LA CIENCIA FICCIÓN MÁS ALLÁ DEL TERRITORIO ANGLÓFONO: EL CASO CATALÁN

Este fin de semana he estado participando en la IV CatCon o convención catalana sobre ciencia ficción y fantasía, celebrada como las tres primeras en la encantadora localidad costera de Vilanova i la Geltrú, a unos 50 km. al sur de Barcelona. CatCon reúne a fans y escritores, y también es el evento durante el cual se otorga el premio Ictineu. CatCon está organizada por la Societat Catalana de Ciència-Ficció i Fantasia, fundada en 1997, y tuvo su primera edición cero durante la Eurocon 2016, celebrada aquí en Barcelona.

Para esta edición, propuse una mesa redonda sobre el estado actual de la ciencia ficción catalana, tratando de averiguar si se trata de una botella medio llena o medio vacía. Durante mi intervención en la CatCon 2018 hice algunos comentarios sobre un texto de una autora, Montserrat Segura, que casualmente estaba en la sala, y esto provocó una conversación sobre lo que la universidad podría hacer por los autores catalanes de ciencia ficción. Logré convencer a mi colega del Departamento de Filología Catalana de la UAB, Víctor Martínez-Gil, de que había que legitimar académicamente una tradición literaria que comenzó en la década de 1870 y que ahora se encuentra en un momento particularmente rico. Decidimos, así pues, publicar un número monográfico en una revista académica que sirviera para presentar a los autores actualmente indispensables, para lo cual hicimos una selección de siete: Antoni Munné-Jordà, Jordi de Manuel, Montserrat Galícia, Carme Torras, Marc Pastor y Enric Herce (aunque lamento mucho no haber incluido a Salvador Macip). Luego Víctor reclutó a cuatro especialistas más en Literatura Catalana (Francesc Foguet, Maria Dasca, Jordi Marrugat y Toni Maestre), y escribimos una propuesta. Un poco a la brava, decidimos contactar con la revista académica de estudios catalanes mejor valorada, la Catalan Review, y para nuestro alivio y felicidad su editor Bill Viestenz acogió nuestra propuesta con gusto. Algo ayudó que estuviera familiarizado con mi traducción al inglés de Mecanoscrit del segon origen (1974) de Manuel de Pedrolo como Typescript of the Second Origin (2018).

Las galeradas del número monográfico llegaron la semana pasada (se publicará en julio) justo a punto para la mesa redonda, a la cual invité a Antoni Munné-Jordà, Carme Torras, Eloi Puig y Jordi Marrugat. Munné-Jordà no solo es un gran autor de ciencia ficción sino también la persona que más sabe de este género y de fantasía en catalán. Fue director de dos colecciones clave de sf (para las editoriales Pleniluni y Pagès), fue también uno de los cofundadores de la Societat Catalana de Ciència Ficció i Fantasia, y mantiene la asombrosa bibliografía de obras (1873-2021) que se puede descargar desde el sitio web de la Societat. Ha publicado más de veinte volúmenes, entre los que mencionaré Michelíada (2015), ganadora del Ictineu. Carme Torras, es una investigadora de renombre internacional en el campo de la robótica asistencial y autora destacada, conocida por sus novelas ganadoras del premio Ictineu La mutació sentimental (2007) y Enxarxats (2017). Eloi Puig es el actual presidente de la SCCFF, promotor del premio Ictineu y también de una serie de encuentros de aficionados por toda Cataluña conocidos como Ter-Cat. Lo invité como autor de las más de 1000 reseñas publicadas desde 2003 en su web La Biblioteca del Kraken, que ofrece en catalán y castellano. Por último, pero no menos importante, Jordi Marrugat es profesor de Literatura Catalana Contemporánea en la Universitat de Barcelona, y es autor, entre otros, de Narrativa catalana de la postmodernitat: històries, formes i motius (2014).

Mi propia introducción señalaba que mientras que la ciencia ficción anglófona goza de un circuito académico completo, no hay nada similar para apoyar y dar a conocer el trabajo de los autores catalanes de ciencia ficción y fantasía. La Science Fiction Research Association, fundada en 1970, ha estado celebrando conferencias regularmente desde entonces; las revistas revisadas por pares Extrapolation (fundada en 1959), Foundation (1972) y Science Fiction Studies (1973), proporcionan un maravilloso foro de discusión. Aunque no hay títulos completos de Grado en estudios de ciencia ficción, hay cursos en diversas universidades y también un notable centro de investigación en Liverpool, que también alberga la colección clave de monografías Liverpool Science Fiction Texts and Studies. Todo esto falta en catalán, a excepción de la indispensable antología de Víctor Martínez-Gil Els altres mons de la literatura catalana (2005), un par de disertaciones (una de Grado, otra de màster), y el trabajo que yo misma he realizado sobre Mecanoscrit del segon origen. Sin bibliografía, como sabemos, no puede haber investigación. De hecho, uno de los revisores de mi artículo para la Catalan Review se quejó estentóramente de que no podía publicar un artículo sin fuentes secundarias académicas; como no hay ninguna en catalán, incluí en unas pocas líneas abarrotadas referencias a media docena de libros académicos… en inglés.

No puedo reproducir aquí todo lo que se comentó en una hora de mesa redonda, pero trataré de destacar algunas ideas. Hoy en día, la ciencia ficción catalana y la fantasía interesan a un número notable de editoriales independientes (en su mayoría establecidas en los últimos diez años) y el fándom está activo en las reuniones Ter-Cat y CatCon, mientras que sitios web como La Biblioteca del Kraken, El Biblionauta y Les Rades Grises proporcionan reseñas y críticas especializadas. Este panorama parece positivo en todos los sentidos pero, como señaló Eloi Puig, la impresión es que el campo está creciendo muy lentamente y parece no haber un relevo generacional (añado yo, teniendo en cuenta la edad media de los asistentes a la CatCon, con una clara ausencia de personas menores de 30 años).

