Mi paseo por el mundo

juny 09 2015

Azotaina casera

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Si, ya se lo que pensareis. Diréis que soy una antigua, una mujer de las de antes, pero no tolero ni toleraré que mis tres hijas, por muy mayores que se crean, a pesar de no tener la menor mas de 14 años, se me subieran al “guindo” como suele decirse coloquialmente. Antes , me ocupe de la mayor y a pesar de que supere los 19, no creo que no se lo tuviera merecido una buena zurra; la castigue por irresponsable y por encubridora. Si dejaba salir algún sábado que otro a las más pequeñas con Aurora, la mayor, era porque pensaba que ésta última era lo suficientemente responsable y mayorcita para cuidar de ellas; pero no fue así. Con la promesa de llevarlas la cine, mis tres hijas salieron y aunque preocupaba como cualquiera otra madre, estando como están los tiempos de locos, confié en que irían a ver la última película de Russell Crowne. Di a Aurora las llaves de mi coche- solo tenemos uno en casa y soy divorciada- y se fueron tan contentas como vinieron. Alegres pero no por la película en si, sino porque las dos pequeñas venían borrachas. En cuanto abrieron la puerta lo supe.¡Menudo alboroto, menudas risotadas!. Incluso me llamaron gorda sin venir a cuento porque las interrumpí el paso para irse a sus cuartos. La mayor no había bebido, pero en cuanto me acerque a recriminarla, percibí que olía a colonia de tío que tiraba para atrás. Eso, y que llevaba la pintura de los labios toda corrida. No me aguante y la di un buen sopapo. Ni se inmuto. La ordene que nos esperara en la salita de estar y que yo me llevaba a sus dos hermanas al lavabo, para introducirlas las cabezas en el grifo de la ducha fría. Ella me miro y me obedeció. A las otras dos las agarre por los pelos e hice lo que pensaba. Enseguida espabilaron, pues seguramente su travesura no paso de tomarse dos chatos de vino, pero era lo suficiente como para reprenderlas con dureza.

Regrese a la salita de estar y allí me esperaba Aurora. Sabían que estaba muy enfadada y que sus traseros lo iban a sentir, pues no era la primera vez ni sería la última que las propine una buena tunda. Sin rechistar, las ordene que se quitaran los pantalones y a Arancha la falda. Obedecieron sin rechistar. Sus ojos reflejaban temor. Las tres se quedaron en braguitas. Me senté en una de las sillas del cuarto de estar y cogí a Azucena, la más pequeña, del pelo y la tire sobre mis rodillas, Me molestaba su cazadora vaquera y se la quite. Con su camisetita de marca y en bragas comencé a azotarla. Al principio no lloraba, pero a medida que aumente la intensidad de la azotaína, comenzó a retorcerse . Sus hermanas miraban la escena con piedad, pues sabían que serian la siguientes. Al azotaína se prolongo por unos minutos, que a mi pequeña la parecerían horas. Pero no me importaba, debían de aprender un poco de disciplina. No la baje sus bragas rosas, pues sabia que estas no la estaban sirviendo de protección para la tunda que estaba recibiendo su culo. El pelo moreno en forma de bucle le caía a la cara, como sus lagrimas caían al suelo, resbalando o sus mejillas. Ahora cada azote escocia más y gruñía y pedía perdón, a la vez que gimoteaba. Tenia su trasero ardiendo cuando la dije que podía incorporarse. La rojez de su pompis se confundía con el color de su ropita interior. Era una buena zurra.

