Diarios dispersos. Energía juvenil.

Hibernia

(Fuente: aquí)

        1.-La profesora Roser Martínez me invitó ayer a una sesión sobre “descarbonización” y transición ecológica organizada por la Cátedra Manuel Ballbé principalmente para los alumnos de Administración de Empresas y Derecho. Por razones de agenda, no pude escuchar la intervención del compañero Carlos Padrós sobre los papeles del mercado y de la regulación administrativa en este campo (aunque deduzco que fue interesante, teniendo en cuenta las preguntas y comentarios que suscitó entre los asistentes). Sin embargo, aún tuve tiempo de oir la conferencia de Santiago Martínez, de la empresa Iberdrola, sobre el problema de la determinación de los precios de la energía. Dejando ahora de lado el problema de la estabilidad regulatoria, me sorprendió la permanencia de la misma piedra de siempre: es más rápida la construcción de ciertas infraestructuras que el tiempo dedicado a tramitar y esperar la autorización administrativa.

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        2.-Por mi parte, me limité a plantear la cuestión del azar, tanto en su vertiente filosófica como jurídica. El azar siempre estuvo ahí y siempre fue un problema para la religión (el inesperado designio divino) o para la ciencia (lo que aún no sabemos). Sin dejar de lado la posible desaparición ontológica del azar (preferí no seguir por aquí, porque por el camino ya temblaba herido de muerte el libre albedrío).

        Pero el azar es también una grave cuestión jurídica. Por ejemplo, en el campo de la contratación pública. No me refiero a la cuasi teológica fuerza mayor,  sino a los riesgos imprevisibles, que quieren volver a entrar por la puerta grande de la Historia. Recordé a los estudiantes la frase de O.W. Holmes: “Los abogados jóvenes conocen la regla; los abogados viejos se saben las excepciones”. Estarán obligados a vivir en un mundo de aleas caprichosos, argumentando y debatiendo las contradicciones de lo que no pudo jamás ni imaginarse.

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        3.-Lo mejor del acto fue sin duda el entusiasmo de los estudiantes, que abarrotaban la sala de vistas y que siguieron con exquisito silencio a los oradores y formularon luego diversas cuestiones (en realidad, no dio tiempo a responderlo todo). Algunos habían preparado comunicaciones y se atrevieron a resumirlas para todo el auditorio en tres o cuatro frases -unos magníficos elevator speeches!. Me sorprendió la sincera preocupación que mostraban ante temas como el consumo excesivo, el reciclaje, los experimentos de gestión alternativa de la energía, el conflicto entre mercado y Estado, etc. Un auténtico lujo universitario.

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