El filo de la pipa – José A. Noguera

Opiniones críticas sobre política, sociedad y cultura

Nov 13 2013

Gángsters, pero muy educados

Posted in A la contra, Política |

En el mundo frívolo e intelectualmente superficial de los medios de comunicación, el periodismo y la política española y catalana, las formas siempre importan más que el fondo, y alguien cargado de razones puede verse unánimemente vilipendiado por violar alguna norma no escrita del compadreo políticamente correcto que constituye el ecosistema de nuestras bien educadas élites y nuestros creadores de opinión. Tras la comparecencia de Rodrigo Rato en el Parlament catalán para dar cuenta de sus tropelías financieras al frente de Bankia, el ojo de todos los medios, tertulias y periodistas se ha focalizado sobre la intervención del diputado de la CUP (Candidatura d’Unitat Popular) David Fernández, quien, después de formular durante diez minutos varias incisivas preguntas a Rato que quedaron cínicamente sin respuesta, terminó su turno mostrando una zapatilla como símbolo de desprecio social al compareciente, preguntándole si no tenía miedo de que la gente se hartase de tipos como él, y despidiéndose con un “Hasta pronto, gángster”. Desde esa misma noche, al parecer el único tema de interés para tertulianos y periodistas han sido las malas formas del diputado. (Paréntesis: cuando en diciembre de 2008 un periodista iraquí arrojó un zapato contra Bush y le llamó “perro” en una rueda de prensa, el mismo diario El País que ahora editorializa llamando “matón” a Fernández permitió a una de sus más conocidas columnistas, en su artículo Pobres perros, bromear con el poco respeto hacia los canes que había mostrado el agresor. Qué cosas tiene la prensa).

El episodio mueve sin duda a valorar la corrección y la oportunidad político-estratégica de dichas formas, que pueden ser cuestionables. Esa es la trampa que los periodistas nos tienden, y en la que caemos constantemente: confundir la anécdota vistosa con la cuestión real. El señor Rato, muy educado él, y con suma corrección formal, se negó a contestar todas las preguntas del diputado, una evidente e irrespetuosa muestra de desprecio y ninguneo a los ciudadanos que le han votado. Este señor, exquisito en el trato y vestido con trajes de marca, es responsable directo de que los ciudadanos hayamos perdido 24.000 millones de euros para salvar Bankia, dinero que, sumado a los intereses que deberemos pagar a la UE por ese capital prestado, haría evitables la mayoría de los recortes sociales que estamos sufriendo; dinero que, probablemente, nunca recuperaremos, y por cuyo expolio nadie asumirá nunca responsabilidad alguna.

Rato fue uno de los presidentes del FMI que ni quiso ver venir la hecatombe económica provocada que hoy vivimos (estando como estaba en una de las posiciones de mayor poder mundial al respecto), ni tomó medida alguna para controlar a los delincuentes financieros que provocaron la actual crisis, algo que no debe extrañar porque, como se ha visto posteriormente, comparte su mentalidad: en cuanto tuvo responsabilidades ejecutivas en una entidad bancaria se convirtió en uno de ellos, desvalijando a los pequeños ahorradores y deshauciando a miles de familias, amén de provocar un agujero económico que hemos acabado pagando entre todos. Este elegantísimo y correctísimo señor está imputado judicialmente por diversos manejos busátiles y financieros en la gestión de la entidad bancaria que presidió, antes de ser obligado a dimitir por sus propios correligionarios del PP para evitar que arrastrase al rescate al país entero. Para más indecencia, resulta que Bankia ha favorecido claramente las finanzas del partido al que pertenece este señor y de cuyo gobierno fue vicepresidente durante años. Pero no cabe exagerar ni confundir las cosas: sobre todo, lo que importa es que seamos educados con él, ya que además, qué bonhomía la suya, compareció voluntariamente ante el Parlament.

Seamos educados con Rato. Porque lo que importa, por encima de todo, es que este imputado, inocente mientras un tribunal no dictamine lo contrario, no pase siquiera un mal ratito durante los diez irrisorios minutos en que se somete a las preguntas de unos pocos (poquísimos) diputados indignados por sus fechorías, como lo están, por otra parte, la mayoría de los ciudadanos del país, miles de los cuales, si hubieran tenido a su disposición a Rato durante ese tiempo, sin duda hubieran hecho algo más que enseñarle su zapatilla (por ejemplo, los preferentistas que han perdido casi todos sus ahorros gracias a este educado y correcto señor y a sus cómplices). Pero no perdamos los papeles: lo que no se puede es faltar. Porque por muchos argumentos que tengas, por muy justa que sea tu indignación, por muchas que sean las agresiones, robos y humillaciones que hayas sufrido a manos de unos mafiosos encorbatados que comen caviar día sí y día no, todo eso desaparece si cedes a la humana tentación de que tus formas sociales flaqueen unos segundos. Sobre todo, cordialidad, incluso con quienes te hacen de todo para enriquecerse y se salen con la suya.

Ni Rato, ni la mayoría de los cargos políticos que tanto le “comprenden” ahora y que ven con “mal sabor de boca” la intervención del diputado, ni los periodistas y tertulianos que dedican horas a criticar la misma por sus “malas formas”, conocen seguramente la sensación de justa indignación que produce ser desposeído y humillado por canallas poderosos que encima, cuando todo se descubre, siguen tan tranquilos riéndose y compareciendo con chulería ante los parlamentos democráticos. Al contrario, están acostumbrados a que, pase lo que pase, y sean cuales sean las penurias que se inflijan a los ciudadanos, no perdamos “las formas”: por favor, ¡hasta ahí podríamos llegar!. Sobre todo, que la comodidad material y psicológica que disfrutan, que los pétalos de rosa entre los que viven, que los alfombrados pasillos y buenos restaurantes por los que discurren sus vidas no se vean afectados por la “dura situación que el país está viviendo” y de la que hablan constantemente sin hacer nada por señalar a sus culpables, e incluso, como en este caso, defendiéndolos.

No sé si apruebo las formas de Fernández, ni si son convenientes incluso para sus propios objetivos políticos, pues ha dado munición a la derecha mediática, y ha provocado que la atención se centre en su zapatilla en vez de en Rato; pienso votar, como he hecho siempre, a otras opciones de izquierda que le dijeron lo mismo a Rato y que, quizá por guardar “las formas”, no han despertado el interés de ningún periodista. Pero hay algo mucho más importante que eso: que todo lo que preguntaba ese diputado merecía una respuesta, y que lo que dijo es verdad, mientras que Rato no merece la posición y comodidades de que disfruta, siendo su oficio mentir y medrar a costa del dolor ajeno. Bien haría en reflexionar sobre lo que, con las formas que sea, le espetó el diputado: quizá algún día la gente de este país se harte de tipos como él. Y eso, efectivamente, aunque no tenga el más mínimo efecto en su autoimagen moral, debería preocuparle por puro egoísmo, algo en lo que le sobra expertise.

 


This entry was posted on Wednesday, 13 November, 2013 at 15:09 and is filed under A la contra, Política. You can follow any responses to this entry through the feed. You can leave a response, or trackback from your own site.

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