Con Giuseppina Nicolini, alcaldesa de Lampedusa, y con la mejor Europa.

1.-Magnifica sesión hoy mismo de apertura oficial de curso en la Facultad de Derecho de la Universidad Autónoma de Barcelona. El honor le fue otorgado este año a Giuseppina Nicolini, alcaldesa de Lampedusa, que es la ciudad italiana que ha estado en primera línea de la acogida de urgencia a los refugiados. Antes de su intervención, habló M. Pajares, de la Comisión Española de Ayuda al Refugiado. Pajares expuso algunas notas sobre la regulación del derecho de asilo que, en su opinión, están incumpliendo sistemáticamente los Estados europeos (preocupados por la lucha contra la inmigración ilegal y obsesionados con “acuerdos de bloqueo” con Turquía, Marruecos, Etiopía,…). Sobre esto ya habíamos comentado algo por aquí ***.

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…   2.-El discurso de G. Nicolini fue una narración apasionada.  Aclaró que las dos principales rutas de entrada en Europa se sitúan en los Balcanes o en el área de Lampedusa. Esta población se torna fundamental con la apertura en 1991 de la ruta que recala en el sudeste de Túnez. Desde ese momento, cada año van a ser salvadas en la zona unas veinte mil personas al año, con algunas “puntas” en el número de desplazados a causa de la primavera árabe, la desarticulación de Libia, etc.

Los refugiados vienen a menudo de países subsaharianos, de dictaduras terribles y poco conocidas por la opinión pública, de miserias recónditas. Nicolini nos aclaró que, en muchos casos, llevaban a sus espaldas un viaje por el desierto en camiones repletos en los que una caída significa la muerte, ya que el chófer no va a perder ni un minuto. Vendrán luego las barcazas sobrecargadas, con desgraciados lanzados al mar por decisión del capo, las cicatrices de los niños que vendieron sus órganos, la intoxicación por la mezcla de combustible y agua salada…

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3.-En su soledad –la soledad de Lampedusa y la soledad de Italia, según recordaba la alcaldesa- el pequeño municipio ha venido a representar lo mejor de Europa. En primer lugar, la acogida sanitaria elemental. Comentaba que no había mucha preocupación por los contagios, ya que, en pura lógica darwinista,  se habían salvado los más jóvenes y los más fuertes (quizá sólo incomodaba  la extendida conjuntivitis…).

La Europa, también, de los instrumentos legales, porque ya se han dictado las primeras condenas por trata de seres humanos y el municipio de Lampedusa se ha personado en los procesos. Ha de añadirse, también, la Europa de la verdad. Insistía la alcaldesa en que no se trataba de millones de refugiados, sino de un problema concreto que –eso sí- evaporaba las distinciones entre las diversas categorías de huídos: los refugiados, los meros emigrantes económicos… La edil azotaba al tremendismo alarmista y se felicitaba por el reciente e intenso incremento del turismo en Lampedusa: un justo premio a la obsesión de las autoridades locales  de asegurar el socorro sin perjudicar innecesariamente a la comunidad local.

Y, por último, la Europa del número y del nombre. Giuseppina Nicolini informó de la difícil investigación para captar la extensión concreta, individualizada y personificada del drama: el ADN de los fallecidos, las referencias de los familiares, las conversaciones con los supervivientes que daban cuenta de los que desaparecieron en el trayecto (un desconocido, un hijo, aquellos que resbalaron, los que agonizaron…).

El aplauso cerrado y en pie de profesores y alumnos certificó el éxito de la decana, Esther Zapater, en la elección de la alcaldesa como conferenciante. Excelente actuación, también, del coro universitario, como si la pasión racional de la alcaldesa aún pudiera continuar en una nana siria que todos entendimos sin necesidad de palabras.

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Acerca de Joan Amenós Álamo

Professor de Dret Administratiu
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