Entrevista a la Dra. Laura Pérez Caballero

Me apasiona el estudio de las enfermedades psiquiátricas porque todavía hay mucho por descubrir

Hace unos meses que eres investigadora post-doctoral en el Instituto. Cuéntanos.

Sí, me incorporé al laboratorio de Raül Andero durante el confinamiento, así que fue un inicio un poco peculiar… Estoy trabajando en diversos proyectos, pero principalmente en uno europeo que dirige Raül para estudiar marcadores de trastorno de estrés post-traumático. Es un proyecto muy interesante porque colaboran diversos grupos de investigación, todos ellos expertos en este campo. Nosotros participamos en la parte preclínica, que incluye modelos animales de distintas especies, pero también hay una parte clínica, con pacientes. Lo que haremos en los animales será inducir modelos de trastorno de estrés post-traumático en diferentes etapas del desarrollo (infancia, pubertad y adultez) y evaluar la presencia en la sangre o en el cerebro de moléculas que nos ayuden a entender la evolución del trastorno. A parte, estudiaremos la expresión de estos marcadores  también en pacientes.

¡Qué interesante! Y siempre te has dedicado a investigar el trastorno de estrés post-traumático?

No. Antes de llegar al grupo de Raül hice mi tesis sobre la depresión mayor. Estos dos trastornos tienen mecanismos biológicos comunes, por lo que realmente no me estoy alejando mucho de lo que había hecho hasta ahora. Me apasiona el estudio de las enfermedades psiquiátricas porque todavía hay mucho por descubrir.

¿Qué es la depresión mayor?

La depresión o depresión mayor es un trastorno mental grave, que tiene una elevada prevalencia. Se calcula que aproximadamente el 10% de las personas en España han sufrido o sufrirán al menos un episodio en su vida. Los síntomas son muy conocidos, pero las causas no se conocen. Se han descrito muchos de los mecanismos implicados, pero todavía no tenemos claro el origen que lo desencadena todo. Además, es muy heterogénea: personas diferentes pueden tener diferentes síntomas, diferentes evoluciones, etc.

¿Hay tratamiento?

Para mucha gente sí, pero entre un 5 y un 10% de los pacientes no responden a las terapias de las que disponemos hoy en día. Se han hecho muchos esfuerzos para entender mejor la enfermedad, para saber por qué hay gente a quien los tratamientos no les funcionan, y para encontrar nuevas estrategias terapéuticas, pero todavía estamos en ello.

Hemos visto que has investigado mucho un tipo de terapia llamada Deep Brain Stimulation. ¿Qué es?

La estimulación cerebral profunda es una terapia que se empezó a usar en la década de los 90 para trastornos del movimiento. Se basa en implantar unos electrodos en áreas concretas del cerebro, que van conectados internamente a un neuroestimulador. La estimulación crónica de la zona precisa donde están implantados los electrodos modifica la actividad cerebral en esa área.

Su uso de esta técnica en enfermedades psiquiátricas comenzó unos años más tarde. Entre otros, se empezaron a hacer ensayos clínicos para la depresión mayor y los resultados fueron muy positivos. La tasa de respuesta en estos pacientes resistentes, en los que ninguna otra terapia había funcionado, era del 55-60%. El problema es que aún no se conoce exactamente por qué esta terapia sí resulta efectiva…

¿Y tu tesis consistió en investigarlo?

Exacto. Hicimos estudios preclínicos, con animales, para descubrir los mecanismos biológicos que había detrás de que esta terapia funcionara.

¿Cuál de todos tus papers salvarías de un incendio?

Sin duda, el que publicamos en Molecular Psychiatry, que es la base de mi tesis doctoral. Tuvimos unos resultados en los estudios preclínicos, que al principio hasta pensamos que eran un error. Luego vimos que se confirmaban y, además, pudimos testar nuestra hipótesis  en un ensayo clínico. Cuando ves que lo que haces repercute en pacientes es muy reconfortante.

