El filo de la pipa – José A. Noguera

Opiniones críticas sobre política, sociedad y cultura

Oct 19 2012

CiU acabará en la consulta (pero ¿en cuál?)

Posted in Política |

Las razones del cambio de discurso de CiU desde el pasado 11 de septiembre son la tercera clave para entender lo que ocurre en Catalunya (la primera la comenté en El maltrato a Catalunya: guía para españoles progresistas, y la segunda, no menos importante, la dejaré para otra ocasión: véase la entrada ¿Qué ocurre en Catalunya?).

Vaya por delante lo siguiente: desde el año 2003, en el que CiU (por primera vez en 23 años) perdió el Gobierno de la Generalitat tras verse superada en votos por el PSC de Maragall (algo que ya había ocurrido en 1999, pero que un sistema electoral pre-estatutario y a la medida de la derecha se encargó de desvirtuar), la cúpula dirigente de la coalición de derechas catalana se ha manejado como una auténtica artista de la estrategia política (ayudada inestimablemente por los medios del poderoso grupo Godó y por la ingenuidad y torpeza de sus oponentes de izquierda). CiU ha conseguido no sólo controlar a su antojo la agenda política y mediática catalana (ahora también la española), sino además que los guiones que ha diseñado para cada curso político se cumplan casi a la perfección, desafiando así toda ley weberiana sobre los efectos no intencionados de la acción.

Los últimos acontecimientos en Catalunya no son sino la enésima prueba de ello. Desde que ganó las elecciones catalanas de 2010 sin mayoría absoluta, CiU tuvo muy claro cuál sería el guión de la legislatura: en su primera mitad deberían ir de la mano con el PP para aplicar el programa máximo neoliberal de desmantelamiento de lo público aprovechando la crisis económica. Sin embargo, hacia el ecuador de la legislatura habría que escenificar alguna “ruptura” o “desacuerdo” para que los recortes y la connivencia objetiva con el PP no les pasaran la misma (y costosa) factura que durante el período 1996-2003; para ello disponían de la carta del famoso “pacto fiscal”. Durante los dos primeros años, nada de “pacto fiscal” ni de reivindicación nacional: a votar juntos, toda la derecha peninsular, las medidas de “estabilidad económica” y “consolidación fiscal” (o sea, de recorte de derechos y destrucción de servicios públicos). A partir de las elecciones españolas, ya se vería: si Rajoy necesitaba a CiU para gobernar, ya le sacarían algo a cambio “para Catalunya” (léase para financiar las necesidades de la burguesía catalana, y los conciertos con hospitales privados y escuelas religiosas). Si no (como finalmente fue el caso), le apoyarían igual pero entraría en juego el Plan B: a mediados de la legislatura catalana, habría que escenificar una “ruptura” en torno a la negativa española a asumir el “pacto fiscal” (por cierto, así como las propuestas de financiación del tripartito estaban cuantificadas y meridianamente claras en términos de equidad territorial, todavía no hemos visto cómo se detalla la propuesta de CiU más allá del eslógan, ni en qué se diferencia, contablemente hablando, de lo que establece el actual Estatut, incumplido por el gobierno español).

La ola social reivindicativa que se ha expresado en la manifestación de la pasada Diada ha precipitado dicha “ruptura” y ha obligado a CiU a asumir una postura sin duda algo más radical de lo que inicialmente le hubiera gustado. Pero (maestros de la política una vez más) sus dirigentes eran conscientes de que no subirse a esa ola en estos momentos significaba perder credibilidad y votos a favor de otras opciones, mientras que hacerlo suponía acariciar el sueño de la mayoría absoluta (como, efectivamente, varias encuestas vaticinan, por primera vez desde 1991). No había elección para ningún estratega político que se precie: sin “transición nacional” y “consulta”, los recortes y la connivencia con el PP harían bajar a CiU entre 5 y 10 escaños; con ellas, les harían subir quizá incluso más de 10. Cualquier buen politólogo sabe que, disponiendo de esa opción, lo demás es retórica.

