El filo de la pipa – José A. Noguera

Opiniones críticas sobre política, sociedad y cultura

Nov 27 2013

¿De qué se ríe Angela Merkel?

Posted in Política |

Dos meses después de las inusuales sonrisas de oreja a oreja con las que Angela Merkel nos obsequió la noche de las elecciones alemanas, hoy ha vuelto a sonreír, aunque con mucha menor amplitud, al anunciar el pacto de gobierno al que su coalición derechista, la CDU-CSU, ha llegado con los socialdemócratas del SPD. El por qué de esas sonrisas es fácil de entender: se trata de vender tanto el resultado electoral como el pacto como una victoria ante los medios de comunicación y la ciudadanía. Pero, ¿es así? ¿Han comprado los periodistas esa moto? Me temo que sí.

La manipulación mediática del resultado de las elecciones alemanas del pasado septiembre es para quedarse atónito. Según los titulares que entonces pudimos leer, Merkel “arrasaba”, “arrollaba”, “aplastaba”, “conseguía una victoria histórica”, etc. Técnicamente, la CDU-CSU de Merkel ganó las elecciones, en el sentido de que fue la formación electoral más votada: logró un 41,5% de los votos, sin alcanzar la mayoría absoluta. Obsérvese que, por poner un sólo ejemplo, Zapatero consiguió mayor porcentaje de votos las dos veces que se presentó, y nadie en los medios nacionales ni internacionales dijo que “arrasó” o “aplastó” en modo alguno.

Situemos la “gran victoria” de Merkel en perspectiva histórica. La CDU-CSU tuvo un porcentaje superior al 45% del voto entre 1953 y 1983, entre el 41% y el 44% de 1987 a 1994, y fue solo en el paréntesis entre 1998 y 2013 (con ella al frente de la CDU-CSU, y con el SPD en el gobierno hasta 2009) cuando mantuvo porcentajes inferiores al 40%. Ahora simplemente ha pasado esa barrera por un punto, pero sin volver a los porcentajes históricos de las épocas de Adenauer, Erhard, Kiesinger o Kohl, cuando caer por debajo del 40% era inconcebible. Es un porcentaje frágil, porque volver a bajar por debajo del 40% es fácil una vez sufra desgaste.

Los partidos que formaban su gobierno, la CDU-CSU (derecha conservadora, casi ultraderecha en el caso de la CSU) y el FDP (neoliberales de manual), pasan de un total del 48,4% del voto y 332 escaños al 46,3% (2,1 puntos menos) y 311 escaños (21 menos). La suma de escaños y votos de los tres partidos de izquierda es superior a la suya. ¡Qué gran éxito para Merkel! Imaginemos qué diríamos en España si durante cuatro años hubiese gobernado el PSOE junto con IU, y tras las elecciones, debido a que IU se quedase sin representación, el PSOE, aún creciendo, se quedase sin la mayoría de izquierdas que tenía y tuviese que negociar el gobierno con el PP. ¿Sería un éxito?

En cualquier país normal de europa (Francia, España, Suecia, Reino Unido, Dinamarca), el titular sería que hay una mayoría de izquierdas que impide gobernar a Merkel: 319 escaños frente a 311. Punto. Se formaría un gobierno de coalición de izquierdas y Merkel se quedaría en puertas (como por cierto ya ocurrió muchas veces durante los años 70 cuando la CDU-CSU, que ganaba con mayores porcentajes de voto que ahora Merkel, se quedaba siempre en la oposición por el pacto entre SPD y FDP, que entonces era un partido casi a la izquierda de la socialdemocracia actual). ¿Qué ocurre? Que en Alemania el SPD y Los Verdes tienen como tabú innombrable el pactar con el equivalente de Izquierda Unida en España, Die Linke. Decididamente, Alemania no es un país políticamente muy normal.

Sin embargo, la risa de Merkel y las exageraciones superficiales de los periodistas se han ido enfriando conforme la realidad del resultado se ha ido haciendo patente. Merkel, que antes gobernaba cómodamente con sus socios liberales, a quienes, si tenía que corregir en algo, era por ser mucho más derechistas y antieuropeístas que ella (como se darían cachetes a un hermano díscolo), ahora se ha enfrentado a una durísima negociación con el SPD, que ha durado dos meses e involucrado a más de 300 políticos y técnicos divididos en decenas de mesas negociadoras. Merkel ha tenido que aceptar el salario mínimo (algo a lo que se oponía en campaña electoral, y que la patronal alemana considera un anatema), y seguramente tendrá que ceder al SPD el ministerio clave de Hacienda, desde el cual el dogmático Wolfgang Schäuble ha orquestado la ruina del proyecto de la UE y del bienestar de sus ciudadanos durante el último quinquenio. La patronal alemana, probablemente la más poderosa del mundo en su propio país, ya está poniéndose nerviosa y lanzando avisos e instrucciones a Merkel sobre lo que debe o no aceptar.

Y no es que el SPD pueda ponerles especialmente nerviosos. Se trata de un partido del stablishment, que siempre se ha decantado por sus intereses y que, excepto en la breve etapa de Willy Brandt (con quien acabaron pronto), rara vez ha hecho honor a sus fundadores y a su historia cuando ha estado en el gobierno (votó los créditos de guerra en 1914, rompiendo la solidaridad obrera en Europa; asesinó a los espartaquistas y utilizó el Ejército para masacrar la revolución alemana de 1919; aplicó políticas de recorte neoliberales durante los gobiernos de Schmidt en los 70 y de Schröder más recientemente, y éste último trabaja ahora para Gazprom, la mafia rusa del gas que chantajea a media Europa del Este). Sin embargo, el SPD se ve sometido a dos presiones que no puede ignorar: primera, su patético resultado electoral que por segunda vez consecutiva los ha dejado por debajo del 30%, y que sólo puede empeorar si se les percibe como peones de Merkel en vez de arrancándole importantes concesiones hacia la izquierda. Y segunda, el hecho de que, esta vez, sus casi medio millón de militantes deberán validar mediante voto secreto el acuerdo de gobierno que han firmado con Merkel. Y no está claro que lo vayan a hacer a cualquier precio: la fría acogida al discurso de su presidente Siegmar Gabriel en la última conferencia del partido es un signo del sano cabreo de la militancia socialdemócrata y de que la dirección del partido tendrá que ofrecer algo más que palabras para convencerla.

De manera que, ¿de qué se ríe Merkel? ¿Y qué clase de gallináceo análisis político hicieron los periodistas que proclamaban su triunfo arrollador al día siguiente de las elecciones? Me temo que, una vez más, las apariencias y los prejuicios se impusieron sobre la cruda realidad. En los próximos años veremos cambios en la política económica y social alemana, pero en clave interna: si queremos que nos dejen tomar el mismo jarabe que ellos comenzarán a aplicarse, deberemos atrevernos a plantarles cara. Y no tenemos gobernantes psicológica y políticamente capaces de ello.

 


This entry was posted on Wednesday, 27 November, 2013 at 15:09 and is filed under Política. You can follow any responses to this entry through the feed. You can leave a response, or trackback from your own site.

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