No hace mucho nos planteaban en unas Jornadas de Humanidades Digitales en Santiago de Compostela excelentemente coordinadas por José Antonio Berenguer (CSIC): ¿es necesario formarse en HD para ser un buen “humanista digital”?

Las respuestas pueden ser múltiples, y también, sin duda, pueden dar lugar a múltiples reflexiones, perspectivas y nuevas preguntas. Aunque, ciertamente, quien lea estas líneas y vea la bio de este blog ya podrá esperar una respuesta, no lo planteamos como un ejercicio retórico y puede ser oportuno reflexionar y argumentar en torno a ello.

Un poco de historia

El relato establecido de las Humanidades Digitales nos cuenta que el padre fundador fue el jesuita Roberto Busa, quien, al redactar su tesis sobre La terminologia tomistica dell’interiorità, percibió la necesidad de elaborar un vocabulario completo de la obra de Santo Tomás. Tras la tesis se puso a ello, pero cuando alcanzó las 10.000 fichas elaboradas a mano, entendió que debía mecanizar su trabajo, y así fue como acabó por acudir en 1949 a la sede de IBM en Nueva York. Tras reunirse con su presidente consiguió las computadoras que le hacían falta para realizar su proyecto en Gallerate, en Lombardía. Treinta años después, en 1980, tras comenzar con tarjetas perforadas y pasar luego a cintas magnéticas, nació el Index Thomisticus cuyos once millones de registros léxicos pueden hoy consultarse en la red.[1]

Timeline de la evolución de la web creado por un grupo de amigos de Google Chrome.

Desde los años 80 una serie de logros en las tecnologías de la información y la comunicación (la propagación de los ordenadores personales, los comienzos militares y académicos de las redes, las listas de distribución de correo) llevarían a muchos científicos, incluidos humanistas, a interesarse por ellas para aplicarlas en sus tareas y objetos de estudio. A mediados de los años 80 se expande Internet en Europa, y a finales de los 80 e inicios de los 90, el belga Robert Caillou y el inglés Tim Berners Lee estaban ya trabajando en el CERN de Suiza en los protocolos de transferencia de hipertexto (HTTP) y se habría de gestar la World Wide Web…[2] En 1985 comenzaba Gregory Crane a planificar la Perseus Digital Library; en 1992 se publica su primera versión y en 1995 su sitio web, donde se publica la versión íntegra de la biblioteca en 2005 (en 2006 en el lenguaje XML TEI). En ámbito hispánico, a finales de los años 80 nace el proyecto ADMYTE, centrado en textos medievales, por iniciativa de Francisco Marcos Marín con otros profesores de Madrid y California; publicado en CD-ROM en 1992, es la primera colección informatizada a nivel mundial de textos combinados con imágenes de diversos testimonios. Los hispanistas J. T. Abraham y V. Williamsen compartían sus textos de teatro del Siglo de Oro procesados en Wordperfect a través de las listas de correo en Internet y, en cuanto entró en funcionamiento la web, quisieron publicarlos en abierto para todos convirtiéndolos en HTML. Su experiencia fue vital para la inminente Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes, creada en 1999, que, cargada de buenas intenciones y con el interés de poner en línea los mejores textos posibles, se vio no obstante envuelta en alguna polémica por problemas de derecho de autor de las ediciones que publicaba. En estos inicios vamos viendo cómo los proyectos nacen en unos formatos, muchas veces con programas o productos comerciales, para acabar migrando a lenguajes, medios y presentaciones de acceso libre.

Bautismo, autoconciencia y unión: «A companion to Digital Humanities»

Portada de A Companion to Digital Humanities (2004). Hoy consultable en la red.

A finales de 2001 los coordinadores, autores y el equipo de la editorial Blackwell discutían un título para el libro que preparaban: Siemens propuso “Humanities Computing”, por entonces denominación preponderante para el campo; el equipo de marketing de la editorial, “Digitized Humanities”; John Unsworth intervino entonces proponiendo en cambio “Digital Humanities”, para dejar claro que no se trataba solo de digitalizar (digitize en inglés se asocia primordialmente a procesos de escaneado, “reproducción” digital).[3] A Companion to Digital Humanities apareció en 2004 y, empezando por la propia historia del ámbito, incluía artículos de Arqueología, Historia del Arte, Filología Clásica, Historia, Lexicografía, Lingüística, Estudios Literarios, Música, Artes escénicas, Filosofía y Religión… Desde la perspectiva tecnológica ofrecía artículos sobre bases de datos, lenguajes de marcación de textos, modelado de datos, Estadística y estilometría, edición electrónica, medios digitales, creación electrónica, robótica, diseño de proyectos, digitalización de imágenes y objetos tridimensionales (entonces poco menos que ciencia ficción), bibliotecas digitales, preservación (con los problemas de obsolescencia de hardware y software, migración de datos, seguridad, etc.).

