Entrevista a la Dra. Rosario Moratalla

“Seguramente, cuando descubramos qué es lo inicia la muerte neuronal en el Parkinson, tendremos la cura de la enfermedad”

rosario3

El primer seminario del año lo hizo la Dra. Rosario Moratalla, del Instituto Cajal de Madrid- CSIC. Su grupo de investigación se dedica, principalmente, a estudiar la dopamina y su implicación en la enfermedad de Parkinson. Tuvimos el placer de poder hacerle esta entrevista:

  1. ¿Qué es exactamente la dopamina?

La dopamina es un neurotransmisor, una molécula química que se sirve para transmitir una información entre neuronas u otras células del sistema nervioso.

  1. ¿Qué relación tiene con la enfermedad de Parkinson?

El Parkinson se produce, fundamentalmente, porque un tipo de las neuronas que producen dopamina se mueren: las neuronas dopaminérgicas de la sustancia negra, parte compacta. Estas neuronas proyectan sus fibras nerviosas al cuerpo estriado, que se encarga de la planificación, organización y ejecución de los movimientos voluntarios. Entonces, al morir las neuronas de la sustancia negra parte compacta, la falta de dopamina en el estriado produce los síntomas motores del Parkinson, temblor y bradicinesia e inestabilidad postural, principalmente.

  1. ¿Y por qué se produce esta muerte?

Esa es la pregunta del millón. Esta respuesta es la que los investigadores clínicos y básicos estamos buscando… No sabemos todavía qué es lo que la inicia. Hay muchas teorías y, seguramente, cuando lo descubramos, tendremos la cura de la enfermedad de Parkinson.

  1. ¿Qué tratamientos son los más eficaces hoy día para tratar esta enfermedad?

Hoy en día, igual que hace 60 años, el tratamiento de elección es la L-Dopa. Se trata de un fármaco que, cuando llega al cerebro, se transforma en dopamina. En todos estos años no se ha encontrado ningún otro medicamento que sea más eficaz. Hay otros tratamientos farmacológicos, como los inhibidores del metabolismo de la dopamina o los agonistas dopaminérgicos, pero no son tan eficientes.

Otros tipos de terapias son la estimulación cerebral profunda, que se está aplicando hoy en día, y las terapias génica y celular, que se están investigando; pero ninguno de estos tratamientos cura, hoy por hoy, la enfermedad.

  1. ¿La terapia celular sería introducir células nuevas en el cerebro?

Sí, es una estrategia que se está estudiando. Consiste en trasplantar en el cuerpo estriado del cerebro células capaces de sintetizar dopamina. Sin embargo, parece ser que estas células, aunque están sanas, cuando se trasplantan en un hábitat parkinsoniano, acaban adquiriendo señales de daño y por tanto también están en riesgo de muerte celular. Aunque hay que admitir que esto se ha visto después de 10-15 años del trasplante.  Se está trabajando muy activamente en esta línea de investigación para establecer protocolos seguros que eliminen estos defectos y conseguir una mejor integración de las células en el tejido huésped.

  1. ¿Cuántos años pasan desde que empieza el proceso de Parkinson y la persona siente los síntomas?

Pueden pasar, tranquilamente, unos 5-10 años, porque hasta que no se han muerto alrededor del 60% de las neuronas dopaminérgicas de la sustancia negra, no aparecen los síntomas motores de la enfermedad. Esto nos da una idea de la increíble capacidad del sistema dopaminérgico para compensar la falta de dopamina. Nuestro organismo está preparado para producir mucha más de la que necesitamos.

  1. Y, aparte de controlar el movimiento, ¿qué otras funciones tiene la dopamina en el cuerpo?

La dopamina es uno de los neurotransmisores principales y está implicada en multitud de funciones. Entre otras, en los procesos de aprendizaje y memoria, en regular el estado de ánimo, en la toma de decisiones y en las adicciones. De esto se ocupan las neuronas dopaminérgicas del sistema límbico, que son un poco diferentes de las neuronas dopaminérgicas de la sustancia negra.

  1. ¿Qué tiene que ver la dopamina con el placer?

¡Tiene que ver todo! Porque es uno de los neurotransmisores más importantes del sistema de recompensa. Liberamos dopamina, por ejemplo, cuando estamos hambrientos y comemos, cuando tenemos sed y bebemos. La dopamina juega un papel esencial en la continuidad de las especies, porque, en el sistema límbico, la segregamos cuando hacemos cosas que hacen que los individuos sobrevivamos y la especie continúe, como mantener relaciones sexuales o alimentarnos. Por eso sentimos placer cuando hacemos estas actividades.

rosario1

  1. ¿Y esto puede verse afectado por el tratamiento con L-Dopa?