Si bien el número de autores está creciendo, el mercado no es lo suficientemente fuerte como para que ninguno de ellos sea escritor profesional, una situación que se extiende a todos los autores catalanes con muy pocas excepciones. Munné-Jordà y Torras no ven esto como un problema, ya que creen que de esta manera los autores son más libres para escribir como deseen. El tamaño del mercado con, posiblemente, 300-400 copias vendidas por cada novela moderadamente exitosa, sugiere que la profesionalización difícilmente ocurrirá en el futuro cercano, aunque estoy de acuerdo en que esta no es necesariamente una situación negativa. Del mismo modo, las reseñas y la crítica están en manos de fans muy entregados. Eloi Puig explicó que la tarea que viene realizando en La Biblioteca del Kraken comenzó como una forma de compartir sus impresiones con sus amigos. No ve su papel como principal reseñador de la ciencia ficción y la fantasía catalanas (tanto originales como traducidas) como un referente principal. Según lo veo, Puig está haciendo un excelente trabajo que es además la base para cualquier trabajo académico que se pueda hacer en el futuro. De hecho, me gustaría ver a una universidad catalana presentándose voluntaria para publicar una selección de sus reseñas y así conmemorar el 20 aniversario de la web el próximo año.

Puig y Munné-Jordà han hecho, así pues, mucho pero no son académicos (ni asociados) en ningún Departamento de Filología Catalana. Jordi Marrugat explicó que aunque debería estar en manos de académicos escribir una historia de la ciencia ficción y la fantasía catalanas, investigar e impartir cursos, la realidad es que estamos muy limitados. Él mismo es el único especialista en literatura catalana contemporánea de la Universitat de Barcelona, y con un plan de estudios de Grado que concentra en una sola asignatura todo el s. XX y parte del XXI no hay espacio para la ciencia ficción y la fantasía. El canon y su insistencia en celebrar el Modernismo tiene prioridad. Sin embargo, me parece poco probable que los lectores, por apasionados que sean, puedan suplir esta carencia. La espléndida bibliografía de Munné-Jordà y su reciente donación a la Biblioteca Armand Cardona Torrandell de Vilanova i la Geltrú de su propia colección personal de libros y otros materiales tiene como objetivo construir un legado que necesita encontrar lectores comprometidos. Me pregunto sin embargo dónde se pueden encontrar ¿No deberían ser los estudiantes del Grado de Catalán en la universidad?

Quizás lo que más me desconcertó fue la idea de que los autores de cf y fantasía valoran sus temas por encima de la calidad de su escritura, al menos esto es lo que entendí de la intervención de Carme Torras cuando le pregunté por la traducción de La mutació sentimental hecha por Josie Swarbrick con el título de The Vestigial Heart, y publicada por el MIT acompañada de materiales para fomentar la discusión de la robótica y la ética en el aula. Puig explicó que propuso la creación del premio Ictineu porque después de leer esta novela pensó que este tipo de esfuerzo debía obtener reconocimiento. Creo que Torras tiene un estilo muy personal, y pienso que los escritores catalanes de ciencia ficción y fantasía son más que simples contribuyentes a los debates actuales sobre tecnociencia, dada la pasión que ponen en escribir obras que, como he señalado, solo pueden llegar a un círculo limitado. La novela ganadora del Ictineu de este año, el relato ciberpunk de Enric Herce L’estrany miratge [El extraño espejismo], es mucho más atractiva como narración que muchas novelas anglófonas que ahora ganan Hugos y Nebulas. Pregunté a los participantes en la mesa redonda qué pensaban sobre lo escasas que son las traducciones del catalán en comparación con las traducciones a nuestro idioma, y solo Munné-Jordà fue lo suficientemente audaz como para decir en voz alta que algunos de los libros traducidos sencillamente no son buenos. Jugó con las palabras ‘cañón’ y ‘canon’ para sugerir que quién se traduce a menudo es una cuestión de quién tiene el poder.

La mesa redonda fue, creo, extremadamente esclarecedora e ilustrativa de la situación actual de la ciencia ficción y la fantasía en catalán. Veo la botella medio llena si pienso en el despliegue de actividad entre editores, autores y los aficionados más comprometidos, pero la veo medio vacía si pienso en los jóvenes. Los niños educados en catalán leen obras en catalán más que nunca, pero, como sucede en otras áreas lingüísticas incluido el inglés, el atractivo de las redes sociales les roba un tiempo precioso para leer a partir de los 10-12 años, tan pronto como reciben su primer smartphone. Su amor por las pantallas no se extiende a los libros electrónicos (me dijeron que solo el 5% de todos los lectores de todas las edades los usan en España, el 20% en los Estados Unidos) y con los libros en papel a un coste de alrededor de 15-20 euros es difícil ver cómo va a crecer el número de lectores. En el caso de la ciencia ficción catalana y la fantasía también echo de menos buenas adaptaciones que puedan atraer a un público mayor, pero con TV3 en una situación económica desesperada es poco probable que se filmen. De ahí la botella medio vacía.

Volveré a este tema cuando se publique el número de julio de la Catalan Review. Mientras tanto, echadle un vistazo a La Biblioteca del Kraken para ver lo ricas que son la cf y la fantasía actuales en catalán.

