MEROPE GAUNT, MADRE DE VOLDEMORT: LA NARRATIVA COMO CASTILLO DE NAIPES

La primera novela sobre la serie Harry Potter de J.K. Rowling, Harry Potter and the Philosopher‚Äôs Stone, fue publicada por Bloomsbury el 26 de junio de 1997, hace 25 a√Īos hoy mismo. Esta entrada mira hacia esa fecha del pasado, para festejarla, y apunta hacia el pr√≥ximo mes de noviembre, cuando finalmente volver√° el Witch Market de Barcelona y todos nosotros, los Potterheads locales, tendremos la oportunidad de reencontrarnos despu√©s de un par√©ntesis de dos a√Īos causado por la Covid-19. He elegido dar una conferencia en ese evento sobre la madre de Voldemort, Merope Gaunt, porque es un ejemplo de ese tipo de personaje secundario que parece muy menor pero cuyas acciones son indispensables para que una historia comience a moverse. Si la pobre Merope no se hubiera enamorado del Muggle Tom Riddle, Lord Voldemort nunca habr√≠a nacido. El villano, no el h√©roe, pone en marcha los acontecimientos y, por lo tanto, sin el Se√Īor Oscuro, el joven Harry Potter habr√≠a disfrutado de la adolescencia normal de un mago cualquiera.

Merope (pronunciado ‚Äėm…õr…ôpiňź, o m√©ropi) lleva el nombre de una estrella en las Pl√©yades que toma prestado su apodo de una de las siete hijas de la ninfa oce√°nica Pleione y el Tit√°n Atlas. Solo aparece en el sexto libro, Harry Potter and the Half-Blood Prince (2005), publicado ocho a√Īos despu√©s de la primera novela, lapso que sugiere que Rowling puede haber pensado en la historia de los or√≠genes de Voldemort relativamente tarde en el proceso de escritura, no necesariamente desde el principio. La triste historia de Merope se narra en el cap√≠tulo 10, ‚ÄúThe House of Gaunt‚ÄĚ (184-204, Bloomsbury 2005 edici√≥n de tapa dura), y en el cap√≠tulo 13, ‚ÄúThe Secret Riddle‚ÄĚ (242-260), aunque ninguno de los dos cap√≠tulos se centra en ella. Su nombre se menciona un total de 32 veces, muy pocas en el contexto de la extensa narrativa que es toda la serie, y ella nunca est√° en di√°logo con ning√ļn otro personaje. Sabemos de Merope porque el Profesor Dumbledore procede a recordar escenas del pasado compartiendo su Pensieve con Harry, habiendo decidido, como le dice al chico, ‚Äúque es hora, ahora que sabes lo que llev√≥ a Lord Voldemort a tratar de matarte hace quince a√Īos, de que se te d√© cierta informaci√≥n‚ÄĚ (186).

Dumbledore no tiene recuerdos directos de Merope, por lo que utiliza en su lugar los recuerdos del difunto Bob Ogden, un funcionario del Departamento de Aplicaci√≥n de la Ley M√°gica. Harry es testigo de la visita de Odgen al pueblo de Little Hangleton, donde viven los Gaunt: el padre de mediana edad Marvolo, el hijo Morfin (posiblemente veintea√Īero) y la hija Merope, que tiene dieciocho a√Īos como averiguamos m√°s tarde. Los Gaunts se presentan como el equivalente ingl√©s de los hillbillies estadounidenses (unos paletos), y Morfin, de hecho, da una bienvenida bastante violenta a su imprevisto visitante, enviado por Slughorn para investigar una violaci√≥n de la ley m√°gica cometida por el joven.

Cuando Merope aparece por primera vez, en un rinc√≥n de su muy pobre vivienda, Rowling la describe focalizando la narraci√≥n a trav√©s de Harry como ‚Äúuna chica cuyo vestido gris harapiento era del color exacto de la sucia pared de piedra tras ella. Estaba de pie junto a una olla humeante sobre una negra y sucia cocina, y jugueteaba con el estante de ollas y sartenes de aspecto miserable sobre la misma. Su cabello era lacio y opaco y ten√≠a una cara lisa, p√°lida y bastante pesada. Sus ojos, como los de su hermano, miraban en direcciones opuestas. Ella parec√≠a un poco m√°s limpia que los dos hombres, pero Harry pens√≥ que nunca hab√≠a visto a una persona de aspecto m√°s derrotado‚ÄĚ (194, cursivas a√Īadida). Cuando la nerviosa y callada Merope deja caer una olla, su padre la ri√Īe como ha hecho muchas veces: ‚Äú¬Ņpara qu√© sirve tu varita, in√ļtil saco de lodo?‚ÄĚ (194). Ante el rapapolvo la chica no consigue arreglar la olla, as√≠ que Odgen la repara, deseando terminar la escena lo m√°s r√°pido posible.

Cuando el visitante declara que Morfin ha sido llamado al Ministerio porque ha atacado a un Muggle, Marvolo reacciona gritando que su familia es descendiente directa de Salazar Slytherin, uno de los fundadores de Hogwarts, y se le debe m√°s respeto. Como prueba, empuja a Merope de modo brutal, para que Odgen pueda ver el medall√≥n que lleva puesto. Esta reliquia familiar, que luego ella vende para evitar perecer de hambre, es la misma que su hijo adulto Tom, entonces de unos treinta a√Īos, encuentra en manos de la rica coleccionista Hepzibah Smith. Cuando la asesina en un ataque de ira (su primer asesinato despu√©s de acabar con su padre y sus abuelos, a los diecis√©is a√Īos), necesita huir, comenzando as√≠ su camino para convertirse en Lord Voldemort.

