Archive for July, 2010

Recetas para acabar con el 50% del fracaso escolar (1): Pon exámenes más fáciles

Sunday, July 4th, 2010

Está claro que estamos haciendo las cosas mal. Un 30% “crónico” (desde siempre) de fracaso escolar “reconocido” al final de la etapa de enseñanza obligatoria debería ser algo INACEPTABLE para los docentes, para los pedagogos, para los políticos, para las familias…

Evidentemente las soluciones no son fáciles, pero a partir de las investigaciones que estamos realizando desde el grupo “Didáctica y Multimedia” (DIM-UAB) de la Universidad Autónoma de Barcelona hemos identificado algunas “recetas” que pueden ayudarnos a reducir significativamente este problema. Algunas de ellas requieren el apoyo de los nuevos instrumentos tecnológicos (TIC).

Ahí va la primera “receta”. Agradeceré comentarios críticos y el contacto de profesores que quieran unirse a nuestras investigaciones experimentando estas “recetas” con sus alumnos y proporcionando luego sus valoraciones.

¿Quieres reducir el fracaso escolar? Pues haz que los exámenes sean más fáciles.

Estaremos de acuerdo en que si hacemos que los exámenes les resulten más fáciles a los estudiantes, aprobarán más alumnos. ¿Verdad?

Pues se trata de hacer esto. Pero de una manera en la que además TODOS los estudiantes aprendan más y adquieran los conocimientos y competencias que la sociedad actual exige a sus ciudadanos. ¿Cómo? Veamos…

El origen del problema.

Actualmente, y aún cuando se van introduciendo sistemas de evaluación continua, la mayor parte de las actividades que configuran las notas de nuestros estudiantes proceden de exámenes memorísticos. De manera que los alumnos que no tienen buena memoria o no tienen técnicas de estudio, hábitos de concentración o la voluntad para pararse a memorizar, quedan prácticamente suspendidos.

Y así desde Primaria, poco a poco, estos alumnos se van frustrando y se van marginando más y más del sistema escolar. Muchos pasarán a ser abiertamente “alumnos problema” al llegar a la adolescencia en la ESO.

La propuesta: reduzcamos al 50% los exámenes memorísticos.

¿Por qué no dejamos que los alumnos hagan ALGUNOS de los exámenes con una “chuleta”? O, en su caso con sus los apuntes, con el libro de texto o con acceso a determinados contenidos de Internet.

Para resolver problemas más complejos de física o matemáticas podemos dejarles las fórmulas; para hacer comentarios de textos literarios podemos dejarles los apuntes sobre métrica, rima y figuras estilísticas; para comparar la sociedad de la Alta Edad Media con la del Renacimiento tal vez podemos dejarles consultar el libro de texto…

… Así podremos ver si el alumno sabe resolver problemas, si sabe hacer bien comentarios de textos literarios o si sabe confrontar y comentar las diferencias entre sociedades. Y… ¿verdad que suspenderían menos?

Claro que con estos exámenes con acceso a información no sabremos si el alumno sabe de memoria las fórmulas, las figuras estilísticas o todas las características del renacimiento… Solamente sabemos si sabe resolver problemas, si comenta bien los textos… Pero no hay problema…

… También seguiremos haciendo exámenes memorísticos

Cuando queramos evaluar la capacidad de memoria de estudiantes y conocer en qué medida han memorizado las fórmulas de física, les pondremos un examen de memoria de fórmulas de física, “sin chuleta”. Y ya está.

No estamos abogando por el abandono de la actividad memorística. Las personas necesitamos saber cosas de memoria, empezando por tener un amplio vocabulario con el que expresarnos al hablar o escribir. Aunque tengamos toda la información del mundo al alcance desde nuestro móvil, con Google…, necesitamos conocer muchos conceptos y hechos de referencia para poder comunicarnos con agilidad y hasta para poder buscar en Internet la información que necesitemos en cada momento.

