Elucubraciones sobre carrera docente y modelos universitarios.

 …      1.-Sostiene Boix-Palop en uno de sus últimos artículos un  mecanismo de promoción de docentes universitarios (básicamente, titulares y catedráticos) basado en la conversión automática de los tramos –o sexenios- de investigación ya reconocidos. Esto es, con tres sexenios, catedrático (o con cuatro, si se estima pertinente). Se trataría de un sistema claro, sin acreditaciones “globales” de por medio. El mismo autor avisa que su propuesta sería además un estupendo acicate para adecentar las evaluaciones de investigación y alisar sus sangrientas aristas.

…       Hace unos años, quizás hubiera discrepado del compañero de Alicante, pero hoy me rindo ante la limpieza del artefacto que nos propone. Me recuerda incluso a la vieja carrera militar o judicial, con sus trabas para impedir la entrada súbita por el generalato.

Ahora bien, me gustaría conectar este esquema –pulcro, previsible, ordenado- con su impacto en el funcionamiento de las universidades (al menos, en las que imparten las autodenominadas “ciencias sociales”).

**

      2.-La docencia no se valora. Esto ya lo damos por perdido y mejor no darle más vueltas (además, para qué vamos a engañarnos, sería demasiado complejo). El espacio natural de la calidad docente y de la formación de abogados y gentes del foro correspondería –y así lo entiende ya alguna corriente- a la universidad privada y a las academias de opositores. En gran parte, ya es así. De hecho, el mismo Estado jamás confió en la formación universitaria y prefirió imponer él mismo su programa,  instrucción y maneras a sus cuerpos de élite. De hecho, si no estamos ya en este universo es a causa del bajo nivel de la universidad privada, con las dos o tres brillantes excepciones  que todos conocemos.

Por lo que respecta a la últimamente ensalzada “transferencia de conocimientos” y todo ese bla, bla, bla de la “conexión con el tejido empresarial”, la cosa quedaría en manos de los profesores con familia numerosa o con deseos inmoderados de salir a cenar los viernes. Con eso, ya estarían suficientemente valorados.

**

…       3.-Insisto –y Boix Palop también lo hace- que la conversión reglada y automática de sexenios mejora claramente la situación actual. No obstante, probablemente el dibujo final mostrará una universidad muy orientada a la investigación, una universidad-CSIC (Consejo Superior de Investigaciones Científicas). Esto, en sí, es positivo (y no hay más que ver el efecto disciplinador que han tenido los tramos sobre los que vinimos al mundo con otras instrucciones). También habrá algunas molestias, claro, como la aparición en el cerebro de los researchers de la conocida ecuación “clase=estorbo”.

Sin embargo, como avisaba Ortega en su “Misión de la Universidad”, necesitamos algunos investigadores y muchos profesores. Por tanto, los recortes se van a incrementar. En el campo de las ciencias sociales, va a ser fácil justificar que el país no necesita tantos centros de investigación (y menos aún de la jurídica, que vete a saber para qué sirve).

Ya estoy oyendo a los revoltosos: «¡Se va a negar la enseñanza universitaria a las clases más humildes!» Bueno, pues ni eso nos salva: bastará pagar una beca a los mejores alumnos o a los más necesitados para que se matriculen en una universidad privada acreditada o para que preparen una oposición en las academias ya reconocidas. Se acabó, pues, toda esta inversión pública en terrenos, edificios, ordenadores, aparcamientos, profesores, bares, conserjes, aulas multiuso y uniuso, etc.

***

 

 

 

 

 

Acerca de Joan Amenós Álamo

Professor de Dret Administratiu
Esta entrada fue publicada en universidad y etiquetada , , . Guarda el enlace permanente.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Time limit is exhausted. Please reload the CAPTCHA.