Del comercio como suciedad (y II).

      1.-La tradición supone que Juan el Bautista fue educado por esenios y, de hecho, parece que vivió como un ermitaño “cubierto  por una piel de camello y alimentándose de saltamontes con piel silvestre”. La corriente esenia dará pie al grupo de los nazarenos –pastoreados por Jesús- y  al de los ebionitas.  Ambos muestran algunas diferencias en la manera de comportarse.  Así, por ejemplo, no destacaba el grupo de Jesús por su insistencia en las mortificaciones corporales o el rigor ascético, pues abundaban las  mujeres entre los seguidores –con el  famoso caso de María Magdalena, defendida gallardamente por Cristo- y celebraban con comida abundante y vino sus fiestas. Sin embargo, sí coincidían nazarenos y ebionitas en el “rechazo incondicional de la propiedad privada, y en particular del comercio como oficio”.

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      2.-El contraste del programa pobrista con el homo economicus  de la modernidad es radical. En primer lugar, con respecto a la actividad en sí misma, puesto que el quehacer comercial es el único que desata una pasión de latigazos y empellones en el pacífico Jesús. La teología posterior intentará suavizar la radicalidad del expediente acudiendo a la conveniente separación entre el templo y las mesas de los cambistas y vendedores.

     En segundo lugar, también se condena el producto de la labor.  Esto es, la riqueza. Sabido es que los ricos no pueden entrar en el Reino de los Cielos, salvo que un camello pase por el ojo de una aguja. El mérito de los “pobres de espíritu, humildes, afligidos y sedientos de justicia” es, justamente, no tener mérito.

  …    En tercer lugar, en fin, la actitud ebionita esencial es la imprevisión. Es conocido que la comida, la bebida o el vestido son cosas que preocupan a los gentiles. El paradigma son los lirios del campo y su glorioso adorno, que no necesitó ningún plan ni preocupación previa.

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     3.-Las primeras comunas cristianas cumplen la regla de la desposesión individual y constitución de una bolsa colectiva. Los problemas empiezan cuando el inminente apocalipsis no acaba de llegar. Es cierto que no se criticó la acumulación de dinero por parte del César (“Dad al César…”). Pero luego se da un paso más y es la misma Iglesia la que empieza a atesorar bienes, en un proceso creciente de difícil  justificación doctrinal. En todo este camino, la mentalidad esenia contribuyó a la descomposición del orden económico romano y al empobrecimiento general. La tarea mercantil fue abandonada y se refugió en traficantes y caravaneros, burgos mercantiles o pequeños comerciantes que disfrutaban de una existencia algo mejor que la de los campesinos-siervos.

      La pulsión esenia se mantuvo viva a lo largo de la historia pero, cuando  ya atravesaba su peor momento, fue recuperada por el comunismo, aunque es  verdad que  algunas versiones del socialismo ensayaron  ciertas formas de compromiso con la propiedad privada, la libre compraventa y la riqueza individual. Se perciben perfectamente las huellas ebonitas en instituciones acomplejadas como la función social de la propiedad y, también, en la insólita y reciente  retórica  papal.

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Acerca de Joan Amenós Álamo

Professor de Dret Administratiu
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