Con la mediana actué de la misma forma. Comencé suavemente hasta que mi mano comenzó a acelerar. Arancha tenia el culito más grande que su hermana y por ello tuve que repartir los azotes por más superficie. Del bamboleo de su trasero al recibir los azotes, su braguitas blancas salpicadas de arbolitos con frutas, se la iban metiendo por su culete y parecía que la época de cosecha había llegado y yo, con la fuerza de mis azotes, hacia que se le cayeran los frutos dibujados en su ropa interior. Por lo tanto tampoco la quede con el culo al aire y seguí con el castigo con sus videos porno gratis bragas puestas. Me dolía la mano ya y pare. A pesar de ser un poco más mayor que la más pequeña, Azucena, está lloro más. Se levanto y sus ojos vidriosos me pidieron perdón, pero me dio igual. La agarre por su pelo rubio y la puse junto a su hermana. La mano me escocia, por lo cual elegí que azotaría a Aurora con el cinto de mi pantalón vaquero. Cuando me le vio quitar palideció y aunque protesto tímidamente, chito. Debía de ser más dura con ella para que diera ejemplo a sus hermanas y así sería. La ordene que se quitara la blusa- no seria que la fuera a estropear, pues cara me costo y en bragas- bueno, más bien en medio tanga, pues ambos cachetes de su trasero estaban casi al aire- y sujetador blanco, se quedo. La dije que se tumbar boca abajo sobre los brazos del sillón del cuarto de estar. Obedeció. No me lo pensé dos veces y empecé con 4 buenos zurriagazos. Al principio gimoteaba y al cuarto berreaba, pero no me importaba y la pegue tres cintazos mas. Me acerque a comprobar que estaban muy bien dados. Ya había señales de sus marcas en su culo. De un tirón la baje sus mini braguitas y la calenté el trasero con 30 correazos más. Allí pare el castigo. Su culo estaba surcado por rayas de un color rojo muy vivo y me pareció suficiente. Se que soy antigua, pero ¿que hubieran hecho ustedes en mi lugar?. Soy divorciada y si no hay un hombre que ponga disciplina en esta casa, yo lo haré por los dos.

Relato enviado desde la web Bingo Porno.com


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juny 09 2015

El señor del castillo

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Llevaba allí el tiempo suficiente como para saber que cualquier acto de rebeldía sería motivo suficiente para recibir otro castigo mas. En sus primeros días había recibido hasta tres y cuatro castigos diarios, y se acordaba perfectamente de aquellas noches en las que sus nalgas la ardían mas que el fuego de una chimenea.

Pero aquella joven acababa de llegar al castillo, y aun seguía enamorada de su amado, sin saber que ya nunca lo vería mas. Había sido vendida al señor del castillo por un puñado de tierras que su padre trabajaría para alimentar al resto de sus hermanos. Era un alto precio, pero al mismo tiempo el único.

Nuestros aposentos estaban en la torre norte del castillo. Todas las mañanas éramos las primeras en levantarnos, obligadas a vestir siempre el mismo uniforme de sirvientas. Nos estaba prohibido llevar bragas, por lo que cada vez que cometíamos una falta, era fácil adoptar la postura que nos enseñaron nada mas llegar para recibir nuestros castigos. Manos sobre las rodillas, con estas inclinadas y el trasero en pompa, dispuesto a recibir. Si queríamos hablar las manos a la espalda, con la cabeza agachada, y siempre esperando el permiso para hacerlo antes de empezar.

Las reglas eran sencillas, pero todas nos equivocamos. Laura tan solo llevaba dos días y ya había recibido dos tundas, o lo que es lo mismo cincuenta azotes. El señor la había llamado para que le sirviese una copa. Ella cogió la botella, y se disponía a llenar la copa cuando esta se la escurrió de entre las manos derramando todo el licor por el suelo. Sabía que recibiría un castigo por ello, pero no se imagino el grado del mismo. Además pidió perdón por la falta cometida, sin que nadie la hubiese dado permiso para hablar, sin adoptar la postura para que le fuese cometido. El señor del castillo se levanto y me llamo. Yo acudí presta al salón, para recibir instrucciones. Estas no eran otras que llevase a Laura a la sala de los castigos. En ese momento supe que Laura recibiría mas de cien azotes esa noche.

Laura sabía lo que la esperaba, yo también, y probablemente hasta mis nalgas sentirían alguna que otra docena de golpes. El señor me indico que colócase a Laura sobre el potro. El potro consistía en una especia de barra con dos grilletes para las manos, ubicados un poco mas allá de la barra, de forma el cuerpo quedaba siempre inclinado en espera de lo que venía a continuación. Con una indicación entendí que debía desnudar aquel lindo trasero, y así lo hice, mas acto seguido fui reclamada para satisfacer su miembro incestos con mí boca mientras el impartía el castigo. Sino no era lo suficientemente buena seguro que después ocuparía yo el lugar de Laura, de modo que me dispuse a ser una autentica puta.