En el cap√≠tulo 10, un grupo de transe√ļntes Muggles pijos se burlan de la ruinosa casa de los Gaunt, angustiando a Merope. Ella se pone mortalmente p√°lida cuando el guapo Tom Riddle se burla de Morfin y ambos hermanos lo escuchan llamar a su compa√Īera Cecilia ‚Äúquerida‚ÄĚ. Sin ning√ļn cari√Īo Morfin le dice a Merope (que a√ļn no ha dicho una palabra): ‚ÄúAs√≠ que al final no te quiso para nada‚ÄĚ (198) y le revela a su enojado padre que ‚ÄúA esta le gusta mirar a ese Muggle‚ÄĚ (199, cursiva original). Esto horroriza a Marvolo, y aunque Merope, niega la acusaci√≥n de Morfin a√ļn sin decir palabra, solo la intervenci√≥n providencial de Ogden la salva de ser estrangulada por su padre. Pronuncia entonces los primeros sonidos que salen de su boca, aunque estos son gritos. El guapo Tom Riddle, como es f√°cil de adivinar, es el mismo Muggle que Morfin ha atacado, creyendo err√≥neamente que correspond√≠a el inter√©s de su hermana.

Dumbledore le dice a Harry que tanto Morfin como Marvolo fueron detenidos de inmediato y enviados a Azkaban, un tiempo de libertad para Merope durante el cual floreci√≥ su magia hasta ahora reprimida. Usando, como Harry adivina, un elixir de amor que, seg√ļn especula Dumbledore, ‚Äúle habr√≠a parecido m√°s rom√°ntico‚ÄĚ (202) que un maleficio Imperius, Merope seduce a Tom Riddle y ambos se fugan juntos, ante el gran esc√°ndalo de su pueblo. El padre, retornado de Azkaban despu√©s de seis meses, finalmente muere del disgusto.

Seg√ļn cotillea Dumbledore Merope le hab√≠a mentido a Riddle fingiendo que estaba embarazada, suceso que solo ocurri√≥ tres meses despu√©s de su boda. Riddle, no obstante, regres√≥ a casa sin su esposa antes de que ella diera a luz, alegando que hab√≠a sido ‚Äúenga√Īado‚ÄĚ (202). Dumbledore contin√ļa su ‚Äúconjetura‚ÄĚ (203) sugiriendo que Merope ‚Äúquien estaba profundamente enamorada de su esposo, no pod√≠a soportar seguir esclaviz√°ndolo por medios m√°gicos. Creo que ella tom√≥ la decisi√≥n de dejar de darle la p√≥cima. Tal vez, enamorada como estaba, se hab√≠a convencido de que √©l ya se habr√≠a enamorado de ella para entonces. Tal vez ella pens√≥ que √©l se quedar√≠a por el bien del beb√©. Si es as√≠, se equivoc√≥ en ambos aspectos. La dej√≥, nunca la volvi√≥ a ver y nunca se preocup√≥ por descubrir qu√© fue de su hijo‚ÄĚ (203). Este pasaje marca el final de la presencia de Merope en el cap√≠tulo 10 y explica por qu√© el ni√Īo Tom lleg√≥ a odiar a su padre Muggle tan intensamente, aunque nunca am√≥ realmente a su madre de sangre pura.

En el cap√≠tulo 13 Dumbledore usa de nuevo el Pensieve para narrar los problemas de Merope una vez en Londres. A trav√©s de los recuerdos de un tal Caractacus Burke, Harry ve a Merope vendiendo el medall√≥n; ella estaba ‚ÄúCubierta de harapos y bastante avanzada …‚ÄĚ, es decir, a punto de parir (245). Por si esta escena no fuera ya lo bastante Dickensiana, Rowling a√Īade que sucedi√≥ antes de Navidad (supuestamente en 1926). Cuando Harry pregunta por qu√© la desesperada Merope no us√≥ sus poderes, Dumbledore especula que ‚Äúcuando su esposo la abandon√≥, Merope dej√≥ de usar magia. No creo que ella quisiera seguir siendo bruja. Por supuesto, tambi√©n es posible que su amor no correspondido y la desesperaci√≥n concomitante minaran sus poderes; eso puede suceder. En cualquier caso, como est√°s a punto de ver, Merope se neg√≥ a levantar su varita incluso para salvar su propia vida‚ÄĚ (246).

Misteriosamente (un poco como Amidala en Star Wars), Merope se deja morir despu√©s del nacimiento de su beb√©. Harry est√° horrorizado de que Merope no eligiera ‚Äúvivir para su hijo‚ÄĚ (246) y Dumbledore responde que, a diferencia de Lily Potter que muri√≥ para salvar a su beb√© Harry de Voldemort, Merope Riddle ‚Äúeligi√≥ la muerte a pesar de un hijo que la necesitaba, pero no la juzgues con demasiada severidad, Harry. Estaba muy debilitada por el largo sufrimiento y nunca tuvo el coraje de tu madre‚ÄĚ (246). Cuando Dumbledore recupera su primer recuerdo de Tom Riddle, Rowling escribe focalizando a trav√©s de √©l que ‚ÄúNo hab√≠a rastro de los Gaunts en la cara de Tom Riddle. Merope hab√≠a satisfecho su √ļltimo deseo: era su apuesto padre en miniatura, alto para sus once a√Īos, de pelo oscuro y p√°lido‚ÄĚ (249). Solo puede saber este dato gracias a la Sra. Cole, la directora del orfanato, quien informa que Merope lleg√≥ en la v√≠spera de A√Īo Nuevo ‚Äútambale√°ndose por los escalones‚ÄĚ en una ‚Äúnoche desagradable‚ÄĚ de fr√≠o y nieve (249). Ella ‚Äútuvo al beb√© una hora m√°s tarde. Y muri√≥ al cabo de otra hora‚ÄĚ (249). La Sra. Cole confirma que Merope, quien ‚Äúno era una belleza‚ÄĚ, tuvo tiempo de decir ‚ÄúEspero que se parezca a su pap√°‚ÄĚ (249), las √ļnicas palabras que pronuncia, y de pedir que el beb√© se llame Tom Marvolo Riddle. La Sra. Cole asume que la joven ‚Äúven√≠a de un circo‚ÄĚ (249) debido al extra√Īo nombre; el apellido Riddle (o ‚Äėenigma‚Äô), por cierto, existe.

