La solución definitiva para una ley políticamente correcta y sexualmente neutra

         1.-Sé que llevo algún tiempo pesadito con esto del lenguaje duplicativo. Quizá por aquello de que  lo único que pueden defender los pobres es la palabra (bueno, ahora me he dejado inspirar en exceso por los aires del primero de mayo). Hablando más en serio: el desdoblamiento por sexos se basa en una noción falsa y en una hipótesis discutible. La idea radicalmente errónea es que la fórmula tradicional del masculino genérico no incluye a las mujeres o a los elementos femeninos.

         Por otro lado, la hipótesis discutible radica en el concepto de visibilidad, propio de ciertas doctrinas con muchos puntos débiles. De hecho, nadie puede asegurar que la liquidación de la manera normal de hablar haya mejorado las condiciones sociales de ningún ciudadano. Es más, voces sensatas del movimiento feminista consideran que esta perspectiva –podríamos decir “foucaultiana”- es una auténtica pérdida de tiempo de cara a enfocar las auténticas discriminaciones.

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         2.-Si el expediente de multiplicar por dos (o por tres) cada sujeto rompe el principio de economía de la lengua, los emplastes socorridos para acompañarlo son grotescos. Aparecen así en el lenguaje escrito (yo no sé cómo lo pronuncian) barras, arrobas y guiones que se ponen por donde Dios quiere: “abogados/as”, “abogados-as”, etc. En el lenguaje oral meten, por ejemplo, “los y las estudiantes” y otras trapisondas de cuya rareza no quiero acordarme

         La fórmula para mí más cansina es el recurso a frías abstracciones. Compárese la alegría de “los alumnos” con el pesado “alumnado”. Y no he escrito “estudiantado”, porque su uso suele ser equivocado. Leía hace unos días una nota de los rectores españoles aludiéndolo para  huir del lenguaje duplicativo. Vamos a ver, supongo que no llamaban a la revolución, porque el sentido de esa palabra –como “proletariado” o “campesinado”-  se refiere a su situación como clase social o grupo con problemas económicos similares. Bastaba  indicar simplemente  los estudiantes y todo el mundo lo habría entendido.

         Afortunadamente, los hablantes son más listos y escapan constantemente a esa memez. Así, nos referimos a los bomberos (y eso incluye a las bomberas, evidentmente), a los contagiados y fallecidos por covid (¿alguien piensa seriamente que se quería “invisibilizar” a las mujeres afectadas?) o a los terroristas (y supongo que ello cubrirá, lamentablemente, a las féminas violentas). En realidad, los cruzados del lenguaje duplicativo olvidan a cada momento sus propias reglas, porque esto no hay quien lo sostenga (no suelen pasar de la salutación y de las frases de calentamiento). Por supuesto, ya aclaro que yo utilizo sin empacho el viejo “señoras y señores” al iniciar un discurso, aunque ya sé que uno tiene los años que tiene que y esto ya queda camp (pongan vintage los más jóvenes).

         Sin embargo, una cosa es el uso lingüístico general y otra las manías del legislador. Si el BOE fue siempre algo arcaico, ahora cualquier dueño de un diario normativo  se siente en la obligación de estar al día con esta tontería. Hay ejemplos ya famosos, como el de aquel reglamento universitario que decía que “el coordinador o la coordinadora d’unitat és el representant o la representant i el coordinador o la coordinadora de l’activitat de la unitat” (no hace falta que lo traduzca y, además, sería agotador).

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         3.-Tenían que ser los Diarios de Arcadi Espada, donde se narran las grandes gestas de la humanidad, los que me pusieran sobre la pista de un descubrimiento capital. Se trata de la disposición adicional única del Real Decreto 298/2021, de 27 de abril, por el que se modifican diversas normas reglamentarias en materia de seguridad industrial. Es una norma  de una cierta complejidad (y un gran impacto económico, por cierto).

         Algún aguafiestas dirá que estamos ante una inaceptable manifestación de pereza normativa o que se trata a los lectores casi como analfabetos (parece afirmar, en efecto, que donde dije digo, digo también diega).  Pero esto sería desconocer la regla de oro que acaba de instaurar: redáctese toda la ley con normalidad y anótese en una disposición adicional única cualquier ocurrencia que a uno le venga en gana (hasta podrían entrar por aquí los famosos “hijes”).

         En fin, juzguen ustedes mismos y no me digan que no es una maravilla:

         Real Decreto 298/2021, de 27 de abril, por el que se modifican diversas normas reglamentarias en materia de seguridad industrial (BOE  de 28 de abril):

         […]

         “Disposición adicional única. Uso de lenguaje no sexista.

La referencias que en el texto de este real decreto se hacen a instalador, reparador, conservador, los trabajadores, los operarios cualificados, un técnico titulado universitario, el responsable técnico, los socios, operador de grúa, el médico, un profesional habilitado, el fabricante, el titular de la empresa o al representante legal, así como al interesado, deben entenderse hechas respectivamente a instalador o instaladora, reparador o reparadora, conservador o conservadora, las personas trabajadoras, las personas operarias cualificadas, un técnico o una técnica con titulación universitaria, el personal responsable técnico, las personas socias, operador u operadora de grúa, el médico o la médica, un o una profesional habilitada, la o el fabricante, la persona titular de la empresa, la o el representante legal de la empresa, así como la interesada o el interesado.”

Personas Diversas Positivas Haciendo Muecas A La Cámara

Fuente de foto: pexels.com/Matheus Bertelli.

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Acerca de Joan Amenós Álamo

Professor de Dret Administratiu
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