El inmarcesible Peter

1.-No quedaba mal Laurence J.Peter en aquella obra extraordinaria del profesor Nieto titulada El pensamiento burocrático. Creo recordar que el autor norteamericano estaba incluido entre “los humoristas”, pero don Alejandro valoraba mucho su aportación. Hoy vuelve a ser citado –ya es un clásico, claro- en el último artículo de Chaves sobre los directivos y su provisión. Es  éste un tema que nos ha preocupado en algunas ocasiones (*) y que, ciertamente, da la impresión de que no está construido del todo. El mismo Chaves se refiere a la falta de regulación, a la ausencia de apuestas normativas claras después del Estatuto Básico del Empleado Público. No es fácil, desde luego, lidiar con este toro, ya que las opciones son diversas, muchos quieren ser llamados y pocos serán los elegidos.

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2.-Ahora bien, antes de transcribir aquí las reflexiones de Chaves, conviene hacer un par de puntualizaciones. Es cierto que en nuestro país (quizás en todos) la literatura crítica contra los males de la Administración disfruta de una larga tradición. Podría empezar con el tópico de Larra, pero  lo cierto es que esta línea ha ido sosteniéndose como globo en vendaval. No faltó –es verdad- un torrente de loas a la arquitectura del EBEP, pero la cosa pública es siempre fácil pasto para el denuesto. Razones no faltan.

Sin embargo, las puyas a la Administración –tan justificadas- han de tener en cuenta el ambiente general en el que esta se mueve. En los últimos cuarenta años, el progreso de la sociedad española ha sido extraordinario, sobre todo en el campo económico (pese a la crisis). No tendría sentido que el mundo empresarial se hubiera modernizado e internacionalizado y que la Administración se hubiera quedado muy atrás. Siempre irá un poco o bastante a la zaga –porque el interés público es una rémora necesaria-, pero no cabe decir que lo privado y lo social van bien y lo público-administrativo va mal. Todos estamos en el mismo barco, aunque cada uno con su paso y su luz.

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3.-Y la misma idea se refuerza si pensamos en que el principio de Peter también se aplicaba a las organizaciones privadas. Es decir, sus grados superiores tienden igualmente a estar ocupados por incompetentes. Es verdad que, a la corta o a la larga, el dios mercado expulsará de la faz de la Tierra a los ineptos pero, mientras llega a ese día, los usuarios habrán notado en su carne las garras del complejo de inferioridad que el incompetente está intentando liquidar. Aunque, claro está, para ir aguantando los platillos, siempre puede la corporación privada acercarse al calorcillo de los peterianos públicos y dejar su impronta en los boletines oficiales –estatales, autonómicos o locales-.

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“Se buscan  directivos públicos por quien no sabe dirigir”

J. R. Chaves.

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Acerca de Joan Amenós Álamo

Professor de Dret Administratiu
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