De la misma manera que, aunque tengamos calculadoras para realizar cálculos complejos, necesitamos buenas competencias de cálculo mental con operaciones simples. De la misma manera que, aunque trabajemos con editores de texto y correctores ortográficos, necesitamos saber escribir con letra legible y sin faltas de ortografía.

En definitiva nuestra propuesta es…

En definitiva, nuestra propuesta es que antes de preparar un examen tengamos bien claro lo que pretendemos medir y no mezclemos en un mismo examen las “preguntas de memoria” con otras actividades cognitivas que ya diferenció Benjamin Bloom a mediados del siglo XX: comprender, analizar, sintetizar, aplicar, valorar…

De esta manera, si ponemos 2 exámenes (uno de “fórmulas sin chuleta” y otro de problemas “con chuleta”) el alumno que no ha memorizado las fórmulas suspenderá el examen de fórmulas, pero quizás aprobará el examen de problemas. Así evitaremos que los alumnos que no recuerden las fórmulas queden automáticamente suspendidos, sin opción a demostrar si saben analizar, razonar y solucionar los problemas. Y de esta manera muchos alumnos hiperactivos, poco dados a concentrarse y memorizar pero que comprenden bien las cosas, disponiendo de las fórmulas podrán resolver los problemas y aprobar los exámenes.

Por lo tanto, y en coherencia también con esta evolución hacia un verdadero curriculum por competencias, nuestra propuesta es que procuremos que al menos un 50% de los exámenes (o de los ejercicios con puntuación importante) se hagan permitiendo a los estudiantes el acceso a determinadas fuentes de información.

Huelga decir que en estos exámenes no podemos incluir “preguntas de memoria” como ¿qué obras escribió Cervantes?, ni problemas de rutina del tipo calcula el área de un cuadrado cuyo lado mide 3 cm. Como se ha comentado deberán ser exámenes centrados en actividades de comprensión, análisis, síntesis, aplicación de conocimientos, valoraciones…

Continuará…

Ver también: Recetas para reducir al 50% el fracaso escolar (2): ¿Qué hacen en Primaria en “2020”? y ¿por qué no mejoran las notas de los alumnos con las TIC?

Recetas para acabar con el 50% el fracaso escolar (2): ¿Qué hacen en Primaria en “2020”?

Thursday, July 1st, 2010

Vamos a entrar por unos momentos en “2020”, un mundo de ficción – ¿o quizás ya no es ficción? – en el que los ciudadanos tienen SIEMPRE a su alcance un ordenador conectado a Internet. Siempre que lo necesitan se entiende, de la misma manera que hoy en día nosotros podemos acceder fácilmente a una calculadora o a un teléfono cuando nos hace falta.

Para comprender mejor las implicaciones sociales y educativas de esta circunstancia, antes retrocedamos al pasado y recordemos que a mediados del siglo XX no teníamos calculadoras a nuestro alcance, y por ello en la escuela nos enseñaban a hacer largas operaciones (sumas, multiplicaciones, divisiones, raíces cuadradas…) para aplicarlas cuando hicieran falta en la vida. En carreras como las ingenierías se hacían cálculos complejos con la ayuda de tablas de logaritmos y reglas de cálculo.

Y todo esto hasta que las calculadoras se hicieron omnipresentes, arrinconado a las reglas de cálculo y expulsando del curriculum a las largas operaciones manuales. Ya no eran necesarias, pues las calculadoras nos hacían el trabajo. Aunque ATENCIÓN: hay que seguir cultivando el cálculo mental y saber realizar con rapidez y fiabilidad operaciones cortas sin calculadora.

Pues bien, en “2020”, nuestro mundo de ficción, resulta que los ordenadores e Internet son omnipresentes y casi gratuitos para todos los ciudadanos. Además cada persona tiene un ordenador personal que le acompaña siempre (como hoy el teléfono móvil) y que configura a su gusto y utiliza para almacenar todas las informaciones (datos, agenda, correos…) que considera interesantes. Dispone también de un disco virtual en Internet, donde se va haciendo un duplicado instantáneo del contenido de su ordenador, de manera que también puede acceder a sus datos desde cualquier otro equipo.