Publico una entrada una vez a la semana (me puedes seguir en @SaraMartinUAB). ¡Los comentarios son muy bienvenidos! Te puedes descargar los volúmenes anuales aquí: https://ddd.uab.cat/record/116328. La versión en inglés del blog está disponible en https://blogs.uab.cat/saramartinalegre/en/. Encontrarás en mi web información sobre mis publicaciones y actividades: https://gent.uab.cat/saramartinalegre/

GILIPOLLAS, VILLANOS, Y LA ACTUAL GUERRA EN UCRANIA

Uno de los expertos entrevistados en el volumen colectivo editado por el psicólogo Jean-François Marmion, The Psychology of Stupidity (2020; originalmente Psychologie de la Connerie, 2018), al que dediqué mi entrada del 4 de marzo, era el filósofo moral Aaron James. Después de haber leído su espléndida monografía Assholes: A Theory (2012), me gustaría usar mi entrada de hoy para presentar una reflexión sobre el asshole como una gradación en lo que llamo villanía patriarcal (dentro de los Estudios de las Masculinidades).

James señala que la mayoría de los assholes son hombres de la misma manera que yo misma he observado que la mayoría de los villanos son hombres, y ambos coincidimos en que hay assholes y villanos femeninos (la villana es, como la heroína, un papel narrativo feminizado y no una categoría moral). James y yo también coincidimos en la razón por la cual los assholes y los villanos son principalmente masculinos: ambos tipos se caracterizan por un fuerte sentido de hacer su libre albedrío (sense of entitlement) solo alentado en los hombres por el patriarcado; algunas mujeres que disfrutan de o han tomado el poder en sus manos también se permiten comportarse como assholes o villanas patriarcales, pero son una pequeña minoría.

Paso a presentar una mini-lección de etimología y a comentar unas diferencias lingüísticas. A pesar de que estamos acostumbrados a escuchar la palabra asshole invocada muchas veces en películas y series para insultar o describir a un tipo que se comporta de manera odiosa, esta es una corrupción estadounidense de la palabra original, arseholes, que significa ano (arse = culo, hole = agujero). Los británicos entienden ass como asno así que asshole no tiene sentido para ellos. Llamar a alguien ass/asno significa que esa persona es estúpida, como se supone que son los burros (no lo son); se trata de un ejemplo de puro especiesismo, pero no está relacionado con la palabra asshole. Cuando un estadounidense dice kiss my ass no quiere decir ‘besa a mi burro’, quiere decir ‘bésame el curlo’. Aunque la palabra asshole surgió como un sinónimo vulgar de ano en s. XIV, su uso como insulto personal se remonta solo al s. XX, cuando se hizo verdaderamente popular en el entorno coloquial estadounidense (alrededor de la década de 1970).

Las películas y la televisión, como he señalado, han exportado asshole a todo el planeta, una vez que la resistencia contra las palabrotas se rebajó en la década de 1980. Por cierto, los británicos tienden a preferir cunt (coño) como fuerte insulto personal contra los hombres insoportables, un ejemplo de misoginia particularmente detestable (imaginad insultar a una mujer llamándola ‘polla’). En español, usamos ‘gilipollas’, pero esta es una palabra que me parece bastante débil en comparación con asshole. Al parecer, ‘gilipollas’ proviene de caló ‘jili’ o ‘gilis’ que significa idiota, mientras que ‘polla’ como sabemos es un vulgarismo para el pene. ‘Gilipollas’ significa así algo como ‘hombre idiota que piensa con su polla/polla’, aunque ‘tonto del culo’ quizás se acerca más a asshole.

Muchos artículos llevan una historia improbable tomada de una entrada de blog según la cual ‘gilipollas’ proviene de un tal Don Baltasar Gil Imón (1545-1629), el Fiscal del Consejo de Hacienda bajo el Rey Carlos IV. Este hombre tenía dos hijas supuestamente feas, con las que se exhibía en busca de un pretendiente. ‘Polla’ se usaba en el pasado como sinónimo de chica (tal como ‘pollo’ se usaba para chicos) y, aparentemente, las burlas contra ‘Gil’ y sus ‘pollas’ se convirtieron en la burla ‘gilipolla’, cosa que me suena como una explicación misógina del insulto. Dicho esto, ‘polla’ se usa para el pene según parece porque el pene empolla los testículos (‘huevos’) como una gallina. He visto ‘pollita’ en lugar de ‘polla’ usado en referencia a niñas en textos antiguos, pero no tengo ni idea de cuándo ‘polla’ se convirtió en el sinónimo vulgar favorito para el pene.

Volviendo al tema, ¿qué es, en definitiva un gilipollas (o un asshole)? Permitidme usar la clarísima definición de James: “una persona cuenta como un asshole/gilipollas cuando, y solo cuando, se permite sistemáticamente disfrutar de ventajas especiales en las relaciones interpersonales a partir de un arraigado sentido de derecho a su libre albedrío que lo inmuniza contra las quejas de otras personas”. James, que se inspiró para su análisis académico del asshole en los surfistas gilipollas que no respetan los códigos de comportamiento en este deporte, ve al asshole como alguien que hace lo que le da la gana independientemente de las consecuencias en situaciones sociales que requieren moderación, como estar en una cola, conducir en la autopista, interactuar con los compañeros o subordinados en el trabajo, estar con la familia, etc. El asshole, así pues, es un hombre cuyo comportamiento odioso no puede ser controlado porque no escucha razones y no puede ser reformado. “El asshole”, argumenta James, “se niega a escuchar nuestras quejas legítimas, por lo que plantea un desafío a la idea de que debemos ser reconocidos como iguales morales”. Luchamos contra los gilipollas “por recibir su reconocimiento moral”, situación que puede hacernos inusualmente agresivos por la frustración que sentimos al no recibirlo nunca.

