Funcionarias, no; esclavas, sí.

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         1.-El Colegio de Abogados de Barcelona (ahora llamado, de forma  imprecisa, “Colegio de la Abogacía”), emitió un comunicado de prensa hace unos días (el 6 de abril) mostrando su preocupación ante el ataque de una reciente sentencia a los períodos inhábiles para la presentación de escritos. Se trataba, en concreto, de la sentencia dictada por la Sección 4ª de la Audiencia Provincial de Zaragoza (287/2020, de 20 de noviembre), que disponía que “si la parte lo puede presentar telemáticamente [el escrito en cuestión] aunque sea en tiempo procesalmente inhábil, debe así presentarlo si quiere respetar el plazo sustantivo”. Es decir, el plazo sustantivo ya no va a verse alargado por el comodín de los días inhábiles procesalmente, ya que “no hay ahora dificultad material en la presentación de escritos en cualquier hora y día”.

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         2.-Habrá que ver, no obstante, cómo se va articulando jurisprudencialmente esa primera decisión. Sin embargo, me llamó  la atención en el comunicado el  juego freudiano y sorprendente con  el lenguaje duplicativo.

   El texto empieza de forma vibrante y políticamente correcta, ya que “se considera que los abogados y abogadas tienen derecho a la desconexión digital”. La cosa sigue más o menos en el mismo nivel, con  el pesado y habitual “los profesionales de la abogacía” y la horrenda –por abstracta e imprecisa- “ciudadanía”. Hasta aquí, pocas sorpresas, dentro del carácter farragoso e innecesario  de estas maneras de expresarse.

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         3.-La cosa se calienta un poco más adelante. El  texto, como hemos avanzado, reivindica los derechos de “los profesionales de la abogacía” y de “la ciudadanía” y considera que también deben respetarse los de “los funcionarios públicos”. Es curioso. Parece que, para el texto, sólo los hombres tienen derecho a ser funcionarios (lo cual es contrafactual, teniendo en cuenta que la Administración de Justicia es ya un ámbito mayoritariamente femenino). En la cargante fórmula con la que se inició el comunicado, lo lógico hubiera sido decir “funcionarios y funcionarias” (no creo que se hubieran atrevido con el aquí incorrecto y siempre soso “funcionariado”).

         En efecto, suele ocurrir que el lenguaje duplicativo pierde fuelle en los escritos a medida que avanzan las palabras (del mismo modo que se va desinflando en el lenguaje oral, más allá de la inicial presentación). Lo mismo le ocurre a éste cuando llega al final y se lanza a los cuatro vientos la  negativa a “que las actuales tecnologías nos hagan esclavos de plazos y notificaciones los 365 días del año, las 24 horas del día”. Sin duda, ha de escribirse “nos hagan esclavos y esclavas” (incluso tendría un efecto estético si se siguiera  hablando “de plazos y de notificaciones”). En caso contrario, pudiera ocurrir que el lector –honestamente- leyera que el Colegio de Abogados no quiere esclavos, pero nada ha dicho sobre las esclavas. Qué tontería, ¿verdad?. Evidentemente. Está claro que con “esclavos” también incluyo “esclavas” (y con abogados, pues las abogadas; y con ciudadanos, las ciudadanas; y con los estudiantes, las estudiantes…).

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(foto: pixabay).

Acerca de Joan Amenós Álamo

Professor de Dret Administratiu
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