Claro, cuando administramos L-Dopa, el fármaco va a todos los sistemas dopaminérgicos, no solamente a la sustancia negra. En el circuito límbico, el tratamiento con L-Dopa puede producir el síndrome de desregulación dopaminérgica, en el que los pacientes se pueden hacer adictos al tratamiento, presentar hipersexualidad, compras compulsivas, ludopatía, conductas de riesgo, etc.

  1. Vuestro grupo también trabajaba estudiando cómo algunas drogas de abuso, como la cocaína o el éxtasis, actúan sobre los circuitos dopaminérgicos. ¿A qué conclusiones estáis llegando en este campo?

Hace años, trabajábamos estudiando qué hacía la cocaína en el sistema nervioso. Lo que vimos fue que tanto sus efectos placenteros como los motores se producen porque actúa sobre los receptores dopaminérgicos D1.

Más recientemente, ya en el Instituto Cajal, trabajamos estudiando los efectos neurodegenerativos del éxtasis y de las anfetaminas. Estas sustancias ocasionan la pérdida del 80% de los axones de las neuronas dopaminérgicas de la sustancia negra, y también pueden provocar la muerte de estas células. Los axones pueden recuperarse a largo plazo, pero las neuronas de la sustancia negra que se han muerto no se recuperan nunca.

  1. ¿En qué estáis trabajando ahora en tu grupo de investigación?

Estamos trabajando en varias líneas de investigación.

La primera es en el estudio de los mecanismos moleculares que producen uno de los efectos secundarios más incapacitantes del tratamiento con L-Dopa: las disquinesias. Es una alteración por la que los pacientes tienen movimientos involuntarios anormales que no pueden o les es difícil parar aparte de las distonías del tronco y de las extremidades. Si consiguiéramos inhibir las disquinesias sin reducir los efectos terapéuticos de la L-DOPA, mejoraríamos mucho la calidad de vida de estas personas.

En otra línea de investigación, estamos explorando distintas terapias alternativas, como la estimulación magnética transcraneal, que ya ha dado resultados muy prometedores en otros trastornos cerebrales como la depresión.

También estamos desarrollando nuevos radiotrazadores con el objetivo de identificar sujetos de riesgo para el diagnóstico precoz de la enfermedad de Parkinson y prevenir el proceso degenerativo sin tener que esperar a que aparezcan los síntomas motores para poder hacer el diagnóstico.

Finalmente, estamos estudiando los mecanismos celulares y moleculares de la degeneración de las neuronas dopaminérgicas en células y neuronas derivadas de pacientes parkinsonianos. Buscamos identificar las causas de esta degeneración y ver si podemos, mediante ingeniería genética, revertirlas y detener el proceso. Dentro de esta línea, también estamos investigando el trasplante de neuronas dopaminérgicas derivadas de células madre, para proporcionar una solución a largo plazo para los síntomas motores del Parkinson. Este proyecto lo estamos llevando a cabo en colaboración con el Dr. Vicario, del Instituto Cajal.

  1. ¿Cuáles piensas que serán las estrategias terapéuticas de futuro para tratar la enfermedad de Parkinson?

Se basarán en detectar sujetos de riesgo en estadios muy tempranos de la enfermedad, mediante trazadores o biomarcadores, para prevenir o detener el desarrollo del proceso degenerativo mediante la intervención clínica temprana. Tampoco descarto la terapia génica ni la celular, que proporcionarían remedios duraderos para esta patología.

  1. Y ya para acabar, si pudieras salvar solamente uno de tus artículos de un incendio, ¿cuál elegirías y por qué?

Es difícil elegir cuando todos los artículos se han hecho con mucho esfuerzo e ilusión, pero, si lo tengo que hacer, elegiría el artículo en el que establecimos la activación de ERK y FosB y la necesidad de la falta extrema de dopamina en el núcleo caudado-putamen para la aparición de las disquinesias inducidas por L-DOPA. Estos resultados han sido replicados en otros laboratorios y, además, abrieron nuevas líneas de investigación básica y ampliaron el abanico de terapias alternativas.  Este artículo que publicamos en el 2006, tuvo y sigue teniendo un gran impacto en el campo en nuestra área de investigación.

¡Muchas gracias, Rosario!

Roser Bastida Barau