea un desaf√≠o a la idea de que debemos ser reconocidos como iguales morales‚ÄĚ. Luchamos contra los gilipollas ‚Äúpor recibir su reconocimiento moral‚ÄĚ, situaci√≥n que puede hacernos inusualmente agresivos por la frustraci√≥n que sentimos al no recibirlo nunca.

S√© mucho sobre gilipollas porque, desafortunadamente, crec√≠ con uno: mi padre. James tiene raz√≥n al decir que los assholes creen que son especiales, pero est√° muy equivocado al decir que ‚Äúlos costes materiales que muchos assholes imponen a otros (…) son a menudo por comparaci√≥n [con criminales reales] moderados o muy peque√Īos‚ÄĚ. Estoy segura de que James ya ha corregido su propia postura despu√©s de publicar Assholes: A Theory of Donald Trump (2016). Ahora sabemos que los gilipollas pueden incluso causar la p√©rdida de la democracia en los Estados Unidos (por favor, recordad que Trump se postular√° para presidente nuevamente en 2024), mientras que assholes como Putin pueden hacer que el mundo se sumerja en una Tercera Guerra Mundial nuclear. Mi propia experiencia personal de soportar a mi padre tambi√©n demuestra que los gilipollas causan una infelicidad generalizada cada minuto que est√°n despiertos. Nuestra vida familiar ha sido destruida por la implacable gilipollez de este hombre, que solo puede llamarse un agujero negro en su destrucci√≥n total de cualquier sentimiento positivo. Mi padre no es un criminal y no puede ser llamado legalmente un abusador, pero ha hecho muy desgraciada a mi madre. Santiago advierte que los assholes no pueden ser reformados o derrotados, y que la √ļnica soluci√≥n es mantenerse a distancia de ellos. Es m√°s f√°cil decirlo que hacerlo. Mis hermanos y yo llevamos con nosotros el peso de la gilipollez de mi padre en todo momento. En la carta que Santiago dirige al gilipollas, escribe que ‚Äúmuchos de los que te conocen encontrar√°n tu muerte un alivio. Habr√° una serena celebraci√≥n‚ÄĚ. ¬ŅSerena? El mundo entero est√° ahora mismo esperando que se confirme la noticia de que Vladimir Putin est√° enfermo. Imaginad la reacci√≥n a su posible muerte.

Putin es √ļtil para explicar la diferencia entre un gilipollas y un villano, ambos, como estoy argumentando, figuras de empoderamiento patriarcal masculino. James afirma que llamar assholes a hombres como Hitler o Stalin no es suficiente, ya que hicieron un da√Īo importante a la humanidad, pero al mismo tiempo no hay duda de que estos hombres eran gilipollas de una categor√≠a superlativa. Argument√© en mi libro sobre la villan√≠a en relaci√≥n a Hitler que hay muchos villanos potenciales de su tipo porque el patriarcado los genera todo el tiempo al permitir que los hombres act√ļen seg√ļn su sentido de derecho al libre albedr√≠o y al poder. Por lo general, este proceso comienza con una din√°mica familiar insoportable o con el asshole como acosador escolar, y progresa hasta que la villan√≠a queda controlada por un individuo m√°s fuerte, las reglas de la comunidad o la ley. Algunos gilipollas, sin embargo, no son nunca controlados e incluso se les anima para que sigan empoder√°ndose hasta romper las barreras impl√≠citas en el patriarcado. En ese punto, un h√©roe debe actuar para limitar el poder del villano, detener la destrucci√≥n generalizada que est√° causando y devolver el patriarcado a su status quo. Esto es lo que est√° sucediendo ahora con Putin: este asshole, que ya estaba dando numerosas se√Īales de villan√≠a, ahora se expresa en su totalidad como un villano. De ah√≠ la guerra en Ucrania, la amenaza de violencia nuclear (enviada a trav√©s de su esbirro Lavrov) y el deseo generalizado de que Putin tenga una enfermedad terminal. Porque he aqu√≠ el problema: tenemos un h√©roe (Volodymyr Zelenskyy y el pueblo ucraniano) y un c√≠rculo de Aliados (OTAN), pero no hay una ofensiva internacional coordinada contra Putin que pueda detenerlo para siempre. Cost√≥ seis a√Īos derrotar a Hitler, veamos cu√°nto tiempo tomar√° derrotar a Putin.

James observa que los assholes son ahora m√°s dif√≠ciles de derrotar porque no representan una ideolog√≠a en particular, incluso cuando se presentan como figuras pol√≠ticas. Trump no tiene nada que ver con Abraham Lincoln, otro Republicano, sino que es, de hecho, una figura que expresa una marca personal de gilipollez al amparo del Partido Republicano. ¬ŅPor qu√© sigue teniendo tanto √©xito? O Putin, para el caso, dejando de lado la maquinaria de terror que opera en Rusia. Porque, argumenta James, vivimos en tiempos en los que se fomenta el narcisismo y respondemos a cualquier figura que se libera (o se libra) de las reglas sociales y morales para hacer lo que le plazca. No dudar√≠a en llamar gilipollas totales a muchos de los influencers que piensan que el mundo gira a su alrededor, ya que, a diferencia de aquellos de nosotros que realmente queremos compartir conocimiento y debate, quieren poner su opini√≥n generalmente desinformada por encima de la de cualquier otra persona. Ayer, un hombre blanco de dieciocho a√Īos mat√≥ a diez compatriotas estadounidenses, todos ellos negros, convencido de que existe una conspiraci√≥n para superar en n√ļmero a la raza blanca en su naci√≥n. ¬ŅAdivinad de d√≥nde viene esa idea idiota? Los assholes causan mucho da√Īo personalmente y tambi√©n porque inspiran a sus esbirros a√ļn m√°s gilipollas.