El señor ya tenía en sus manos un cinturón de cuero elástico, tan solo utilizado en las grandes ocasiones, o lo que es lo mismo, solo en los castigos que allí se impartían. Supongo que los segundos pasan muy lentamente cuando esperas que empiecen a calentarte las nalgas, pero el señor no dio opción a Laura. Nada mas comenzar mi trabajo con su gruesa porra, el cinturón de cuero comenzó su viaje una y otra vez surcando el aire, hasta impactar con el trasero de Laura. “Plas, plas, plas”, y esto solo acaba de empezar jovencita, tan solo llevabamos veinticinco, hoy dormirás mas calentita que nunca. Laura gritaba maduras xxx por cada azote que recibía, su culo temblaba con cada uno de ellos, y el color de este era rojo vivo. “Plas, plas, plas”, llegamos a la mitad de lo que te mereces por tú osadía, verás como nunca mas derramaras por el suelo lo que no es tuyo. En ese momento recordé que cuando el señor se corriese sobre mí boca, no debería derramar ni una sola gota, o sabría que yo también dormiría calentita esa noche. “Plas, plas, plas”, setenta y cinco azotes, cuando el señor se corrió sobre mi boca, tragandome todo su semen, sin derramar ni una gota. Succione tan fuerte su polla, se la deje tan limpia y seca que sin fuerzas quedo para seguir azotando el trasero de Laura, que gemía medio desmayada por el dolor de su culo. Vale por hoy dijo el señor, llévala a sus aposentos y tú ven a los mios después, ya que estas tan inspirada hoy, deseo reventarte tu culo deseoso de placer.

Lleve a Laura a nuestro aposentos, y me di media vuelta dispuesta a recibir esa gruesa polla penetrando mi culo…. pero eso es otra historia diferente.


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juny 09 2015

Amante bandido

Posted in General by 1244063 |

No se como comenzar pero ahí voy, hace un año y medio tuve la oportunidad de encontrarme con semejante papasito de frente, un hombre guapo con mirada seductora, ojos picaros, voz sensual y una coqueteria que se le sale por los poros.

Wao me dije en ese momento, esto es lo que me recomendó el medico ya que hacia alrededor de 5 meses habia salido de una relación de 3 años que por poco me deja al borde del alcoholismo. Nos conocimos en pleno verano y entablamos una linda amistad a nivel de que nos pasábamos como 2 quinceañeros hablando todo el día por teléfono, sin contar que siempre lo iba a buscar para ir a almorzar.

Cada día que fue pasando la atracción entre los 2 fue creciendo y mi deseo por saber que habia detrás de todas esas cualidades hermosas crecía mas. Pero ya no me aguantaba mas y no fue hasta un mes después de habernos conocidos que yo decidí dar el primer paso, no fue fácil pero me dije a este macho me lo ceno yo. Recuerdo que yo aun estaba estudiando en la Universidad y ese día decidí llamarlo para invitarlo a dar una vuelta, pero no quería que fuera después de trabajar por que como es casado luego tenia que llegar a su casa y no podía cumplir con lo que me habia propuesto. Bingo llame y le hice el acercamiento y le pareció bien le dije que bajara hasta la universidad que yo lo recogería y efectivamente dicho y hecho.

Cuando el se monto en mi auto me pregunto que para donde íbamos y le dije que no se preocupara que solo íbamos a dar una vuelta y luego lo llevaría de regreso a recoger su auto, pero el ajeno a mi plan se quedo tranquilo y no dijo mas nada.

Cogí la ruta que conduce a el motel donde pensaba llevarlo, pero esa misma ruta es la que también el puede llegar a su casa y muy asustado me dijo que estábamos en zona prohibida y yo le conteste que si pero que no se preocupara que yo lo menos que iba a ser era pasarlo por su casa, de momento cuando estábamos pasando frente a el motel me desvié y el me dijo para para que tu estas haciendo y lo único que le comente fue que esto va por mi yo te invito y yo pago lo único que tienes que hacer es bajarte y cerrar la puerta y con sus ojitos picaros me miro y sonrió.

