El filo de la pipa – José A. Noguera

Opiniones críticas sobre política, sociedad y cultura

Jan 20 2015

Proceso constituyente: sí o sí

Posted in Política |

El año 2015 se avecina intenso, en Europa, en España y en Cataluña. Por primera vez desde que estalló la Gran Crisis, hay indicios más que razonables de que diversos procesos electorales pueden operar como un terremoto en el tablero de juego establecido por quienes han gestionado la política anti-crisis como un desmantelamiento de lo público a favor del capital privado (Merkel y la troika en la UE, el PP y el PSOE en Madrid, y CiU en Cataluña). La posibilidad de una ruptura con estas políticas cobra visos de materializarse en el corto plazo.

En el estado español, dos potentes fuerzas amenazan gravemente el régimen surgido del consenso de 1978: Podemos en el conjunto del estado, y el movimiento soberanista en Cataluña. Ambos son el resultado de genuinos movimientos sociales con apoyo masivo, y del hartazgo y la justa indignación de muchos ciudadanos que se sienten pisoteados por unas élites económicas y políticas que no han dudado en lucrarse desvergonzadamente a su costa mientras les decían que ellos debían empobrecerse. Frente a ambos movimientos, ese tercer actor, las clases dirigentes, se alinea claramente con el PP  y, como plan B, con el PSOE para intentar mantener su tinglado lo más intacto posible.

¿Cuál de estos tres actores tiene más posibilidades de imponer sus intereses y estrategias a costa de los otros dos? Lo cierto es que los tres parecen tener, a día de hoy, fuerza y recursos suficientes como para conducirnos a una situación de bloqueo político hacia finales del año en curso. Si las previsiones electorales (bastante similares en todas las encuestas) se cumplen medianamente, ¿qué opciones habrá para desbloquear la gobernabilidad?

Creo que la lógica de la situación lleva a una única salida: un proceso constituyente a nivel de todo el Estado, con implicaciones sustanciales para el estatus político de Cataluña. Mi opinión es que tanto la independencia unilateral de Cataluña como el inmovilismo (o la cosmética) constitucional son vías muertas de antemano, defendibles únicamente como un farol en el póker, o una amenaza en el juego del gallina, pero sin un recorrido viable que lleve a algo más que al suicidio político. Por tanto, el único de los tres actores que tiene opciones plausibles de imponer su agenda (un proceso constituyente real) es Podemos.

La primera vía sin salida, conducente inexorablemente al bloqueo, es la de la independencia de Cataluña. En una excelente escena de la segunda temporada de Juego de tronos, uno de los consejeros de la corte, el taimado lord Baelish, lanza a la cara de la reina-madre Cersei amenazas veladas a cuento de una información muy comprometedora para ella. “He aprendido que el conocimiento es poder”, le espeta. Cersei, ni corta ni perezosa, ordena a sus guardias que prendan a lord Baelish y le corten el cuello. Cuando la hoja de la espada está iniciando el descenso, Cersei rectifica en tono frívolo: “no, dejadle, he cambiado de opinión”. Y ante un descompuesto lord Baelish sentencia: “el poder es poder”.

El episodio me suele venir a la mente cuando me planteo qué podría hacer un Parlamento catalán con clara mayoría independentista para llevar a la práctica la secesión. Pues aun con una abrumadora mayoría democrática en su favor (que está por ver que consigan), los independentistas carecerían de los recursos de poder más básicos y elementales para llevar a cabo sus propósitos, mientras que, del otro lado, el gobierno de Rajoy y el Estado español disponen de muchos más de los necesarios para evitarlo. Entiéndaseme bien: constatar que una batalla es tan desigual que la victoria del contendiente más débil está descartada es simplemente reflejar un dato, independiente de la simpatía o antipatía que cada bando suscite, de la razón o legitimidad que les asista, o de la justicia de sus respectivas causas. No se trata de lo que nos gustaría que fuese, ni de cuán justo sea, sino de si la correlación de fuerzas lo permite.

El Estado español nunca concederá de buen grado la independencia de Cataluña. Ésta, de realizarse, debería ser unilateral y luchando a brazo partido durante años, con costes muy considerables, contra todos los recursos legales, económicos, políticos, nacionales e internacionales, que Madrid utilizará sin dudar en el momento en que los independentistas no le dejen otra opción que hacerlo. España, como Cersei, tiene el poder real y lo usará si ello resultase necesario, haciéndolo además, sobre el papel, dentro de la legalidad vigente y con legitimidad internacional, dado que Cataluña está sola, pues carece de apoyos de grandes potencias extranjeras (como sí los tuvieron Kosovo, Eslovenia o las repúblicas bálticas). El soberanismo tiene fuerza para resistir, pero no para ganar; puede permanecer sublevado dentro de su encierro, pero no salir de él con sus solas fuerzas.

