Sábados exclusivos. Mejor el juglar que el charlatán

Detalle del Tapiz de Bayeux, del siglo XI
(Fuente: aquí. Detalle del tapiz de Bayeux, del siglo XI).

                En buena hora escritas, estas sabatinas letras, visitaron de Cataluña el condado y en tierras del Rey Jaime aún acosaron de Valencia el Reyno y a sus maestros de obras liosos. Los destrozos contemplaron y grandes calamidades. En tierras riojanas, un vaso de bon vino del mismísimo Gonzalo de Berceo recibieron.

            Aún tuvieron tiempo de defender a los vagos y con la estudiantina gozaron gran camaradería. En buena lid, al monstruo vallesano derrotaron. Contra el hampa lucharon, defendiendo a padres e hijos de marrulleros parlanchines. Las funestas  leyes tomaron a chacota. Y fizieron un día inventario de todos los males.

            En versos castellanos y lemosinos buscaron la belleza del desdoblamiento, duplicadas peñas en el mar hirviente de la lengua viva. Y en ese camino, mientras se despiden hasta el 29 de agosto y esperan acuarteladas el momento de futuras gestas, honran el Cantar del Mio Cid, que en  el destierro del Campeador escrita dejó una feliz figura –viene su fuerza de su singularidad no reiterada- y cuya belleza jamás gozarán los “inclusivistas” malandrines:

            “Mio Çid Roy Díaz por Burgos entróve,

            En sue compaña sessaenta pendones;

            exien lo ver mugieres e varones,

            burgeses e burgesas por las finiestras sone,

            plorando de los ojos, tanto avien el dolore.

            De las sus bocas todos dizían una razóne:

            “Dios, qué buen vassallo, si oviesse buen señore!””

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