Sé mucho sobre gilipollas porque, desafortunadamente, crecí con uno: mi padre. James tiene razón al decir que los assholes creen que son especiales, pero está muy equivocado al decir que “los costes materiales que muchos assholes imponen a otros (…) son a menudo por comparación [con criminales reales] moderados o muy pequeños”. Estoy segura de que James ya ha corregido su propia postura después de publicar Assholes: A Theory of Donald Trump (2016). Ahora sabemos que los gilipollas pueden incluso causar la pérdida de la democracia en los Estados Unidos (por favor, recordad que Trump se postulará para presidente nuevamente en 2024), mientras que assholes como Putin pueden hacer que el mundo se sumerja en una Tercera Guerra Mundial nuclear. Mi propia experiencia personal de soportar a mi padre también demuestra que los gilipollas causan una infelicidad generalizada cada minuto que están despiertos. Nuestra vida familiar ha sido destruida por la implacable gilipollez de este hombre, que solo puede llamarse un agujero negro en su destrucción total de cualquier sentimiento positivo. Mi padre no es un criminal y no puede ser llamado legalmente un abusador, pero ha hecho muy desgraciada a mi madre. Santiago advierte que los assholes no pueden ser reformados o derrotados, y que la única solución es mantenerse a distancia de ellos. Es más fácil decirlo que hacerlo. Mis hermanos y yo llevamos con nosotros el peso de la gilipollez de mi padre en todo momento. En la carta que Santiago dirige al gilipollas, escribe que “muchos de los que te conocen encontrarán tu muerte un alivio. Habrá una serena celebración”. ¿Serena? El mundo entero está ahora mismo esperando que se confirme la noticia de que Vladimir Putin está enfermo. Imaginad la reacción a su posible muerte.

Putin es útil para explicar la diferencia entre un gilipollas y un villano, ambos, como estoy argumentando, figuras de empoderamiento patriarcal masculino. James afirma que llamar assholes a hombres como Hitler o Stalin no es suficiente, ya que hicieron un daño importante a la humanidad, pero al mismo tiempo no hay duda de que estos hombres eran gilipollas de una categoría superlativa. Argumenté en mi libro sobre la villanía en relación a Hitler que hay muchos villanos potenciales de su tipo porque el patriarcado los genera todo el tiempo al permitir que los hombres actúen según su sentido de derecho al libre albedrío y al poder. Por lo general, este proceso comienza con una dinámica familiar insoportable o con el asshole como acosador escolar, y progresa hasta que la villanía queda controlada por un individuo más fuerte, las reglas de la comunidad o la ley. Algunos gilipollas, sin embargo, no son nunca controlados e incluso se les anima para que sigan empoderándose hasta romper las barreras implícitas en el patriarcado. En ese punto, un héroe debe actuar para limitar el poder del villano, detener la destrucción generalizada que está causando y devolver el patriarcado a su status quo. Esto es lo que está sucediendo ahora con Putin: este asshole, que ya estaba dando numerosas señales de villanía, ahora se expresa en su totalidad como un villano. De ahí la guerra en Ucrania, la amenaza de violencia nuclear (enviada a través de su esbirro Lavrov) y el deseo generalizado de que Putin tenga una enfermedad terminal. Porque he aquí el problema: tenemos un héroe (Volodymyr Zelenskyy y el pueblo ucraniano) y un círculo de Aliados (OTAN), pero no hay una ofensiva internacional coordinada contra Putin que pueda detenerlo para siempre. Costó seis años derrotar a Hitler, veamos cuánto tiempo tomará derrotar a Putin.

James observa que los assholes son ahora más difíciles de derrotar porque no representan una ideología en particular, incluso cuando se presentan como figuras políticas. Trump no tiene nada que ver con Abraham Lincoln, otro Republicano, sino que es, de hecho, una figura que expresa una marca personal de gilipollez al amparo del Partido Republicano. ¿Por qué sigue teniendo tanto éxito? O Putin, para el caso, dejando de lado la maquinaria de terror que opera en Rusia. Porque, argumenta James, vivimos en tiempos en los que se fomenta el narcisismo y respondemos a cualquier figura que se libera (o se libra) de las reglas sociales y morales para hacer lo que le plazca. No dudaría en llamar gilipollas totales a muchos de los influencers que piensan que el mundo gira a su alrededor, ya que, a diferencia de aquellos de nosotros que realmente queremos compartir conocimiento y debate, quieren poner su opinión generalmente desinformada por encima de la de cualquier otra persona. Ayer, un hombre blanco de dieciocho años mató a diez compatriotas estadounidenses, todos ellos negros, convencido de que existe una conspiración para superar en número a la raza blanca en su nación. ¿Adivinad de dónde viene esa idea idiota? Los assholes causan mucho daño personalmente y también porque inspiran a sus esbirros aún más gilipollas.

Si, a pesar de los esfuerzos que estamos haciendo en la academia y en los sectores serios de los medios de comunicación, no se puede evitar la existencia de assholes y villanos, ¿cómo podemos frenar su impacto? James, como he señalado, advierte que los gilipollas no pueden ser reformados, mientras que yo misma argumenté que los villanos deben ser controlados para el bien común. Rowling nos da una maravillosa lección en Harry Potter al hacer que el héroe titular luche contra Voldemort de modo que el villano termina matándose con la misma varita con que pensaba matar a Harry. El villano, en resumen, es asesinado por su propio poder. Desear la muerte de alguien es feo, pero es difícil imaginar a Voldemort esposado enfrentándose a un juicio por sus crímenes contra la humanidad. Hitler tampoco podía verse a sí mismo en esa posición, de ahí su suicidio al estilo del escorpión rodeado de llamas. En estos días, cada vez que una persona encantadora muere antes de tiempo, todo el planeta desea que ese asshole (agregad un nombre) hubiera muerto en su lugar. Para mí, esto es lo peor de los gilipollas y los villanos: convierten incluso a las personas buenas en asesinos, aunque solo sea en sus fantasías. Una sociedad pacifista que no cree en la pena de muerte (o en la guerra) no se dedica a exterminar a sus miembros, no importa cuán desagradables puedan ser. Podemos debatir esa posición contraproducente hasta la saciedad, pero concluiré declarando que el peor castigo contra el asshole es el ostracismo total: uno difícilmente puede expresar ningún derecho a nada de forma aislada, porque el derecho patriarcal siempre es sobre algo o alguien.

