«Evidencias» nada evidentes.

 1.-Observo últimamente que, en el lenguaje administrativo y económico –y también en el jurídico- se “recogen evidencias” sobre un determinado asunto. Ahora bien, si se observan atentamente estas frases, se advierte un claro error en la expresión. En realidad, el recolector se limita a recopilar datos, elementos, pruebas, etc.

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2.-¿Por qué se usa entonces el término “evidencia”? Se trata de otra insidiosa y torcida penetración del inglés, que altera completamente el vocablo español. Evidence puede traducirse, simplemente, como «prueba». Es decir, una prueba más, un dato que ayuda a formar el juicio y decidir, un medio probatorio, etc. Pero, en todo caso, sin que esté implicado en ello algún grado de privilegio, de impacto superior, de efecto palmario y ostensible.

No obstante, “evidencia” sí alude a un factor indudable o innegable, a una aportación clara e incontestable que se alza por encima de los demás instrumentos traídos al supuesto.

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…     3.-En realidad, pues, cuando la última pedantería oficinesca se refiere a “recoger evidencias”, habría que bajar el tono y referirse, simplemente, a la obtención de datos, de informaciones, de pruebas, etc. Algunas lograrán el grado supremo de la “evidencia”, pero otras  tendrán un carácter ordinario (aunque también ayudarán a justificar la decisión).

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Acerca de Joan Amenós Álamo

Professor de Dret Administratiu
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