Del comercio como suciedad (I)

      1.-Antonio Escohotado ha publicado en estos últimos años dos gruesos volúmenes de su trascendental estudio Los enemigos del comercio. El primer libro se subtitula Historia de las ideas sobre la propiedad privada y el segundo Una historia moral de la propiedad. No es un texto fácil pero, una vez se acopla uno al ritmo zigzagueante y compulsivamente irónico del autor, la diversión está asegurada. Hay algunos que creen que la propiedad privada y el libre comercio han sido la regla habitual y prevalente en la historia occidental. Este libro les sacará del error. Y no lo ha sido –entre otras razones- porque la doble pinza doctrinal del cristianismo y del socialismo –en sus diferentes versiones- han disfrutado de una mejor posición en el campo de la ideología, en las mentalidades de los individuos y en los programas del poder establecido.

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…      2.-Quiero anotar hoy, simplemente, algunas reflexiones del primer libro, que empieza en Grecia y Roma –que no discuten  la propiedad privada- y se desliza luego por el análisis del cristianismo, que nace pobrista y que empieza a dejar de serlo gracias a la irrupción de protestantes y puritanos, principalmente en el centro de Europa y ya en el adiós a la Edad Media.

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…      3.-Escohotado sitúa los enemigos originales del comercio en la hermandad esenia, una “escuela de vida” entre las diversas que operaban  en el mundo judío justo en el momento del nacimiento de Cristo. De los esenios tomará luego el cristianismo ideas como la institución bautismal, los ángeles y otros “seres intermedios”, la limitación del contacto sexual entre esposos a fines  de procreación y, por supuesto, el bloque de ideas sociales relativas al reparto de las propiedades y el repudio de la actividad mercantil y de las transacciones económicas.

 

…      Un elemento llamativo de esta secta pobrista es lo que Escohotado llama el “elemento fóbico”. Es decir, una obsesión por la pureza “que les llevaría a vivir aislados del resto, y a combinar su igualdad económica con un tabú de contacto como el vigente entre castas”. Así, los esenios más santos no podían rozarse con los menos santos y las abluciones eran una práctica reiterada. Me gustaría plantear aquí la hipótesis de que quizás el comercio y la compraventa –que implican contacto con el mundo- serían para ellos la suprema manifestación de suciedad. Como veremos mañana, el elemento fóbico y aislacionista no pasó directamente al cristianismo, aunque sí la equiparación del comerciante con la quintaesencia del pecador.

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Acerca de Joan Amenós Álamo

Professor de Dret Administratiu
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