Muchos comentaristas han expresado su sorpresa de que Rowling use a Oliver Twist ‚Äúno como modelo para su h√©roe sino para el villano, creando, en esencia, un Oliver retorcido‚ÄĚ con el Se√Īor Oscuro (ver James Washick, ‚ÄúOliver Twisted: The Origins of Lord Voldemort in the Dickensian Orphan‚ÄĚ, Looking Glass 13.3 (2009), https://www.lib.latrobe.edu.au/ojs/index.php/tlg/article/view/165/164). En Oliver Twist (1837-38) de Dickens, el beb√© Oliver nace de la joven Agnes Fleming, que muere en el parto, en una workhouse o asilo para pobres donde se cr√≠a como hu√©rfano.

Agnes, la hija de diecisiete a√Īos de un oficial de la Marina, queda embarazada de Edwin Leeford, un hombre que posiblemente le dobla la edad, y que est√° huyendo de la rica mujer entrada en a√Īos con quien su padre lo hab√≠a obligado a casarse. Leeford muere enfermo sin poder transmitir a Agnes y a su beb√© a√ļn no nacido la fortuna heredada de su padre, una muerte pensada para caracterizarlo como un buen tipo atrapado entre el poder patriarcal de su difunto padre y la pura mala suerte. Sin embargo, encuentro que su affair con la hija inocente del hombre que lo alberga es un abuso criminal. Cuando Agnes muere lleva una alianza de boda, lo que siempre me ha hecho sospechar que Leeford la enga√Īa para que crea que es libre de casarse con ella. En cualquier caso, aunque Merope y Agnes est√°n conectadas, Dickens termina su novela reivindicando a Agnes, con Oliver visitando su tumba (que ya dejado de ser an√≥nima), mientras que al psic√≥pata Tom Riddle nunca le importa Merope.

As√≠ como Oliver Twist depende de la atracci√≥n sexual que Leeford siente por Agnes, todo Harry Potter depende de la pasi√≥n de la feucha Merope por su apuesto vecino Muggle Tom Riddle. No descarto que esta pasi√≥n haya sido despertada en compensaci√≥n por el abuso sexual que Merope sufre tanto por parte de su padre como de su hermano (el ataque de Morfin contra Tom insin√ļa la existencia de celos incestuosos), aunque solo Rowling sabe si hay motivos para esta especulaci√≥n. Si Merope hubiera sido hermosa, Riddle podr√≠a haberse enamorado naturalmente de ella y tal vez incluso haberse quedado a su lado. Esto no necesariamente habr√≠a resultado en una personalidad diferente para su beb√©, porque qui√©n sabe por qu√© algunos hombres crecen para ser villanos horrendos, pero el hecho es que todo el castillo de naipes que es la heptalog√≠a de Harry Potter depende de la atracci√≥n de Merope por Riddle. No lo llamo amor, porque teniendo en cuenta c√≥mo Merope ha vivido su vida hasta entonces, ella no puede conocer el significado del amor. En ausencia de una madre que podr√≠a haberla amado, tampoco puede entender el significado de la maternidad, de ah√≠ su incapacidad para vincularse con su beb√©, y su muerte, que es una especie de suicidio.

Rowling podr√≠a haber inventado una historia muy diferente para explicar el nacimiento de Voldemort, pero se le ocurri√≥ el pat√©tico romance entre Merope Gaunt y Tom Riddle, narrado utilizando un curioso tipo de caracterizaci√≥n indirecta para la pareja, a quien nunca se ve (ni se escucha) juntos. Son en muchos sentidos la contrapartida de Lily y James Potter, los amorosos padres de Harry, aunque, sobre todo, Merope es lo opuesto a Lily. Tanto James como Lily mueren protegiendo a Harry de Voldemort, pero la muerte de Lily le da al ni√Īo la protecci√≥n m√°gica adicional que le salva la vida. En contraste, el momento m√°s amargo del joven Tom llega cuando aprende la verdad sobre sus or√≠genes de boca de su t√≠o Morfin. Este descubrimiento literalmente le rompe el alma una vez procede, como he se√Īalado, a ejecutar al padre que lo abandon√≥ y a sus abuelos. De manera reveladora, comete estos cr√≠menes no porque los Riddle despreciaran a Merope, por quien nunca se preocupa, sino porque su sangre Muggle mancha su propia sangre, que √©l cre√≠a pura.

