«Coronavirus y animales. La relación humano-animal en la sociedad de la pandemia» (y II). “Cuando salimos, seguían ahí: los espacios naturales y las zonas verdes el día después».

[Se incluye aquí el guión de la conferencia ““Cuando salimos, seguían ahí: los espacios naturales y las zonas verdes tras la pandemia”, dentro del ciclo indicado en el encabezamiento; acompaño al final una bibliografía selecta sobre el régimen jurídico de los espacios naturales].

abandonado, barandilla, bosque

(Fuente: Snapwire.Pexels).

                1.-Es un honor para mí haber sido invitado a estas charlas del ICALP sobre la relación entre el ser humano y los animales tras la pandemia. Participo aquí con una humildad duplicada. En primer lugar, por la conciencia de que me hallo entre expertos de diversas disciplinas y países. Y, en segundo lugar, porque  mi visión será forzosamente sesgada, desde jun pequeño punto de eso que aún llamamos Occidente.

       Mis reflexiones arrancan justamente en aquella mañana esplendorosa de primavera en la que se permitió a los ciudadanos volver a la calle y a los parques. Ha sido una estación maravillosa en España, algo fría incluso, y con una lluvia abundante. No sé si me excedo, pero creo que fuimos muchos los que nos dimos cuenta de que cualquier andurrial con cuatro matorrales o aquellos bosques que se veían a lo lejos cubrían no sólo funciones ambientales sino también funciones psicológicas, una pacificación elemental. La ciudad necesita fragmentos de beatus ille.

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       2.-Dividiré esta charla en dos partes. En la primera expondré tres consideraciones generales inmediatas tras la pandemia y, en la segunda, tres meditaciones sobre la relación entre el Derecho y los espacios naturales.

       La primera idea  que deseo subrayar es la imprevisibilidad. La enfermedad nos mostró agriamente los límites de nuestra prospectiva. Una anécdota: el Foro Económico de Davos se desarrolló entre los días 21 y 24 de enero del 2020 y no dedicó ni una sesión al tema que, sólo un mes después, iba a alterar radicalmente todo lo que se había hablado. De hecho, como ya viene siendo habitual, Davos mostraba al mundo que las grandes corporaciones acogen en su seno al pensamiento políticamente correcto, con el arrebato frívolo de tener como estrella invitada a Greta Thurnberg.

       Esto último nos conecta con la segunda reflexión básica que deseo formular y que consiste en la reivindicación del método científico. Por supuesto que la ciencia no es el único camino para acercarse a un problema y que sabemos muy bien que muchos investigadores se encharcan en intereses económicos o se bloquean por prejuicios ideológicos. Ya apuntaba el filósofo español Ortega y Gasset que es conveniente que el científico sea un tipo asocial y obsesionado con sus descubrimientos. No es una vedette y sólo así le podremos apartar de los cantos de sirena que le asedian.  Y sólo así, además, será implacable contra las vaguedades apriorísticas, contra el conjuro mágico y contra los gerifaltes que señalan dogmas que no pueden negarse.

       Mi tercera y última valoración general postula un refuerzo del antropocentrismo. No voy a entrar en el dilema de si el hombre es Naturaleza o si es diferente de la Naturaleza. Tiene ya miles de años este combate entre monismo y dualismo. Baste decir que la Naturaleza nos alimenta y nos destruye a la vez, nos refuerza y nos hace frágiles.

       Precisamente, para no ser perros de paja en sus manos, nuestro cerebro –que también es natural, claro- propone un programa de conocimiento –la Ciencia- y también un proyecto de control y de humanísima compasión. En este proyecto entra el Derecho y, en concreto, un importante conjunto normativo destinado a la salvaguardia y protección de los espacios naturales.

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       3.-Desde el punto de vista jurídico, lo primero que hay que resaltar en nuestra relación con las grandes áreas  silvestres es una sensación de éxito. Un éxito, en primer lugar, imprevisto, porque la FAO y muchas otros organismos nos avisan de que el suelo boscoso ha crecido espectacularmente en los últimos años en los países occidentales (y también en otras regiones). El abandono de la agricultura y su mayor productividad por hectárea de terreno serían la causa principal. Habría que añadir, también, la política de reforestación (que China practica a lo grande) y la protección legal.

Por ejemplo, en España las zonas bajo alguna fórmula específica de custodia superan el 30% del territorio (y rebasaríamos la mitad si computásemos el mero suelo rural o no urbanizable de la legislación urbanística). La Red Natura 2000 impulsada por la Unión europea va avanzando (a trancas y barrancas, pero con éxitos constatables) y nos muestra dos ideas claras: relevancia de la motivación científica de las decisiones y cierta tendencia a la centralización en el momento de delimitar las superficies bajo conservación. Creo que esto último va a ser cada vez más inevitable, porque ya es posible una base de datos unificada y fiable sobre el territorio y porque nuestros primos –las aves migratorias, los lobos o los osos- no saben de fronteras.

