Valdenoceda no tiene historia

 

En la Merindad de Valdivielso se encuentra Valdenoceda, enclave de una cárcel en que murieron numerosos presos republicanos. Pero si visitáis la Web de la Merindad o cualquiera de las que sugieren sus enlaces recomendados, veréis que la explicación del pasado del municipio termina siglos atrás. Relato dirigido a una potencial clientela turística a la que no hay que molestar; la edad media, correctamente presentada, no inquieta a casi nadie. Difícil sentirse vinculado a aquellas gentes, identificado con las injusticias feudales. Pero la historia reciente es otra cosa. Está en la memoria. Y los problemas sobreviven a los cambios de centuria.   

Ya he escrito en ocasiones anteriores sobre como la información turística oculta el pasado e incluso borra la memoria para facilitar el negocio aun a costa de negar la realidad de la construcción social y hasta urbanística de las poblaciones. Pero este caso me resulta especialmente llamativo porque existe un movimiento de familiares de represaliados, que cuenta con un activo foro.

Testimonian los acontecimientos de la prisi√≥n una buena cantidad de relatos e im√°genes (Galer√≠a de im√°genes, Prisi√≥n de Valdenoceda) y las exhumaciones practicadas.¬†Puestos a gestionar visitantes, nada mejor que un centro de interpretaci√≥n, un museo, una planificada campa√Īa memorial√≠stica… ¬†¬†¬†¬†

Entonces, por qué esta sistemática práctica consistente en anteponer los intereses turísticos a los sociales, presuponiendo, además, que al visitante solo le interesa hacerse fotos que den cuenta de su felicidad viajera. Por qué esta renuncia a la pedagogía social, a extender los valores y hábitos democráticos. 

Tampoco aparece ninguna referencia a la prisi√≥n en Wikipedia cuando se consulta la entrada¬†Merindad de Valdivieso.¬†Tambi√©n aqu√≠¬†la historia termina varios siglos atr√°s, como si la hubiera escrito la misma persona.¬†U otra que comparte el mismo andamiaje de olvidos “necesarios”.¬†Aunque si busc√°is la entrada de Valdenoceda, esta s√≠ dispone de un apartado referente a la memoria hist√≥rica en que¬†se habla¬†extensamente de la c√°rcel y del proceso de recuperaci√≥n de los restos de los prisioneros.¬†

Voy a preguntar a los amigos del foro de Valdenoceda qué piensan de todo esto. Quizás puedan aportar datos que expliquen la situación o tengan opiniones a las que yo, contemplando el tema desde lejos, no alcanzo. Por cierto, aprovecho para preguntar por qué hay tantas fotos de la prisión de Valdenoceda, quién las hizo. A ver si alguien sabe.

Y a ver si ponemos de moda explicar el presente y evitamos el temor extendiendo el turismo social y la presunción de inteligencia e interés del turista (que somos todos).

About Pedro Molina Rodriguez-Navas

Investigador del Laboratorio de Periodismo y Comunicación para la Ciudadanía Plural de la UAB
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4 Responses to Valdenoceda no tiene historia

  1. Eric says:

    Hola Pedro

    Tienes toda la razon y efectivamente la Historia de Valdenoceda falta de memoria.
    Fui yo quien me permiti escribir-partiendo también de mi historia personal- el apartado en Wikipedia. Pero ya sabes que cualquiera puede escribir lo que le apetece en esta pseudo-enciclopedia y contar las mentiras que quiere ya que no procede de una labor de investigacion y averiguacion de lo escrito.
    Nos incumbe hacer este trabajo junto a historiadores y aquello podria ser una de las tareas de nuestra agrupacion o por lo menos de impulsarla.

    Te mando un texto que escribi hace unos a√Īos para presentar el pueblo de Valdenoceda con una nota mas literaria que historica.