Ya estando adentro sentí un poco sus nervios pero esta zorra lo único que quería era devorarse esa presa. El aprovecho y se metió a bañar y yo aproveche y me metí en la cama luego cuando salió yo me apresure y me levante de la cama y fui y lo abrase y comencé a besarlo pero no se por que pero sentí un pene bien erecto frente a mi y no pude aguantar la tentación de bajarle el calzoncillo y echármelo en la boca para saboreármelo completo, se lo comencé a mamar y estuve hasta que llegue a la cama con el y ahí seguí mamandoselo hasta que en una me agarro por el pelo y me dijo si no te aguantas me vengo en tu boca, y le dije ok luego los papeles se invirtieron y esta vez era yo la que estaba abajo el comenzó a besarme en la boca y con sus manos me tocaba las bubis (tetas como el le dice), luego comenzó a chuparme una bubis y luego la otra yo estaba mas caliente que un horno de incinerar muertos, luego me paso la lengua por el ombligo hasta que llego y tuvo un encuentro del tercer tipo con mi Chocha o Crica como prefieran llamarle, ahí comenzó a mamarmela y el muy perro sabia que lo estaba haciendo muy bien y cuando ya tenia la certeza de que esta apunto de venirme se aguanto y subió y comenzó a besarme pero el sabia que después de esa mamada yo lo que quería era que me lo metiera y con mi mirada ya se lo habia dicho todo, cuando por fin decidió introducir su pene erecto en mi vagina me dijo umm que rico esta esto y comenzó a darme y según me iba dando mas, mas le iba yo pidiendo, quería que me lo metiera de tal manera que en ese momento lo que deseaba era que me saliera por la boca, así estuvo por un lapso de 30 minutos metiendomelo sin para y yo en el transcurso de me habia venido 3 veces, luego de yo venirme el se vino fue divino, luego de me di un duchazo y el también y nos preparamos para el segundo raun, Wao el primero fue para confraternizar pero el segundo fue por lo perra que fui al secuestrarlo y llevármelo.

Ya luego de esa primera salida, en la segunda fue por el, 2 días después de la primera y en esa segunda el despertó algo en mi que nadie mas lo habia tocado soy amante de los castigos me gusta que me azoten, que me den con correazos que me peguen en la cara y cositas así. En la segunda salida llevo un pote de miel y unas velas cuando llegamos comenzamos a besarnos y a acariciarnos y yo aproveche y me acosté boca abajo el agarro la correa de su pantalón y me soltó un correazo que me dejo loca y sin idea y le dije a que no me das mas duro y soltó otro mas duro y le dije no lo siento lo quiero mas duro y así seguí hasta que me dejo marcada eso me excito grandemente ya luego de eso comenzamos el juego de los besos y las caricias y aproveche y le di una buena mamada a ese animal que tiene que quedo con una cara de felicidad increíble ya luego de esa sabrosa mamada me acostó boca abajo y me puso la almohada encima de la cabeza para que no viera y prendió una velas que el habia comprado y comenzó a tirarme la esperma encima esto fue la gota que colmo la copa, sentir ese calenton encima fue sumamente rico, increíble así estuvo un rato ya luego de me tiro la miel por encima de mis bubis (tetas) y comenzó a pasarme la lengua luego me hecho en la chocha o Crica y comenzó a mamarmela increíble ya luego de ese evento me puso en cuatro y me lo metió hasta hacerme gritar como una perra y mientras mas yo gritaba mas duro me daba, ese fue un día inolvidable para nosotros por que yo experimente algo que yo tenia oculto y que nunca nadie habia dado en el clavo y el por que nunca lo habia experimentado con nadie, luego de ese día se convirtió en mi amante bandido por que con su cara de hombre recto que no rompe un plato hay un diablito que se fuetea con el rabo y el tenedor.

Yo soy su mas fiel esclava sexual y de mi puede hacer lo que se antoje, aun quedan mas cuentos por hacer por que la historia no termina ahí después de esto han sucedido cosas aun mejores que después con mas calma les contare esto no es nada comparado con lo que falta así que será hasta la próxima.

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juny 09 2015

Lluvia dorada con Bianca

Posted in General by 1244063 |

Me había ido a dormir temprano, la baraúnda, los golpes y las maldiciones que acompañan al camión de la basura me despertaron. Cuando levanté la mano y toqué mi frente, me di cuenta de que estaba empapada, mis cabellos bañados, liándose entre ellos en formas caprichosas sobre mis ojos como hiedra sobre la pared. Mi piel calada, engomada a las sábanas convertía la cama en algo angustiosamente acuoso. Era una de esas noches de verano en Barcelona singularmente tropicales, cuando las paredes arden, transpiran y su aliento cálido devora el aire del interior de las viviendas. Me asomé a la ventana buscando un poco de aire fresco, mojando de sudor un alféizar que no había conocido ni la humedad del agua ni la proximidad de una bayeta desde que me había trasladado hacía un año. El camión había desaparecido llevándose con él a la pequeña horda de tártaros dementes que lo alimentaba. De él tan solo quedaba un eco de cachiporrazos y un motor que se alejaba, un rumor sordo disipándose en el interior de las callejas de Ciutat Vella.

