LA HISTORIA EN VIVO: EL VERANO, KABUL Y KATHARINE

La estructura del a√Īo acad√©mico hace que el verano sea la m√°s extra√Īa de las estaciones, con un primer mes en el que una est√° demasiado agotada para pensar adecuadamente justo cuando se materializa un poco de tiempo para escribir sin parar, un segundo mes en el que se supone que una debe olvidarse de todos los asuntos acad√©micos pero realmente no puede hacerlo, y un tercer mes que marca un nuevo comienzo m√°s de lo que lo hace enero. Esta es una frase muy larga, pero mucho sucede entre el 21 de junio y el 21 de septiembre de cada a√Īo acad√©micamente hablando. Para este blog en particular, este post es, adem√°s, un momento de ajuste de cuentas y cierre ya que concluye el volumen anual que publico como .pdf en el repositorio digital de mi universidad. Lo creas o no, este ser√° el volumen n√ļmero once. Y, s√≠, pienso seguir escribiendo, aunque parte de mi energ√≠a est√° flaqueando porque el mundo realmente est√° en un estado terrible, mucho m√°s si eres mujer. Es dif√≠cil no caer en un estado de √°nimo oscuro en estos d√≠as, y no creo que pueda escapar de la depresi√≥n hoy. No me refiero a la depresi√≥n personal, sino a este sentimiento general de que a nosotros, los seres humanos, no nos va nada bien.

Para empezar, mientras escribo, el hurac√°n Ida est√° devastando Luisiana en la misma fecha en que hace quince a√Īos el hurac√°n Katrina casi borr√≥ Nueva Orleans. Ida, nos dicen, parece ser el hurac√°n m√°s poderoso de los √ļltimos 150 a√Īos, pero una cosa que sabemos ahora es que, si bien los huracanes sol√≠an ser un producto de las fuerzas de la naturaleza en el pasado, ahora tambi√©n son los hijos bastardos del cambio clim√°tico provocado por el hombre. Algo muy parecido puede decirse de las pandemias, siendo el Covid-19 la prueba de los excesos que seguimos cometiendo en nuestro trato con los animales. Como si sus efectos asesinos no fueran suficientes, dieciocho meses despu√©s del inicio de la crisis en Wuhan, los cient√≠ficos han confirmado ahora que estamos al borde de una extinci√≥n segura debido a los brutales patrones de cambio clim√°tico, a menos que hagamos algo urgentemente, cosa que no haremos. Ten√≠a grandes esperanzas de que el Covid-19 cambiar√≠a la forma en que las personas se comportan, convirti√©ndonos en miembros de la comunidad m√°s prudentes y solidarios. Sin embargo, las im√°genes de estos d√≠as de miles de j√≥venes borrachos actuando como b√°rbaros en las calles de Barcelona una vez se ha levantado el toque de queda muestran que algo fundamental est√° mal. No importa cu√°n pocos sean, estas personas y los antivacunas, y los negacionistas del virus‚ÄĒy las farmac√©uticas codiciosas y los gobiernos obtusos‚ÄĒ revelan que como especie somos suicidas. Esperar que la especie altere el camino del cambio clim√°tico cuando no podemos proteger a nuestros semejantes de un virus mortal es casi absurdo. Esto no es lo que somos.

