Diarios de un profesor disperso: un nuevo curso

1.-Primera lección. Resonancia del famoso artículo de Ortega y Gasset, donde descubrí la radical separación –el completo abismo- entre el profesor y el estudiante. Otra vez, como cada año, la amarga manifestación de la doble tarea: enseñar y juzgar, orientar y calificar. Lo segundo se comió ya a lo primero. Justamente, lo mismo ocurre en la vida de los adultos y adustos profesores.

2.-De nuevo, la pesada tarea de “motivar”, que es ya una consigna desleída y ridícula. Por el contrario, cada día me parece más certera la observación de Claudio Naranjo: el niño aprende de forma natural cuando percibe algo más grande que él, algo sustancial y verdadero que fascina por sus proporciones. No sé si podré yo transmitirlo.

3.-Por si acaso, como ya se recomendaba en el Juan de Mairena, filantropía y Guardia Civil. O sea, el viejo roc a la faixa de la emulación y del miedo.

 

 

Acerca de Joan Amenós Álamo

Professor de Dret Administratiu
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