    Fraternalmente
    Eric Fernandez Quintanilla
    Vocal para francia y el exilio de la Agrupacion
    Burdeos (Francia)

    ROJOS Y NEGROS
    ¬ę Estos son los t√©rminos de la cuesti√≥n:
    ya no te queda sino mostrar si haces honor a tu
    linaje o si eres indigna de tus ilustres antepasados. ¬Ľ
    ANT√ćGONA
    El peque√Īo pueblo de Valdenoceda puede pasar por uno de los m√°s lindos de Castilla-Le√≥n. Sus caserones monta√Īeses con sus techumbres agudas de teja roja, se extienden sobre la pendiente de una colina en la que unas matas de vigorosas encinas dibujan las m√°s insignificantes sinuosidades.
    El Ebro corre algunos centenares de pies por bajo de la Torre de los Fern√°ndez de Velasco, unos veinte metros de altura, gruesos muros rematados por almenas y blasonada con varios escudos, edificada en el siglo XV por hidalgos y restaurada recientemente. Valdenoceda viene resguardada por su lado sur por una monta√Īa elevada que es una ramificaci√≥n de la Cordillera Cant√°brica. Las cimas quebradas de la Mazorra se visten de nieve en los primeros fr√≠os de noviembre. Un torrente que desciende precipitado de la monta√Īa atraviesa Valdenoceda para formar el Ebro y mueve una peque√Īa presa hidr√°ulica en el paraje de una antigua f√°brica que proporcion√≥ un bienestar relativo a la mayor parte de los 73 habitantes del pueblo. A decir verdad, no es merced a la antigua industria de la molienda, ni tampoco a la industria el√©ctrica actual que se enriqueci√≥ aquella aldea ; sino a la seda artificial que tanto dio prosperidad a los habitantes y cuyos rendimientos, antes de que cayera la II¬™Rep√ļblica, han remozado casi todas las fachadas de las casas. Aturde al viajero que apenas entra en la aldea el estr√©pito de la ruidosa presa. Los pesados aparejos movidos por el torrente aprovechan el antiguo salto de agua para producir electricidad. Tampoco pasan desapercibidos los ladridos de unos perros arrimados a la imponente sedera del siglo XIX. Este edificio que a primera vista parece rudo es uno de los que en mayor grado sorprenden al viajero que penetra por vez primera en las monta√Īas que forman la divisoria entre Cant√°bria y Castilla. Si el viajero, al entrar en Valdenoceda, pregunta qu√© destino tiene hoy, le contestar√°n que este edificio fue la primera f√°brica nacional de seda artificial que ha pose√≠do Espa√Īa.
    Ahora y desde su puesta en marcha en 1992, es la sociedad el√©ctrica Saltos de Valdenoceda. A poco que el viajero se detenga unos instantes por esa calle ancha de Valdenoceda, que arranca ascendiendo del margen mismo del Ebro y termina en la cumbre de la colina, es muy probable que ha de tropezar con alg√ļn anciano que son los que en mayor n√ļmero pueblan la aldea. Pero si, unos cien pasos m√°s arriba, prosigue su paseo, el viajero divisa, en el barrio del Enmedio, una iglesia de bastante bella apariencia, construida en el tercer cuarto del siglo XII y que conserva de su primitiva f√°brica rom√°nica los s√≠mbolos del Apocalipsis y cabezas monstruosas en las √≠nsulas.
    A trav√©s de una verja contigua a la iglesia de San Miguel, se puede observar el peque√Īo cementerio del pueblo y en el fondo una l√≠nea de horizonte formada por las cimas del Puerto de La Mazorra que parece de prop√≥sito hecho para recreo de la vista. El viajero puede comenzar a recordar, en aquel solar, el glorioso pasado de la aldea.
    Pregunta y le dicen que no deben caber m√°s de una decena de tumbas con cruces y flores.
    Parece un camposanto semejante a los tantos que pueblan la Península. En este cementerio descansan nuestros abuelos.