¿Y de qué iba el artículo?

Vimos que después de implantar los electrodos para la estimulación cerebral profunda, sin ni siquiera haber empezado a emitir impulsos eléctricos, ya se observaba un efecto antidepresivo en los animales. La bibliografía decía que en pacientes esta mejoría era debida a un efecto placebo, pero nuestra hipótesis era que la inflamación producida por la cirugía también contribuía a esta mejora. Los estudios lo corroboraron, tanto en roedores como en pacientes, porque vimos que la toma de fármacos antiinflamatorios empeoraba la evolución durante el inicio de esta terapia.

También has hecho estudios con ketamina…

Si, la ketamina es un fármaco que se ha empezado a investigar hace relativamente poco y que está cambiando la manera de enfocar el tratamiento de la depresión mayor. Su mecanismo de acción es totalmente distinto al de los fármacos que se usan hoy en día, porque va dirigido a otro grupo de receptores. Mientras que los medicamentos habituales tardan 3-4 semanas en hacer efecto, la ketamina produce una respuesta inmediata. Es un fármaco controvertido porque tiene un potencial de abuso, pero la tasa de respuesta que da es muy buena.

Te han dado una beca Juan de la Cierva – Formación. ¿Qué implica esta beca?

Implica que puedo seguir dedicándome a lo que me gusta. La mayoría de las becas a las que podía optar después de haber presentado mi tesis doctoral te exigen que estés un periodo post-doctoral en el extranjero, pero esta es una de las pocas que te permiten quedarte. Es bueno cambiar de laboratorio y ver otros métodos de trabajo, pero bajo mi punto de vista se puede aprender igual en España que en otro país. Es una beca de bastante prestigio y haberla conseguido significa que puedo continuar trabajando en lo que me apasiona.

Roser Bastida

Mi tesis doctoral (Paula Sanchis)

“Llevar a cabo una tesis doctoral es un periodo de aprendizaje constante, no solo a nivel profesional sino también a nivel personal”

La interleukina-6 (IL-6) es una proteína que interviene en los procesos inflamatorios agudos (después de un traumatismo, por ejemplo) y crónicos (como en la esclerosis múltiple). Mi tesis consistió en estudiar la implicación de esta proteína en los procesos inflamatorios del sistema nervioso central, y si su actividad varía en función de qué célula cerebral la libera (astrocitos, neuronas o microglía).

Lo primero que hicimos fue crear tres tipos de ratones: uno que no expresaba IL-6 en los astrocitos, otro que no expresaba IL-6 en las neuronas y un último sin expresión en la microglía. Por otro lado, generamos un nuevo ratón que no expresaba IL-6 en ninguna célula, pero que podíamos reactivar para que lo hiciera de forma célula-específica. Posteriormente, o bien lesionamos a estos ratones en la corteza del cerebro, para estudiar el proceso neuroinflamatorio agudo; o bien les inducimos encefalomielitis autoinmune experimental, que es uno de los modelos de ratón de esclerosis múltiple más utilizado.

Lo que vimos fue que, tal y como pensábamos, la IL-6 del sistema nervioso central controla los procesos neuroinflamatorios de forma célula-dependiente, por lo que concluímos que el estudio de la IL-6 producida por las distintas fuentes celulares de forma específica es esencial para comprender la complejidad funcional de esta proteína.

(En la foto, defendiendo la tesis doctoral online)

Realizar un doctorado es un periodo de aprendizaje constante, no solo a nivel profesional sino también a nivel personal; y no es un proceso sencillo, ya que requiere mucho trabajo y motivación. No obstante, compensa, ya que aprendes a gestionar tiempos y emociones, y puedes asistir a congresos y conocer gente del mismo campo. Además, en mi caso, tuve mucha suerte con los compañeros/as, que cooperaron en los experimentos y me hicieron disfrutar del laboratorio. Sin ellos/as y mis directores, mi tesis no hubiese sido lo mismo.

Paula Sanchis