El filo de la pipa – José A. Noguera

Opiniones críticas sobre política, sociedad y cultura

Feb 06 2013

Mi querido derecho a decidir

Posted in Política |

El “derecho a decidir” centra últimamente muchas discusiones públicas, políticas y periodísticas. Y, es cierto, se trata de un tema capital: ¿tenemos los ciudadanos derecho a decidir colectiva y democráticamente sobre las cuestiones centrales que afectan a nuestra vida en común? Mi respuesta es que sí: estoy de acuerdo con que colectivamente tenemos “derecho a decidir”. Quiero ejercer ese derecho. Quiero que podamos decidir.

Quiero que podamos decidir democráticamente si los políticos imputados por corrupción deben abandonar, siquiera temporalmente, sus cargos en las instituciones públicas y en su partido. Quiero que decidamos si hay que mantener la anacrónica inmunidad parlamentaria, y si no sería exigible que cualquier persona, con escaño o no, con cargo público o sin él, respondiese ante los tribunales ordinarios sin necesidad de suplicatorio alguno, como cualquier ciudadano de a pie. Decidamos: ¿hay que dotar a los inspectores de hacienda y a los fiscales anticorrupción de los recursos y los poderes que hace décadas piden y necesitan para combatir eficazmente a los defraudadores fiscales, sí o no? ¿Hay que permitirles que actúen de oficio sin estar a merced de las órdenes del político de turno, sí o no? ¿Hay que dar poderes suficientes a jueces, fiscales, inspectores y fuerzas de seguridad para perseguir la delincuencia financiera y la corrupción, sí o no? ¿Hay que establecer penas ejemplares para esos delincuentes y apartarlos de por vida de cualquier cargo público, de cualquier subvención de la administración, de cualquier negocio o contacto económico con ella, sí o no?

Sí, que decidan los ciudadanos: que decidan si tenemos que pagar entre todos la deuda privada de la banca y de los promotores inmobiliarios. Que se les deje decidir libre y democráticamente, a nivel europeo, si el Banco Central Europeo debería actuar como la Reserva Federal norteamericana o seguir como hasta ahora. Que se les permita elegir democráticamente a los miembros de la Comisión Europea, de la troika, del eurogrupo, y de todos los sanedrines económicos que juegan con sus vidas sin responder ante nadie. Que decidan, sí: ¿hay que flexibilizar los objetivos y el calendario de reducción del déficit?, ¿hay que constitucionalizar el déficit cero, tratando a las colectividades democráticas como las únicas entidades en el mundo a quienes la ley impide endeudarse, como a los niños o a los discapacitados mentales graves?, ¿hay que homogeneizar los sistemas fiscales y de protección social en la Unión Europea siguiendo principios de equidad, universalidad, progresividad y cobertura de las necesidades básicas?, ¿hay que declarar una guerra política, legal y democrática contra todos los paraísos fiscales y financieros?

Quiero votar: votemos si los partidos políticos pueden recibir donaciones anónimas legales; de hecho, votemos si pueden recibir donaciones privadas en absoluto. Votemos si las leyes electorales tienen que ser proporcionales y, en todo caso, evitar el despropósito de que A pueda tener más escaños que B con menos votos. Votemos si los gobiernos pueden indultar por la patilla. Votemos, ya puestos, sobre qué régimen político queremos, monarquía o república. Vamos a votar, libre y democráticamente, si las guarderías y escuelas públicas no tienen prioridad presupuestaria absoluta sobre las privadas, y lo mismo respecto de los servicios sanitarios. Votemos si el mercado de trabajo debe ser un lugar de transacciones igualitarias, libres y equitativas, como el mercado de comestibles de nuestro barrio, o debe seguir siendo un casino con las cartas marcadas a favor del dueño. Votemos sobre todas estas cosas, sin reservas. Como dice el presidente Artur Mas, ¿quién tiene miedo a la democracia? Pues adelante: a ver si hay agallas y patriotismo suficientes para que podamos decidir sobre todo esto.

Ah, se me olvidaba: además, que nos dejen decidir qué tipo de comunidad política somos y con qué fronteras… aunque, bien pensado…. si viviera en un país donde los ciudadanos pudiéramos decidir sobre todo lo anterior, ya me daría absolutamente igual cómo se llamara ese país, y qué fronteras y banderas tuviera.


This entry was posted on Wednesday, 6 February, 2013 at 10:24 and is filed under Política. You can follow any responses to this entry through the feed. You can leave a response, or trackback from your own site.

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