La denominación empezó a ganar adeptos y decayeron otras (como “Humanities Computing” o “Informática Humanística”).[4] Y así unas asociaciones en origen más especializadas (“Literary and Linguistic Computing”, por ejemplo) se reconvirtieron para acoger de manera más inclusiva a humanistas en general, y se agruparon en la “Alliance of Digital Humanities Organizations” en 2005. Cada vez es más clara la adquisición de la conciencia cierta de retos, procedimientos y principios comunes…

El «Manifeste des Digital Humanities»

Proliferan en los 2000, en diversos países y ámbitos lingüísticos y culturales del mundo no solo las asociaciones de Humanidades Digitales, sino también centros, laboratorios y más monografías y libros colectivos, incluso nuevos companions, debates o revisiones sobre el tema, cursos, másteres y escuelas de verano, como los THATCamp.

Los THATCamp (The Humanities And Techonologies Camp) se autodefinen jocosamente como “no-congresos”, encuentros abiertos, baratos, antijerárquicos, donde tecnólogos y humanistas colaboran en torno a los temas que ellos mismos establecen. Surgidos en 2008 en Estados Unidos y celebrados de manera abrumadoramente mayoritaria allí, en el de París de 2010 llegó otro de los grandes hitos de las Humanidades Digitales. Los asistentes decidieron proclamar el Manifeste des Digital Humanities, con esa mezcla de francés e inglés en el propio título, con esa mezcla de espíritu americano informal del encuentro y francés en la emanación del propio documento (Pierre Mounier bromeaba en el prólogo sobre la costumbre “tan francesa” de los manifiestos).

El manifiesto se tradujo a numerosas lenguas, y se puede consultar en edición abierta en castellano en isuu.com.

La verdad es que el Manifeste des Digital Humanities es tan sólido como breve, un punto utópico, y ofrece muchas claves sobre qué son y pretenden las Humanidades Digitales. En la parte centrada en la definición, aclara que “Les digital humanities désignent une transdiscipline, porteuse des méthodes, des dispositifs et des perspectives heuristiques liés au numérique dans le domaine des Sciences humaines et sociales”. Transdisciplina que abarca, además de las Humanas, las Ciencias Sociales (no en vano se publicó en el Journal des anthropologues). En la parte de declaración proclaman: “nous nous constituons en communauté de pratique solidaire, ouverte, accueillante et libre d’accès”; comunidad internacional, multilingüe y multidisciplinar, que aspira a “l’enrichissement du savoir et du patrimoine collectif, au-delà de la seule sphère académique”, apelando a “l’accès libre aux données et aux métadonnées. Celles-ci doivent être documentées et interopérables, autant techniquement que conceptuellement”, a la “diffusion, à la circulation et au libre enrichissement des méthodes, du code, des formats et des résultats de la recherche”. Posiblemente a alguien se le dibuje una sonrisa escéptica al leer estos bellos principios. Sin embargo, es, a estas alturas, de manera muy preponderante, un hecho, una realidad: esta filosofía del libre acceso, los códigos libres, los datos y resultados de investigación libres y compartidos, es la que se ha impuesto e impregna, hoy en día, la mayoría de los proyectos de Humanidades Digitales e incluso las políticas institucionales de promoción de la investigación. A veces ganan los buenos. Aunque tal vez tampoco debamos pecar de ingenuo optimismo, admitiendo que hay otras visiones más críticas, y entender que hay que seguir siendo combativos y estar vigilantes respecto a nuestros logros y nuestro papel en el nuevo contexto digital…[5]

Las Humanidades Digitales, una vasta y compleja variedad de competencias

Como vemos, las Humanidades Digitales tienen ya su Historia. Una historia compartida entre tecnólogos, creadores o estudiosos en los ámbitos de las Artes y las Humanidades, hitos de la tecnología y de la Ciencia. Una historia con procesos de unión, autoconciencia, autorreflexión y también, aunque ahora no tengamos tiempo de detenernos, autocrítica y visiones alternativas antihegemónicas, o directamente críticas. Una historia plagada de retos y de logros, pero también con errores o incluso sus lados oscuros. El Humanismo Digital ha acumulado ya la suficiente experiencia como para poder hablar de una sedimentación y una maduración. A través de la experiencia, superados y compartidos errores y éxitos, se han establecido protocolos y principios orientados a una efectiva interoperabilidad, reutilización y preservación tanto de los datos como de los códigos, todo ello bajo una filosofía de ciencia abierta, también considerada como tal desde los puntos de vista de la inclusividad y la accesibilidad.