Pobre Merope, jam√°s amada como hija, hermana, esposa y madre. No olvidemos, sin embargo, que los peores hijos pueden provenir de las mejores madres, y que si el peque√Īo Tom Riddle resulta ser malvado, no es culpa de Merope. Dir√≠a que la culpa es, m√°s bien, del padre insensible, pero Tom Riddle senior es tema para otra entrada…

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DEPRESI√ďN Y ANSIEDAD: LAS PRINCIPALES PALABRAS CLAVE EN LA UNIVERSIDAD

En una reciente reuni√≥n de Departamento surgi√≥ el problema apremiante de la baja asistencia de los estudiantes este √ļltimo semestre. No he dado clase en este tiempo pero mis compa√Īeros me dicen que menos del 50% de los alumnos han asistido a sus clases, porcentaje incluso inferior a lo que vi en el primer semestre, cuando todos segu√≠amos usando mascarillas y soportando la incomodidad de las ventanas abiertas en invierno por la ventilaci√≥n para protegernos del Covid-19.

Las causas de la ausencia de los estudiantes de las aulas, un problema general que no se limita a un grado particular, son dif√≠ciles de precisar ya que, l√≥gicamente, no se puede hablar con personas que no est√°n all√≠ y preguntar a sus compa√Īeros sobre su ausencia es in√ļtil. Aquellos cuyo trabajo es hablar con los estudiantes afirman que los estudiantes desaparecidos generalmente no est√°n interesados en las actividades del aula; encuentran aburridas las lecciones y escuchar las presentaciones orales de sus compa√Īeros, cosa que, de todos modos, no es un fen√≥meno nuevo. Lo novedoso es que alrededor del 20% de todos los estudiantes de mi universidad han notificado a la oficina correspondiente que no pueden asistir a clases porque padecen problemas de salud mental relacionados con la depresi√≥n y la ansiedad. Estas dos palabras se han convertido de esta manera en las palabras clave m√°s importantes en nuestra vida acad√©mica.

Los docentes tambi√©n est√°n deprimidos y sufren de ansiedad, aunque podr√≠a decirse que la edad y la experiencia, al menos entre las filas de los docentes titulares m√°s privilegiados, nos dan una capacidad de resistencia de la que la generaci√≥n m√°s joven podr√≠a carecer. El personal m√°s joven, empleado principalmente como asociados temporales a tiempo parcial, incluso cuando son doctores embarcados en carreras acad√©micas serias, sufre de depresi√≥n y ansiedad causadas por el mismo factor que abruma a los estudiantes: la falta de perspectivas. Tal como est√°n las cosas ahora, la mitad de la plantilla que les pide a los estudiantes que hagan un esfuerzo para capacitarse para su futuro profesional est√° atrapada en un limbo profesional que no se est√° disolviendo lo suficientemente r√°pido. Mi universidad se jacta en estos d√≠as de que est√° ofertando entre 50 y 70 nuevos puestos a tiempo completo cada a√Īo (la mayor√≠a con un contrato de cinco a√Īos), pero a pesar de que a mi Departamento se le han asignado tres para 2022-23, dos de esos puestos est√°n destinados a darle a asociados con una carrera acad√©mica que abarca unos veinte a√Īos la oportunidad de ser titulares (por supuesto, otras personas podr√≠a ganar los puestos, a los que se concursa en oposici√≥n). En cuanto a la colega que se ha jubilado, su puesto a tiempo completo se ha transformado en un conjunto de tres asociados, ahorr√°ndole as√≠ a la instituci√≥n aproximadamente la mitad de su salario. Depresi√≥n y ansiedad, ahora se entienden.

Entre el personal de mayor edad, aquellos de nosotros que llevamos trabajando treinta a√Īos o m√°s, veo principalmente decepci√≥n y cansancio. Nosotros, afortunados profesores titulares a tiempo completo, podemos jubilarnos despu√©s de los 60 a√Īos siempre que llevemos 30 a√Īos activos y teniendo en cuenta que nuestra pensi√≥n se reducir√° en relaci√≥n con la pensi√≥n completa que solo se consigue a los 67 a√Īos. La colega que se ha jubilado en mi Departamento se encuentra precisamente en esa situaci√≥n. He o√≠do hablar de muchos otros que se han jubilado anticipadamente con una p√©rdida econ√≥mica notable porque ya no pod√≠an hacer frente a la ense√Īanza de los estudiantes deprimidos y ansiosos que ahora est√°n en nuestras clases y a las presiones que nos impone la burocratizaci√≥n de la universidad. Ten√≠a la impresi√≥n de que solo los profesores menos interesados en la investigaci√≥n se jubilaban o piensan en hacerlo, pero esta semana un querido amigo que ha publicado una maravillosa serie de excelentes obras me dijo que tambi√©n est√° considerando la jubilaci√≥n. Est√° cansado, una palabra que escucho entre el personal mayor con una regularidad mon√≥tona. Yo misma me siento muy cansada, y si voy trampeando es porque tengo una baja carga docente y al fin puedo escribir libros. Todav√≠a me queda una d√©cada por delante, al menos, y hay d√≠as en que la perspectiva abruma. Al mismo tiempo, espero continuar publicando una vez retirada, con suerte, en paz y tranquilidad.

Las causas de la depresi√≥n general y la ansiedad son transparentes: el neoliberalismo ha creado una econom√≠a de servicios que solo ofrece empleos precarios a los j√≥venes; el cambio clim√°tico amenaza con acabar con la vida en la Tierra en unos quince a√Īos como m√°ximo, y el fascismo est√° aumentando en todas partes, borrando derechos humanos que ha costado m√°s de 200 a√Īos establecer. Como si el Covid-19 no fuera suficiente, Ucrania lleva cuatro meses sufriendo una invasi√≥n horrible que, adem√°s, podr√≠a resultar en la muerte por hambruna de millones en √Āfrica y Asia que dependen de los cereales ucranianos para sobrevivir. Vladimir Putin declar√≥ la semana pasada que el reinado de Occidente ha terminado y ser√° reemplazado por una nueva era, cambio que no me importar√≠a en absoluto si esta fuera una era de verdadera democracia y cooperaci√≥n internacional. No creo que haya querido decir eso. Esta semana he animado a mi sobrina a lo largo de los tres d√≠as que ha durado su examen de Selectividad, pese a sentirme horriblemente ansiosa por el tipo de futuro que ella y su generaci√≥n encontrar√°n. S√© que muchos de nosotros entre los cincuenta y los sesenta a√Īos tenemos una vida relativamente buena (no mencionar√© el miedo constante a la enfermedad o a que nunca obtendremos una pensi√≥n) pero temblamos por lo que el futuro podr√≠a depararles a los j√≥venes, al menos yo lo hago. Entiendo que se sientan deprimidos y ansiosos, y que no vean ning√ļn sentido en la educaci√≥n, a pesar de que saben que sin asistir a la universidad sus perspectivas ser√°n a√ļn peores.

