Diarios para un confinamiento (II). En un palmo de terreno.

¬† ¬† ¬† ¬† ¬†1.-Hace ya cinco a√Īos, escrib√≠a en este cuaderno una reflexi√≥n bajo el t√≠tulo ‚Äú¬ŅQu√© es la clase? Un secreto‚ÄĚ. All√≠ planteaba lo f√°cil que ser√≠a organizar la ense√Īanza universitaria a distancia y el papel que, en su caso, podr√≠a tener la clase presencial. L√©anlo, no les defraudar√°.

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…¬† ¬† ¬† ¬†2.-¬ŅQui√©n podr√≠a intuir en aquel momento que, unos a√Īos despu√©s, de forma abrupta, el teletrabajo se impondr√≠a sin escapatoria? Son muchos los sectores que, en pocos d√≠as, han dado ya pasos de gigante. Dejando aparte por un segundo el terrible momento que estamos viviendo, lo cierto es que ¬†algunas personas descubrir√°n nuevas formas, m√°s gozosas y productivas, de enfrentarse con su oficio.

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…¬† ¬† ¬† ¬†3.-Habl√°bamos ayer de la legi√≥n de h√©roes que est√° ahora mismo en nuestras calles. Pero tambi√©n hay muchos luchadores dentro de cada hogar. El futuro feliz del teletrabajo ha aterrizado en habitaciones reducidas, donde la obligaci√≥n laboral convive con el necesario cuidado de los menores, de los ancianos e incluso de los enfermos. Muchos vecinos construyen cada d√≠a en unos pocos metros el delicado rompecabezas del trabajo (que hoy es un bien valioso), de la educaci√≥n de sus propios hijos y del¬† apoyo a sus mayores (a veces es una vecina impedida, a la que se lleva la compra). Hay soldados y enfermeros dentro las casas.

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Acerca de Joan Amen√≥s √Ālamo

Professor de Dret Administratiu
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