El filo de la pipa – José A. Noguera

Opiniones críticas sobre política, sociedad y cultura

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Dec 19 2013

La lógica de la pregunta catalana

P1: ¿Quiere que Cataluña se convierta en un Estado?

P2: En caso afirmativo, ¿quiere que este Estado sea independiente?

La pregunta pactada la semana pasada entre cuatro fuerzas políticas catalanas para la celebración de un hipotético referéndum en Cataluña ha desatado todo tipo de interpretaciones, comentarios contrapuestos e inquietudes. ¿Es una pregunta o son dos? ¿Cómo se contabilizarán los votos? ¿Qué respuestas contarán como votos nulos? ¿Cómo se sabrá qué opción es la ganadora? ¿A quienes favorece esta formulación? En este post voy a analizar desde un punto de vista lógico algunas de estas cuestiones, aunque también iré extrayendo posibles consecuencias políticas, algunas de ellas contraintuitivas. Soy de los que piensan que las probabilidades de celebración de dicha consulta son cercanas a cero, y que el pacto refleja la necesidad de Artur Mas de ganar tiempo para seguir en el gobierno sin agobios, más que la voluntad de una consulta real. Pero nada se pierde por aplicar la lógica a situaciones hipotéticas con deportividad.

El tipo de formulación finalmente escogido no es, contra lo que muchos comentaristas profieren, y lo sepa o no el propio Mas, un invento u ocurrencia suya, sino que en la disciplina académica de la elección social (lamentablemente ausente de las discusiones al respecto en Cataluña) y en demoscopia se conoce como “gateway question”, “pregunta-árbol” o “pregunta-filtro” (opción que fue considerada en algunos informes sobre el referéndum escocés, pero sólo muy someramente en el informe de la comisión para la transición nacional catalana): sólo si optas por una determinada respuesta a P1 (en este caso, el “Sí”) puedes pasar a responder P2.

Al contrario de lo que parecen suponer Artur Mas u otros muchos comentaristas y políticos, tanto detractores como defensores de la consulta, sostengo que la formulación actual de la pregunta determina (esto es, sólo es compatible con) una interpretación de los resultados. Argumentaré, además, que a la inversa de lo que ocurre, los independentistas deberían estar preocupados y los anti-independentistas razonablemente tranquilos sobre esos hipotéticos resultados.

En primer lugar, la pregunta determina que cualquier decisión colectiva que se tome quedará aprobada únicamente si cuenta con más del 50% de los votos válidos (mayoría absoluta). De otro modo, la formulación de la pregunta en forma de árbol decisorio o pregunta-filtro no tiene sentido, y se debería haber optado por una formulación con pregunta única y tres opciones de respuesta. El objetivo de una pregunta-filtro formulada de este modo es el de poder asegurar mayorías cualificadas de más del 50% para alguna opción, algo que no queda garantizado (e incluso es muy improbable) en el caso de una sola pregunta con tres opciones de respuesta. Esto, además, concuerda con la afirmación repetida por parte de Mas de que para aprobar la independencia se requeriría una mayoría muy amplia, no una mayoría simple, y ni siquiera una mayoría absoluta muy ajustada.

De hecho, el objetivo de esta pregunta filtro es, en concreto, que los partidarios de la independencia puedan contar también como partidarios de un Estado a secas (independiente o no), porque han dado su asentimiento a P1 como condición o “peaje” previo para poder contestar P2. De este modo, los partidarios de la independencia pagan un “peaje” por expresar su preferencia que no están obligados a pagar necesariamente quienes expresan la preferencia contraria (porque la pueden expresar ya de entrada en P1). Ese “peaje” consiste en que siempre se les podrá decir: “pero tú votaste “sí” a tener un Estado, fuese independiente o no; es cierto que votaste también que preferías un Estado independiente a uno no independiente, pero dejaste claro que preferías un Estado no independiente al status quo, y por tanto te puedo contar como partidario de esa opción en caso de que sea necesario”.