La próxima vez que tu vecino te moleste, piensa en cómo aunque la mayoría de assholes solo son culpables de actos gilipollas puntualmente, algunos pueden convertirse en villanos totales si no se pone ningún freno sobre su empoderamiento. Preguntadle a Zelensky su opinión sobre su vecino gilipollas, y ahora villano, y ayudad a Ucrania.

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DEFENDIENDO LA AUTOEDICIÓN ACADÉMICA: EL PROBLEMA DE LOS LIBROS (Y UNO NUEVO)

Recientemente he publicado un nuevo libro, pero no sé si realmente es un libro porque es autopublicado y, como tal, no existe para las autoridades que evalúan mi investigación, el Ministerio y ANECA. Mi nuevo libro se llama Entre muchos mundos: en torno a la ciencia ficción, y se puede descargar de forma gratuita del repositorio digital de mi universidad. Este no es en absoluto el primer libro que publico en el DDD si cuento las versiones como libros electrónicos de otros libros que he publicado en formato impreso o los 10 libros electrónicos escritos por mis estudiantes, pero la novedad es que esta es la primera vez que uso la plataforma digital para publicar un nuevo libro. ‘Nuevo’ relativamente, ya que Entre muchos mundos reúne una selección de 21 artículos y capítulos de libros sobre ciencia ficción que he publicado entre 2000 y 2021. Mi intención no era solo juntarlos, sino también publicarlos en castellano. Como muestran los créditos, la mayoría de estas piezas habían sido publicadas originalmente en inglés, pero hay tan poco sobre ciencia ficción en castellano que decidí autotraducirme. El volumen es bastante largo, alrededor de 340 páginas, pero ya había autotraducido algunas de las piezas, y por si no lo sabéis, Word ofrece una herramienta de traducción (botón derecho del ratón) que, en lo que a mí respecta, funciona tan bien como Google Translate o Deep-L. Todavía requiere revisión, lógicamente, pero no tanto como se podría pensar.

Mi colección está organizada en tres secciones, Parte I – Ciencia ficción, género y textos; Parte II – Masculinidad y Ciencia Ficción, y Parte III – Ciencia ficción, mujeres y feminismo. Cada sección tiene 7 artículos, siendo la primera necesariamente más misceláneo. Una de las partes más difíciles de organizar cualquier libro, especialmente si se trata de una antología de obra publicada anteriormente, es hacer que parezca coherente. Otro obstáculo es superar la vergüenza de releer el trabajo publicado hace quince o veinte años. Lo que he descubierto en este proceso es que a pesar de que la lectura y el estudio constantes traen nuevas ideas todo el tiempo, la mente gira en torno a las mismas nociones insistentes. Somos (o soy) criaturas bastante tercas en lo que pensamos y creemos. El asunto que más me ha sorprendido es que no era consciente de que ya había escrito tanto sobre ciencia ficción; al final, tuve que dejar de lado algunos artículos. Este no es el tipo de libro que habría escrito si hubiera comenzado de cero, pero al mismo tiempo es una muestra más consistente de mi trabajo de lo que inicialmente creía.

El tema de mi entrada no es, sin embargo, el contenido del libro, que el lector está invitado a degustar como más de otros 100 lectores ya lo han hecho. Me gustaría debatir por qué existe este libro y por qué está en un limbo académico. Intentando que mi libro Masculinity and Patriarchal Villainy in the British Novel: From Hitler to Voldemort (2020, Routledge) se publique en castellano, en autotraducción, me he puesto en contacto con 20 posibles editores. De estos 7 declinaron publicar mi libro, generalmente invocando la excusa de que su catálogo estaba lleno en los próximos dos años aunque nunca se me dio la oportunidad de considerar si podría retrasar la publicación. Uno, por cierto, dejó de responder a mis correos cuando ya había enviado el contrato con Routledge para que verificaran el asunto de los derechos de idioma (que Routledge me ha otorgado para el castellano). Para mi consternación, 11 editores ni siquiera han respondido a mi propuesta, acompañada de un dossier bastante completo y muestras de mi autotraducción. De los tres que respondieron mostrando cierto interés, finalmente he tenido la suerte de ser invitada por uno a publicar la traducción. En cambio, solo contacté con Palgrave y Routledge para publicar el original en inglés. Llegué a la conclusión de que si publicar la traducción de un libro aceptado por una editorial académica internacional de primer nivel había sido un proceso tan largo y complicado, no habría forma alguna de que alguien aceptara una colección de artículos ya publicados sobre ciencia ficción. De hecho, ni siquiera he intentado encontrar un editor. ¿Por qué molestarse?

El mercado de los libros académicos se derrumbó posiblemente hace una década cuando los estudiantes dejaron de comprar libros (siempre hablo de Humanidades, donde los manuales no son tan habituales como en las carreras de ciencias). Leyendo el delicioso volumen Paseos con mi madre de Javier Pérez Andújar, me encontré con una referencia a Dos obras maestras españolas: El Libro de buen amor y La Celestina (1962) de María Rosa Lida de Malkiel, un libro que todos los estudiantes de Filología como él (y yo) leímos fotocopiado. El mercado académico sobrevivió mientras hubo que pagar por las copias, pero cuando la digitalización dio lugar a la piratería desenfrenada en la que todos participamos, los editores reaccionaron aumentando el precio de los volúmenes tan abruptamente que ni siquiera los profesores universitarios mejor pagados pueden permitírselos. En el reciente pedido que he pasado a la biblioteca, algunos de mis compañeros han pedido libros a un precio de 120-160 euros; los libros de bolsillo valen alrededor de 30 euros, precio que sigue siendo caro. En cuanto a las ediciones de libros electrónicos, me pregunto quién las está comprando porque son tan caras, si no más. Creo que si los libros electrónicos estuvieran en el rango de 5-10 euros, la piratería disminuiría, pero por supuesto esto es incongruente en un mercado académico en el que los artículos tienen un precio de alrededor de 35 euros (y hay que recordar que a los autores se les pagan regalías por los libros pero no por los artículos, o, para el caso, los capítulos de libros).