Si, a pesar de los esfuerzos que estamos haciendo en la academia y en los sectores serios de los medios de comunicaci√≥n, no se puede evitar la existencia de assholes y villanos, ¬Ņc√≥mo podemos frenar su impacto? James, como he se√Īalado, advierte que los gilipollas no pueden ser reformados, mientras que yo misma argument√© que los villanos deben ser controlados para el bien com√ļn. Rowling nos da una maravillosa lecci√≥n en Harry Potter al hacer que el h√©roe titular luche contra Voldemort de modo que el villano termina mat√°ndose con la misma varita con que pensaba matar a Harry. El villano, en resumen, es asesinado por su propio poder. Desear la muerte de alguien es feo, pero es dif√≠cil imaginar a Voldemort esposado enfrent√°ndose a un juicio por sus cr√≠menes contra la humanidad. Hitler tampoco pod√≠a verse a s√≠ mismo en esa posici√≥n, de ah√≠ su suicidio al estilo del escorpi√≥n rodeado de llamas. En estos d√≠as, cada vez que una persona encantadora muere antes de tiempo, todo el planeta desea que ese asshole (agregad un nombre) hubiera muerto en su lugar. Para m√≠, esto es lo peor de los gilipollas y los villanos: convierten incluso a las personas buenas en asesinos, aunque solo sea en sus fantas√≠as. Una sociedad pacifista que no cree en la pena de muerte (o en la guerra) no se dedica a exterminar a sus miembros, no importa cu√°n desagradables puedan ser. Podemos debatir esa posici√≥n contraproducente hasta la saciedad, pero concluir√© declarando que el peor castigo contra el asshole es el ostracismo total: uno dif√≠cilmente puede expresar ning√ļn derecho a nada de forma aislada, porque el derecho patriarcal siempre es sobre algo o alguien.

La pr√≥xima vez que tu vecino te moleste, piensa en c√≥mo aunque la mayor√≠a de assholes solo son culpables de actos gilipollas puntualmente, algunos pueden convertirse en villanos totales si no se pone ning√ļn freno sobre su empoderamiento. Preguntadle a Zelensky su opini√≥n sobre su vecino gilipollas, y ahora villano, y ayudad a Ucrania.

Publico una entrada una vez a la semana (me puedes seguir en @SaraMartinUAB). ¬°Los comentarios son muy bienvenidos! Te puedes descargar los vol√ļmenes anuales aqu√≠: https://ddd.uab.cat/record/116328. La versi√≥n en ingl√©s del blog est√° disponible en https://blogs.uab.cat/saramartinalegre/en/. Encontrar√°s en mi web informaci√≥n sobre mis publicaciones y actividades: https://gent.uab.cat/saramartinalegre/

DEFENDIENDO LA AUTOEDICI√ďN ACAD√ČMICA: EL PROBLEMA DE LOS LIBROS (Y UNO NUEVO)

Recientemente he publicado un nuevo libro, pero no s√© si realmente es un libro porque es autopublicado y, como tal, no existe para las autoridades que eval√ļan mi investigaci√≥n, el Ministerio y ANECA. Mi nuevo libro se llama Entre muchos mundos: en torno a la ciencia ficci√≥n, y se puede descargar de forma gratuita del repositorio digital de mi universidad. Este no es en absoluto el primer libro que publico en el DDD si cuento las versiones como libros electr√≥nicos de otros libros que he publicado en formato impreso o los 10 libros electr√≥nicos escritos por mis estudiantes, pero la novedad es que esta es la primera vez que uso la plataforma digital para publicar un nuevo libro. ‚ÄėNuevo‚Äô relativamente, ya que Entre muchos mundos re√ļne una selecci√≥n de 21 art√≠culos y cap√≠tulos de libros sobre ciencia ficci√≥n que he publicado entre 2000 y 2021. Mi intenci√≥n no era solo juntarlos, sino tambi√©n publicarlos en castellano. Como muestran los cr√©ditos, la mayor√≠a de estas piezas hab√≠an sido publicadas originalmente en ingl√©s, pero hay tan poco sobre ciencia ficci√≥n en castellano que decid√≠ autotraducirme. El volumen es bastante largo, alrededor de 340 p√°ginas, pero ya hab√≠a autotraducido algunas de las piezas, y por si no lo sab√©is, Word ofrece una herramienta de traducci√≥n (bot√≥n derecho del rat√≥n) que, en lo que a m√≠ respecta, funciona tan bien como Google Translate o Deep-L. Todav√≠a requiere revisi√≥n, l√≥gicamente, pero no tanto como se podr√≠a pensar.

Mi colecci√≥n est√° organizada en tres secciones, Parte I ‚Äď Ciencia ficci√≥n, g√©nero y textos; Parte II ‚Äď Masculinidad y Ciencia Ficci√≥n, y Parte III ‚Äď Ciencia ficci√≥n, mujeres y feminismo. Cada secci√≥n tiene 7 art√≠culos, siendo la primera necesariamente m√°s miscel√°neo. Una de las partes m√°s dif√≠ciles de organizar cualquier libro, especialmente si se trata de una antolog√≠a de obra publicada anteriormente, es hacer que parezca coherente. Otro obst√°culo es superar la verg√ľenza de releer el trabajo publicado hace quince o veinte a√Īos. Lo que he descubierto en este proceso es que a pesar de que la lectura y el estudio constantes traen nuevas ideas todo el tiempo, la mente gira en torno a las mismas nociones insistentes. Somos (o soy) criaturas bastante tercas en lo que pensamos y creemos. El asunto que m√°s me ha sorprendido es que no era consciente de que ya hab√≠a escrito tanto sobre ciencia ficci√≥n; al final, tuve que dejar de lado algunos art√≠culos. Este no es el tipo de libro que habr√≠a escrito si hubiera comenzado de cero, pero al mismo tiempo es una muestra m√°s consistente de mi trabajo de lo que inicialmente cre√≠a.