Asomado a la ventana miraba sin ver la calle desierta, alumbrada por la luz pajiza de las bombillas de sodio de las farolas, adormecido por el ronroneo del tráfico en el Paral·lel, cuando un repiqueteo presuroso interrumpió mis ensoñaciones. Por un extremo de la calle aparecieron un par de travestís cabrioleando con prisa por una de las aceras, encaramadas en equilibrio inestable sobre brillantes zapatos con finos tacones de aguja. Lucían vestidos de vivos colores, terminados en escuetas minifaldas que, incluso en la distancia, realzaban apeteciblemente la rotundidad de sus culitos. Uno de ellos, una “mulatona” azabache de melena dorada, debía medir cerca de un metro noventa, tenía una hechura espléndida y bajo sus musculadas piernas de defensa central, los tacones se clavaban con poderío sobre el cemento de la acera. La otra travestí, que casi quedaba oculta bajo la sombra de su colega, mediría poco más de uno setenta, sin embargo, realzado por el blanco de su vestido, su cuerpo era la esencia concentrada y purificada de la lascivia. Me desvelé instantáneamente y desde la altura en que me encontraba me sentí fascinado por la perfecta cadencia de sus nalgas bamboleándose a uno y otro lado con frenesí, intentando mantener el paso, casi volando sobre la acera.

Sin dudarlo, de un solo salto, desde la ventana entré en el dormitorio, me puse una camiseta de algodón, unos tejanos viejos, cogí la cartera y las llaves de casa y bajé trotando las enormes y solitarias escaleras hacia la puerta de entrada principal. En el silencio de la noche me asustaba oír el estruendo de mis propios pasos saltando los escalones de dos en dos. Intenté alcanzar a la pareja antes de que llegaran a la Ronda Sant Antoni. Quería tantearlas con alguna ocurrencia, preguntarles si estaban dispuestas a acompañarme a mi apartamento – por supuesto, si mi presupuesto me lo permitía -, y, quien sabe, si no llegábamos a un acuerdo, quizá obtener uno o dos besos de regalo. Sin embargo, no había descendido lo suficientemente rápido. La calle estaba tan yerma y muda como antes. Cuando llegué hasta la esquina, ellas habían desaparecido. Supuse que tenían que haber cogido un taxi y estarían yendo hacia una conocida discoteca del centro de Barcelona, preparadas para iniciar la velada.

Desalentado, volví a subir a casa pensando que debía sosegarme lo suficiente para poder volver a dormir. Quizá miraría la televisión, quizá jugaría con el ordenador, o me abandonaría a la casi-vida virtual, o quizá escucharía algo de música y, casi con toda seguridad, me masturbaría con desesperación, en fin cualquier cosa que me serenase. Pero, mientras subía sudando los inacabables peldaños de la escalera, tramo tras tramo, la visión del delicioso balanceo del culito de la travestí más pequeña no abandonaba mi sobrecalentado cerebro. Cuando abrí la puerta de mi apartamento y volví a sumergirme en el viciado aire caliente que parecía abrasarlo todo, lo decidí: iría a follar con él esa noche, costase lo que costase. Sin pensarlo busqué las llaves del coche, fui al “parking” y me dirigí al “Di-ver-ti-do”, acelerando al máximo, sin respetar ningún semáforo, intenté llegar antes que su taxi.

Al entrar en el local, en la penumbra interrumpida por las luces multicolores no pude distinguir ni la melena vikinga de la grandullona ni a su apetitosa acompañante. Era la una y media de la madrugada y otras doce o trece travestís estaban ya en la sala, meneando con salero sus lindas posaderas al son pegadizo de la música de sevillanas. No obstante, lo excitante que pudiese resultar la imagen, yo ya había hecho mi elección esa noche. Puesto que podía tardar en aparecer, resolví sentarme frente a la barra y a pedir una cerveza. Después de la primera cerveza y su consiguiente ración de ritmos andaluces, vino una segunda acompañada esta vez por los grandes éxitos de los años setenta, y después una tercera, adornada con ritmos caribeños, pero, después de las tres cervezas y la mixtura de ritmos cargantes, mi princesita seguía sin aparecer.