La situación es objetivamente mala, pero también me pregunto si se siente subjetivamente así porque nuestra capacidad para hacer frente a la vida (nuestra resiliencia) se ha visto socavada por una filosofía de felicidad que requiere estar constantemente satisfecho. Yo misma no tengo razones personales o profesionales para sentirme abatida, pero así es como describiría mi estado de ánimo desde al menos 2008, cuando estalló la crisis financiera. No estoy clínicamente deprimida pero, como muchos otros de mis conciudadanos, me resulta cada vez más difícil ver las noticias (no porque no me importen los demás, sino porque sí me importan) e incluso hacer frente a crisis personales menores que no son realmente tan importantes. Estoy, además, como estudiosa de Estudios de Género, harta y cansada de las presiones de la izquierda y de la derecha, hasta el punto de que estoy considerando rendirme por completo y escribir sobre otros asuntos, una vez que haya terminado mi próximo libro. Trato, por lo tanto, de entender si más allá de los problemas reales, la depresión y la ansiedad generalizadas tienen que ver con la ruptura de una promesa de felicidad personal y colectiva, hecha tal vez en la década de 1960, que no se ha materializado.

Tratando de entender si ese es el caso, he le√≠do consecutivamente, por casualidad, dos libros que est√°n en profundo di√°logo mutuo. Por razones que no consigo explicarme, a√ļn no hab√≠a le√≠do El hombre en busca de sentido (1946) de Viktor Frankl, originalmente titulada Ein Psychologe erlebt das Konzentrationslager. Ten√≠a la impresi√≥n err√≥nea de que se trata de un adusto libro filos√≥fico cuando es en realidad unas memorias de la desgarradora experiencia de Frankl como prisionero de los nazis en diversos campos. El otro libro es Happycracia: C√≥mo la ciencia y la industria de la felicidad controlan nuestras vidas (2019) de Eva Illouz y Eric Cabanas, publicado originalmente en franc√©s como Happycratie: comment l’industrie du bonheur a pris le controŐāle de nos vies (2018). Estaba leyendo este libro y pensando en c√≥mo se relacionaba con el otro cuando me encontr√© con una cita de Frankl, subrayando la conexi√≥n.

Frankl (1905-1997) era un prestigioso neuropsiquiatra activo en Viena cuando en 1942 √©l y su familia fueron capturados y finalmente separados. Durante los tres a√Īos de su cautiverio en diversos campos, logr√≥ tomar notas sobre su condici√≥n mental y la de sus compa√Īeros de prisi√≥n; durante ese tiempo, Frankl encontr√≥ consuelo en la esperanza de volver a vivir con su joven esposa sin saber que ella ya hab√≠a muerto. Las memorias de Frankl son diferentes de las de otros sobrevivientes del Holocausto precisamente porque √©l ten√≠a una comprensi√≥n extremadamente l√ļcida de la resiliencia, una palabra que ahora est√° de moda tanto como depresi√≥n y ansiedad. Ser√≠a obsceno hablar de felicidad en el contexto de los campos y lo que Frankl describe es una situaci√≥n en la que los prisioneros jud√≠os se adaptaron lo mejor que pudieron a la erosi√≥n de su humanidad porque antepusieron la resiliencia a cualquier otro valor. Sus pensamientos no eran ni positivos (eso ser√≠a inane) ni negativos (eso ser√≠a suicida) sino que se centraban en sobrevivir paso a paso. Frankl afirma que los prisioneros m√°s resistentes estaban motivados por la idea de algo de su vida anterior que necesitaban continuar, ya fuera una carrera y un matrimonio como en su propio caso, u otras cuestiones. Es por eso que, seg√ļn explica, que para muchos el per√≠odo m√°s oscuro lleg√≥ despu√©s de su liberaci√≥n cuando descubrieron que la vida cuyos recuerdos los hab√≠an estado sosteniendo en el campo de concentraci√≥n ya no exist√≠a. Muchos tambi√©n sufrieron, agregar√©, porque sus relatos de sufrimiento extremo no fueron cre√≠dos. El volumen de Frankl fue traducido al ingl√©s en 1959, lo que sugiere que durante unos quince a√Īos los relatos de los sobrevivientes fueron de poco inter√©s, al menos en el √°rea angl√≥fona del mundo.