El tema de mi entrada no es, sin embargo, el contenido del libro, que el lector est√° invitado a degustar como m√°s de otros 100 lectores ya lo han hecho. Me gustar√≠a debatir por qu√© existe este libro y por qu√© est√° en un limbo acad√©mico. Intentando que mi libro Masculinity and Patriarchal Villainy in the British Novel: From Hitler to Voldemort (2020, Routledge) se publique en castellano, en autotraducci√≥n, me he puesto en contacto con 20 posibles editores. De estos 7 declinaron publicar mi libro, generalmente invocando la excusa de que su cat√°logo estaba lleno en los pr√≥ximos dos a√Īos aunque nunca se me dio la oportunidad de considerar si podr√≠a retrasar la publicaci√≥n. Uno, por cierto, dej√≥ de responder a mis correos cuando ya hab√≠a enviado el contrato con Routledge para que verificaran el asunto de los derechos de idioma (que Routledge me ha otorgado para el castellano). Para mi consternaci√≥n, 11 editores ni siquiera han respondido a mi propuesta, acompa√Īada de un dossier bastante completo y muestras de mi autotraducci√≥n. De los tres que respondieron mostrando cierto inter√©s, finalmente he tenido la suerte de ser invitada por uno a publicar la traducci√≥n. En cambio, solo contact√© con Palgrave y Routledge para publicar el original en ingl√©s. Llegu√© a la conclusi√≥n de que si publicar la traducci√≥n de un libro aceptado por una editorial acad√©mica internacional de primer nivel hab√≠a sido un proceso tan largo y complicado, no habr√≠a forma alguna de que alguien aceptara una colecci√≥n de art√≠culos ya publicados sobre ciencia ficci√≥n. De hecho, ni siquiera he intentado encontrar un editor. ¬ŅPor qu√© molestarse?

El mercado de los libros acad√©micos se derrumb√≥ posiblemente hace una d√©cada cuando los estudiantes dejaron de comprar libros (siempre hablo de Humanidades, donde los manuales no son tan habituales como en las carreras de ciencias). Leyendo el delicioso volumen Paseos con mi madre de Javier P√©rez And√ļjar, me encontr√© con una referencia a Dos obras maestras espa√Īolas: El Libro de buen amor y La Celestina (1962) de Mar√≠a Rosa Lida de Malkiel, un libro que todos los estudiantes de Filolog√≠a como √©l (y yo) le√≠mos fotocopiado. El mercado acad√©mico sobrevivi√≥ mientras hubo que pagar por las copias, pero cuando la digitalizaci√≥n dio lugar a la pirater√≠a desenfrenada en la que todos participamos, los editores reaccionaron aumentando el precio de los vol√ļmenes tan abruptamente que ni siquiera los profesores universitarios mejor pagados pueden permit√≠rselos. En el reciente pedido que he pasado a la biblioteca, algunos de mis compa√Īeros han pedido libros a un precio de 120-160 euros; los libros de bolsillo valen alrededor de 30 euros, precio que sigue siendo caro. En cuanto a las ediciones de libros electr√≥nicos, me pregunto qui√©n las est√° comprando porque son tan caras, si no m√°s. Creo que si los libros electr√≥nicos estuvieran en el rango de 5-10 euros, la pirater√≠a disminuir√≠a, pero por supuesto esto es incongruente en un mercado acad√©mico en el que los art√≠culos tienen un precio de alrededor de 35 euros (y hay que recordar que a los autores se les pagan regal√≠as por los libros pero no por los art√≠culos, o, para el caso, los cap√≠tulos de libros).

Tiene, as√≠ pues, sentido autopublicarse, algo que como se√Īal√© en mi entrada anterior, algunas figuras de primer rango ya est√°n haciendo a trav√©s de plataformas como Amazon. Si queremos que el conocimiento circule, esta es una posibilidad atractiva, aunque por supuesto todo tiene un coste. Navegando por Internet en busca de editores, pronto se encuentran empresas que ofrecen ayuda con la autopublicaci√≥n, incluida una de Planeta donde valoran la edici√≥n y correcci√≥n de un volumen est√°ndar (200-350 p√°ginas) en m√°s de 2500 euros. No s√© si esto es barato o caro, pero me doy cuenta de que no todos los acad√©micos tienen las habilidades para producir un libro electr√≥nico correctamente editado que se vea m√≠nimamente bien. Espero que esto encaje con la descripci√≥n de mi nuevo libro, pero debo decir que aunque estoy muy lejos de ser una dise√Īadora de libros profesional, tengo 30 a√Īos de experiencia en la edici√≥n y correcci√≥n de mis propios textos (como hacemos la mayor√≠a de nosotros), y m√°s de 10 a√Īos de experiencia en la publicaci√≥n online en el DDD de la UAB. En realidad, me encanta el proceso de elegir fuentes, dise√Īar portadas, etc., pero soy consciente de que no todos los acad√©micos lo disfrutan. La autopublicaci√≥n, en suma, tiene eso: requiere dinero o habilidades, y por supuesto tiempo. Si no recuerdo mal, he usado unas seis semanas para editar mi nuevo libro, combin√°ndolo con otras tareas, si bien no estoy ense√Īando este semestre.

Una vez que se edita el libro electr√≥nico (y digo libro electr√≥nico porque la autopublicaci√≥n en papel no tiene ning√ļn sentido), y se carga en l√≠nea, lo que queda es hacerlo visible. Creemos que publicar en papel con una editorial acad√©mica es m√°s pr√°ctico ya que el libro entra en un cat√°logo y en la maquinaria publicitaria de la editorial. Hay que pensar no obstante que los libros tienen una vida √ļtil de unas pocas semanas, incluso cuando son publicados por grandes casas comerciales; posiblemente, las bibliotecas universitarias prolonguen esa vida √ļtil ya que para ellas la idea de novedad acad√©mica no es tan limitada (la mayor√≠a de las revistas aceptan rese√Īas de libros publicados en los √ļltimos dos a√Īos). Aun as√≠, mi libro de Routledge ha vendido unos 150 ejemplares en el primer a√Īo, suficiente para que se convirtiera en volumen en r√ļstica, mientras que Entre muchos mundos ya tiene 123 lectores en un mes. Ni siquiera he anunciado su publicaci√≥n, salvo un tuit. Si est√°is pensando, ‚Äėbien, pero no est√°s ganando dinero con este libro‚Äô, considerad que no he ganado dinero en absoluto con los art√≠culos y cap√≠tulos de libros incluidos en √©l.

