Jul 31 2008
Nada más.
Les advierto ahora
y de una vez por todas
que la vida es
esto
y nada más.
Jul 31 2008
Altas, esbeltas, con el rostro terso, ingenuas aunque confiadas,
eran terriblemente inglesas. ParecÃan tan libres, pero en realidad
estaban tan confusas y paralizadas en su fuero interno. Daban
la impresión de ser alegres y originales y, sin embargo, eran tan
convencionales que acababan encerrándose en sà mismas.
Aparentaban ser dos audaces y altos balandros jóvenes que
abandonaban el puerto rumbo a los amplios mares de la vida,
pero en realidad no eran más que dos pobres jóvenes desorientadas
que se movÃan de un fondeadero a otro, echando el ancla
en cuanto podÃan.
Extraido de D. H. Lawrence, La virgen y el Gitano, Ed. Impedimenta, Madrid (2008), pág. 23-4.
Jul 28 2008
Ahora que de ti sólo me queda el recuerdo vivo y tierno,
y la luz de la luna brillante sobre tu cuerpo.
Hasta muy, muy pronto, princesa!
Jul 28 2008
Cuando he crecido
mi cabeza ha chocado
contra el cielo,
y era la primera vez
que sentÃa un dolor
provocado por la edad.
Extraido de S. ZWEIN (ed.), Quien ladra no es el invierno:
Una muestra de la poesia libanesa contemporanea,
col. El Taller de poesia, ed. Emboscall, Vic (2008).
Jul 27 2008
El que se jacta constantemente
de sus grandes riquezas incita
a que le importunen quienes
oyen sus fanfarronadas.
Cardenal Mazarino - Breviario para polÃticos.
Jul 24 2008
Cara lavada
y pecho de marmol
me gusta tu olor de siesta
cuando siembras la noche
de palabras sin orden
entre los ojos cerrados.
Jul 24 2008
Y Samarcanda es el final de
un camino prohibido para mi.
Cartago fue destruido,
arrasado Corinto,
con sus templos, sus vicios,
su libertad.
Echo de menos los sueños
de Damasco en las noches
de Bagdag.
Quién pudiera bajarse de un
viejo barco, en una noche cualquiera
de San Juan, y ollar con
pies de barro las ciudades
de un tiempo anciano,
Bucefalia al este,
Camelot al oeste,
a lo lejos, la ciudad.
Jul 24 2008
Cerrad los ojos
y allà está,
la ciudad.
Marmol sonrojado
poor emociones en ebullición
lugares sagrados de sabios
con barbas de paja y palabras
balbuceadas por las piedras
entre congojas de siembras
y sal.
La ciudad
que ya no es
ciudad, sino ruinas,
la ciudad,
que ya no es nada,
desierto de sombras
que bailan pasodobles
al ritmo de cÃtaras
y melodÃas de los grillos,
cÃnicos amos del lugar.
Cierro los ojos,
la ciudad
blanca como una virgen,
abro los ojos
cierro los ojos
la ciudad
roja como la rosa
cegados los brillos de las estatuas
en el fuego de los soldados
y el cansado repiquetear de los tambores.
Echo de menos
la ciudad.
Ideada para ser idea
con esplendor de joya
labrada en mil piedras.
Soñada por los cuentos
en noches de cordura
y libros de filosofÃa.
Tu ciudad.
Los hombres no aprenden
a amar los cimientos uterinos
de sus congéneres.
Erosiona el tiempo con los golpes
incoherentes de la espada,
viola la mente de los ausentes
con la memoria olvidada.
Solo hay una madre,
pero siempre queda
la ciudad
a los huerfanos del hambre
a los voluntarios del amor
que guardan en sus ojos el reflejo
del sombrÃo sueño de la libertad
ante la conciencia lacerada.
Sobre la colina humeante,
entre perros de plata
y abruptos requiebros del mar
se alza, imponente,
la amante impotente,
la ciudad.
Jul 15 2008
La frontera
surgió de la tierra.
No habÃa nada allÃ
y la hierba hace tiempo
que habÃa dejado de ser verde
a ambos lados de la cerca.
Pero, entonces, ¿por qué
la frontera?
forjada en despachos
con la grasa encubierta
de las corbatas y las bayonetas,
alguien debió decir algo
o nadie quiso darse cuenta.
Espinosos tiempos
donde el idioma es más
importante que las palabras
o las señas.
Entre arrumacos circenses
y populachos que avanzan
a tientas
unos y otros, sin hablarnos,
hemos permitido que
nos separen del tronco
como ramas huérfanas,
que nos digan que somos
Cayo o Daniel
por vivir a un lado u otro
de un muro de grietas.
Si la luna divide su luz
entre ambos lados de la frontera,
los juramentos de honor
no valen el verdecer espeso
de las viñas ni el llanto
que colma las aduanas
con el polvo de antaño
y el olvidar de la hiedra.
La frontera
surgió de la tierra
compuesta de pedazos
de los hombres y sus miserias.
La frontera
surgió de la tierra
como un grito de mil millones de
voces estampándose
como una bala
en el eco televisado
de la aurora,
en el albor de la derrota,
en el ahogado grito
de la viuda,
en el solaz rotoñar del jazmÃn,
en la diferencia entre
orégano y peregil,
La frontera
surgió de la tierra
en el centro
de la sien.
Jul 15 2008
Quisiera ser para ti lo que es para el mar el viento,
y poder penetrar y saturar tu pensamiento,
elevarlo, formar y dar a tus ideas aliento,
y que fuesen como la espuma del mar: su ornamento.
extraido de Max Aub, Los poemas cotidianos (con un prólogo de Enrique Diez-Canedo), Pre-Textos Editorial (2008), pág. 79.