Illouz y Cabanas citan a Frankl como parte de sus esfuerzos para demoler la psicolog√≠a positiva, la escuela de pensamiento estadounidense que afirma que la psicolog√≠a no debe limitarse a tratar a los enfermos mentales, sino que debe proporcionar a todos herramientas para sentirse mentalmente estables e, idealmente, felices. Los autores se quejan, con mucha raz√≥n, de que el neoliberalismo ha convertido la psicolog√≠a positiva, con la aquiescencia de sus inventores, en una herramienta para hacer responsables a los individuos de su bienestar, evitando as√≠ los problemas estructurales que est√°n en la ra√≠z de mucho sufrimiento humano. Dentro de los par√°metros establecidos por la ‚Äėhappicracia’ neoliberal, los estudiantes no est√°n deprimidos y ansiosos porque el presente y el futuro sean sombr√≠os, sino porque est√°n gestionando mal su salud mental. Muchos de los gur√ļs ‚Äėhappicr√°ticos‚Äô basan sus carreras en ense√Īar a las personas que no est√°n mentalmente enfermas a sentirse mal porque no est√°n trabajando adecuadamente por su felicidad. Esto ser√≠a el equivalente a decirles a los prisioneros de los nazis que el problema no es el campo, sino su enfoque negativo de la situaci√≥n. La resiliencia es en muchos sentidos parte del pensamiento positivo, pero la diferencia es que mientras que la verdadera resiliencia se refiere a la capacidad de hacer frente a situaciones negativas, de las cuales la vida tiene muchas, la resiliencia se vende ahora como una herramienta para asegurar la felicidad personal contra viento y marea. Al mismo tiempo, si la absurda promesa de que se puede llevar una vida libre de preocupaciones (porque de esto se trata la felicidad) nunca se hubiera hecho, la depresi√≥n y la ansiedad no estar√≠an tan extendidas.

Para m√≠, el principal enigma es por qu√© tantos cuyas vidas son bastante buenas en comparaci√≥n con las vidas de las muchas personas privadas de derechos en el mundo, en Occidente y en todas partes, sufren de depresi√≥n y ansiedad. Soy una atea confirmada, pero tiendo a estar de acuerdo con la visi√≥n cristiana de que la vida debe ser soportada, no disfrutada (o solo disfrutada en momentos especiales). La vida no tiene que ser un valle de l√°grimas y, sin duda, lo que m√°s me enoja es que podr√≠a ser mucho m√°s satisfactoria si respet√°ramos los derechos humanos y elimin√°ramos la sed patriarcal de poder. Sin embargo, encuentro la declaraci√≥n en la constituci√≥n estadounidense de que ¬ętodos los hombres son creados iguales, que est√°n dotados por su Creador con ciertos Derechos inalienables, que entre estos se encuentran la Vida, la Libertad y la b√ļsqueda de la Felicidad¬Ľ no solo hip√≥crita sino tambi√©n una base pobre para una vida comunitaria de paz y justicia. Tal vez si toda la energ√≠a negativa consumida por la depresi√≥n y la ansiedad pudiera canalizarse hacia una demanda de justicia social y personal, nos sentir√≠amos mejor, pero como sugieren Illouz y Cabanas, ese es el objetivo del neoliberalismo: que nos obsesionemos por nuestra felicidad personal (o su carencia) mientras el mundo permanece en manos de los pocos que lo est√°n destruyendo para su propio beneficio personal y, presumiblemente, para procurar su total felicidad.

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UN G√ČNERO FANTASMA: EL EXTRA√ĎO CASO DEL TECNOTHRILLER

El que debería escribir esta entrada hoy es mi estudiante de doctorado Pascal Lemaire ya que ha elegido tratar el tecnothriller como su tema de investigación. Sin embargo, yo misma tengo curiosidad por algunos de las cuestiones que está planteando sobre este género, así que aquí estoy.

All√° por 2014 Pascal public√≥ en H√©lice un excelente art√≠culo que es la base de su disertaci√≥n, iniciada este curso acad√©mico. En ‚ÄúAin‚Äôt no technothriller in here, sir!¬Ľ (II.3, marzo de 2014, 50-71) se ocup√≥ del hecho de que tanto autores como cr√≠ticos niegan que el tecnothriller realmente exista como g√©nero, a pesar de que esta es una etiqueta con la que la mayor√≠a de los lectores de ficci√≥n popular est√°n familiarizados. Pascal pone a prueba la hip√≥tesis en su art√≠culo de que ¬ęEl Tecno-Thriller (sic) es una ficci√≥n narrativa ambientada en el pasado cercano o en un futuro cercano sobre la violencia en un contexto pol√≠tico ejercida con tecnolog√≠as avanzadas¬Ľ, y aunque, como sucede con cualquier definici√≥n de g√©nero, pronto surgen las excepciones, logra nombrar una lista sustancial de autores y novelas relacionadas con el g√©nero y establecer algunos sub-g√©neros clave (guerra submarina, ficci√≥n de la Tercera Guerra Mundial, la historia del Comandante y la novela sobre el Comando). Su conclusi√≥n es que el tecnothriller existe al mismo nivel que, por ejemplo, existe la chick-lit, es decir, tanto como una etiqueta comercial como un conjunto de caracter√≠sticas que se fusionan en un g√©nero que la mayor√≠a de los lectores pueden identificar. Tambi√©n afirma que ‚Äúel paquete entero‚ÄĚ sobrevive y debe estudiarse como ‚Äúun testimonio de algunos de los aspectos culturales del √ļltimo cuarto del siglo XX hasta nuestros d√≠as‚ÄĚ. Tal como explic√≥ a su tribunal de seguimiento anual la semana pasada, a pesar de ser un lector muy buen conocedor del g√©nero, lo est√° abordando de manera cr√≠tica; no quiere reivindicar todos sus valores, sino asegurarse de que la cr√≠tica acad√©mica actual ya no pase por alto la existencia del tecnothriller.