No está, por tanto, nada claro que la formulación de la pregunta favorezca a los independentistas, como desde tantos foros antisoberanistas y federalistas se ha escuchado. Mientras que los votos no soberanistas (los que digan “No” en P1) no pueden ser “incorporados” legítimamente a ninguna opción distinta de esa, en cambio los votos netamente independentistas (que digan “Sí” a P1 y a P2) pueden ser “incorporados” legítimamente a una opción no necesariamente independentista como es la de tener “un Estado” a secas, porque previamente han sido requeridos a dar su asentimiento a la misma. Algo que no ocurriría si las opciones de “Estado” y “Estado independiente” fuesen excluyentes (como en una pregunta con tres opciones de respuesta), en vez de ser la independencia un subconjunto o “caso” de la opción “Estado”.

En el siguiente ejemplo puede observarse cómo, incluso siendo la independencia la opción más votada en términos relativos, la actual pregunta-filtro permite configurar una mayoría de bloqueo en caso de que los independentistas no alcancen más del 50% de los votos. Con los mismos porcentajes de voto, una pregunta única con tres resultados posibles (donde, en buena lógica, se debería ganar por mayoría simple) daría la victoria al independentismo.

Imagen 1

Nótese que los partidarios de un Estado no independiente son quienes deciden y ganan en caso (muy probable) de que ni independentistas ni partidarios del status quo obtengan la mayoría absoluta, pues formarían mayorías de bloqueo con los primeros para impedir la perpetuación del status quo, y con los segundos para impedir la independencia. Obsérvese además que, en el caso de una pregunta única con tres opciones de respuesta, esta hubiera sido sin embargo la opción con menor apoyo.

En segundo lugar,  Mientras los antisoberanistas se preocupan incorrectamente por el supuesto sesgo favorable a la independencia en la pregunta, algunos independentistas muestran una euforia ilusa al pensar que simplemente ganando en P1 y en P2 habrán ganado el referéndum. Esto no es así en ningún caso, puesto que sólo una parte de los votantes (los que voten “Sí” a P1) habrán votado en P2. Para ganar, los independentistas necesitan sumar a más del 50% de todos los votantes en el “sí” a P2, de forma que el porcentaje relevante de apoyo a la independencia será el resultado de multiplicar el % de “Síes” a P1 por el % de “Síes” a P2 (y dividir por 100). De lo contrario, podría darse el resultado absurdo de que la independencia ganase teniendo menor porcentaje sobre el total de votos que la opción del status quo (por ejemplo, si en P1 gana el Sí por el 60%, y en P2 gana el “Sí” por el 60% (60×60/100=36%, cuando los partidarios del “No” en P1 eran el 40%).

Los políticos que han acordado la pregunta saben (o deberían saber) esto, y si hubiesen querido otra cosa habrían optado, una vez más, por una pregunta con tres opciones de respuesta, o por una pregunta binaria, o incluso por una consulta a dos vueltas planteando P1 un día, y en caso de victoria del “Sí”, P2 la semana siguiente. Como ese no es el caso, se sigue que la única interpretación posible es la que se expone aquí.

En tercer lugar, y esto tampoco es una buena noticia para los independentistas, hay una ordenación posible (y racionalmente defendible) de las preferencias que no puede encontrar expresión bajo la actual formulación de la pregunta. En efecto, esta pregunta-filtro supone que los tres resultados posibles están “ordenados” lógicamente, esto es, que hay dos resultados extremos (status quo e independencia) y uno intermedio (Estado no independiente). Bajo la actual formulación, quien prefiere la independencia en primer lugar, pero el status quo en segundo lugar, porque considera que un “Estado no independiente” es una “trampa” para debilitar el sentimiento independentista con un remiendo, no podrá expresar esa preferencia (la suya es la conocida lógica del “cuanto peor, mejor”, de la que existen numerosos ejemplos en la historia: mejor que los nazis nos invadan que pactar la rendición de Vichy, porque eso hará que la población resista; mejor que tengamos capitalismo salvaje que socialdemocracia, porque eso hará que la revolución socialista estalle, etc.). Una vez más, si no se hubiese pretendido algo así, se hubiese optado por hacer las dos preguntas de forma independiente, y no “encadenada” (aun permitiendo así el poco plausible escenario de que en P1 ganase el “No” y en P2 el “Sí”).