Tiene, así pues, sentido autopublicarse, algo que como señalé en mi entrada anterior, algunas figuras de primer rango ya están haciendo a través de plataformas como Amazon. Si queremos que el conocimiento circule, esta es una posibilidad atractiva, aunque por supuesto todo tiene un coste. Navegando por Internet en busca de editores, pronto se encuentran empresas que ofrecen ayuda con la autopublicación, incluida una de Planeta donde valoran la edición y corrección de un volumen estándar (200-350 páginas) en más de 2500 euros. No sé si esto es barato o caro, pero me doy cuenta de que no todos los académicos tienen las habilidades para producir un libro electrónico correctamente editado que se vea mínimamente bien. Espero que esto encaje con la descripción de mi nuevo libro, pero debo decir que aunque estoy muy lejos de ser una diseñadora de libros profesional, tengo 30 años de experiencia en la edición y corrección de mis propios textos (como hacemos la mayoría de nosotros), y más de 10 años de experiencia en la publicación online en el DDD de la UAB. En realidad, me encanta el proceso de elegir fuentes, diseñar portadas, etc., pero soy consciente de que no todos los académicos lo disfrutan. La autopublicación, en suma, tiene eso: requiere dinero o habilidades, y por supuesto tiempo. Si no recuerdo mal, he usado unas seis semanas para editar mi nuevo libro, combinándolo con otras tareas, si bien no estoy enseñando este semestre.

Una vez que se edita el libro electrónico (y digo libro electrónico porque la autopublicación en papel no tiene ningún sentido), y se carga en línea, lo que queda es hacerlo visible. Creemos que publicar en papel con una editorial académica es más práctico ya que el libro entra en un catálogo y en la maquinaria publicitaria de la editorial. Hay que pensar no obstante que los libros tienen una vida útil de unas pocas semanas, incluso cuando son publicados por grandes casas comerciales; posiblemente, las bibliotecas universitarias prolonguen esa vida útil ya que para ellas la idea de novedad académica no es tan limitada (la mayoría de las revistas aceptan reseñas de libros publicados en los últimos dos años). Aun así, mi libro de Routledge ha vendido unos 150 ejemplares en el primer año, suficiente para que se convirtiera en volumen en rústica, mientras que Entre muchos mundos ya tiene 123 lectores en un mes. Ni siquiera he anunciado su publicación, salvo un tuit. Si estáis pensando, ‘bien, pero no estás ganando dinero con este libro’, considerad que no he ganado dinero en absoluto con los artículos y capítulos de libros incluidos en él.

Por lo tanto, suponiendo que tengáis las habilidades (o el dinero) para producir un libro electrónico legible como .pdf (Calibre puede ayudarlo a transformarlo en .epub y .mobi), y suponiendo que vuestra universidad tenga una plataforma digital donde podáis subirlo (como también tienen Academia.edu o ResearchGate), ¿por qué insistimos en publicar libros académicos en papel, incluso pagando miles de euros por el privilegio? Por el Ministerio y los organismos de evaluación, ya sean ANECA o las agencias regionales. Los libros son un área gris incómoda en la evaluación porque no siguen estrictamente el mismo sistema de revisión por pares que las revistas, y porque no están clasificados de acuerdo con las mismas métricas. En España, un grupo de investigación de la Universidad de Granada construyó hace unos años SPI (Scholarly Publishers Indicators) a partir de una encuesta que nos preguntaba a nosotros, los investigadores, sobre el prestigio de las editoriales en nuestro área. Este método extrañamente subjetivo creó una serie de distorsiones que han dado lugar a una lista bastante singular. SPI, además, mezcla Lengua y Literatura, lo que significa que la lista es bastante inútil para cualquiera de las dos áreas. El Ministerio y ANECA están tan confusos sobre cómo juzgar los libros académicos que dan a los volúmenes completos el mismo valor que a los artículos individuales en nuestros ejercicios de evaluación personal (o sexenios). Creí estúpidamente que, con 9 capítulos, el libro de Routledge debería ser suficiente para pasar la siguiente evaluación hasta que un burócrata de ANECA me puso en mi sitio. Todavía necesito enviar 5 artículos más, idealmente de revistas A revisadas por pares. Dada la importancia de la revisión por pares, y el tratamiento que reciben los libros académicos como publicaciones sospechosas a menos que tengan el sello de una de las principales editoriales de SPI, no es de extrañar que los libros electrónicos académicos autopublicados hayan atraído a tan pocas personas.

Al final, sin embargo, uno debe preguntarse cómo desea organizar sus publicaciones académicas. Yo misma llevo desde hace muchos años una doble carrera: publico en las que el Ministerio y la ANECA considera valiosas editoriales y revistas para los sexenios, y autopublico de forma gratuita en el repositorio de la UAB lo que quiero circular sin límites, aunque no cuente para la evaluación. De ahí mi nuevo libro. ¿Publicaría una monografía completa de esta manera? La respuesta es aún no porque todavía necesito ser evaluada cada cinco años (tal vez cuando me jubile). Entiendo que hay pocas ventajas en la autopublicación de libros electrónicos que no cuentan para la evaluación, excepto que el conocimiento circula así de forma gratuita, lo cual es una ventaja gigantesca. Si, en definitiva, las editoriales académicas en lugar de los repositorios digitales están publicando nuestro trabajo es así porque el Ministerio y ANECA lo requieren, no porque esta sea la mejor manera de potenciar el conocimiento. El acceso abierto (Open Access), de hecho, actualmente consiste en poner a disposición lo que una vez se publicó ‘legítimamente’, no lo que se está autopublicando (y también podría ser revisado por pares si fuera necesario).