Mientras debat√≠amos estos asuntos en nuestra √ļltima tutor√≠a, record√© el trabajo revolucionario que Janice Radway hizo a principios de la d√©cada de 1980, cuando su enfoque sobre la novela rosa basado en la respuesta de las lectoras result√≥ en su estudio indispensable Reading the Romance (1984). Hasta entonces, la ficci√≥n rom√°ntica era un vergonzante secreto en la escritura y la lectura de las mujeres, ya que la cr√≠tica feminista consideraba el g√©nero como un v√°stago de la ideolog√≠a patriarcal (lo es, sin duda). Radway, sin embargo, demostr√≥ que las lectoras de novela rosa entienden bien c√≥mo los textos de los que disfrutan se posicionan en relaci√≥n con el patriarcado, sabiendo de sobras c√≥mo se relacionan la fantas√≠a rom√°ntica y la sumisi√≥n sexista. Sus preferencias han remodelado gradualmente el g√©nero hacia una discusi√≥n m√°s abierta de los contextos en los que el feminismo ofrece a las mujeres esperanza y consuelo como el romance parece ofrecer. Hoy, en resumen, ninguna cr√≠tica feminista trata a las lectoras de novela rosa de la manera condescendiente en que sol√≠an ser tratadas en el pasado y, al rev√©s, muchas autoras han incorporado narrativas de empoderamiento en sus obras que ciertamente pueden llamarse feministas.

La contradicci√≥n que Pascal explorar√°, as√≠ pues, es por qu√© el tecnothriller, un g√©nero que ha estado subiendo a la cima de las listas de los libros m√°s vendidos durante d√©cadas, est√° siendo ignorado por todos los estudiosos, mientras que la novela rosa, un g√©nero que sol√≠a ser marginal, ha recibido tanta atenci√≥n. La respuesta, como puede verse, se halla en mi propia frase: los g√©neros considerados marginales y que se dirigen a p√ļblicos no mayoritarios se ven ahora como objetos leg√≠timos de estudio acad√©mico, pero todav√≠a no sabemos qu√© hacer con los autores que m√°s venden y que se dirigen a p√ļblicos de gran tama√Īo (en cualquier g√©nero). Ahora se pueden encontrar libros como el de Deborah Philips Women’s Fiction, 1945-2005: Writing Romance (2014), pero hasta donde yo s√© nadie ha escrito una tesis sobre Danielle Steel, posiblemente la autora m√°s popular del g√©nero junto con Barbara Cartland. Hay mucha bibliograf√≠a sobre novela rosa y muchos recursos acad√©micos para estudiarla pero todav√≠a entendemos muy mal el fen√≥meno del autor s√ļper-ventas y no sabemos c√≥mo argumentar que los autores pueden ser participantes clave en un g√©nero o en toda la ficci√≥n a pesar de carecer de m√©rito literario. Ser√° m√°s f√°cil para Pascal escribir sobre todo el g√©nero del tecnothriller, en resumen, que justificar escribir una disertaci√≥n solo sobre Tom Clancy, el autor m√°s conocido del g√©nero despu√©s de su padre fundador, Michael Crichton.

Otros asuntos complican el acercamiento al tecnothriller. Suponiendo que Pascal eligiera seguir los pasos de Janice Randway y llevar a cabo un trabajo de campo entre los lectores de tecnothrillers, su trabajo no ser√≠a igualmente bienvenido por la sencilla raz√≥n de que la mayor√≠a de los lectores de este g√©nero son hombres blancos heterosexuales cisg√©nero. Este no es un grupo demogr√°fico muy popular en estos d√≠as entre los acad√©micos. Hace apenas unos d√≠as tuve que explicarle por en√©sima vez a una compa√Īera feminista que escribo sobre ese tipo de autores masculinos porque quiero saber qu√© est√°n haciendo. Encuentro maravillosa la progresi√≥n de las mujeres en todas las √°reas de la literatura, y me alegra ver c√≥mo el enfoque m√°s inclusivo est√° dando como resultado la buena acogida de muchos autores trans y no binarios, pero aun as√≠ quiero saber m√°s sobre los hombres tradicionalmente binarios porque est√°n produciendo cantidades masivas de ficci√≥n le√≠da principalmente por hombres, y por lo tanto generando una ideolog√≠a de g√©nero de la que quiero ser consciente. Se puede ignorar todo esto s√≥lo a riesgo de no entender c√≥mo funciona el mundo. Del mismo modo, el tecnothriller necesita ser explorado porque sus narrativas basadas en tramas que exaltan la tecnolog√≠a atraen principalmente a hombres cisg√©nero, heterosexuales, blancos y, ¬Ņadivinen qu√©?, esta es la categor√≠a de persona que tiene el poder hoy en d√≠a en el hogar donde naci√≥ el g√©nero, los Estados Unidos, y en muchas otras naciones clave del mundo. Cuando el Presidente Ronald Reagan afirm√≥ que una novela de Tom Clancy le hab√≠a dado mejor informaci√≥n que los informes de la CIA, alg√ļn acad√©mico deber√≠a haber escuchado y comenzar a prestar atenci√≥n a este g√©nero. No era ninguna broma.

Aparte de la baja popularidad de los lectores a los que se dirige el tecnothriller entre los acad√©micos de hoy, el g√©nero tambi√©n es tratado como un brote bastardo por la comunidad centrada en la ciencia ficci√≥n, desaire que es m√°s dif√≠cil de explicar. Dar√© por sentado que los tecnothrillers comienzan con The Andromeda Strain [La amenaza de Andr√≥meda] (1969) de Michael Crichton y dejar√© a Pascal una explicaci√≥n m√°s matizada de los or√≠genes del g√©nero. Esta novela narra los fren√©ticos esfuerzos de un grupo de cient√≠ficos estadounidenses para detener la propagaci√≥n de un virus extraterrestre mortal que llega a la Tierra junto con los restos de un sat√©lite militar. La p√°gina de Wikipedia afirma que ‚Äúlas rese√Īas de The Andromeda Strain fueron abrumadoramente positivas, y la novela fue un √©xito de ventas en Am√©rica, estableciendo a Michael Crichton como un respetado novelista y escritor de ciencia ficci√≥n‚ÄĚ. Esto no es cierto en lo que respecta a ser un respetado escritor de CF. Crichton nunca fue nominado para un Hugo, y su √ļnica nominaci√≥n para una Nebula fue para la pel√≠cula Westworld (1973), que escribi√≥ y dirigi√≥.