Estaba ya descorazonado, pensando en “desahogar mi lujuria” en compañía de cualquier otro de los travestís que pululaban por el local, cuando ella entró en la discoteca. Tan solo abrir la puerta, debió darse cuenta de mi interés, ya que dio un rodeo para pasar junto a mi. Al pasar, me miró sonriendo y rozó mi pierna de una forma muy discreta. Mi polla comenzada ya a alborotarse con alegría dentro de mis calzoncillos. Los otros clientes de la barra, que a esa hora ya estaba abarrotada, parecían no haberse dado cuenta, concentrados en tararear el último éxito de Enrique Iglesias, asesinando cruelmente un inglés ya de por sí moribundo.

En un segundo pase, la menudita todavía se acercó por detrás y me pellizcó el muslo. Era la invitación que necesitaba. Cuando la miré mientras se alejaba, ella me hizo un gesto inequívoco con la cabeza para que la esperase fuera. Llamé la atención del camarero lanzándole un beso con los labios, pagué la cuenta y salí tras ella. Una vez en la calle, entré en mi coche y, al ponerlo en marcha, ella se coló por la puerta del acompañante. Con solo mirar sus ojos supe que aquella noche no habría ternura, que no habría un beso en la frente, ni un mimo, ni una caricia. Supe que ella me perdería en un océano de vicio, sin una brizna de dulzura.

Bianca Fox – este, era su nombre –, cuando ya habíamos abandonado la calle Tusset y volábamos hacia mi apartamento, desabotonó la parte superior de su vestido, de modo que pude admirar sus pechitos. Parecían de una chiquilla de trece o catorce años y me hicieron recordar los tiempos del colegio, cuando jugueteaba con tetitas muy parecidas. Mientras meditaba sobre esto, su mano se deslizó hasta mis muslos, buscando un modo de abrir la enrevesada botonera de los tejanos. Allí, mientras conducía de forma delirante mi coche, sacó mi polla, se inclinó sobre ella y comenzó a acariciarla con su boca y lengua. La lengua era de terciopelo, lamía con tanta suavidad, y su boca estaba tan caliente que en un momento me sumergí en un mar de sensaciones. Delante de mis ojos, entre los faros traseros de los otros coches, las luces de los semáforos y las imposibles motitos de los repartidores de pizza a domicilio, comenzaron a centellear nuevas lucecitas. Empecé a sentir una serie de pequeñas descargas eléctricas y mi polla comenzó a alzarse aparatosamente. Ella me miró a la cara y sonrió con picardía, yo cerré los ojos para permitirle que siguiera, al tiempo que mi pie presionaba el acelerador, y la sensación que tuve cuando volvió a chupar me hizo pedirle que parara antes de que me corriera en su boca allí mismo o acabáramos con la mitad de la flota móvil de “Tele-Pizza”.

No sé si fueron mis súplicas entrecortadas o la visión fugaz de su propia vida lo que hizo que estuviese de acuerdo. A partir de ese momento, y mientras cruzábamos la Gran Vía a más de noventa kilómetros por hora, empezó a acariciar mi pene con suavidad, conduciéndome a una sensación más relajada. Cuando entramos como una exhalación en las angostas calles de la Ciutat Vella, aún no había conseguido reducir lo suficiente la velocidad como para afrontar el primer giro con garantías suficientes de salir con vida, así que pisé con fuerza el freno y las ruedas aullaron sobre el asfalto caliente. Busqué un hueco donde estacionar, con tanta fortuna que dejé el coche aparcado en el único paso cebra del barrio.

Abandoné el coche en aquel lugar, sin preocuparme del futuro próximo. Subimos a mi piso y en cuanto cerré la puerta la tomé entre mis brazos, y la besé en los labios. Su lengua se movía con maestría, y sus manos, dotadas cada una de ellas de voluntad propia, se paseaban sobre mi cuerpo con violencia. Me cogió por el pelo y estiró mi cabeza hacia abajo, llevándola a su entrepierna. Me coloqué de rodillas, levanté su faldita retirando con dificultad la diminuta braguita que llevaba y pude comprobar por su pene oscuro en erección y la pequeña mancha que había dejado en la tela de la braga que ella estaba tan excitada como yo. Sentí el calor del pene desnudo de Bianca y toda la dureza de ese palo cerca de mi cara. El aroma salado y acre a sexo que despedía era embriagador.

