El filo de la pipa – José A. Noguera

Opiniones críticas sobre política, sociedad y cultura

Nov 26 2012

Se acabó el partido en Catalunya

Posted in Política |

En su impagable libro Explaining Social Behavior, Jon Elster ya alertaba a los políticos que convocan elecciones anticipadas del peligro de ser víctimas del “síndrome del hermano pequeño”: pensar, equivocadamente, que los votantes no serán capaces de inferir que el adelanto electoral responde únicamente a un cálculo egoísta del político, y no prever que le acabarán castigando por ello (esto es, tratar a los votantes como a un hermano pequeño, como si fueran más tontos que uno mismo). Jacques Chirac aprendió dolorosamente esa lección en 1997 cuando unas elecciones anticipadas con todas las encuestas a su favor acabaron dando la victoria a la izquierda. Ciertamente, CiU no ha salido tan malparada como Chirac en las elecciones catalanas del 25 de noviembre, pero rara vez se ha visto en la política un abismo tan grande entre expectativas y resultados, máxime cuando nada les obligaba a acercarse a su borde.

Para ser honestos, hay que decir que el resultado de CiU ha sido una sorpresa para todos, y que quienes ahora adopten la actitud de que “ellos ya lo dijeron” (como parte de la prensa cavernícola madrileña) están mintiendo. Ni siquiera los pocos que preveíamos una posible pérdida de apoyo nos hubiéramos atrevido a pronosticar que sería de una magnitud tan humillante: 12 escaños menos que en 2010, uno de los peores resultados de la historia de CiU, y el peor en porcentaje de voto desde 1980. ¿A qué se ha debido este resultado, y qué implicaciones tendrá para el futuro?

Creo que la pésima cosecha electoral de CiU se ha debido a dos causas: en primer lugar, como ya he sugerido, cuando los votantes son tratados como “hermanos pequeños” a quienes se puede manipular fácilmente, se vuelven en contra de tales expectativas. El poco creíble cambio de discurso de CiU tras la manifestación de la Diada no ha movilizado a su electorado, sino al de los demás: primero, al de ERC (Esquerra Republicana de Catalunya), pues si de independencia nacional va la cosa, más vale votar a quien se la cree de verdad y no a quien la utiliza (sin atreverse a nombrarla siquiera) como mero recurso instrumental para conseguir poder propio; segundo, al del PP (que sube) y Ciutadans (que triplica sus escaños), cuyos votantes han acudido en tromba a rechazar las propuestas soberanistas; y tercero, pero no menos importante, al electorado de izquierda coherente que, harto de un PSC que no tiene nada que ofrecer, ha apoyado a ICV (Iniciativa per Catalunya-Verds) y a las CUP (Candidatures d’Unitat Popular). Al subir mucho el voto a partidos pequeños y medianos, la ley d’Hondt hace el resto y los escaños que ganan se detraen a los partidos grandes (CiU y, hasta ayer, PSC).

La segunda causa, nada despreciable, del batacazo de CiU es que una parte de su electorado tradicional (conservador y bienestante) no les ha ido a votar esta vez, ya que no han comprendido ni compartido un giro pseudo-independentista que perciben como extraño, poco natural, incómodo y arriesgado para su posición social. Una parte de este electorado nacionalmente moderado de CiU pero socialmente muy conservador o se ha quedado en casa, o ha votado al PP o al PSC. De modo que, sin ganar voto por la izquierda ni por el independentismo, movilizando a los contrarios de todo signo, y perdiendo parte de su electorado tradicional, la debacle de CiU no tenía remedio.

¿Qué escenarios se abren ahora? Las intervenciones de Mas y otros líderes de CiU durante la noche electoral (así como, sobre todo, la cara del silencioso Duran i Lleida, que era un poema) dan a entender a las claras que han comprendido lo principal: CiU deberá diseñar cuidadosamente un golpe de timón en su estrategia política (aunque no bruscamente, y no todavía), si no quiere seguir siendo devorada electoralmente por ERC y abandonada por su electorado conservador tradicional. Si continúan siendo los maestros de la política que siempre han sido, su futuro pasa por conseguir la investidura de Mas con el apoyo de ERC, implicar activamente a éstos en su política de destrucción económica y social de todo lo público, desgastarlos, e ir al mismo tiempo desdibujando el proyecto de “consulta” hacia una interpretación creativa de los términos “estructuras de Estado” y “derecho a decidir” que permita un nuevo encaje con España y un entendimiento con el PSC y con el PP a medio y largo plazo, y en todo caso hacia el final de la legislatura, cuando ERC ya no sea tan peligrosa electoralmente.

