Entrevista al Dr. Carlos Barcia

“La neuroinflamación tiene un papel importantísimo en la muerte neuronal progresiva que sucede en la enfermedad de Parkinson”

El Dr. Carlos Barcia es el líder del grupo de investigación en Neuro-immunidad. Estudia la Neuro-inflamación en el Sistema Nervioso Central y su implicación en los procesos neurodegenerativos. En esta entrevista nos habla de la respuesta immune cerebral en la enfermedad de Parkinson:

  1. ¿Qué es la enfermedad de Parkinson?

Como James Parkinson la definió, es un síndrome neurológico que engloba una serie de síntomas. Principalmente, la enfermedad se define por una falta de movimiento (acinesia) o un enlentecimiento de los movimientos (bradicinesia), pero también pueden aparecer otras alteraciones. Es muy característico y muy conocido el temblor generalizado, pero no siempre se da. También pueden aparecer trastornos posturales, típicamente que el paciente se muestra encorvado, además de otras alteraciones no motoras. Los síntomas no motores son menos conocidos pero también son problemáticos para el paciente: alteraciones ortostáticas, depresión, o incluso, en estados avanzados, alteraciones cognitivas. Fundamentalmente, todas estas manifestaciones clínicas están causadas por una falta de dopamina en el cuerpo estriado del cerebro, debida a la muerte de un tipo de neuronas de la sustancia negra del mesencéfalo. Estas neuronas se mueren, pero no sabemos por qué…

  1. ¿Hay sospechas?

Hay hipótesis. Hay algunas familias que desarrollan parkinsonismo que tienen alteraciones genéticas muy claras, pero no todos los enfermos de Parkinson tienen estas mutaciones.

Se piensa, también, que hay factores ambientales, como la exposición a algunos pesticidas, que podrían alterar las estructuras celulares, a diferentes niveles, y causar la muerte neuronal dopaminérgica. Estos pesticidas, tipo rotenona, se parecen a los agentes neurotóxicos que nosotros utilizamos en experimentación para causar una enfermedad de Parkinson de forma artificial. Pensamos que algunos pacientes podrían haber estado expuestos a estos pesticidas y haber desarrollado la enfermedad de Parkinson. Sin embargo, todavía no se ha podido demostrar una causa-efecto: no es que cuando aparecieron los pesticidas apareció la enfermedad de Parkinson, o que donde haya estos pesticidas haya más casos. Sin embargo, podrían ser un desencadenante en individuos con alguna predisposición.

  1. ¿Cómo ha evolucionado la investigación de esta enfermedad?

En las últimas dos décadas ha habido progresos muy importantes a la hora de entenderla. Ha habido un gran avance en la información, desde muchos puntos de vista: bioquímico, genético, molecular, celular… Pero, realmente, no sabemos todavía el origen.

  1. ¿Y en los tratamientos?

En los años 60 se descubrió la L-Dopa, un fármaco que una vez llega al cerebro, se convierte en dopamina y, así, compensa la dopamina que se deja de generar tras la muerte de las neuronas dopaminérgicas de la sustancia negra. Este hallazgo fue un punto de inflexión muy importante, porque permitió tratar los síntomas de la enfermedad.

Hoy en día todavía se usa la L-dopa, u otros fármacos análogos a la dopamina, generalmente en combinación con otros compuestos que alargan el tiempo de acción de estos medicamentos. Los pacientes tienen una calidad de vida bastante aceptable, pero, a pesar de que el tratamiento es bueno, el proceso degenerativo sigue avanzando.

Otra opción terapéutica es la cirugía, la llamada estimulación cerebral profunda. La muerte neuronal dopaminérgica produce, en distintas áreas cerebrales, unas lesiones o alteraciones en cadena, que hacen que haya zonas que se hiperactiven. La cirugía trata de poner un electrodo intracraneal, con un cable conectado, para dormir los núcleos hiperactivados. Los resultados son muy espectaculares, porque realmente la mejoría es muy visible, pero esta terapia solamente se hace en algunos pacientes de elección, que cumplen una serie de condiciones.

  1. ¿Cuáles son los obstáculos o retos que se encuentran en la investigación?

Yo creo que el primer reto es encontrar el origen de la enfermedad.  A pesar de que hay muchos grupos en el mundo que estudiamos este síndrome, todavía desconocemos cuál es el origen.

Otro reto sería diagnosticar la enfermedad de forma precoz: cuando el paciente llega a la clínica es porque empieza a notar los síntomas y, en este momento, ya se han muerto alrededor del 70 % de las neuronas de la sustancia negra. Llegados a este punto, sería muy difícil poder hacer algún tratamiento curativo, porque el proceso neurodegenerativo ya está muy avanzado. Igualmente, hoy por hoy, no existe ningún tratamiento que pueda revertir el daño neuronal producido por la enfermedad: suponiendo el caso ideal de que llegara a la clínica una persona que supiéramos 100% seguro que iba a tener la enfermedad de Parkinson, ¿qué podríamos ofrecerle? Ahora mismo, nada. Este sería el tercer reto.

  1. ¿Qué tipo de investigación estáis realizando en vuestro equipo?

Básicamente, encontrar agentes terapéuticos que modifiquen el transcurso de la enfermedad. Nuestra hipótesis es que la neuroinflamación tiene un papel importantísimo en la muerte neuronal progresiva.

En modelos de la enfermedad de Parkinson, se ha visto que hay unas células del sistema nervioso central, las células microgliales, que están activadas de forma exacerbada. Estas células se encargan de las primeras fases de la respuesta inmunológica en el sistema nervioso, actuando como macrófagos cuando reciben señales neuronales que las activan.

Nuestra teoría es que estas señales están exageradas en los enfermos de Parkinson, y que esto produce la fagocitosis masiva de las neuronas dopaminérgicas. Creemos  que, si bloqueáramos estos mensajes, podríamos reducir el daño en el cerebro y, por eso, estamos trabajando en diferentes moléculas y encargadas de la motilidad microglial y de los receptores que se encargan de esa fagocitosis.

  1. ¿Hay alguna otra enfermedad que también esté relacionada con la neuroinflamación?

Sí, la neuroinflamación aparece prácticamente en cualquier lesión del tejido nervioso.  Por ejemplo, también está relacionada con el daño que se produce después de un traumatismo craneal: tras una lesión de este tipo, algunas neuronas se mueren al momento, pero hay otras que, aunque en un principio no estaban dañadas y eran viables, también son eliminadas por la microglía. Esto sucede porque la señalización que se produce va más allá de lo que debe. Algo similar a lo que ocurre en nuestros modelos de neurodegeneración. Así, si podemos evitar que esto suceda, reduciremos el daño, y esto ha sido probado con éxito en ratones. Ahora se trata de probar un tratamiento similar en modelos de enfermedad de Parkinson, que es en lo que estamos trabajando en este momento.

Amelia-Kate Larkins

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