Por lo tanto, suponiendo que teng√°is las habilidades (o el dinero) para producir un libro electr√≥nico legible como .pdf (Calibre puede ayudarlo a transformarlo en .epub y .mobi), y suponiendo que vuestra universidad tenga una plataforma digital donde pod√°is subirlo (como tambi√©n tienen Academia.edu o ResearchGate), ¬Ņpor qu√© insistimos en publicar libros acad√©micos en papel, incluso pagando miles de euros por el privilegio? Por el Ministerio y los organismos de evaluaci√≥n, ya sean ANECA o las agencias regionales. Los libros son un √°rea gris inc√≥moda en la evaluaci√≥n porque no siguen estrictamente el mismo sistema de revisi√≥n por pares que las revistas, y porque no est√°n clasificados de acuerdo con las mismas m√©tricas. En Espa√Īa, un grupo de investigaci√≥n de la Universidad de Granada construy√≥ hace unos a√Īos SPI (Scholarly Publishers Indicators) a partir de una encuesta que nos preguntaba a nosotros, los investigadores, sobre el prestigio de las editoriales en nuestro √°rea. Este m√©todo extra√Īamente subjetivo cre√≥ una serie de distorsiones que han dado lugar a una lista bastante singular. SPI, adem√°s, mezcla Lengua y Literatura, lo que significa que la lista es bastante in√ļtil para cualquiera de las dos √°reas. El Ministerio y ANECA est√°n tan confusos sobre c√≥mo juzgar los libros acad√©micos que dan a los vol√ļmenes completos el mismo valor que a los art√≠culos individuales en nuestros ejercicios de evaluaci√≥n personal (o sexenios). Cre√≠ est√ļpidamente que, con 9 cap√≠tulos, el libro de Routledge deber√≠a ser suficiente para pasar la siguiente evaluaci√≥n hasta que un bur√≥crata de ANECA me puso en mi sitio. Todav√≠a necesito enviar 5 art√≠culos m√°s, idealmente de revistas A revisadas por pares. Dada la importancia de la revisi√≥n por pares, y el tratamiento que reciben los libros acad√©micos como publicaciones sospechosas a menos que tengan el sello de una de las principales editoriales de SPI, no es de extra√Īar que los libros electr√≥nicos acad√©micos autopublicados hayan atra√≠do a tan pocas personas.

Al final, sin embargo, uno debe preguntarse c√≥mo desea organizar sus publicaciones acad√©micas. Yo misma llevo desde hace muchos a√Īos una doble carrera: publico en las que el Ministerio y la ANECA considera valiosas editoriales y revistas para los sexenios, y autopublico de forma gratuita en el repositorio de la UAB lo que quiero circular sin l√≠mites, aunque no cuente para la evaluaci√≥n. De ah√≠ mi nuevo libro. ¬ŅPublicar√≠a una monograf√≠a completa de esta manera? La respuesta es a√ļn no porque todav√≠a necesito ser evaluada cada cinco a√Īos (tal vez cuando me jubile). Entiendo que hay pocas ventajas en la autopublicaci√≥n de libros electr√≥nicos que no cuentan para la evaluaci√≥n, excepto que el conocimiento circula as√≠ de forma gratuita, lo cual es una ventaja gigantesca. Si, en definitiva, las editoriales acad√©micas en lugar de los repositorios digitales est√°n publicando nuestro trabajo es as√≠ porque el Ministerio y ANECA lo requieren, no porque esta sea la mejor manera de potenciar el conocimiento. El acceso abierto (Open Access), de hecho, actualmente consiste en poner a disposici√≥n lo que una vez se public√≥ ‚Äėleg√≠timamente‚Äô, no lo que se est√° autopublicando (y tambi√©n podr√≠a ser revisado por pares si fuera necesario).

Espero que disfrutéis de mi libro, pero también espero que penséis en publicar vuestras propias colecciones y en autotraduciros. Es un trabajo extra, lo sé, pero tal vez no tan difícil como suponéis. Seguid las reglas del Ministerio / ANECA para la evaluación y acreditación si os es necesario, pero mirad más allá de ellas y distribuid vuestro trabajo académico de tantas maneras como sea posible. Creo que vale la pena y es muy satisfactorio.

Publico una entrada una vez a la semana (me puedes seguir en @SaraMartinUAB). ¬°Los comentarios son muy bienvenidos! Te puedes descargar los vol√ļmenes anuales aqu√≠: https://ddd.uab.cat/record/116328. La versi√≥n en ingl√©s del blog est√° disponible en https://blogs.uab.cat/saramartinalegre/en/. Encontrar√°s en mi web informaci√≥n sobre mis publicaciones y actividades: https://gent.uab.cat/saramartinalegre/

LEER MEMORIAS: EDITAR LA VIDA

Actualmente estoy leyendo las memorias del pianista brit√°nico James Rhodes, Instrumental (2014), que causaron un gran revuelo en el momento de su publicaci√≥n por su descripci√≥n tan directa del horrible abuso sexual (y de sus consecuencias) al que fue sometido Rhodes entre las edades de 6 y 10 a√Īos. Este es el decimosexto libro de memorias que leo este a√Īo, y hoy es s√≥lo 2 mayo… Debo aclarar que hasta ahora no me han interesado mucho las memorias, que me han parecido siempre un poco demasiado chismosas, opini√≥n sin duda condicionada por los principios de una educaci√≥n cat√≥lica que dicta que la confesi√≥n debe ser privada, s√≥lo para los o√≠dos del sacerdote. En los pa√≠ses angl√≥fonos protestantes, la confesi√≥n, por el contrario, es p√ļblica. Las memorias en realidad vienen, o eso me ense√Īaron, de los textos que los creyentes protestantes compusieron para narrar c√≥mo hab√≠an encontrado la gracia despu√©s de pecar. La idea detr√°s de las memorias era que ayudar√≠an a otros pecadores a llevar una vida honesta, guiada por el ejemplo. Evidentemente, poco queda hoy de ese impulso inicial, a pesar de que vol√ļmenes como el de Rhodes siempre llevan un poco de intenci√≥n ejemplarizante, en este caso para guiar a otros en c√≥mo sobrevivir al abuso (o, como √©l tiene el coraje de llamarlo, violaci√≥n). Por otro lado, el peor tipo de memoria es ese tipo que es b√°sicamente una larga lista de recuerdos menores triviales, puntuados por la constante presencia de nombres c√©lebres. ‚ÄúSoy importante e importo‚ÄĚ, gritan esas vanagloriosas memorias en cada p√°gina.

