La perspectiva de género como simple cláusula de estilo. El ejemplo del Decreto vasco sobre habitabilidad de las viviendas.

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(Fuente:aquí).

         1.-La discusión –con “perspectiva de género”- del borrador del Decreto de condiciones mínimas de habitabilidad de las viviendas del País Vasco dio lugar a un cierto debate público regido principalmente por el chascarrillo fácil y las bromas sobre las peculiaridades sociológicas de esta Comunidad Autónoma. Hoy mismo se ha publicado ya el Decreto 80/2022, de 28 de junio, de regulación de las condiciones mínimas de habitabilidad y normas de diseño de las viviendas y alojamientos dotacionales en la Comunidad Autónoma del País Vasco.

            Existía, por tanto, cierta expectación y había habido ya algunos estudios que avalaban la relevancia de dicha perspectiva en las nuevas viviendas (véanse, por ejemplo, algunos de los artículos incluidos en el número 22 de Qüestions d’Habitatge:”Flexibilidad e igualdad de género en la vivienda”, 2019)

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            2.- La exposición de motivos se refiere a la cuestión nada menos que en tres ocasiones:

            -“ Además, resulta indispensable en la sociedad en la que vivimos que la habitabilidad contemple también cuestiones relacionadas con la accesibilidad universal y la perspectiva de género.”

            -“ Asimismo, se persigue mediante la aprobación de esta norma la incorporación efectiva de la perspectiva de género en el diseño de las nuevas viviendas en la Comunidad Autónoma del País Vasco, a fin de que todas las personas que vayan a habitar en las mismas lo hagan en condicio­nes de igualdad en relación con los espacios que las componen y las actividades que desarrollan.”

            -“ Por último, se debe señalar que la formulación y tramitación de este Decreto se ha sujetado a lo señalado en los artículos 19 a 21 de la Ley 4/2005, de 18 de febrero, para la Igualdad de Mujeres y Hombres, así como a las directrices para la realización de la evaluación previa del impacto en fun­ción del género y la incorporación de medidas para eliminar desigualdades y promover la igualdad de mujeres y hombres aprobadas por Acuerdo del Consejo de Gobierno de 21 de agosto de 2012.”

            Sin embargo, lo cierto es que todas esas menciones son simplemente una claúsula de estilo, de forma similar a lo que ya ocurre con las mismas o similares palabras en el texto refundido de la Ley del Suelo estatal. Veámoslo con más calma.

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            3.-El Decreto que comentamos es una muestra perfecta de la neutralidad de la normativa arquitectónica en estos temas. Como no podía ser de otra manera, predomina la visión higiénica y funcional antes que cualquier otra consideración. El Decreto es inevitablemente reglamentista en la medida en que estas normas lo son casi por naturaleza. Esto disgustará quizás a algunos usuarios, pero la mejora generalizada de las condiciones de habitabilidad (dimensiones, ventilación e iluminación)  es una regla asumida por la legislación en las ciudades occidentales en los últimos ciento cincuenta años.

            La discutida querella de las cocinas (que absurdamente se había conectado a unas esencias de género) se resuelve al final de un modo tradicional, con una asignación mínima de 7 m2 (se prevén 13 m2 para el salón comedor). La famosa polémica sobre su ampliación tiene poco que ver con roles de género y, más bien, con la instalación del equipo mínimo e imperativo para cocinas  y con la solución –que también impone el Decreto- para las necesidades de almacenamiento.

            Es cierto que hay una llamada genérica a la versatilidad y a la flexibilidad (regla 6 de las condiciones espaciales). Se trata de un viejo tema (recuerdo los famosos dibujos de Coderch al respecto), que está más vinculado con el envejecimiento, la soledad  y los nidos vacíos que con cuestiones de género. Por lo que veo, en fin, no se consagra el carácter obligatorio de la visibilidad de la cocina desde el comedor. Esta parece ser una preferencia del mercado que algunos estudiosos del género habían avalado (para que se viera quién está efectivamente en la cocina). Sin embargo, lo cierto es que la regla ordinaria parece ser la previsión de una puerta de acceso a la cocina (número 2 del apartado I.-B.3).- En este sentido, el Decreto se muestra conservador (y puede haber buenas razones de ahorro energético en esa dirección, aunque la cocina quede cerrada y no se vea quién la sufre).

            Por último, en fin, menudean las cargantes expresiones del tipo “las personas usuarias” y, dentro de la línea pedante, se llama  a la cocina “espacio para cocinar”. Bueno, se le llama de las dos maneras, para evitar equívocos. El mismo jueguecito se sigue con los sintagmas “espacio para ciclo de ropa/lavadero»; “espacio para tender/tendedero»; “espacios de habitación /habitaciones», “espacios para aseo/aseo»…Peor suerte tuvo el almacén, que es sustituido in totum por “espacios de almacenamiento”·.

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