El filo de la pipa – José A. Noguera

Opiniones críticas sobre política, sociedad y cultura

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Nov 05 2014

Poder o no poder

Posted in A favor, Política |

No creo arriesgarme demasiado si afirmo que el mejor político surgido en España en lo que va de siglo es Pablo Iglesias, líder de Podemos. A diferencia de otros líderes de izquierda, este inteligente y pragmático profesor de ciencias políticas nos recuerda constantemente la lección del mejor Maquiavelo: que la política no tiene que ver primordialmente con la verdad ni con la razón (por mucho que estas te asistan), sino con el poder y las estrategias para conseguirlo y ejercerlo, algo que a la derecha nunca ha hecho falta recordarle. Para Iglesias, como para Maquiavelo, la política es una técnica, una herramienta que hay que aprender a utilizar, no un fin en sí mismo como para Aristóteles. Y, al menos sobre el papel, no cabe duda de que propone utilizarla al servicio de objetivos valiosos.

Pero la pregunta que muchos se hacen es: ¿podrán las iniciativas ciudadanas alternativas como Podemos o Guanyem conseguir cambios realmente sustanciales en las reglas del juego que nos han llevado a la actual situación de degeneración política, económica y moral? ¿Lograrán conquistar cuotas de poder suficientes como para avanzar en los objetivos colectivos que defienden? Aunque las últimas encuestas documentan una inaudita tendencia ascendente en su apoyo popular, éste no es aún suficiente para que Podemos pueda aplicar su programa con cierta comodidad, o siquiera llegar a un gobierno. Hay varias claves de análisis que resultan fundamentales para que su buena estrella se mantenga:

1. La estrategia: Mantener el pragmatismo y la inteligencia política que ya han caracterizado a estos nuevos líderes resulta esencial para su éxito. Podemos, de momento, está evitando con brillantez las trampas en las que tradicionalmente han sucumbido (y en las que siguen cayendo) otros partidos a la izquierda de la socialdemocracia: vocación de marginalidad, desprecio del marketing social y de las reglas de la comunicación mediática, asamblearismo paralizante, sectarismo y dogmatismo ideológico, etc. Me resulta incomprensible que haya quien critique a Iglesias por ser tacticista o estratega, esto es, por su inteligencia política. Esas son precisamente virtudes que damos por descontadas en los partidos tradicionales y rara vez criticamos en ellos. ¿Tacticismo y estrategia? Mal pueden quejarse los demás de que por una vez les administren con habilidad su propia medicina, máxime cuando ello se hace compatible con una total apertura al voto ciudadano, algo que ningún otro partido puede hoy exhibir en España.

2. La comunicación y el mensaje: habrá quien siga creyendo que para defender propuestas de izquierdas debe poner la palabra “izquierda” en cada frase de su discurso, pero Podemos ha demostrado lo contrario. Una vez más, se trata de no confundir la herramienta con el objetivo, de no creer que el carpintero deja de serlo sólo porque no utiliza sierras de madera. Hace mucho que la derecha aplica exitosamente su programa en parte porque no nos recuerda constantemente que es un programa de derechas. Si para celebrar un cuasi-referéndum en Cataluña el 9 de noviembre hay que dejar de llamarlo así, a lo mejor para ganar unas elecciones con un programa netamente de izquierdas hay que ahorrarse la calificación y centrarse en la sustancia. Para tranquilidad de intelectuales ex marxistas, bajo ello planea la idea gramsciana de “sentido común”: conectar con la gente que no razona en términos ideológicos, pero que “objetivamente” tiene interés en las propuestas de izquierda si se le exponen con claridad y sin jerga militante.

3. La (ausencia de) organización: contra lo que muchos militantes de la izquierda tradicional han afirmado insistententemente (“el problema de Podemos es que no tienen organización”), en el tablero de juego impuesto por Iglesias la organización en el sentido clásico no importa tanto. Quienes sienten una incómoda irritación porque unos “recién llegados” que “no están en la calle con los movimientos reales” susciten tanto apoyo popular sencillamente no han entendido algo que Iglesias sí entiende: la inmensa mayoría de sus potenciales votantes no son ni serán militantes cotidianos sino que, a lo sumo, se movilizarán esporádicamente en las “grandes” ocasiones (guerra de Irak, 11-M, etc.); circunscribirte a “los movimientos” y “la calle” es condenarte a ser minoritario. Se ganan más votos a través de las redes sociales y de internet, a través de los medios y del boca-oreja, que mediante una engrasada maquinaria de activismo partidista que, como mucho, puede mantener a un porcentaje de los fieles. Y si en la oposición no es ya tan esencial disponer de una organización asentada, tampoco lo es en el gobierno, donde a esos nuevos canales de movilización se uniría la maquinaria administrativa del Estado.

4. La agenda. Podemos gana si la agenda pública continúa centrada en la crisis económica, la desigualdad y la corrupción. Pierde si los demás consiguen centrarla en otros temas. El ejemplo más claro es el proceso soberanista catalán. No sólo el PP es consciente de ello: también los independentistas y ERC, que empiezan a estar nerviosos por la irrupción de Podemos en unas elecciones catalanas, lo cual podría suponer que ni soberanistas ni antisoberanistas sumasen mayoría y, por tanto, devolver la cuestión social y económica a un lugar central en el que ni ERC ni CiU se mueven con comodidad. Oriol Junqueras dijo hace poco a Bloomberg que los tenedores de deuda tendrían más posibilidades de recuperar su dinero de una Cataluña independiente gobernada por él que de una España gobernada por Podemos. Aviso para navegantes.