Rhodes comienza Instrumental pregunt√°ndose si, a los treinta y ocho a√Īos, es demasiado joven para escribir sus memorias. Este es un error com√ļn: es demasiado joven para escribir su autobiograf√≠a, un texto destinado a cubrir toda la vida del autor generalmente escrito a una edad avanzada, pero no sus memorias. Cualquier persona en cualquier momento de su vida puede escribir unas memorias siempre y cuando tenga algo que valga la pena contar. De hecho, la l√°stima de las memorias es que necesitan ser escritas cuando el autor est√° m√≠nimamente maduro para dar sentido a sus recuerdos, lo que significa que nos faltan memorias de ni√Īos y adolescentes (no me refiero a memorias de infancia y adolescencia escritas por adultos, sino a textos escritos por menores). Es cierto, en cualquier caso, que las memorias suelen contener mucha autobiograf√≠a del tipo cl√°sico Dickensiano, sobre todo en la secci√≥n que narra los inicios de la vida del sujeto memor√≠stico. Por lo general, los primeros cap√≠tulos de las memorias son por esa raz√≥n m√°s bien sint√©ticos y est√°n mejor ordenados que el resto. A medida que avanzan las memorias, se elimina m√°s y m√°s informaci√≥n y eventos, algo que abre muchas lagunas. Debbie Harry, ex l√≠der de la popular banda Blondie, escribe en sus memorias Face It [Pl√°ntale cara] (¬°qu√© gran t√≠tulo!) que esto se debe a que en las memorias la vida necesita ser ‚Äúeditada‚ÄĚ, as√≠ que estoy tomando prestada su expresi√≥n para mi t√≠tulo de hoy.

Las memorias suelen ser, as√≠ pues, relatos m√°s parciales que las autobiograf√≠as, que se suponen m√°s completas, aunque no me gustar√≠a ser demasiado dogm√°tica. Lo que encuentro m√°s peculiar sobre las memorias, y posiblemente esta es la raz√≥n por la que me he resistido a su atractivo durante tanto tiempo, es que la mayor√≠a est√°n escritas por no escritores. Adem√°s, todos sabemos que, de hecho, muchas memorias han sido escritas por escritores fantasmas (¬°no todos incurriendo en los peligros del protagonista de Roman Polanski en su thriller The Ghost Writer [El escritor] (2010)!). Siendo mucho menos pol√≠ticamente correctos, en espa√Īol llamamos a los escritores fantasmas ‘negros’, que es una forma de enfatizar la esclavitud de ese tipo de escritor ante la voluntad del sujeto autor. La existencia de negros y de colaboradores reconocidos (el nombre que sigue a la preposici√≥n ‚Äėcon‚Äô despu√©s del nombre del autor principal) es, sin embargo, un factor que interfiere en mi lectura de memorias. Cada vez que me encuentro con una gran frase, siempre me pregunto de qui√©n es el feliz giro idiom√°tico. Lo mismo aplica a la ‚Äėedici√≥n‚Äô a la que alude Harry; una cosa es qui√©n toma la decisi√≥n de narrar qu√©, y otra muy distinta es qui√©n estructura el libro y c√≥mo. Incluso cuando no hay un escritor fantasma o negro, las listas generalmente largas de nombres de editores en la secci√≥n de agradecimientos me hacen preguntarme qu√© tipo de texto frankensteiniano estoy leyendo. Esto no importar√≠a si no fuera por la obsesi√≥n con la integridad autoral que tomamos prestada de la novela y que aplicamos a las memorias, aunque en √ļltima instancia s√≠ importa.

La moda actual de las memorias es que sean c√°ndidas y sinceras, incluso cuando exponen al autor bajo una luz menos que favorable. Esto puede ser involuntario. En Prozac Nation (1994), de Elizabeth Wurtzel, unas memorias sobre la depresi√≥n que me ha llevado semanas leer porque son muy dolorosas, la autora pinta un retrato inmisericorde de s√≠ misma, revelando deficiencias que no eran estrictamente hablando parte de su enfermedad. En contraste, me cost√≥ leer Uncanny Valley [Valle inquietante] (2019) de Anna Wienner porque sus acusaciones contra el sexismo de Silicon Valley carecen totalmente de autocr√≠tica. No quiero decir que ella sea de ninguna manera culpable de provocar su propia discriminaci√≥n, sino que Wiener parece incapaz de explicar por qu√© eligi√≥ ser empleada por esa industria tan obviamente sexista. Adam Kay, quien fuera un joven m√©dico empleado por el sistema p√ļblico de salud brit√°nico, es extremadamente cr√≠tico con su entorno de trabajo en This is Going to Hurt: Secret Diaries of a Medical Resident [Esto va a doler: los diarios secretos de un m√©dico residente] (2022), pero tambi√©n es sincero sobre su propio idealismo equivocado y los errores que cometi√≥ al elegir la medicina como profesi√≥n. Las memorias son siempre parciales, pero no deber√≠an serlo de una manera que plantee m√°s preguntas que respuestas. La narraci√≥n que Mariah Carey hace de sobre su esclavitud ante su ex esposo y CEO de la compa√Ī√≠a discogr√°fica Sony Tommy Mottola en The Meaning of Mariah Carey [El significado de Mariah Carey] (2020) es desconcertante porque nunca reconoce que se benefici√≥ profesionalmente de su matrimonio. No quiero decir que est√© falt√°ndole el respeto a la verdad, lo que quiero decir es que su relato tiene lagunas que hacen que el lector se pregunte ‚Äė¬Ņpero…?‚Äô, algo que no deber√≠a suceder. Naturalmente, tal vez ni siquiera Mariah Carey entienda completamente por qu√© su vida pas√≥ por ciertos giros, pero ese es el peligro de las memorias: uno debe retener el control, si no sobre la vida, al menos sobre la narraci√≥n que da forma a su relato.

