Sábados exclusivos. La viga mal puesta de los aparejadores valencianos.

(Fuente: aquí).

               1.-Transcurrida la ya anunciada pausa, vuelven los sábados exclusivos con renovados bríos. Perdonen la gastada introducción, pero es que no puedo perder más tiempo en prolegómenos cuando veo la perla que hoy tenemos ante nosotros. Nada menos que el “Decreto 87/2022, de 1 de julio, del Consell, de cambio de denominación del Colegio Oficial de Aparejadores, Arquitectos Técnicos e Ingenieros de la Edificación de Valencia, por la de Colegio Oficial de Aparejadores y Aparejadoras, Arquitectos Técnicos y Arquitectas Técnicas de Valencia.” (DOGV de 12 de julio, donde puede consultarse la edición valenciana).

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         2.-El Decreto es un compendio de las características de eso que llaman impropiamente “lenguaje inclusivo”. Vayamos al grano:

   a) Imposición arbitraria desde arriba. En efecto –según el Preámbulo- nuestros amigos aparejadores presentaron el 30 de diciembre de 2020 la solicitud para modificar los estatutos de su corporación profesional. El 25 de marzo de 2021 la Subdirección General de Entidades Jurídicas y Recursos Materiales de Justicia formuló reparos y solicitó que se subsanaran las deficiencias. En noviembre de 2021 “el Colegio presentó documentación complementaria, que incluía el cambio de denominación del Colegio y subsanaba los reparos formulados”. El 9 de febrero de 202, el Colegio “presentó el certificado del secretario, con el visto bueno del presidente, en el que se indicaba que la Asamblea General Ordinaria del colegio, celebrada el 14 de diciembre de 2021, aceptaba el cambio de denominación del Colegio”.

   b) Vulneración de reglas lingüísticas elementales y sustitución  por otras sacadas de la chistera. Es verdad que el preámbulo no llega a afirmar que el sintagma “Colegio Oficial de Aparejadores…” no incluye a las mujeres que ejercen la profesión (eso sería falso). Ahora bien, se inventa la “regla de la visibilidad”. En efecto, se nos dice que el cambio “pretende visibilizar una nueva realidad como es el avance significativo hacia la igualdad de género en la profesión”. Y nos da, al respecto, dos argumentos:

                   -En las dos últimas décadas la presencia de la mujer en la arquitectura técnica se ha incrementado en el ámbito universitario, hasta alcanzar el 45% de los estudiantes de arquitectura técnica.

                   -El porcentaje de mujeres que ocupa puestos en los órganos de gobierno de los distintos colegios profesionales alcanza cifras próximas al 30% de los cargos representativos.

         De entrada, podemos estar tranquilos ya que, con respecto al pasado, parece que el uso del masculino para el género no distinguido no ha impedido el avance de las mujeres. Es decir, no era tan horrible. Pero, en segundo lugar, hemos de discutir el carácter caprichoso de las reglas: ¿se ha de desdoblar a partir del 45% de estudiantes? ¿Y por qué no a partir del 51%? O, mejor aún –si se trata de “dar visibilidad”, ¿Por qué no hacerlo a partir –por ejemplo- del 5%, precisamente para reforzar a  las pioneras? Toda esta idea artificial de la visibilidad es un capricho ideológico que los hablantes no tienen por qué tragarse (y menos aún la Administración Pública). Y, si se acepta, al menos que se propongan salidas con más gracia y no la cargante duplicación.

   c) Fealdad e incorrección. La denominación elegida está mal construida. Veámosla con calma:

         “Colegio Oficial de Aparejadores y Aparejadoras, Arquitectos técnicos y Arquitectas Técnicas de Valencia”

         Si no hubieran desdoblado, la correspondencia –siguiendo su redacción- sería esta:

         “Colegio Oficial de Aparejadores, Arquitectos Técnicos”

         En efecto, falta la “y” como enlace, pero el Consell y el Colegio la olvidaron, quizá porque el resultado inevitable sería éste:

         “Colegio Oficial de Aparejadores y Aparejadoras y Arquitectos Técnicos y Arquitectos Técnicas”.

         Ciertamente, una losa (incluso para un aparejador o para una aparejadora). Afortunadamente, los ingenieros agrupados colegialmente corrigieron una catástrofe mayor y, expulsando previa sentencia judicial su sagrada alusión, impidieron que la denominación final hubiera sido ésta (tal como la querían redactar):

         “Colegio Oficial de Aparejadores y Aparejadoras, Arquitectos Técnicos y Arquitectas Técnicas, Ingenieros de la Edificación e Ingenieras de la Edificación”.

   d) Mentira y puro postureo. Ya el mismo Decreto no se toma muy en serio lo que promulga y, en el mismo preámbulo, se refiere a “los estudiantes de arquitectura técnica”, sin necesidad de desdoblar con “los estudiantes y las estudiantes”. Por otra parte en la web del colegio oficial se sigue hablando de “Colegio Oficial de Aparejadores, Arquitectos Técnicos e Ingenieros de Edificación de Valencia”. Ya se sabe que las cosas de palacio van despacio (aunque aviso que esto va a molestar mucho a los señores y señoras ingenieros). Pero, a lo largo de toda la web, el Colegio que admitió (no sé si a regañadientes) aquel cambio de denominación hace más de medio año sigue hablando –como es lógico- de ciudadanos, colegiados, constructor, arquitecto técnico, consumidor, propietario, usuario…Toman el mando una elemental economía del lenguaje y el respeto a las reglas que se han ido configurando por los hablantes. Atención: esto no quiere decir que en el futuro no se produzcan transformaciones naturales al margen del BOE, como suele ocurrir con profesiones hasta ahora muy marcadas (por ejemplo, las enfermeras o las azafatas que, curiosamente, están viviendo el proceso contrario).

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         3.-En definitiva, esperemos que nuestros estimados aparejadores y arquitectos técnicos de Valencia mantengan con la escuadra y el compás una habilidad mayor que la que mostraron con la lengua. Una profesión tan constructiva no merece esta gramática destruida.

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