5. La reacción y el contra-ataque. Como dije en mi anterior post, las élites del régimen de 1978 no permanecerán impasibles ante la mayor amenaza a la que se han enfrentado en 35 años. El contraataque que se avecina es ya de tercera fase: la primera (el desprecio y el ninguneo) y la segunda (las acusaciones de populismo, terrorismo, chavismo y utopismo) no han funcionado, sino que han resultado contraproducentes. Lo que viene ahora es el combate directo en términos “programáticos”, con el objetivo de que los novatos resbalen en el ring sin que parezca que eres tú el que les pega: tratarles con respeto, pero con condescendencia, para mostrar ante los ciudadanos su bisoñez. Esta fase ya la han iniciado muchos analistas, articulistas e intelectuales de la órbita PRISA-PSOE.

Ante esto, bien hará Podemos en abrirse a un abanico amplio de asesores y técnicos rigurosos que le permita el combate de fondo y no sólo el basado en el punch y el KO. La exitosa estrategia de Iglesias y sus colaboradores ha sido de libro: una columna de blindados ligeros avanzando velozmente y por sorpresa hacia el centro de mando del enemigo. Pero ahora toca defender la posición, avanzar en todas direcciones mediante el cuerpo a cuerpo, y lograr que muchos enemigos deserten y se pasen al otro bando. Si siguen aumentando los ciudadanos que no se resignan frente al vergonzante Vichy que venimos sufriendo desde 2010, hay una buena opción de conseguirlo.


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Oct 02 2012

Contén tu entusiasmo

Posted in A favor, Cine y TV |

Mi primera entrada “de contenido” en este blog la dedico a alguien que me ha alegrado bastante la vida en años recientes: el actor y guionista de comedia televisiva Larry David (¡gracias desde aquí a Toni Llàcer por descubrírmelo!). Aunque muy poco conocido en España, se trata de uno de los más hilarantes y provocativos cómicos que la televisión norteamericana nos ha dado. Fue lanzado a la fama (y a la riqueza) por su labor como guionista de Seinfield, pero el show que realmente muestra su talento en toda regla, y que vale la pena explorar alguna vez antes de morir, es sin duda Curb your enthusiasm. En él, Larry se interpreta a sí mismo mostrándonos los problemas de su vida social de rico ocioso en Los Angeles, que tienen todos la misma raíz: la negativa de Larry a adaptarse a las situaciones arbitrarias sin rechistar, su constante exigencia de explicaciones y de coherencia en algo que no las tiene ni las puede tener.

El show de Larry David no busca la risa fácil ni el humor benigno, sino diseccionar cruelmente la estupidez y arbitrariedad de la mayoría de las convenciones sociales en las que vivimos cotidianamente,  por el expeditivo método de sacarlas a la luz pública y denunciar la hipocresía de quienes las sostienen. Se me dirá: “eso ya lo hemos visto muchas veces”. Os puedo asegurar que NUNCA lo habéis visto llevado a los extremos que Larry, y sólo él, se ha atrevido a frecuentar en pantalla. Sólo él en toda la televisión made in USA se ha atrevido a criticar a los discapacitados, las minorías étnicas, las lesbianas, los niños, las organizaciones caritativas, los judíos, los enfermos, los feos, los obesos, y a quien se ponga por delante (y no se piense que es un reaccionario: al contrario, Larry es el prototipo del judío demócrata norteamericano, que en una escena impagable renuncia a copular con una despampanante actriz porque ve el retrato de Bush en su camerino).

Para Larry, ser calvo es una condición honrosa que otorga derechos como los de cualquier otra “minoría”. A Larry no le importa “quedar mal” en cualquier situación con tal de reclamar coherencia y reciprocidad en el trato. Su incorrección política es de calibre máximo. Lo mejor de su actuación es la demostración de que todos los demás son en realidad peores que él, pero la insinceridad y la pátina de la respetabilidad social lo disimulan. Al final, Larry siempre recibe todas las sanciones (sociales, legales), por mucho que intente actuar correctamente, y es acusado una y otra vez de egoísmo por muchos que no hacen otra cosa que aprovecharse mezquinamente de él. El chantaje emocional y social como arma omnipresente es lo que Larry no acepta ni soporta. No hay tontería lo suficientemente trivial como para que Larry la deje pasar si considera que algo está mal en ella. Tal y como lo define su mejor amigo en la serie, es un “asesino social”.

A Larry David, cierto es, o lo amas o lo odias. Pero no se puede negar que pocos comediantes hoy en día pueden combinar un humor desternillante y de alto voltaje con ideas sencillamente geniales que cuestionan de forma original auténticos pilares de nuestro modo de vivir, de ver, y de representar las cosas. Necesitamos a Larry precisamente porque no podemos, no debemos, ser como él, porque sus astracanadas razonables (que eso son) exorcizan demonios internos. Larry aplica numerosos tests para deducir la honestidad de las personas (uno de los más hilarantes es que si un abogado tiene una esposa fea, entonces es que es honesto). Me atrevería a formular algo así como “el test de Larry David”: si alguien reacciona con escándalo en vez de con risa y autoburla al visionado de sus aventuras, es que aún no ha entendido en qué consiste esto de vivir entre otros.

 


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