No todas las memorias son memorias obvias. Uno de los libros m√°s bellos que he le√≠do en mucho tiempo es The Living Mountain: A Celebration of the Cairngorm Mountains of Scotland [La monta√Īa viviente: una celebraci√≥n de los montes Cairngorn de Escocia] (1977) de Nan Shepherd. Este libro no puede llamarse realmente unas memorias, ya que Shepherd no est√° all√≠ narrando su vida, sino rindiendo homenaje a esta bella parte del paisaje escoc√©s. Tampoco se trata de escritura de viajes, ya que este no es un texto sobre un viaje espec√≠fico, sino una colecci√≥n de comentarios pensados en muchos viajes a lo largo de los a√Īos en estos montes. Sin embargo, la propia Shepherd est√° all√≠ en cada p√°gina del breve libro, amando las monta√Īas, disfrut√°ndolas sola o en compa√Ī√≠a, primero como una ni√Īa y luego como una mujer madura. Shepherd, autora de tres novelas bien recibidas‚ÄĒThe Quarry Wood [El bosque de la cantera] (1928), The Weatherhouse [El observatorio] (1930) y A Pass in the Grampians [Un paso en las Grampians] (1933)‚ÄĒescribi√≥ The Living Mountain en 1944, pero abandon√≥ la idea de publicarlo cuando uno de sus mentores literarios (un hombre cuyo nombre olvido) le dijo que realmente no val√≠a la penaa. Ella decidi√≥ treinta a√Īos despu√©s que, al fin y al cabo, s√≠ val√≠a la pena que su peque√Īo volumen viera la luz, y el resultado es un poema en prosa de rara belleza en el que Shepherd es una espectadora encantada, disfrutando en cuerpo y mente de una total comuni√≥n Rom√°ntica con los montes de su tierra. ‚ÄúEn la monta√Īa, estoy m√°s all√° del deseo. No es √©xtasis… No estoy fuera de m√≠ misma, sino en m√≠ misma. Soy yo. Esa es la gracia final concedida por el monte‚ÄĚ. Su admirador, el escritor paisajista Robert MacFarlane, escribi√≥ que ‚ÄúEsta es la versi√≥n de Shepherd del cogito de Descartes: camino, y por lo tanto existo‚ÄĚ. Pura poes√≠a, como digo, viniendo de una escritora que no necesita colaborador fantasma en un texto que casi se convirti√≥ en un espectro.

No quiero decir con este elogio de las singulares memorias de Shepherd que falten en las memorias m√°s est√°ndar ambiciones literarias, porque lo admirable de este g√©nero es lo proteico que puede ser. Las memorias pueden ser escritas por buenos escritores profesionales y por aficionados menos dotados, y en eso consiste la belleza de su g√©nero. Las novelas se leen por la visi√≥n que proporcionan de la experiencia humana, pero las novelas no son las √ļnicas que proporcionan ese placer; adem√°s, las novelas tienden a centrarse en personajes inventados. Las memorias complementan esa b√ļsqueda de la experiencia humana al presentar a los lectores recuerdos de la vida vivida por personas que son de una manera u otra interesantes. Nunca pens√©, por ejemplo, que me sentir√≠a atra√≠da por lo que el escalador profesional Alex Honnold tiene que decir, pero encontr√© su libro de memorias Alone on the Wall [Solo en el muro] (2015) realmente atractivo (el colaborador David Roberts afirm√≥ que hab√≠a trabajado muy poco en el texto, principalmente como editor). Las memorias requieren ser un lector de mente muy abierta y confiar en que se pueden encontrar gemas entre los autores m√°s improbables. Una nunca sabe.

Quiz√°s la raz√≥n secreta por la que admiro a los escritores de memorias es que se necesita coraje para narrar tu vida, incluso cuando lo haces por pura vanidad. La profesora cuyos cursos sobre autobiograf√≠a y memorias tom√© como estudiante de doctorado sol√≠a decir cuando plante√© este punto que al final la experiencia humana no es tan diferente en t√©rminos del arco narrativo general de la vida, por lo que no hay raz√≥n para sentir verg√ľenza. Creo que hay buenas razones para sentirse avergonzado por los detalles de cada vida, sin importar cu√°n similares puedan ser. Los escritores de memorias han cruzado el l√≠mite de la verg√ľenza, con algunos, como Trevor Noah (leed por favor Born a Crime [Prohibido nacer]) aprovechando al m√°ximo los recuerdos dolorosos.

La privacidad no es muy valorada en estos d√≠as, pero sigue siendo importante para muchos de nosotros, por lo que leer memorias es muy parad√≥jico ya que se trata de los textos m√°s privados (aparte de los diarios, claro). Agradezco, as√≠ pues, el coraje de los autores que se entregan a la inspecci√≥n p√ļblica, revelando esos grandes y peque√Īos rincones de la experiencia humana que van m√°s all√° de la ficci√≥n y tan bien conectan con la vida real.