El problema es si ERC se prestará a ello. Obviamente, si son conscientes de que la estrategia lógica de CiU es la anterior, su primera opción será la de proponer un gobierno de “concentración nacional” con participación de todos los partidos que apoyan “la consulta”; a sabiendas de que ICV y las CUP rechazarán apoyar a CiU, sólo quedarán ellos para hacerlo (pero “lo habrán intentado”). Deberán, sin embargo, arrancar a CiU alguna concesión altamente simbólica para no dar la impresión de que venden la “E” de “Esquerra” por una consulta: la recuperación del impuesto de sucesiones, la mejora del programa de renta mínima, un recargo fiscal a las finanzas o a los más ricos, o algo parecido (aunque mucha saliva deberá tragar Mas-Colell para aceptarlo). Deberán, asímismo, arrancar algún gesto simbólico de depuración de la corrupción que inunda a CiU (aunque está por ver que rueden las cabezas de Oriol Pujol o de Felip Puig por varios casos claros en ese sentido). Pero, más allá de ese primer momento, deberán corresponsabilizarse con una política económica y social cotidiana que no será para echar cohetes, mientras ICV y las CUP, con razón, les acusarán de traicionar a la izquierda, y CiU, poco a poco y como una carcoma, intentará devolverles al redil del seny, y de pasada, del encaje (por muy creativo que sea) con España.

Y es que hay dos partidos que tienen muy fácil caer en un espejismo con los resultados de estas elecciones: el primero es el PSC, que incomprensiblemente convierte su hundimiento en una victoria psicológica sólo porque su rival más directo se ha dado un coscorrón aún mayor. Pero el segundo es ERC y quienes crean que “las fuerzas soberanistas” han obtenido una victoria política. En realidad, no es así, y para verlo no es necesario hacer números y mostrar que las fuerzas declaradamente independentistas tienen hoy en conjunto menos escaños que ayer: no, para verlo sólo hace falta observar las caras seguras, tranquilas y contentas de todos los líderes y lideresas del PP. Para ellos es obvio que “el problema catalán”, que se auguraba explosivo durante esta legislatura, se ha desinflado. Una CiU independentista subiendo en votos era un problema serio; una ERC subiendo a un 13% de los votos no lo es. Con estos resultados, el gobierno de Rajoy se sentirá con toda la legitimidad y la fuerza para rechazar por vía política y si es necesario, jurídica, cualquier consulta independentista en Catalunya, y si algunas voces en la UE podían tener alguna duda sobre ello, serán acalladas sin problemas. El partido se ha acabado antes de empezar, lo han ganado ellos, y lo que ERC y CiU puedan acabar “convocando”, como el plan Ibarretxe, entrará dentro del anecdotario y no de los libros de historia (dejando aparte las dudas más que razonables de que pudieran “ganar” una consulta independentista en estas condiciones).

El problema es que la grave inconsciencia auto-interesada de CiU no va a perjudicar sólo a las, ahora nulas, posibilidades de independencia para Catalunya, sino también, de rebote, a cualquier otra propuesta en la línea de corregir las injusticias de financiación que los catalanes sufrimos. Una CiU reforzada o con mayoría absoluta hubiera podido conseguir a medio o largo plazo algún tipo de encaje semi-federal en España (y ello hubiera sido percibido como un gran avance, mientras que esa misma solución se percibe como “españolista” si la defienden otras fuerzas políticas); pero una CiU debilitada y en manos de ERC no conseguirá absolutamente nada, ni en Madrid ni en la UE. Mas lo sabe, y ya debe estar rompiéndose la cabeza para vislumbrar cómo conseguir devolver a CiU a su lugar político tradicional sin que se note demasiado y vendiendo que lo hace “por Catalunya”.


This entry was posted on Monday, 26 November, 2012 at 10:45 and is filed under Política. You can follow any responses to this entry through the feed. You can leave a response, or trackback from your own site.

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