Posiblemente, la condici√≥n de autor s√ļper-ventas de Crichton lo alej√≥ de la mayor√≠a de los fans de la ciencia ficci√≥n y de los autores del g√©nero que luchan por tener un m√≠nimo impacto, y tambi√©n contribuy√≥ a la alienaci√≥n de otros escritores de tecnothriller del f√°ndom y a su ninguneo en el circuito de premios de la CF, a pesar de que parece m√°s que claro que el tecnothriller es un subg√©nero de la CF, particularmente cercano a su rama militar. M√°s all√° de si los autores que m√°s venden necesitan f√°ndom o premios, hay otro problema. Hace un tiempo estuve pensando en escribir un libro sobre Crichton pero la tarea pas√≥ a ser imposible una vez me di cuenta de que sus valores ideol√≥gicos son ahora obsoletos en muchos sentidos, especialmente en lo que respecta al g√©nero identitario; el proyecto qued√≥ en nada despu√©s de mi lectura de Prey [Presa] (2002). Bromeando un poco con su otro t√≠tulo m√°s conocido, Jurassic Park [Parque Jur√°sico] (1990), dir√≠a que Crichton es ahora un dinosaurio; si os fij√°is, ya nadie lo menciona en relaci√≥n con la franquicia cinematogr√°fica iniciada por la pel√≠cula de Spielberg de 1993, una se√Īal segura de que ya no se le respeta. Elizabeth Trembley public√≥ en 1996 Michael Crichton: A Critical Companion, pero no veo a nadie dispuesto a actualizar este volumen, como yo misma pens√© en hacer.

Ahora bien, si Crichton es una patata demasiado caliente hoy en d√≠a, imaginad la dificultad de tratar de una lista de autores principalmente interesados en la tecnolog√≠a relacionada con la guerra y en convertir ese inter√©s en materia de historias emocionantes para entretener a blancos adultos de ideolog√≠a poco progre. Debo decir que no soy lectora de tecnothrillers (aunque he visto toneladas de pel√≠culas basadas en ellos, o que son tecnothrillers por derecho propio) y tal vez estoy asumiendo err√≥neamente como la mayor√≠a de mis compa√Īeros acad√©micos que como su postura es tecn√≥fila y de derechas no vale la pena analizarla y mucho menos defenderla. Sin embargo, suponiendo que este sea el caso (a pesar de que el propio Crichton fue muy cr√≠tico con el mal uso de la ciencia y el impacto de las tecno-corporaciones), y que los hermanos e hijos de Tom Clancy son, en el peor de los casos, supremacistas blancos y militaristas ac√©rrimos, ¬Ņno deber√≠amos estar al caso de lo que est√°n escribiendo? Hay algo m√°s. Como estoy aprendiendo de Pascal, los escritores de tecnothrillers tienen una muy buena comprensi√≥n de los problemas geopol√≠ticos, mientras que los escritores realistas literarios insisten en representar la vida personal de las gentes de clase media al margen de todo conflicto nacional o internacional. Supongo que muchos lectores encuentran los tecnothrillers did√°cticos y, como Ronald Reagan, est√°n aprendiendo de ellos lecciones que ning√ļn otro escritor est√° proporcionando. Tal vez, y esto es algo que Pascal debe investigar, podr√≠a valer la pena aprender algunas de estas lecciones y no asumir, como hacemos, que son basura.

Si un g√©nero logra sobrevivir en ausencia de f√°ndom, premios especializados y atenci√≥n acad√©mica, e incluso sigue apareciendo en la lista de los libros m√°s vendidos despu√©s de d√©cadas, esto significa que vale la pena estudiarlo. Como especialista que escribe sobre ciencia ficci√≥n escrita por hombres cuyos valores no siempre comparto, me parece absolutamente necesario explorar lo que interesa a la mayor√≠a de los lectores masculinos. Simplemente no es cierto que la mayor√≠a est√© leyendo ahora tanta ficci√≥n escrita por hombres como por mujeres, ni que la ideolog√≠a de g√©nero haya impactado la escritura de los hombres (y sus lecturas) tanto como ha impactado la de las mujeres. Podr√≠amos tener la impresi√≥n de que el mundo de la ficci√≥n ahora est√° acomodando sin problemas los profundos cambios en la ideolog√≠a de g√©nero que hemos visto en las √ļltimas d√©cadas, pero creo que este no es el caso en absoluto y que as√≠ como algunas mujeres aman apasionadamente la ficci√≥n rom√°ntica del tipo m√°s tradicional, algunos hombres siguen siendo sin duda adictos a los tecnothrillers. Si guardan silencio sobre su adicci√≥n es simplemente porque nadie se interesa por sus preferencias. Me alegro, entonces, de que Pascal Lemaire se preocupe con un inter√©s verdaderamente acad√©mico por la ficci√≥n escrita por hombres de ideolog√≠a muy diferente de la suya propia. Estoy muy interesada en lo que est√° descubriendo y espero que muchos otros lectores tambi√©n lo est√©n.

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