Publico una entrada una vez a la semana (me puedes seguir en @SaraMartinUAB). ¬°Los comentarios son muy bienvenidos! Te puedes descargar los vol√ļmenes anuales aqu√≠: https://ddd.uab.cat/record/116328. La versi√≥n en ingl√©s del blog est√° disponible en https://blogs.uab.cat/saramartinalegre/en/. Encontrar√°s en mi web informaci√≥n sobre mis publicaciones y actividades: https://gent.uab.cat/saramartinalegre/

TU PROPIA MARCA: LA (IN)VISIBILIDAD DE LOS ACAD√ČMICOS

Para mi sorpresa, mi Facultad me invit√≥ a asistir a un seminario de la escritora y coach Neus Arqu√®s dirigido a lograr que nuestras marcas personales sean m√°s s√≥lidas y visibles. Convertida en consultora aut√≥noma, Arqu√®s afirma que fue una de las impulsoras en Espa√Īa de la idea de la marca personal, m√°s all√°, supongo, del mundo del espect√°culo y la celebridad. Arqu√®s ayuda a sus clientes a convertir sus habilidades en marcas personales reconocibles como primer paso para dar a conocer proyectos profesionales y atraer, a su vez, clientes. Me invitaron a unirme a su seminario, al parecer, por mis esfuerzos para hacer visible la vida acad√©mica con este blog, mis libros digitales publicados con estudiantes y mis colaboraciones con asociaciones de f√°ndom no acad√©micas.

Al final, no aprend√≠ del seminario de Arqu√®s lo que quer√≠a aprender: c√≥mo puedo romper la barrera que me impide publicar libros en castellano, y con eso me refiero tanto a vol√ļmenes acad√©micos como a ensayos para un p√ļblico general en una de las editoriales de Planeta. La propia Arqu√®s publica sus libros a trav√©s de una editorial adscrita a Planeta, as√≠ que ¬Ņpor qu√© no yo? Sin embargo, el consejo que me dio fue que deb√≠a ser paciente y probar con el mayor n√ļmero posible de editoriales (ya he pasado por quince intentando publicar mi libro sobre villan√≠a en castellano) y, quiz√°s, disimular el car√°cter acad√©mico de mi trabajo. Suspiro a fondo…

En alg√ļn momento aparentemente perd√≠ el tren, porque a pesar de que mis dos primeros libros fueron publicados en castellano (en una editorial cuyo nombre ni siquiera mencionar√©), no he podido atraer la atenci√≥n de otras editoriales espa√Īolas m√°s serias (quiero decir sin pagar por publicar). En contraste, muchos de nosotros en Estudios Ingleses en Espa√Īa estamos publicando regularmente con las principales editoriales acad√©micas Routledge, Palgrave, Brill y otras editoriales universitarias angl√≥fonas (no con Penguin Random House pero, bueno, vamos bien). Veo, adem√°s, que la mayor√≠a de los libros actualmente populares en Espa√Īa dentro de mi propio campo de investigaci√≥n, los Estudios de Masculinidad, no est√°n escritos por acad√©micos sino por periodistas con un perfil medi√°tico significativo (ver La nueva masculinidad de siempre: Capitalismo, deseo y falofobias de Antonio J. Rodr√≠guez). Es tremendamente frustrante. Una amiga me dice que los acad√©micos de primer rango ahora se autopublican en Espa√Īa incluso en Amazon, posibilidad que he estado considerando. De hecho, acabo de autopublicar un nuevo libro en el repositorio digital de mi universidad, del cual hablar√© la pr√≥xima semana.

Me estoy yendo por las ramas… Mi tema de hoy es c√≥mo la vida acad√©mica obliga a todos los acad√©micos a convertirse en marcas personales, incluso cuando no saben que as√≠ es como funcionan las cosas. Arqu√®s nos explic√≥ que uno puede comprender el valor de su marca personal verificando c√≥mo se le menciona en Internet; esto es lo que ella llam√≥ ‚Äėreputaci√≥n‚Äô, advirtiendo que esta es una palabra que a pocos les gusta. Resulta que a m√≠ s√≠ me gusta. La reputaci√≥n sol√≠a ser el prestigio atribuido a los acad√©micos sobresalientes, generalmente gracias a un libro bien conocido (estoy hablando de las Humanidades). La reputaci√≥n sol√≠a ser lo que hac√≠a que otros eruditos e incluso algunos estudiantes ilustrados exclamaran ‚Äú¬°oh, s√≠…!‚ÄĚ cuando se mencionaba un nombre. Sigue siendo la causa por la cual se reciben invitaciones para dar conferencias. La reputaci√≥n, sin embargo, est√° siendo destruida, si no ha sido ya destruida, por la m√©trica bibliogr√°fica, los procesos de acreditaci√≥n y otros tipos de est√°ndares de medici√≥n (me sorprende c√≥mo la gente insiste en ganar premios y distinciones, cuando su pura abundancia los deval√ļa mucho). En cualquier caso, dado que la competencia es tan feroz en la universidad, un principio b√°sico es que se necesita construir una reputaci√≥n s√≥lida (al estilo nuevo o antiguo), por lo que cada acad√©mico es de hecho una marca personal, lo sepan o no.

Una marca, por si no me estoy explicando bien, es lo que hace que un negocio sea p√ļblicamente reconocible como concepto. Por favor, no confund√°is marca con logotipo, aunque, por supuesto, est√°n relacionados. Apple, como marca, es el concepto que Steve Jobs desarroll√≥ para identificar un conjunto de productos tecnol√≥gicos y las estrategias para desarrollarlos; el logotipo es la famosa manzana mordida (Jobs sol√≠a trabajar recogiendo manzanas en su juventud hippie, de ah√≠ su fijaci√≥n). La marca y el logotipo se relacionan de una manera bastante horrible: ‚Äėmarcar‚Äô (en ingl√©s ‚Äėto brand‚Äô) significa marcar con un hierro ardiente un s√≠mbolo en la piel del ganado, para que el propietario pueda ser identificado. Los esclavos y los criminales tambi√©n sol√≠an ser herrados de este modo. La marca infligida a animales y personas es el origen del logotipo que las empresas (marcas o ‚Äėbrands‚Äô) utilizan para identificarse, por lo que la pr√≥xima vez que uses con orgullo una camiseta con cualquier logotipo comercial, considera c√≥mo contribuye a tu propia esclavitud y si√©ntete tratado como ganado. Duro, lo s√©. Sobre todo si piensas que incluso las universidades son marcas y tienen logotipos. Estoy asistiendo estos d√≠as a un curso sobre c√≥mo mantener la p√°gina web del Departamento y por supuesto ya se ha planteado la cuesti√≥n del logotipo correcto de la UAB que tenemos que usar.