       La segunda idea jurídica que deseo comentar es la cuestión del control. Como hemos dicho, la decisión política se va apuntalando en la pericia científica y ello, en principio, es muy positivo. Pero genera a veces excesos, como la práctica imposibilidad de desclasificar un conjunto ya protegido. Por eso y por otras razones necesitamos vigilar las resoluciones que se tomen imponiendo un triple cedazo de transparencia, audiencia a los afectados e intervención de los tribunales (a menudo, sobre el juez va a recaer la delicada operación de olfatear entre las diversas pericias aportadas, lo cual plantea al Derecho un reto de enormes dimensiones, como ya hace tiempo nos explicó el profesor ESTEVE PARDO).  Una manifestación de esta necesidad de mantener la   tradición del Estado de Derecho se observa, por ejemplo, en la polémica sobre las leyes singulares de declaración de espacios protegidos y su dificultosa o imposible impugnación judicial.

       Por último, una consideración jurídica lúgubre y elemental: la defensa de los grandes espacios naturales no es gratuita. El bloqueo del desarrollo económico que suele originar su solemne declaración legal no siempre casa con los derechos e intereses de los ya asentados en el terruño, aunque es cierto que se han establecido algunas soluciones a partir de la no indemnizabilidad de la limitación impuesta: beneficios fiscales, subvenciones a los propietarios y empresarios, fomento de modelos de desarrollo acordes con los valores custodiados, etc.

       Haré al respecto un poco de futurología imprecisa para acabar. Partamos de ese teletrabajo que tanto avanzó en estos días (habrá un reflujo, ciertamente, pero su expansión es evidente). Los espacios naturales que vamos protegiendo se enmarcan ya en un conjunto de medidas más globales que la Unión Europea ha denominado Green Infraestructure (y que abarca desde la calidad del aire y el agua hasta la polinización segura). Puede ser muy atractivo vivir en esas zonas, conectado con el mundo a través del wi-fi y rodeado por unos cuantos vecinos que salen por las tardes a pasear por la foresta.

       Ahora bien, esa impresionante “infraestructura verde” a pleno rendimiento no es una bendición del cielo (aunque también lo sea), sino que nace del esfuerzo jurídico y económico de la comunidad política. En cierto modo, nuestro imaginario y gozoso habitante de esas zonas disfruta en el entorno de su propiedad de una auténtica plusvalía, ya que juega a en su favor el aparato institucional de  salvaguardia de los espacios naturales ¿Bastará su compensación por la vía tributaria ordinaria o llegará el día en que deberá retribuir a la sociedad por la ventaja proteccionista que se le ha entregado, del mismo modo que el promotor de hoy ha de pagar por las posibilidades urbanizatorias que se le entregan? Resonará otra vez la respuesta que Ulpiano no supo desvelar al decirnos que el Derecho consiste, entre otras cosas, en dar a cada uno lo suyo, suum quique tribuere.

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BREVE BIBLIOGRAFÍA ESPAÑOLA SOBRE RÉGIMEN JURÍDICO DE LOS ESPACIOS NATURALES.

CRUZ-ALLI TURRILLAS, J.: La protección de la biodiversidad. Estudio jurídico para la salvaguarda de las especies naturales y sus ecosistemas, Dykinson, S.L., 2016. [Un trabajo fundamental para el examen de la noción de biodiversidad y sus diversas implicaciones en Derecho público: Derecho ambiental, espacios naturales protegidos y especies naturales, con una reflexión final sobre la salvaguardia de los ecosistemas polares.].

ESTEVE PARDO, J.: Técnica, riesgo y Derecho, Ariel.1999 [Un libro imprescindible para entender los retos y dilemas que ha supuesto el avance científico y tecnológico  en el funcionamiento del Derecho público].

LÓPEZ RAMÓN, F.: Conservar el patrimonio natural, Reus Editorial, 2019. [Un libro reciente que recoge sistemáticamente el conjunto de estudios que ha dedicado al tema nuestro primer especialista].

LORA-TAMAYO VALLVÉ, M.: The europeanisation of Planning Law. The European –Land use silent revolution, Aranzadi, 2017. [Un texto decisivo para entender qué ha significado el Derecho europeo para nuestro Derecho urbanístico, incluyendo –por supuesto- la Red Natura 2000 y la noción de Green Infraestructure].

PAREJA LOZANO, C.: Régimen del suelo no urbanizable, Marcial Pons, 1990. [Un libro ya clásico y fundamental para desbrozar la relación entre el Derecho urbanístico y la legislación específica de protección].

arboles, bosque, ferrocarril

(Fuente: Johannes Rapprich, Pexels).

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Acerca de Joan Amenós Álamo

Professor de Dret Administratiu
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