En cuarto lugar, no hay nunca neutralidad en una pregunta de este tipo, pues la formulación siempre incorpora un determinado “enmarcado” que favorece alguna opción por defecto. En este caso, una pregunta-filtro como esta, con exactamente el mismo contenido, se hubiera podido formular en la dirección inversa, de este modo:

P1. ¿Quiere usted que Catalunya sea un Estado independiente?

P2. En caso negativo, ¿aún así quiere que sea un Estado?

Aunque el contenido de la pregunta es el mismo desde un punto de vista sustantivo, ¿qué cambia con este enmarcado?: algo esencial, pues ahora sí es posible que nadie gane, porque los votos por el Estado no independiente (“No” a P1 y “Sí” a P2) son necesaria y explícitamente votos contra la independencia, mientras que en la versión aprobada de la pregunta no lo son. En el enmarcado escogido por Mas, los votos por la independencia son necesariamente votos por el Estado “a secas”. En el enmarcado inverso, y al contrario, los votos por la independencia ya no pueden ser votos por el Estado. No pueden agregarse. Manteniendo los porcentajes del ejemplo anterior, podemos ver fácilmente que bajo esta formulación la interpretación de los resultados sería altamente problemática.

 

Imagen 2

Como se puede apreciar en el Caso 3, si bien la mayoría de bloqueo contra la independencia continuaría existiendo (al igual que en el caso 2), aquí sería imposible formar una mayoría a favor del Estado no independiente, puesto que el 45% de votantes que han votado “sí” al Estado independiente no pueden sumarse a la opción del Estado no independiente, dado que no pueden votar en la pregunta al respecto (P2). Asumiendo una vez más que los políticos saben lo que hacen, esta es la razón por la que el primer enmarcado era claramente preferible: habrá una mayoría clara por una opción en todos los casos.

En conclusión: la clara implicación práctica de la formulación escogida es, en mi opinión, que un porcentaje previsiblemente bajo pero probablemente decisivo de los votantes, que votarían por la independencia si se tratase de una elección binaria entre ésta y el status quo, se quedarán ahora “por el camino” en la opción por un Estado no independiente, y sus votos acabarán agregándose con la opción del status quo para formar una mayoría de bloqueo a la independencia. Pero como también podrán agregarse con los votos independentistas para defender la opción del Estado no independiente, formarán también una mayoría de rechazo al status quo: un escenario ideal para quien desee una negociación sobre la estructura territorial del Estado y la reforma de la financiación autonómica, pero no la ruptura ni el continuismo.

La pregunta, por tanto, tiene una lógica impecable. Pero es una lógica compleja, y no simple. Y una lógica intencionada: me resulta muy difícil pensar que Mas no es consciente de todo esto, aunque sí creo que otros partidos, en especial ERC, no entienden del todo estas implicaciones. En política puede acabarse siendo esclavo de las propias palabras: una vez formulada, la pregunta tiene la estructura lógica que tiene. Pero lo inquietante, en caso de que la consulta se llegue a celebrar con esta pregunta, serían las dificultades para explicar los resultados a la opinión pública, y las manipulaciones que periodistas, políticos y tertulianos de uno y otro signo serían capaces de hacer sobre los mismos. Como se ha observado en diversos foros, un 70% de “síes” en P1 más un 70% de “síes” en P2 equivalen a un 51% contra la independencia. ¿Quién va a explicar esto a los ciudadanos catalanes?

 


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