As√≠ pues, aunque no tengamos logotipos individuales (igual acabo de tener una idea…), los acad√©micos somos marcas personales ya que debemos poner mucho esfuerzo en la promoci√≥n constante de nuestros talentos y trabajos. Este esfuerzo resulta ser una gran sorpresa para los acad√©micos novatos, ya que no todos tienen las habilidades que requiere la constante autopromoci√≥n. He visto a algunas personas progresar de ser estudiantes de doctorado a catedr√°ticos en poco m√°s de una d√©cada, sobre la base de lo que se podr√≠a llamar ambici√≥n ilimitada, mientras que otros que inicialmente disfrutaban de la misma beca doctoral ni han podido completar su tesis doctoral al perder la orientaci√≥n en nuestra jungla.

Nadie te dice abiertamente cu√°les son las reglas, por lo que debes comprenderlas mientras trabajas. Por lo general, se nos dice que es necesario dar a conocer nuestro trabajo a trav√©s de conferencias y publicaciones, que es importante unirse a un grupo de investigaci√≥n, que hay que apuntarse a Academia.edu y ResearchGate, pero solo son consejos generales. Luego depende de cada acad√©mico determinar c√≥mo participar en una red de contactos efectiva, qu√© editoriales y revistas le dan m√°s visibilidad (es decir, citas) y c√≥mo posicionarse estrat√©gicamente en relaci√≥n con la categor√≠a de trabajo a la que aspira, compitiendo con otros en el mismo Departamento o fuera. Aun as√≠, surgen obst√°culos o se cometen errores en el plan maestro. Es posible que hayas so√Īado con ser catedr√°tico en tu ciudad favorita solo para convertirte en catedr√°tico pero en una ciudad que odias y en la que te quedar√°s atrapado durante d√©cadas hasta que te jubiles.

Me refer√≠ en otro post, hace a√Īos, a la figura del oscuro profesor y a las dificultades de ser visible en los tiempos de YouTube y mi impresi√≥n es que nada ha cambiado en exceso. Me un√≠ obedientemente a Academia.edu e ResearchGate y esto ha generado problemas diversos: necesito hacer un seguimiento de mis publicaciones en ambos sitios, aparte de mi propio sitio web y el Portal de Investigaci√≥n de la UAB; recibo constantes solicitudes de publicaciones protegidas por copyright que no debo circular, y no tengo tiempo para estar al d√≠a de todo lo que suben mis colegas. No s√© si mi presencia en estas redes realmente ha aumentado el n√ļmero de mis citas, pero una cosa que puedo decir es que a pesar de que estoy haciendo todo lo posible para hacer visible mi trabajo, en una solicitud reciente para una beca de investigaci√≥n grupal mi impacto se calcul√≥ sobre la base de Scopus, para lo cual apenas existo ya que no soy una cient√≠fica. Me sent√≠ tan profundamente humillada…

Un aspecto bastante intrigante del seminario de Arqu√®s es que insisti√≥ en que ser visible no significa necesariamente estar presente en las redes sociales. Estoy de acuerdo: puedes tener una cuenta de Twitter, como yo, y mantener un perfil muy bajo, como yo. Nunca me he acostumbrado a las redes sociales y no estoy haciendo ning√ļn esfuerzo por aprender, debido a la inmensa cantidad de ruido que generan. Ciertamente tiene m√°s sentido publicitar el trabajo acad√©mico en Academia.edu o ResearchGate que en Instagram. S√© que algunos profesores de primaria y secundaria son TikTokers muy populares, pero no veo a mis compa√Īeros acad√©micos o a m√≠ misma generando mucho inter√©s de esa manera; tal vez deber√≠a intentar que mis estudiantes trabajen conmigo en un canal de TikTok de Literatura Victoriana … S√≠, lo s√©, mejor que no… Arqu√®s b√°sicamente se refer√≠a, as√≠ pues, a usar sitios web personales sabiamente y a divulgar informaci√≥n en redes sociales (acad√©micas o de otro tipo) que siempre mejore el impacto. Lo que no mencion√≥ es c√≥mo todo esta auto-promoci√≥n le roba tiempo a la investigaci√≥n.

Ya para concluir, mientras que el seminario de Neus Arqu√®s me ayud√≥ a entender de qu√© manera ya opero como una marca personal y de qu√© otras maneras no lo hago (o no puedo, o nunca lo har√©), me gustar√≠a asistir a un seminario con una personalidad acad√©mica de primera magnitud que pudiera ense√Īarme c√≥mo se ha ganado su visibilidad. Por otro lado, tal como est√°n las cosas ahora, con Elon Musk a punto de comprar Twitter y borrar sus ya extremadamente limitadas reglas de combate a la hora de expresar opini√≥n, ser visible solo significa ser vulnerable. A m√≠ me gusta transmitir informaci√≥n e ideas para animar el debate, eso es todo, como supongo que la mayor√≠a de acad√©micos quieren hacer. Cualquier otra ambici√≥n dentro de las Humanidades es sencillamente pat√©tica (fama, dinero… ¬°venga..!). Simplemente me molesta que otros que transmiten informaci√≥n e ideas no est√©n tan bien cualificados acad√©micamente, aunque ciertamente son lo bastante listos como para hacerse visibles. Quiz√°s la palabra clave en mi diatriba de hoy no es ‚Äėreputaci√≥n‚Äô sino ‚Äėreconocimiento‚Äô y, ¬Ņpor qu√© no?, envidia.

Publico una entrada una vez a la semana (me puedes seguir en @SaraMartinUAB). ¬°Los comentarios son muy bienvenidos! Te puedes descargar los vol√ļmenes anuales aqu√≠: https://ddd.uab.cat/record/116328. La versi√≥n en ingl√©s del blog est√° disponible en https://blogs.uab.cat/saramartinalegre/en/. Encontrar√°s en mi web informaci√≥n sobre mis publicaciones y actividades: https://gent.uab.cat/saramartinalegre/