Notas para aclararse en el magma de las corrientes feministas (II).-El añejo sector reticente.

Violación de la mujer Sabine — Foto de Stock       1.-Se da por supuesto que los postulados elementales del feminismo son aceptados unánimemente, al menos en la órbita occidental. Sin embargo, la primera postura que  pondré sobre el tapete podría ser calificada como su impugnación frontal. Es un pensamiento que admite que la diferenciación sexual suele conllevar distintos papeles sociales, pero que no podemos hablar ni de “género” ni de discriminación. Existe, pues, una división de tareas y funciones, pero no ha sido injusta o perjudicial para las mujeres.

        La versión más extrema apunta a que la alcoba o, en general, el ámbito doméstico e íntimo corrigen el minoritario protagonismo colectivo de las féminas. En esta línea se argumenta que, a lo largo del tiempo, los hombres han asumido los trabajos más penosos (con el paradigma de su participación en las actividades militares y defensivas). Por tanto, lo que simplemente ocurre es que se distribuyen derechos y cargas a partir del dato biológico.

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        2.-Una aguda derivación de la posición que estamos comentando enfoca ejemplos más o menos reales como el de cierta imagen de la sociedad vasca tradicional, con su fuerte aroma a matriarcado. Los hombres se volcaban en el duro oficio de la mar, con largas ausencias y altísimos riesgos. Por su parte, las mujeres asumían la administración del patrimonio familiar, el cuidado de los hijos y el asentamiento de los patrones éticos del clan. Cuando el marido (e incluso el abuelo y los hijos mayores) volvían a puerto, los roles se mantenían. Se dice que no había en todo esto desequilibrio inequitativo, sino asunción de derechos y facultades que se compensaban con cargas y deberes.

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        3.- La corriente que hemos expuesto es hoy minoritaria. Ahora bien, tienen  aún predicamento lo que podríamos denominar “islotes tradicionales”. Por ejemplo, algunos consideran que del dimorfismo sexual brota “la condición femenina” y que ello tiene consecuencias sociales y jurídicas. De ahí nace la tesis de una mayor punición penal de los ataques a la mujer, a causa de su mayor debilidad física. Esta inspiración ha estado presente en nuestro código penal hasta fechas bien recientes[1] (y conecta con la base moral de la inmensa mayoría de la población, que condena agriamente la cobardía de esta clase de agresiones). En el mismo estante del tratamiento normativo diferenciado podríamos situar el gobierno de la Iglesia Católica, con compartimentos estancos para ambos sexos.

        Como es fácil intuir, en este abanico de doctrinas no es necesario el artefacto conceptual del género y se considera que la disparidad de los quehaceres nace de forma natural a partir de la bifurcación sexual. Más que la igualdad interesa aquí la protección a las mujeres, la idealización o ensalzamiento de la condición femenina, etc. En definitiva, pues, roles distintos y regímenes jurídicos diferenciados. No obstante, incluso dentro de estas orientaciones sería ya muy rara la defensa de ciertas discriminaciones flagrantes como, por ejemplo, la vieja licencia marital. Es decir, la gran oleada del feminismo liberal ha ido desgastando la roca de estas construcciones. Lo veremos mañana.

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[1] En realidad, siempre reaparece, incluso bajo ropajes progresistas y à la page.

Acerca de Joan Amenós Álamo

Professor de Dret Administratiu
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