Espero que disfrutéis de mi libro, pero también espero que penséis en publicar vuestras propias colecciones y en autotraduciros. Es un trabajo extra, lo sé, pero tal vez no tan difícil como suponéis. Seguid las reglas del Ministerio / ANECA para la evaluación y acreditación si os es necesario, pero mirad más allá de ellas y distribuid vuestro trabajo académico de tantas maneras como sea posible. Creo que vale la pena y es muy satisfactorio.

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LEER MEMORIAS: EDITAR LA VIDA

Actualmente estoy leyendo las memorias del pianista británico James Rhodes, Instrumental (2014), que causaron un gran revuelo en el momento de su publicación por su descripción tan directa del horrible abuso sexual (y de sus consecuencias) al que fue sometido Rhodes entre las edades de 6 y 10 años. Este es el decimosexto libro de memorias que leo este año, y hoy es sólo 2 mayo… Debo aclarar que hasta ahora no me han interesado mucho las memorias, que me han parecido siempre un poco demasiado chismosas, opinión sin duda condicionada por los principios de una educación católica que dicta que la confesión debe ser privada, sólo para los oídos del sacerdote. En los países anglófonos protestantes, la confesión, por el contrario, es pública. Las memorias en realidad vienen, o eso me enseñaron, de los textos que los creyentes protestantes compusieron para narrar cómo habían encontrado la gracia después de pecar. La idea detrás de las memorias era que ayudarían a otros pecadores a llevar una vida honesta, guiada por el ejemplo. Evidentemente, poco queda hoy de ese impulso inicial, a pesar de que volúmenes como el de Rhodes siempre llevan un poco de intención ejemplarizante, en este caso para guiar a otros en cómo sobrevivir al abuso (o, como él tiene el coraje de llamarlo, violación). Por otro lado, el peor tipo de memoria es ese tipo que es básicamente una larga lista de recuerdos menores triviales, puntuados por la constante presencia de nombres célebres. “Soy importante e importo”, gritan esas vanagloriosas memorias en cada página.

Rhodes comienza Instrumental preguntándose si, a los treinta y ocho años, es demasiado joven para escribir sus memorias. Este es un error común: es demasiado joven para escribir su autobiografía, un texto destinado a cubrir toda la vida del autor generalmente escrito a una edad avanzada, pero no sus memorias. Cualquier persona en cualquier momento de su vida puede escribir unas memorias siempre y cuando tenga algo que valga la pena contar. De hecho, la lástima de las memorias es que necesitan ser escritas cuando el autor está mínimamente maduro para dar sentido a sus recuerdos, lo que significa que nos faltan memorias de niños y adolescentes (no me refiero a memorias de infancia y adolescencia escritas por adultos, sino a textos escritos por menores). Es cierto, en cualquier caso, que las memorias suelen contener mucha autobiografía del tipo clásico Dickensiano, sobre todo en la sección que narra los inicios de la vida del sujeto memorístico. Por lo general, los primeros capítulos de las memorias son por esa razón más bien sintéticos y están mejor ordenados que el resto. A medida que avanzan las memorias, se elimina más y más información y eventos, algo que abre muchas lagunas. Debbie Harry, ex líder de la popular banda Blondie, escribe en sus memorias Face It [Plántale cara] (¡qué gran título!) que esto se debe a que en las memorias la vida necesita ser “editada”, así que estoy tomando prestada su expresión para mi título de hoy.

Las memorias suelen ser, así pues, relatos más parciales que las autobiografías, que se suponen más completas, aunque no me gustaría ser demasiado dogmática. Lo que encuentro más peculiar sobre las memorias, y posiblemente esta es la razón por la que me he resistido a su atractivo durante tanto tiempo, es que la mayoría están escritas por no escritores. Además, todos sabemos que, de hecho, muchas memorias han sido escritas por escritores fantasmas (¡no todos incurriendo en los peligros del protagonista de Roman Polanski en su thriller The Ghost Writer [El escritor] (2010)!). Siendo mucho menos políticamente correctos, en español llamamos a los escritores fantasmas ‘negros’, que es una forma de enfatizar la esclavitud de ese tipo de escritor ante la voluntad del sujeto autor. La existencia de negros y de colaboradores reconocidos (el nombre que sigue a la preposición ‘con’ después del nombre del autor principal) es, sin embargo, un factor que interfiere en mi lectura de memorias. Cada vez que me encuentro con una gran frase, siempre me pregunto de quién es el feliz giro idiomático. Lo mismo aplica a la ‘edición’ a la que alude Harry; una cosa es quién toma la decisión de narrar qué, y otra muy distinta es quién estructura el libro y cómo. Incluso cuando no hay un escritor fantasma o negro, las listas generalmente largas de nombres de editores en la sección de agradecimientos me hacen preguntarme qué tipo de texto frankensteiniano estoy leyendo. Esto no importaría si no fuera por la obsesión con la integridad autoral que tomamos prestada de la novela y que aplicamos a las memorias, aunque en última instancia sí importa.