    Todos ellos alcanzaban la madurez e ignoraban que su estancia en Valdenoceda tan s√≥lo iban a aprovecharla unos escasos meses y que se despedir√≠an de la aldea con los pies por delante. Sobre la marcha, Jos√© Antonio, ingeniero de Madrid; Jos√© Mar√≠a, alba√Īil de Torralba de Calatrava; Francisco, obrero de Granada; Nicanor de Salamanca, Valent√≠n de Santurce, intentan reconstruir una vida tras la derrota sin saber que a un centenar de kil√≥metros de su casa ya tienen un lugar asignado. Y llega el d√≠a en que todo est√° listo para acogerlos en la f√°brica. Tan s√≥lo faltan ellos. La muchedumbre de los detenidos inicia el periplo hacia el campo de Valdenoceda. Unos trenes compuestos de quince a dieciocho vagones de ganado, cerrados y cargados de presos se ponen en marcha para Valdenoceda. Entre ellos, nuestros abuelos, los 151 cuerpos de la fosa del cementerio. El equipaje se acerca de las lindas merindades de Valdivieso. Hasta un paisaje tranquilo, hasta una pradera con vuelos de cuervos, cosechas y fuegos fatuos, hasta una carretera donde pasan coches, campesinos, parejas, hasta un pueblo id√≥neo para pasar vacaciones, con su feria y su campanario, pueden llevar lo m√°s sencillamente a un campo de concentraci√≥n. En el hermoso valle de Valdenoceda los inviernos son heladores. Las galer√≠as de la f√°brica habilitada como c√°rcel est√°n abarrotadas, repletas de unos 2000 presos tirados. Quiz√°s sean m√°s. Cuando una de las custodias saca la cabeza por las mirillas, sale un calor tremendo. Los presos son todos hombres faltos de las m√≠nimas condiciones higi√©nicas y de alimentaci√≥n. Todos han sido detenidos por ser Rojos y por haber seguido fieles a la Rep√ļblica. No dan complicaciones a los centinelas. No pueden darlas. Fallecen de hambre, de los rigores del invierno, de enfermedades provocadas por las enormes carencias que sufren. Fallecen de los malos tratos recibidos. Comparten celda con las chinches y las pulgas. Van a tenderse sobre el jerg√≥n y se distraen contando unos a otros las costillas y las pulgas. La raz√≥n de ser del penal de Valdenoceda : borrar del mapa a aquellos hombres y no dejar rastro de lo que fue la II¬™ Rep√ļblica.
    Aquel viajero que termina en el cementerio su paseo por Valdenoceda es uno de Nosotros.
    Somos los hermanos, hijos y nietos de los 151 presos republicanos que a√ļn se encuentran en la fosa a tan s√≥lo un palmo de la superficie del solar. Bajo la impulsi√≥n de Jos√© Mar√≠a Gonz√°lez, presidente y portavoz del Colectivo de Familiares de Presos Republicanos Desaparecidos en la Prisi√≥n de Valdenoceda, tanto nos incumbe averiguar cu√°l fue la existencia que llevaron aquellos hombres durante esos meses en la f√°brica, en unas condiciones de vida y represi√≥n semejantes a los campos de concentraci√≥n nazis, como elucidar qu√© muerte encontraron.
    El conocimiento de la existencia de la fosa supone hoy la posibilidad, para todos los familiares del Colectivo, de demostrar fehacientemente la existencia, preparación, ordenamiento de antemano y sistematización de ese asesinato. Tras conseguir, como se hizo a través de los certificados de difunción que se encuentran en los registros locales, los nombres y apellidos de aquellos presos republicanos, nos toca emprender ya la tarea de rescatar los humildes restos de nuestros abuelos.
    Es preciso librarlos del arbitrario en el que los verdugos quisieron encerrarlos para siempre.
    Tras cuarenta a√Īos de represi√≥n e indiscutibles veinticinco a√Īos de silencio culpable, es cuesti√≥n de dignidad, de memoria y de verdad.
    Eric Fernández Quintanilla, Vocal para Francia y el Exilio de la agrupación

  2. Pedro Molina Rodriguez-Navas says:

    Hola Eric, gracias por el regalo. Un texto sincero, revelador y hermoso, virtudes perfectamente compatibles, como t√ļ demuestras.
    Un afectuoso saludo

  3. framiquel says:

    Fantàstica entrada PEDRO, ya me han entrado ganas de hacer turismo por esos parajes. Turismo de foto i turismo social, claro, porqué ahora se cosas del lugar que al parecer no se me van a contar una vez esté allí.
    Gracias

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