Jueces metomentodo

1.-Hablábamos el otro día con los compañeros sobre “la cultura de la corrupción” y los límites que, por tanto, ha de enfrentar la respuesta jurídica. No, no hace falta que el lector piense en los  códigos de la mafia, que han sido una mina para el cine. Se trata, simplemente,  de unas reglas de actuación compartida basadas en  pactos de apoyo mutuo, en la sabia combinación de actuaciones legales e ilegales para alcanzar un fin, en la autolimitación prudente (“agua que no has de beber…”), etc.  Por supuesto, hay diversas culturas  en todo esto -en ciertas zonas, por ejemplo, incluyen el uso de la violencia y en otras, no-. Pero lo cierto es que incluso lo más antiistitucional –la corrupción- necesita un sustrato de creencias por debajo. Con más razón, también las instituciones estructuradas por las normas funcionan mejor con un poso de actitudes e ideas  que se  reflejan en las actuaciones cotidianas.

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2.-Tal ocurre, por ejemplo, con la división de poderes, un baluarte central del Estado democrático. No es fácil su construcción real. Por mi parte, tuve la suerte de ser formado con algunos criterios  inolvidables. Así, por ejemplo, el magistrado don Jesús Corbal nos enseñó a desconfiar de los jueces-estrella, justo cuando nacían. Y recuerdo alguna conferencia brillante de don Ramón Parada donde la regulación del Consejo General del Poder Judicial y las asociaciones judiciales cociéndose en su propia salsa no salían muy bien parados.

  …       Con esos antecedentes, qué quieren que les diga, me quedé de piedra con un “tuit” de 12 de noviembre de la asociación “Jueces para la democracia” con este contenido: “Juezas y Jueces para la Democracia apoya la conformación de un gobierno que sume las fuerzas progresistas y que opte por políticas favorecedoras de la igualdad y la garantía de los derechos y libertades.”

 …        En un primer momento pensé que, como no soy muy ducho en estas materias, quizás era un invento del “responsable de la cuenta” de Twitter. Vete a saber quién está al mando. Desde luego, la frase no ofrece desperdicio. No es que la asociación salude de forma institucional al legítimo gobierno entrante.  Lo que pretende es jalear un simple acuerdo político (al cual, por supuesto, no hay nada que objetar desde un punto de vista formal). La toma de posición es aberrante. El magistrado firmante pierde toda apariencia de neutralidad e imparcialidad.

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3.-Ya sé que la doctrina vigente en materia de abstención y recusación es restrictiva (y, seguramente, es bueno que así sea). Pero no hablo ahora en el nivel de las reglas jurídicas, sino en el de la cultura previa, en el de la atmósfera que va a permitir que las normas se apliquen rectamente.

El monstruoso tuit no es un verso suelto. Basta consultar la ristra de comunicados de la misma asociación (invito al lector a echar un vistazo a las demás) para ver que  lo comentan todo, cual tertulia radiofónica. Quizá tenga un pase que aporten su perspectiva sobre la organización y mejora de la judicatura, pero lo cierto es que no veo límites en su incontinencia opinante: la situación política en Bolivia y Chile, la violencia en Cataluña, el Open Arms, el primero de mayo, los últimos resultados electorales, etc. Otras veces, se zarandean resoluciones judiciales ya tomadas o se entra tranquilamente en procesos en marcha.

…         Por supuesto, los jueces –en cuanto ciudadanos- también tienen derecho a la libertad de pensamiento y expresión  (y, en un entorno académico,  por ejemplo, sus comentarios críticos son siempre relevantes). Además, soy consciente de que –afortunadamente- esas doctas manifestaciones no se hallan en los fundamentos jurídicos de ninguna sentencia. Pero lo cierto es que los magistrados asumieron  existencialmente una alta misión con sus derechos y también con sus cargas. Se impone, pues, la sabiduría de la mujer del César y su perfumado aliento, necesario para que las instituciones respiren.

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Acerca de Joan Amenós Álamo

Professor de Dret Administratiu
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