La moda actual de las memorias es que sean cándidas y sinceras, incluso cuando exponen al autor bajo una luz menos que favorable. Esto puede ser involuntario. En Prozac Nation (1994), de Elizabeth Wurtzel, unas memorias sobre la depresión que me ha llevado semanas leer porque son muy dolorosas, la autora pinta un retrato inmisericorde de sí misma, revelando deficiencias que no eran estrictamente hablando parte de su enfermedad. En contraste, me costó leer Uncanny Valley [Valle inquietante] (2019) de Anna Wienner porque sus acusaciones contra el sexismo de Silicon Valley carecen totalmente de autocrítica. No quiero decir que ella sea de ninguna manera culpable de provocar su propia discriminación, sino que Wiener parece incapaz de explicar por qué eligió ser empleada por esa industria tan obviamente sexista. Adam Kay, quien fuera un joven médico empleado por el sistema público de salud británico, es extremadamente crítico con su entorno de trabajo en This is Going to Hurt: Secret Diaries of a Medical Resident [Esto va a doler: los diarios secretos de un médico residente] (2022), pero también es sincero sobre su propio idealismo equivocado y los errores que cometió al elegir la medicina como profesión. Las memorias son siempre parciales, pero no deberían serlo de una manera que plantee más preguntas que respuestas. La narración que Mariah Carey hace de sobre su esclavitud ante su ex esposo y CEO de la compañía discográfica Sony Tommy Mottola en The Meaning of Mariah Carey [El significado de Mariah Carey] (2020) es desconcertante porque nunca reconoce que se benefició profesionalmente de su matrimonio. No quiero decir que esté faltándole el respeto a la verdad, lo que quiero decir es que su relato tiene lagunas que hacen que el lector se pregunte ‘¿pero…?’, algo que no debería suceder. Naturalmente, tal vez ni siquiera Mariah Carey entienda completamente por qué su vida pasó por ciertos giros, pero ese es el peligro de las memorias: uno debe retener el control, si no sobre la vida, al menos sobre la narración que da forma a su relato.

No todas las memorias son memorias obvias. Uno de los libros más bellos que he leído en mucho tiempo es The Living Mountain: A Celebration of the Cairngorm Mountains of Scotland [La montaña viviente: una celebración de los montes Cairngorn de Escocia] (1977) de Nan Shepherd. Este libro no puede llamarse realmente unas memorias, ya que Shepherd no está allí narrando su vida, sino rindiendo homenaje a esta bella parte del paisaje escocés. Tampoco se trata de escritura de viajes, ya que este no es un texto sobre un viaje específico, sino una colección de comentarios pensados en muchos viajes a lo largo de los años en estos montes. Sin embargo, la propia Shepherd está allí en cada página del breve libro, amando las montañas, disfrutándolas sola o en compañía, primero como una niña y luego como una mujer madura. Shepherd, autora de tres novelas bien recibidas—The Quarry Wood [El bosque de la cantera] (1928), The Weatherhouse [El observatorio] (1930) y A Pass in the Grampians [Un paso en las Grampians] (1933)—escribió The Living Mountain en 1944, pero abandonó la idea de publicarlo cuando uno de sus mentores literarios (un hombre cuyo nombre olvido) le dijo que realmente no valía la penaa. Ella decidió treinta años después que, al fin y al cabo, sí valía la pena que su pequeño volumen viera la luz, y el resultado es un poema en prosa de rara belleza en el que Shepherd es una espectadora encantada, disfrutando en cuerpo y mente de una total comunión Romántica con los montes de su tierra. “En la montaña, estoy más allá del deseo. No es éxtasis… No estoy fuera de mí misma, sino en mí misma. Soy yo. Esa es la gracia final concedida por el monte”. Su admirador, el escritor paisajista Robert MacFarlane, escribió que “Esta es la versión de Shepherd del cogito de Descartes: camino, y por lo tanto existo”. Pura poesía, como digo, viniendo de una escritora que no necesita colaborador fantasma en un texto que casi se convirtió en un espectro.

No quiero decir con este elogio de las singulares memorias de Shepherd que falten en las memorias más estándar ambiciones literarias, porque lo admirable de este género es lo proteico que puede ser. Las memorias pueden ser escritas por buenos escritores profesionales y por aficionados menos dotados, y en eso consiste la belleza de su género. Las novelas se leen por la visión que proporcionan de la experiencia humana, pero las novelas no son las únicas que proporcionan ese placer; además, las novelas tienden a centrarse en personajes inventados. Las memorias complementan esa búsqueda de la experiencia humana al presentar a los lectores recuerdos de la vida vivida por personas que son de una manera u otra interesantes. Nunca pensé, por ejemplo, que me sentiría atraída por lo que el escalador profesional Alex Honnold tiene que decir, pero encontré su libro de memorias Alone on the Wall [Solo en el muro] (2015) realmente atractivo (el colaborador David Roberts afirmó que había trabajado muy poco en el texto, principalmente como editor). Las memorias requieren ser un lector de mente muy abierta y confiar en que se pueden encontrar gemas entre los autores más improbables. Una nunca sabe.

Quizás la razón secreta por la que admiro a los escritores de memorias es que se necesita coraje para narrar tu vida, incluso cuando lo haces por pura vanidad. La profesora cuyos cursos sobre autobiografía y memorias tomé como estudiante de doctorado solía decir cuando planteé este punto que al final la experiencia humana no es tan diferente en términos del arco narrativo general de la vida, por lo que no hay razón para sentir vergüenza. Creo que hay buenas razones para sentirse avergonzado por los detalles de cada vida, sin importar cuán similares puedan ser. Los escritores de memorias han cruzado el límite de la vergüenza, con algunos, como Trevor Noah (leed por favor Born a Crime [Prohibido nacer]) aprovechando al máximo los recuerdos dolorosos.

La privacidad no es muy valorada en estos días, pero sigue siendo importante para muchos de nosotros, por lo que leer memorias es muy paradójico ya que se trata de los textos más privados (aparte de los diarios, claro). Agradezco, así pues, el coraje de los autores que se entregan a la inspección pública, revelando esos grandes y pequeños rincones de la experiencia humana que van más allá de la ficción y tan bien conectan con la vida real.

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