El filo de la pipa – José A. Noguera

Opiniones críticas sobre política, sociedad y cultura

Oct 02 2012

Contén tu entusiasmo

Posted in A favor, Cine y TV by José A. Noguera |

Mi primera entrada “de contenido” en este blog la dedico a alguien que me ha alegrado bastante la vida en años recientes: el actor y guionista de comedia televisiva Larry David (¡gracias desde aquí a Toni Llàcer por descubrírmelo!). Aunque muy poco conocido en España, se trata de uno de los más hilarantes y provocativos cómicos que la televisión norteamericana nos ha dado. Fue lanzado a la fama (y a la riqueza) por su labor como guionista de Seinfield, pero el show que realmente muestra su talento en toda regla, y que vale la pena explorar alguna vez antes de morir, es sin duda Curb your enthusiasm. En él, Larry se interpreta a sí mismo mostrándonos los problemas de su vida social de rico ocioso en Los Angeles, que tienen todos la misma raíz: la negativa de Larry a adaptarse a las situaciones arbitrarias sin rechistar, su constante exigencia de explicaciones y de coherencia en algo que no las tiene ni las puede tener.

El show de Larry David no busca la risa fácil ni el humor benigno, sino diseccionar cruelmente la estupidez y arbitrariedad de la mayoría de las convenciones sociales en las que vivimos cotidianamente,  por el expeditivo método de sacarlas a la luz pública y denunciar la hipocresía de quienes las sostienen. Se me dirá: “eso ya lo hemos visto muchas veces”. Os puedo asegurar que NUNCA lo habéis visto llevado a los extremos que Larry, y sólo él, se ha atrevido a frecuentar en pantalla. Sólo él en toda la televisión made in USA se ha atrevido a criticar a los discapacitados, las minorías étnicas, las lesbianas, los niños, las organizaciones caritativas, los judíos, los enfermos, los feos, los obesos, y a quien se ponga por delante (y no se piense que es un reaccionario: al contrario, Larry es el prototipo del judío demócrata norteamericano, que en una escena impagable renuncia a copular con una despampanante actriz porque ve el retrato de Bush en su camerino).

Para Larry, ser calvo es una condición honrosa que otorga derechos como los de cualquier otra “minoría”. A Larry no le importa “quedar mal” en cualquier situación con tal de reclamar coherencia y reciprocidad en el trato. Su incorrección política es de calibre máximo. Lo mejor de su actuación es la demostración de que todos los demás son en realidad peores que él, pero la insinceridad y la pátina de la respetabilidad social lo disimulan. Al final, Larry siempre recibe todas las sanciones (sociales, legales), por mucho que intente actuar correctamente, y es acusado una y otra vez de egoísmo por muchos que no hacen otra cosa que aprovecharse mezquinamente de él. El chantaje emocional y social como arma omnipresente es lo que Larry no acepta ni soporta. No hay tontería lo suficientemente trivial como para que Larry la deje pasar si considera que algo está mal en ella. Tal y como lo define su mejor amigo en la serie, es un “asesino social”.

A Larry David, cierto es, o lo amas o lo odias. Pero no se puede negar que pocos comediantes hoy en día pueden combinar un humor desternillante y de alto voltaje con ideas sencillamente geniales que cuestionan de forma original auténticos pilares de nuestro modo de vivir, de ver, y de representar las cosas. Necesitamos a Larry precisamente porque no podemos, no debemos, ser como él, porque sus astracanadas razonables (que eso son) exorcizan demonios internos. Larry aplica numerosos tests para deducir la honestidad de las personas (uno de los más hilarantes es que si un abogado tiene una esposa fea, entonces es que es honesto). Me atrevería a formular algo así como “el test de Larry David”: si alguien reacciona con escándalo en vez de con risa y autoburla al visionado de sus aventuras, es que aún no ha entendido en qué consiste esto de vivir entre otros.

 


1 Comment

Oct 01 2012

Contra la indolencia y el autoengaño

Posted in A la contra, General by José A. Noguera |

Bienvenidos al blog “El filo de la pipa”, que pretende ser una modesta aportación a la reflexión crítica sobre diversos temas de interés público. El título, como muchos ya habréis adivinado, no tiene nada que ver con el tabaquismo: la imagen de cabecera es la pipa de Magritte, que refleja una idea particularmente afilada. El famoso cuadro nos muestra una pipa seguida de la frase “esto no es una pipa”. ¿Una pipa no es una pipa? No: la imagen, la representación de una pipa no es una pipa. Sin embargo, sólo reparamos en algo tan sencillo cuando nos paramos un momento ante el cuadro y reflexionamos. Pararse a reflexionar y no confundir la realidad con sus imágenes y representaciones: estas dos ideas definen el espíritu que me gustaría infundir a este blog. Espero que leyéndolo nunca quedéis indiferentes, pues no son tiempos para la indolencia los que vivimos, sino para reaccionar con rumbo claro y detectar las muchas fuentes de distorsión y autoengaño a que estamos expuestos.

Max Weber, uno de los clásicos de la ciencia social, decía que “la primera tarea de un profesor es enseñar a sus alumnos a aceptar hechos incómodos”. Sabía bien que los humanos tendemos a adoptar aquellas creencias que concuerdan con nuestros intereses y deseos, ignorando todo aquello que se opone a la satisfacción de los mismos. El llamado self-serving bias, o sesgo de auto-conveniencia, es una de las limitaciones de nuestra naturaleza, y aunque sucumbir confiadamente a él pueda ser psicológicamente reconfortante, a largo plazo casi siempre resulta políticamente peligroso y personalmente frustrante. Como Jon Elster nos ha enseñado, “las creencias surgidas de la pasión sirven mal a la pasión”.

Afortunadamente, los humanos también estamos dotados de facultades superiores que, con menos frecuencia de lo deseable, nos permiten ponderar imparcialmente pros y contras, recoger información y evidencia de forma abierta, considerar detenidamente en qué podríamos estar equivocados, y, si llegamos a convencernos de que lo estamos (cosa difícil pero posible), corregir nuestros errores y aumentar, así, la calidad de nuestras creencias y opiniones sobre el mundo que nos rodea. La ciencia moderna, incluida la social, no es más que el refinamiento institucionalizado de tales capacidades de nuestra especie. Razonar y analizar, por tedioso que pueda resultar a veces, es un requisito para la toma de decisiones lúcidas y fructíferas.

Intentaré, en la medida de mis posibilidades, ejercer esas capacidades aquí. Sin callarme lo que piense. Con ironía y prescindiendo de la “corrección política”. Sin simplismos, pero permitiéndome licencias si la causa lo merece (opino como Godard: hay boutades que, de tan sanas, son casi necesarias). Sin sectarismos, pero sin ocultar mis tomas de partido. Como dije, no son tiempos para la indiferencia, sino para afilar la mirada y la reflexión.


No Comments

« Prev