Segunda vida y final definitivo: reencarnaciones y muerte en arquitectura.

1.-El viernes pasado discutíamos con los entusiastas alumnos del “Màster d’electes la delicada cuestión del patrimonio histórico-artístico. En concreto, cuando uno abre un manual del tema, se encuentra con mecanismos jurídicos de congelación de las facultades del propietario y, si es posible, con un destino final de titularidad pública. Es decir, el camino del legislador comienza con la declaración de bien de interés cultural (normalmente atribuida a la Comunidad Autónoma). Su objetivo es paralizar la transformación y asegurar así la perpetuación del valor cultural (y su posible goce por la comunidad). Esto supone normalmente una pérdida para el propietario, que se intenta compensar con subvenciones –cada vez más escasas- o con ciertos beneficios fiscales.  También existe una amplia panoplia de mecanismos jurídicos más suaves, como la humilde y discretamente aldeana “declaración de bien de interés local” o la manipulación taimada de las ordenanzas urbanísticas (que a veces acaba en finos y complejos litigios).Con el tiempo, a veces se consigue la titularidad pública del bien (a través de compra, cesión, expropiación, ejercicio del derecho de tanteo…).

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…  2.-Sin embargo, tanto en España como en otras naciones europeas, lo cierto es que el volumen de patrimonio histórico-artístico con alguna forma de limitación, protección  o tutela ha crecido vertiginosamente. No obstante, ya no hay fondos ni instrumentos –ni públicos ni privados- para asegurar su conservación (mi buen amigo Endrius Cocciolo me lo comentaba hace poco, indicando que “le dolía Nápoles” y su belleza arruinada). El recurso técnico más manoseado en los últimos años ha sido la modificación de usos del bien de interés cultural (y su multiplicación: que se haga ahí lo que sea, pero que el edificio se mantenga). Sin embargo, incluso está técnica ya no da más de sí. Un día u otro Heráclito vuelve a la ciudad –de la cual jamás marchó- y se plantea el terrible problema de la admisión jurídica del derribo. Ya, ya sé que es como si te arrancaran el hígado, pero no todo va a poder ser mantenido. Incluso lo excelente muere.

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…  3.-En clase nos referimos al caso de Chicago, un auténtico museo de la arquitectura al aire libre, en el que el debate sobre la destrucción se lleva a cabo con un altísimo nivel de conocimiento y apasionamiento (incluso con peticiones de “indulto” que son, en sí, lecciones de historia del arte). Casi como un auténtica serendípity, me encuentro el sábado con el artículo editorial  de mi admirado Luis Fernández-Galiano en la insustituible revista Arquitectura Viva, de marzo del 2015 (núm. 172). Ya advierto que si uno repasa cualquier número de Arquitectura Viva y no queda desbordado por la seria  brillantez de las imágenes,  debe seguir algún tratamiento integral de psicoterapia.

…  En su artículo, Fernández-Galiano plantea la necesidad de apurar a fondo el cambio de usos, dándole al edificio una nueva biografía. Todo un reto, pues, para la voluptas conservandi. Lo transcribo aquí con las transformaciones gráficas de la casa.

LUIS FERNÁNDEZ-GALIANO, “Segunda vida”, editorial de Arquitectura Viva, 172 (03/2015).

…  1.-Los edificios tienen muchas vidas, porque su erosión funcional suele ser más rápida que su ruina física. La persistencia testaruda de sus fábricas, donde se depositan los materiales, la energía y el ingenio empleados en su construcción –eso que ahora llamaríamos termodinámico e informativo-, anima a darles usos sucesivos. Arrastrados por el vendaval de los cambios económicos y sociales, los inmuebles experimentan transformaciones que en rigor no pueden describirse como metamorfosis, porque si su contenido y función se modifica por entero, su forma permanece sustancialmente intacta. Por grandes que sean las innovaciones técnicas o las mudanzas del gusto, las construcciones procuran su permanencia a través de una “pereza de la forma”, que mientras se resiste a la alteración de sus trazas, se adapta dócilmente a casi cualesquiera usos. Los edificios viajan así en el tiempo, sirviendo a diferentes amos en sus biografías consecutivas.

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…  2.-A partir de la explosión en el consumo de combustibles fósiles, la antigua voluptas aedificandi se ha expresado mediante un crecimiento exponencial de lo urbanizado, y una hipertrofia de lo construido que devora el territorio con sus metástasis para expresar la bulimia de una sociedad nunca saciada en sus demandas de gratificación material. Este apetito expansivo ha dejado detrás de sí carcasas obsoletas, contenedores sin contenido abandonados a la degradación y a la ruina definitiva en ausencia de uso, por lo que resulta benemérita la intención de dotarlos de una nueva función que prolongue su vida. Algunas de estas operaciones logran injertar con éxito programas razonables en construcciones exánimes, pero en otras ocasiones el recurso rutinario a contenidos culturales o institucionales imprecisos no consigue insuflar aliento vital en la obra durmiente, y el rescate arquitectónico se salda con frustración social y derroche presupuestario.

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…  3.-En un marco donde lo habitual ha sido dar funciones predominantemente simbólicas a edificios esencialmente utilitarios, cabe preguntarse si la deriva hacia el salvamento indiscriminado del patrimonio arquitectónico mediante el uso cultural o institucional no ha alcanzado ya cotas excesivas; si no sufrimos hoy ya de una cierta sobredotación de espacios de naturaleza emblemática; y si no nos hallamos ya en la cota más alta de una marea cuyo reflujo parece irremediable. Quizá no esté lejos el momento en que debe propugnarse la transformación de museos en mercados, de universidades en talleres y de ministerios en viviendas. Los edificios conocerán segundas o terceras vidas, pero serán en todo caso la expresión en sus usos de las necesidades y los deseos de las sociedades que entonces alberguen, diferentes y no sabemos si mejores que aquellas otras que con importantes recursos materiales y no menor esfuerzo humano levantaron sus fábricas.

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Acerca de Joan Amenós Álamo

Professor de Dret Administratiu
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