Ni en sus más osados sueños podía la derecha catalana imaginar que, tras haber aplicado con mal disimulada ilusión los recortes sociales neoliberales más brutales de la historia del país, la agenda de la campaña electoral inmediatamente posterior ignorase por completo dichas tropelías y se monopolizase en torno a la “cuestión nacional”, en la que CiU se mueve mucho mejor. El impagable programa de humor “Polònia” (último reducto de la crítica política en la televisión pública –y privada- catalana) lo resumía a la perfección en un gag de un minuto: un médico y una maestra de escuela con pancartas gritan “¡Recortes no!” ante Artur Mas; rápidamente, éste se envuelve en una bandera catalana estelada; el médico y la maestra quedan en trance un segundo y pasan a gritar “¡In-de-pen-den-ci-a!”

Quien observa con ojo fino los entresijos de la política durante décadas sabe que hay que leer entre líneas. Y hay mucho que leer así en las declaraciones y en los actos de dirigentes de CiU en las últimas semanas, que están perfectamente medidas, calibradas y planificadas. Veamos. El mismo día que CiU aprobaba una resolución en el Parlament instando a la convocatoria de una consulta sobre la “transición nacional”, el gobierno catalán recibía más de 3000 millones del gobierno del PP como avance del rescate financiero, siendo los primeros en recibirlo en todo el Estado, y negociaba exitosamente con PP y PSC para no tener que dar explicaciones parlamentarias sobre los millones de euros que según la policía y la fiscalía recibió CiU del corrupto Millet y su Palau de la Música. En su discurso de Bellaterra ante la cúpula de CiU, Mas afirmaba que ahora aún no era el momento de convocar una “consulta”, y que para ello se necesitaba una “mayoría indestructible” (algunas encuestas dan un ajustado 51% a la opción independentista, algo perfectamente “destructible”). En repetidas ocasiones afirma el president que no organizarán una consulta “para perderla”. En la conferencia de presidentes autonómicos, unos días después, Mas ni menciona nada de todo esto y se remite de nuevo a cumplir el Estatut vigente y al famoso “pacto fiscal”. En una entrevista reciente, afirma que si el gobierno español hiciese una oferta “muy, muy conveniente” para Catalunya, todas sus actitudes sobre la “consulta” se podrían revisar. En otra, que lo que buscan para el país no es tanto la independencia como la “interdependencia”.

En su discurso de proclamación como candidato el pasado día 14, Mas fue algo más concreto: afirmó que intentarían que el parlamento español aprobase la convocatoria de un referéndum en Catalunya (Mas sabe perfectamente que no será así); en caso contrario, intentarían cambiar la ley para que Catalunya pueda convocar referéndums (Mas sabe que con mayor razón rechazará esto la mayoría del PP); seguidamente, probarían a convocar una “consulta” en Catalunya con la ley catalana de consultas (Mas sabe que no podrá hacerlo mientras dicha ley esté pendiente de sentencia por el Tribunal Constitucional, sentencia que no se adivina favorable). Pero no desesperemos: si todo ello fracasara, irá a Europa (ahí es nada) a denunciar que no les dejan consultar a la población.

Demasiado revuelo para tantos condicionales ficticios. O bien Mas está dispuesto a no respetar la legalidad española, y entonces todo lo anterior es futil, o bien no lo está, y entonces se trata de ganar tiempo para lograr un acuerdo con el PP antes de que se le descubra el farol. Quizá por ello el 21 de septiembre Francesc Homs declara a RAC1: “debemos ser audaces con el lenguaje y evitar la palabra independencia”, y añade que este “no es un proceso para impacientes”. El camino a la consulta parece improbable, y CiU lo sabe. Sólo cabe esperar que, al final, no recalen (y nos hagan recalar a los demás) en otra consulta, la del psiquiatra.


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