Tomemos como ejemplo la cuestión de la “Hacienda propia” que los soberanistas quieren construir en Cataluña. Obviamente, cualquier disposición legal unilateral en ese sentido será recurrida ante el Tribunal Constitucional por el gobierno español, que la paralizará en su aplicación. A la postre, llegará un momento decisivo en que, en virtud de la ley catalana, no aplicable según el TC, Isidre Fainé y otros muchos empresarios tendrán que decidir a quién ingresan las retenciones del IRPF (puesto que el grueso del IRPF lo pagan las empresas vía retenciones, no los ciudadanos): a la Agencia Tributaria española, que le requiere para ello y le embargará judicialmente si no lo hace, o a la catalana, que sólo podrá apelar a su patriotismo. ¿A quién ingresará el dinero? La respuesta, de tan obvia, no hace falta ni darla. Pero apunta a una cuestión importante que los independentistas (con la excepción de la CUP) prefieren siempre soslayar: la independencia es imposible sin una revolución en la estructura del poder social, sin un recambio radical de élites y una democratización que va mucho más allá de lo que CiU está dispuesta a aceptar.

La segunda vía conducente al bloqueo es el inmovilismo (o la cosmética) constitucional que defienden, con pequeños matices, el PP y el PSOE. En los próximos cinco años, sino antes, España está condenada a reformar su constitución. Y en este caso, retrasar lo inevitable, lejos de dar réditos políticos a quienes lo hagan, los restará. Por un lado, es impensable desbloquear la situación en Cataluña sin una reforma constitucional (como mínimo); incluso en el caso de una milagrosa independencia catalana, España debería por fuerza reformar también su Constitución, pues resulta imposible mantener un texto fundamental que incluye la indivisibilidad del Estado, las 17 comunidades autónomas, la asignación de escaños por provincias y otros muchos aspectos si un trozo importante del territorio se ha escindido. Por otro lado, si las elecciones generales de 2015 arrojan un Congreso fragmentado, la única posibilidad realista de desbloqueo pasará también por una reforma constitucional, bien durante esa misma legislatura si Podemos tiene suficiente fuerza para imponerla, bien durante la siguiente, si el PSOE comete el error de suicidarse políticamente entrando en una gran coalición con el PP. De hecho, con la última serie de encuestas publicadas en la mano, es perfectamente pensable, si se mantiene la tendencia, que el PP no tenga capacidad de veto constitucional, y que PP y PSOE no sumen mayoría suficiente ni para gobernar. Por tanto, de un modo u otro, habrá un proceso constituyente en España en los próximos años, pues la alternativa será el bloqueo político.

Para desbloquear la situación de forma mínimamente duradera, ese proceso constituyente no podrá ser meramente cosmético, y deberán ponerse sobre la mesa de negociación al menos tres puntos clave:

1) Unos principios de transparencia democrática, rendición de cuentas, y participación ciudadana que hagan mucho más difícil que una élite extractiva campe a sus anchas como lo ha hecho durante los últimos 30 años.

2) Un blindaje más robusto de los derechos sociales y económicos y de las políticas de redistribución de la riqueza.

3) Un nuevo modelo territorial “sin adjetivos” que satisfaga 3 principios: a) la ordinalidad en la financiación, compatible con la solidaridad; b) las competencias asimétricas, especialmente en recaudación de impuestos y prestación de servicios; y c) el blindaje de los derechos lingüísticos y culturales en las comunidades con lengua propia.

Si tanto la vía independentista como el inmovilismo constitucionalista conducen al bloqueo y a la inoperancia, la única salida alternativa pasa necesariamente por que el otro gran actor en liza, Podemos (configurando quizá un bloque con IU y otros partidos periféricos) juegue un papel clave clave tanto en España como en Cataluña: un papel que permita un cambio sustancial de las mayorías parlamentarias actualmente existentes. A diferencia de la independencia, esta es una ruptura democrática viable, posible, que no requiere violentar o desobedecer la legislación vigente, que tendría toda la legitimidad internacional, y que abriría otras perspectivas y ventanas que están completamente cerradas en cualquiera de las otras vías. Proceso constituyente, reforma sustantiva de la Constitución, reformas en profundidad de leyes y estructuras básicas del Estado, referéndum a la escocesa en Cataluña, quizá con más de dos opciones de respuesta… las concreciones se deberían negociar entre diversas fuerzas y someterse al juicio de la ciudadanía, pero una cosa parece clara: sólo por esta vía se atisba la luz, mientras que en las otras dos nos esperan la oscuridad, amargas derrotas, y, a lo sumo, victorias pírricas que nos dejen más dañados que ahora.

La única posibilidad de que España salga de la actual degeneración política que sufre pasa por abrir un proceso constituyente. La única posibilidad de que Cataluña dé respuesta a sus justas aspiraciones es teniendo enfrente a una España abierta y regeneradora, dispuesta a cooperar con ellas o, al menos, a no obstaculizarlas. Sólo con un papel clave y central de una fuerza como Podemos, tanto en Madrid como en Barcelona, pueden estos dos vectores activarse y combinarse en una resultante viable. Ninguna opción que no incorpore a este actor a ambos lados del Ebro tiene hoy día posibilidades de desbloquear la situación. No habrá cambio en Cataluña sin cambio en Madrid. Y no habrá cambio exitoso en Madrid sin solucionar el encaje (o el desencaje) de Cataluña. Sólo el factor Podemos puede hacer cuadrar el rompecabezas.


This entry was posted on Tuesday, 20 January, 2015 at 18:16 and is filed under Política. You can follow any responses to this entry through the feed. You can leave a response, or trackback from your own site.

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