Se discute a propósito de si estos cambios han implicado una verdadera revolución científica profunda (“cambio de paradigma”) o solo se trata de realizar la vieja investigación con nuevas herramientas. Falsa disyuntiva: aunque “solo” fuera eso, realizar investigación con nuevas herramientas, también implicaría ya una revolución. Es la revolución digital que supera ampliamente, pero afecta también, como a otros muchos ámbitos, a las Ciencias Humanas y Sociales, a las Artes, a nuestro Patrimonio y al modo en que lo preservamos, estudiamos y divulgamos. Y en términos de conocimientos, competencias y habilidades, las implicaciones para el desarrollo de nuestra profesión en este nuevo contexto son enormes, por lo que parece ineludible plantearse una formación específica.

La #FormaciónEnHD: una oportunidad interdisciplinar, una obligación ineludible

Digitalización 3D de la estatua de Asclepio, procedente de Ampurias. En la imagen, el prof. de nuestro máster, Igor Bogdánovich.

Podemos observar lo digital como un punto de encuentro, una oportunidad real de interdisciplinariedad, de enriquecimiento al conocer objetos de estudio, métodos y resultados ajenos. Así, la digitalización 3D puede interesar no solo al historiador del arte, al arqueólogo sino también al paleontólogo. XML no solo al filólogo (y entre estos al clasicista, al hispanista, al romanista, al anglista y al lingüista o al editor, por igual), sino también al musicólogo o al bibliotecario y documentalista. Las bases de datos, timelines, georreferenciación, redes de sociabilidad, R, a todos. Podríamos decir que la tecnología, en tanto que necesidades compartidas, se puede convertir en ese siempre deseable punto de encuentro de las distintas disciplinas humanísticas. No solo eso, inversamente, los objetos culturales pueden constituir retos también para los ingenieros, que desarrollan sus tecnologías con nuestros mismos objetos de estudio.

Por eso es por lo que esta unión, este punto de encuentro y esta formación interdisciplinar, resulta no solo conveniente, sino diríamos necesaria.

Codificación XML TEI para una edición crítica en línea de ocho versos de La dama boba, de Lope de Vega.

Un humanista puede emprender un proyecto de edición digital o de bases de datos y, o bien por propias habilidades, o bien por colaborar con un buen ingeniero, alcanzar un resultado óptimo desde un punto de vista humanístico, así como desde un punto de vista de la ingeniería informática. Con todo, ese proyecto podría no ser óptimo desde un punto de vista del Humanismo Digital. La experiencia nos ha enseñado la atención prioritaria que requiere la interoperabilidad, el uso de códigos abiertos, la reutilización y la preservación de los datos y los proyectos. Y, en esos términos, si en una base de datos no se aplica el protocolo OAI PMH, que para un tecnólogo no es imprescindible, en HD se puede estar cometiendo un error crucial, estratégico. Un excelente humanista, y especialmente un excelente ingeniero, tampoco tienen por qué saber, ni de lejos, qué es TEI, pero hoy en día es imprescindible saberlo para quien quiera acometer un proyecto de edición digital (aunque luego existan otros caminos) y que en su Header debe cuidar especialmente los metadatos. Son solo un par de ejemplos ilustrativos de la necesidad de una formación específica en Humanidades Digitales.

Más: en la creación de bases de datos, repositorios, ediciones de carácter humanístico, podemos estar utilizando e incluir en nuestro proyecto imágenes, archivos sonoros, textuales, de muy diversa procedencia. ¿Tenemos derecho de uso y difusión? Uno de los grandes cambios que implican las Humanidades Digitales es el aprovechamiento de las potencialidades del medio; no solo investigamos y producimos ciencia del más alto rango; además, difundimos en la web los resultados. Por ser nuestro objeto el que es, nuestro patrimonio cultural, difundimos Ciencia y difundimos Cultura. Ciencia y Cultura Abiertas. Pero ¿podríamos estar conculcando derechos de propiedad intelectual, artística, a la imagen o el honor de terceros? ¿Y cómo permitiremos la reutilización y difusión de nuestros propios productos? Estamos hablando de responsabilidades jurídicas: eso requiere conciencia, conocimiento y formación.

Por estas razones, la formación específica en Humanidades Digitales es necesaria, diría imprescindible.

¿Se puede proponer y realizar hoy un proyecto prescindiendo de los beneficios que le puede aportar las TIC? Alguno tal vez sí, pero si el uso de las TIC puede proporcionar beneficios irrefutables, mayor amortización del esfuerzo y repercusión social, habría que empezar a considerar que lo digital no es solo un mérito, sino un requisito; no una opción, sino una obligación.

Y por eso, formarse en Humanidades Digitales más que conveniente es necesario; más que necesario, imprescindible, y, más que imprescindible, perentorio.

Acto de fundación de la Xarxa d’Humanitats Digitals de la UAB en mayo de 2016.