Tomé su rabo con toda la delicadeza de que fui capaz y comencé a acariciarlo con los labios y la lengua: primero con el extremo de la lengua, la punta del pene y el meato, con un movimiento circular, muy, muy pequeño…después me deslicé con mi lengua hasta el pliegue del prepucio, recorriéndolo también en círculos… todo muy lentamente. En ese momento Bianca se apoyaba contra la puerta de entrada, gemía ruidosamente y continuaba estirándome el pelo con tanta fuerza que los ojos se me llenaron de lágrimas. Descendí con la lengua ensalivada por el balano hasta llegar a sus testículos perfectos, aterciopelados y redondos. En ese momento abandoné la delicadeza anterior y de un solo golpe, introduje su polla en mi boca hasta que su vello púbico, teñido de rubio, golpeó contra mi nariz, sintiendo ese sabor y ese olor que tanto me gustan.

Bianca se apartó de mí bruscamente y me pidió que la dejase ir al baño. Cuando se lo mostré me ordenó que me arrodillase delante suyo, mientras ella se situaba de pie frente a mí. Con las dos manos apuntó hacia mi su polla erecta y mientras la miraba boquiabierto empezó a orinar sobre mí en un gracioso arco dorado. Aquello me encantó. En un tiempo eterno sentí las gotas doradas de lluvia resbalar por mi cara, mi pecho, sobre mi vientre y mi propia verga. Cuando hubo acabado volví a lamer su polla, limpiando con la lengua las últimas gotas bruñidas que resbalaban sobre aquel tubo ardiente. A continuación me ordenó:

¡Date la vuelta, la frente en el suelo, las manos en la espalda y las palmas hacia arriba!

Hice lo que me pedía y quedé con la frente sobre las baldosas calientes del cuarto de baño, encharcadas por los meados de Bianca. Noté el calor acuoso de su lengua sobre mis nalgas. Podía sentir como se paseaba con lentitud y la humedad de su saliva. En pequeños círculos descendió hasta mi culo e introdujo la lengua con facilidad, una y otra vez, follándome sin piedad con ella. En un momento se separó y masajeó el esfínter, preparándolo, luego introdujo un dedo poco a poco con movimientos circulares, lubricándolo con su saliva. Aquel dedo entraba y salía con una suavidad celestial. Mi agujero se fue relajando, y en muy poco tiempo permitió el paso de dos dedos.

Yo humedecí mis dedos con saliva y me lubriqué la polla con ellos. Cuando noté que su nabo intentaba abrirse paso dentro de mi culo comencé a acariciarme el capullo, sentía entrar su verga con suavidad y mi culo se abría ante la invasión sin oponer mucha resistencia. Miré hacia atrás y contemplé una escena gloriosa: el cuerpo moreno y delicado de Bianca, bañado en sudor, se arqueaba hacia atrás, de forma que proyectaba hacia adelante aquel rabo fogoso, que yo notaba desaparecer rítmicamente entre mis glúteos. Sus manos se apoyaban y acariciaban mis costados, mi vientre y mis nalgas. Dirigí mi mano libre hacia atrás y agarré sus cojones, que golpeaban mis nalgas cuando su polla alcanzaba la máxima profundidad.

Bianca poco a poco aumentó el ritmo, el ímpetu de sus envites, la fuerza con que sus manos golpeaban mis nalgas que estaban en carne viva, y el volumen de sus gemidos, que ya se debían oír en toda Ciutat Vella. Con una potencia sobrehumana empujaba mi cuerpo que se deslizaba con las piernas muy abiertas sobre las baldosas orinadas. Yo seguía masajeando mi polla, aguantando aquella embestida feroz, y ya estaba a punto de explotar y descargar catarata de semen cuando Bianca, aullando, clavó sus uñas en mis nalgas, y sentí las convulsiones de su corrida en mis entrañas. Se quedó de rodillas, con el culo apoyado en sus talones, la cabeza gacha, totalmente extenuada, y con cara de haber dado todo lo que tenía dentro. Yo aún tenía munición en la recámara y la retención había sido excesiva. No podía continuar resistiendo. A pesar de mis esfuerzos me corrí con salvajismo. El chorro de semen se disparó contra mi pierna, se deslizó y, finalmente, se mezcló con los orines del suelo. Las contracciones de mi orgasmo estrangularon rítmicamente la polla de Bianca dentro de mi ano y pude escuchar un suave gemido cuando esas convulsiones exprimieron las últimas gotas de leche de su polla.

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