Hay que agregar a todo esto la ca√≠da de Kabul ante los talibanes y el resurgimiento de ISIS en Afganist√°n. Debo confesar que he estado evitando las noticias m√°s detalladas que vienen de ese rinc√≥n del mundo y simplemente prestando atenci√≥n b√°sicamente a los titulares, tratando cobardemente de enterrar mi cabeza en la arena para fingir que el final de la guerra afgana no est√° conectado con mi mundo. Por supuesto, el encarcelamiento repentino de todas las mujeres afganas bajo la ley sharia nos afecta a todas, las mujeres que constituimos el 51% de la especie Homo Sapiens pero que vivimos como una minor√≠a indefensa. La ca√≠da de Kabul no es en absoluto comparable a la conquista de Saig√≥n en 1975 por los comunistas, que tan a menudo se ha comentado este verano. Al final, y a diferencia de lo que predicaba la doctrina del domin√≥ tras la guerra de Vietnam, el comunismo no conquist√≥ el mundo despu√©s de 1975. Mi profunda preocupaci√≥n es que, en contraste, otros pa√≠ses seguir√°n la dictadura patriarcal ahora establecida en Kabul, con la p√©rdida no solo de los derechos de las mujeres afganas, sino tambi√©n de todos los de todas las mujeres. No necesitas ser un fan de El cuento de la doncella para entender que el futuro podr√≠a empeorar r√°pidamente hasta ser mucho m√°s terrible que el pasado. Por otro lado, tanto Siria (ahora olvidada en las noticias) como Afganist√°n me hacen pensar en c√≥mo los peores excesos pueden ocurrir a la luz del d√≠a y frente a la prensa internacional sin que nadie pueda detenerlos. Se necesit√≥ una poderosa alianza para detener al ej√©rcito tenebroso de Hitler en 1945, pero la ONU y la OTAN no han podido detener a los mucho menos poderosos talibanes por una catastr√≥fica falta de determinaci√≥n (y, dig√°moslo, de eficiencia militar) que tendr√° terribles consecuencias para las mujeres, las personas LGTBIQ+ y los hombres no patriarcales en todo el mundo. El terrorismo unir√° fuerzas con el Covid-19 y el cambio clim√°tico para hacer que la vida humana en la Tierra sea a√ļn peor de lo que ya es.

Trata de educar a los j√≥venes en medio de todo esto para el futuro. Mi nueva asignatura para este curso es una optativa semestral sobre las mujeres en la m√ļsica pop actual, una idea destinada a animarnos y que ahora me suena un poco irrelevante. Por supuesto, nunca se sabe en estos d√≠as lo que es realmente relevante: el torrente de l√°grimas de Leo Messi en su conferencia de prensa de despedida en Barcelona parec√≠a ser muy relevante para el estado de la masculinidad en estos d√≠as, pero quiz√°s lo que es m√°s relevante es lo r√°pido que le vimos sonre√≠r una vez que el torrente de millones del Par√≠s Saint-Germain cay√≥ sobre su regazo. Pero me voy por las ramas. Los talibanes han prohibido toda la m√ļsica en Afganist√°n, habiendo ejecutado ya a figuras clave como el cantante folcl√≥rico Fawad Andarabi. Analizar en este contexto el empoderamiento de las mujeres a trav√©s de sus carreras musicales es turbador. Incluso la aspirante a estrella m√°s trivial adquiere una enorme importancia como figura de disidencia anti-patriarcal de un modo que nunca hab√≠a considerado al dise√Īar el curso. Por otro lado, sospecho que una vez que escuchemos lo que las estrellas femeninas angl√≥fonas actuales dicen en sus canciones, nos volveremos m√°s esc√©pticos sobre su empoderamiento. Como estamos aprendiendo en Kabul‚ÄĒy no tan lejos en las redes sociales locales‚ÄĒlas mujeres siempre estamos a un paso de ser silenciadas, sin importar cu√°n alto hablamos. Mi intenci√≥n en cualquier caso es compartir con mis alumn@s el placer de escuchar a las mujeres cantar en voz alta y hermosa, como tantas lo hacen. Iba a escribir ‚Äėtanto tiempo como podamos‚Äô pero tal vez eso sea contraproducente.

Quiz√°s por la constante amenaza de ser cancelada por el patriarcado, en este verano de proporciones apocal√≠pticas he encontrado mucho consuelo en las memorias de Katharine Graham, la mujer que fue propietaria y regent√≥ The Washington Post durante d√©cadas. De joven era fan de la serie de televisi√≥n Lou Grant (1977-1982), el spin-off de la popular sitcom The Mary Tyler Moore Show (1970-1977) protagonizada por Ed Asner, el excelente actor fallecido ayer (tambi√©n fue la voz del gru√Ī√≥n Carl Fredricksen en Up!). La jefa del gran periodista Grant en el ficticio Los Angeles Tribune era la formidable Margaret Jones Pynchon (interpretada por Nancy Marchand), un personaje compuesto, informa Wikipedia, fusionando ¬ęlas ejecutivas period√≠sticas de la vida real Dorothy Chandler de Los Angeles Times y Katharine Graham de The Washington Post¬ę. M√°s tarde, me encontr√© con la propia Graham interpretada por Meryl Streep en la infravalorada The Post (2017) de Steven Spielberg, sobre la crisis causada cuando la administraci√≥n Nixon intent√≥ prohibir que todos los peri√≥dicos estadounidenses publicaran los Papeles del Pent√°gono filtrados por el indignado Daniel Ellsberg. En las memorias de Graham, el volumen ganador del premio Pulitzer Personal History (1997), este episodio es importante, pero la lecci√≥n sobre c√≥mo proteger la libertad de prensa que Katharine ofrece no es nada en comparaci√≥n con sus ense√Īanzas sobre cu√°n marginales eran las mujeres en el periodismo cuando de repente se vio empoderada.