En definitiva, estos ciudadanos tienen en el ordenador una memoria complementaria y una versátil caja de herramientas: para acceder a cualquier conocimiento (con los buscadores de Internet), para ver lo que ocurre en cualquier lugar del mundo (TV y prensa digita), para comunicarse con cualquier persona (e-mail, videocomunicación), para participar en redes sociales, para ayudar a su cerebro a procesar información (editores de texto y mapas conceptuales, hojas de cálculo…), para hacer telegestiones (compras)….

No voy a extenderme aquí en la lista de cosas que podemos hacer con un potente ordenador conectado a Internet. Pero si quiero insistir en la idea central: en “2020” los ciudadanos siempre que lo necesitan pueden disponer de su ordenador. Por ello dicen: “yo soy yo y mi ordenador”. De la misma manera que hoy nuestros jóvenes dicen: “yo soy yo y mi teléfono móvil”

Por supuesto, en “2020” la escuela prepara adecuadamente a sus alumnos para este contexto en el que van a vivir, y desde pequeños realizan muchas de las actividades escolares (y la mayor parte de los exámenes) teniendo a su disposición un ordenador. De la misma manera también utilizan lápices, papel y libros, y escriben a mano, leen libros, realizan comentarios orales, debaten temas… No se abandonan los aprendizajes esenciales de toda la vida.

En este marco, en la Enseñanza Primaria se procura especialmente que los estudiantes adquieran buenas competencias: lectura comprensiva; expresión oral y escrita de ideas, sentimientos y síntesis de lecturas (con el menor número de faltas de ortografía y con un enriquecimiento progresivo de su vocabulario); razonamiento crítico; análisis gramaticales y del entorno que les rodea; cálculo mental; estrategias metodológicas para enfrentarse a diversas tareas y resolver problemas; creatividad e iniciativa; conocimiento de sí mismos y de los demás, que vayan configurando un sistema de valores…

… Y también por supuesto que conozcan su entorno natural y social, pero a partir de amenas explicaciones y sobre todo de actividades prácticas, realizadas muchas veces en grupo, con el apoyo de los ordenadores y con exposición final a toda la clase en la pizarra digital. Ver ejemplo.

Se realiza una evaluación continua, pero periódicamente se desarrollan unas actividades tipo examen que tienen una mayor incidencia en su calificación académica. Aunque algunos exámenes son memorísticos (dictados, fórmulas, conceptos básicos, hechos y lugares relevantes…), en la mayor parte de estos exámenes los alumnos pueden utilizar su ordenador como memoria complementaria (acceso a informaciones) e instrumento para el proceso de la información (editor, calculadora…).

… Y como es una ficción, diremos que tanto los alumnos más aventajados como los menos aplicados adquieren un buen nivel en las competencias básicas, ya que las trabajan mucho en clase y con actividades atractivas para ellos. Y como además la mayor parte de los exámenes no son memorísticos, y en definitiva consisten en aplicar las habilidades desarrolladas en los ejercicios realizados durante el curso, (no dependen de su memoria) la mayor parte de los alumnos (exceptuando los que tienen fuertes deficiencias o están inmersos en una problemática social grave) se esfuerzan y aprueban.

En Primaria hay pues un bajo fracaso escolar, de manera que la mayoría de los alumnos afronta la ESO con confianza e ilusión: saben que si se esfuerzan y trabajan (aunque tengan mala memoria) podrán aprobar.

Quizás ha sido una ficción veraniega, pero… ¿nos podría funcionar también en nuestro mundo 2010?

OBSERVACIONES: Hay que seguir estudiando. “No tener que memorizar para el examen” no significa “no tener que preparar los exámenes”. Hay que “saber hacer” y esto solo se aprende trabajando durante el curso. El esfuerzo sigue siendo imprescindible.

Ver también: ¿Por qué no mejoran las notas con las TIC? y Recetas para reducir un 50% el fracaso escolar (1): Pon exámenes más fáciles.