Pereza, propensiones y acompañamiento de la semilla.

         François Jullien es un interesantísimo pensador que ha profundizado en el pensamiento y la cultura china con el objetivo más o menos declarado de comprender mejor los planteamientos occidentales. El siguiente texto es un fragmento de una larga conferencia publicada por Katz Editores (2006) y traducida por Hilda García (pp.51-52).

         En los siguientes párrafos, el autor comenta una anécdota extraída de Mencio, que es un gran texto de la tradición llamada confuciana, del siglo IV antes de nuestra era (la negrita es nuestra):

         “Mencio relata la siguiente historia. Al llegar a su casa al anochecer, un campesino les dice a sus hijos. “hoy he trabajado mucho, estiré los brotes de mi campo”. Estirar los brotes de un campo entero, uno tras otro, tallo por tallo, es, evidentemente, agotador. Cuando los niños van a ver el campo, se encuentran con que todo está seco. Éste es el ejemplo de lo que no hay que hacer, nos dice Mencio. El hombre quiere que las plantas afloren y tira de los brotes. Quiere llegar más rápido al efecto, en función del objetivo fijado, y al hacerlo arruina el efecto, porque lo ha forzado. Quiero que las plantas afloren y estiro los brotes. Con la intención de acelerar el brote, actúo directamente sobre él y voy en contra del proceso que está en marcha: he contrarrestado, he impedido la posibilidad de que el efecto suceda sponte sua, puesto que, obviamente, el desarrollo del brote estaba implicado en la situación: estaba en el grano que se encontraba en la tierra. En lugar de pretender intervenir y fatigarme, sólo bastaba explotar el potencial: dejar madurar.

         Entonces, hay que evitar dos escollos, nos dice Mencio. O bien estiro el tallo para obtener “directamente” el brote y por mi intervención no respeto el proceso espontáneo del crecimiento, es decir que no dejo madurar el efecto, o bien  me quedo en el borde del campo mirando crecer las plantas: espero que broten. Ahora bien, ¿qué hay que hacer? Respondo: lo que cualquier campesino sabe: ni estirar los brotes, ni mirarlos crecer; sino dejar que las cosas sucedan (el proceso) sin por ello descuidarlas. Mencio dice: se debe preparar la tierra, escardar alrededor del brote; cuando se trabaja la tierra, cuando se la airea, se favorece el brote. Hay que cuidarse tanto de la impaciencia como de la inercia. Ni voluntarismo, ni pasividad: cuando se secunda el proceso del crecimiento, se saca provecho de las propensiones de la obra y se las lleva a su plenitud.”

(Fuente:aquí).

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