La conversación perdida

El d√≠a acab√≥ siendo el Reino de los¬†Smartphones. Los proscritos como yo decidimos surcar la noche en busca de alguien con quien conversar…

Conversar con alguien sobre cualquier tema se hab√≠a convertido en un comportamiento del todo subversivo. Algunas noches sal√≠a a hurtadillas de casa y me dirig√≠a a uno de los locales prohibidos. All√≠ permanec√≠a charlando hasta altas horas de la madrugada con cualquier individuo que, como yo, a√ļn disfrutase del antiguo placer de la conversaci√≥n. Pero se trataba de una actividad muy peligrosa.

Durante el día, camino de cualquier sitio, era habitual ver a todo el mundo con la mirada clavada en las brillantes pantallas, ignorando cuanto acontecía a su alrededor. Diríase que eran sonámbulos atrapados en una pesadilla tecnológica, los ojos vidriosos, exhibiendo una sonrisa idiotizada.

Ayer por la tarde, al regresar a casa despu√©s del trabajo, coincid√≠ con mi vecina en el descansillo de la escalera. Sab√≠a que su madre hab√≠a fallecido recientemente, v√≠ctima de un accidente vascular cerebral. As√≠ que me acerqu√© a ella, con sigilo, y le di mi m√°s sentido p√©same. Ella, sin dejar de sonre√≠r a su pantalla de bolsillo, musit√≥ un escu√°lido ¬ęgracias¬Ľ.

Inevitablemente, un vecino presenció la escena y me denunció sin dudarlo a la policía anticonversación. Ahora aguardo mi ejecución en el corredor de la muerte.