Cuando se fundó la Xarxa d’Humanitats Digitals de la UAB, que es la que ha creado este blog, incluimos en nuestro documento fundacional el deseo de integrarlas en los distintos niveles de estudio. Dentro de los logros de la XHD está el Massive Online Open Course de Humanidades Digitales, en la filosofía de ciencia y formación abierta. Ahora hemos propuesto, con el apoyo de la Universitat Pompeu Fabra, un Máster Oficial Interuniversitario en Humanidades y Patrimonio Digitales. Lo hemos hecho sobre la base de las profundas convicciones que, en este post, con el que se inaugura este blog, se exponen. No es muy distinto de lo que apreciaban hace ya diez años en el Manifeste des Digital Humanities:

  1. Nous appelons à l’intégration de formations aux digital humanities au sein des cursus en Sciences humaines et sociales, en Arts et en Lettres. Nous souhaitons également la création de diplômes spécifiques aux digital humanities et le développement de formations professionnelles dédiées. Enfin, nous souhaitons que ces compétences soient prises en compte dans les recrutements et les évolutions de carrière.

Vamos por buen camino y tenemos un horizonte de altas expectativas. Los retos de las Humanidades Digitales en sus diferentes aspectos -científicos, humanísticos, tecnológicos, culturales, sociales- nos esperan. ¿Estamos preparados?

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[Notas]

[1] Puede consultarse, del propio Roberto BUSA, “The Annals of Humanities Computing: The Index Thomisticus”, Computers and the Humanities, Oct., 1980, Vol. 14, No. 2 (Oct., 1980), pp. 83-90, pero también, luchando contra la mitificación del primer episodio de esta “narrativa establecida de las Humanidades Digitales”, tópica y hegemónica, puede verse el recentísimo artículo de Arun Jacob, cuya indicación agradecemos a Domenico Fiormonte (también fundamental el libro del que este es coautor y que se cita en la nota siguiente).

[2] A los frikis de la tecnología les puede apasionar este precioso timeline de la evolución de la web creado por un grupo de amigos de Google Chrome; o, con atención también a desarrollo de hardware, la serie de ficción de tv Halt and Catch Fire; desde un punto de vista académico y científico, puede verse la primera parte de A Companion to Digital Humanities, así como M. Dalbello (“A genealogy of Digital Humanities”, 2011) y una revisión crítica en la primera parte de L’umanista digitale, de T. Numerico, D. Fiormonte y F. Tomasi (il Mulino, Bolonia, 2010) un libro traducido y actualizado en inglés (The Digital Humanist, Puctum Books, Brooklyn, 2015, gratuito en línea, en la wiki monoskop.org), y a la espera de ser traducido y actualizado en España. ¡Voluntarios, un paso al frente!

[3] La anécdota fue relatada por Mathew Kirschenbaum en su capítulo para Debates in Digital Humanities (2012). Según otros relatos, la denominación pudo ser algo anterior, finales de los 90 e inicios de 2000, aunque John Unsworth, con colegas suyos de la Universidad de Virginia (Johanna Drucker y Jerome Mc Gann), seguía estando en el origen. La preferencia por “Digital Humanities” frente a “Humanities Computing” se debería al deseo de eliminar cualquier intención de supeditación de la informática a las Humanidades: evitar la impresión de utilizar una “informática de servicios”; el reto debía ser común, compartido, por tecnólogos y humanistas.

[4] En las jornadas de Santiago antes mencionadas J. A. Berenguer (CSIC) propuso un ejercicio interesante: comparar en NgramViewer de Google la evolución de ambas expresiones (recuérdese que es relevante el uso o no de mayúsculas).

[5] Pueden verse, por citar solo algunos ejemplos, los volúmenes y el proyecto de Debates in Digital Humanities, con contribuciones de Alan Liu (2011), Rockwell (2011) en Defining digital Humanities, Isabel Galina y Ernesto Priani (2011), Domenico Fiormonte (2012), Paul Spence (2014), etc. Para redactar este post han sido de mucho apoyo reflexiones planteadas en un debate que lanzamos en Twitter partiendo de una pregunta algo provocadora: «A debate: ¿Es hoy necesaria #FormaciónEnHD para ser un buen humanista?🤔” Tuvimos la fortuna de contar con aportaciones de varias relevantes figuras. Queremos dar las gracias por enriquecer el debate con sus puntos de vista especialmente a Núria Bel (@BelNuria), Domenico Fiormonte (@fiormont), Íngrid Gómez Rodríguez  (@IngridGomezrod) Pedro Nilsson-Fernández (@PFDorado), Ricardo M. Pimenta (@RicardoMPimenta), Ernesto Priani (@epriani), Daniel Riaño (@danielrruf) Nuria Rodríguez Ortega (@airun72), Antonio Rojas Castro (@RojasCastroA), Dolores Romero López (@DoloresRomero_).