B√°sicamente, el patriarcal padre de Graham, Eugene Meyer, nunca pudo ver a su hija como su heredera en The Post, por lo que eligi√≥ a su yerno Phil Graham para desempe√Īar ese papel. Mientras Katharine viv√≠a la ajetreada vida de la esposa de clase alta, madre y anfitriona de sal√≥n, Phil sucumbi√≥ a una espiral de auto-destrucci√≥n, dominado por el pensamiento de que no hab√≠a tenido √©xito por sus m√©ritos, sino por ser el esposo de su esposa. Incapaz de lidiar con su propio machismo, Phil se quit√≥ la vida, lo que dej√≥ a una conmocionada Katharine al frente de The Post cuando menos lo esperaba, a los 46 a√Īos. Sus memorias son a menudo lectura dolorosa por la constante inseguridad que muestra en todo momento, incluso cuando era ya una de las mujeres m√°s poderosas de la Tierra. La anciana Katharine (public√≥ las memorias cuatro a√Īos antes de su muerte en 2001, a los 84 a√Īos) narra su vida no como una mujer que fue feminista desde el principio, sino como una mujer que descubri√≥ el feminismo una vez que se empoder√≥ y que est√° horrorizada por su propia ingenuidad como mujer m√°s joven. No pod√≠a ser de otra manera dados sus antecedentes y la √©poca. Hay que anotar que Katharine hered√≥ The Post en 1963, el a√Īo en que Betty Friedan inici√≥ el feminismo de la segunda ola con The Feminine Mystique. Los muchos comentarios de Graham sobre el hecho de que era la √ļnica mujer en su c√≠rculo profesional (y c√≥mo esto constre√Ī√≠a los h√°bitos de socializaci√≥n de sus compa√Īeros masculinos, arruinando sus placeres sexistas) nos recuerdan lo solitaria que era su figura hace solo sesenta a√Īos. Muchas cosas han cambiado, pero no para las mujeres periodistas que ahora huyen de Afganist√°n (o est√°n atrapadas all√≠).

Kabul y Katharine me han ense√Īado este verano, en resumen, que si vivir la vida de una mujer es ya suficientemente complicado, estar sometida a las fuerzas patriarcales de la historia hace que cualquier ilusi√≥n de control personal sea ingenua e incluso peligrosa. Francamente, no s√© a d√≥nde vamos como seres humanos, por lo que estoy seguro de que encontrar√© mucho consuelo en volver a ense√Īar Literatura Victoriana, ya que los victorianos ten√≠an un claro sentido del progreso, incluidas las mujeres que inventaron el feminismo de la primera ola. Hubo un momento en la d√©cada de 1990 en que parec√≠a que el Homo Sapiens podr√≠a tener la oportunidad de establecer una cultura global multicultural verdaderamente ilustrada, pero eso se revel√≥ como una falsa impresi√≥n generada por los intereses de las corporaciones multinacionales, que celebraban por todo lo alto el fin del comunismo. Luego vino 9/11, la tr√°gica llamada de atenci√≥n a la verdadera naturaleza de la civilizaci√≥n (in)humana cuyo vig√©simo aniversario ocurrir√° en un par de semanas. Desde entonces, parecemos incapaces como colectividad de encontrar un nuevo horizonte s√≥lido, un sentido de futuro, un proyecto para nosotros y nuestro planeta. No me importa en relaci√≥n a mi vida, pero tengo j√≥venes a los que educar, la mayor√≠a de ellos mujeres, y me pregunto en voz alta c√≥mo hacerlo con entusiasmo y esperanza para su futuro. Quedo a la escucha por si tienes alguna idea que compartir.

Publico aqu√≠ una entrada semanal (me puedes seguir en @SaraMartinUAB). Los comentarios son muy bienvenidos. Los vol√ļmenes anuales del blog est√°n disponibles en https://ddd.uab.cat/record/116328. Si te interesa echar un vistazo, mi web es https://gent.uab.cat/saramartinalegre/

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