El filo de la pipa – José A. Noguera

Opiniones críticas sobre política, sociedad y cultura

Oct 07 2012

El maltrato a Catalunya: guía para españoles progresistas

Posted in Política |

En una entrada anterior (¿Qué ocurre en Catalunya?)  decía que la primera clave para entender lo que pasa en Catalunya es el injusto maltrato económico que los gobiernos españoles han dispensado a los catalanes desde hace décadas. Esto es algo interiorizado ya por la mayoría de los ciudadanos catalanes, de muy diversas adscripciones políticas, procedencias, edades, y clases sociales. Sin embargo, la convicción mayoritaria en el resto del estado sigue siendo la contraria: en Catalunya son ricos (o más ricos que en el resto del estado), les hemos dado mucho más que a las demás comunidades autónomas, y encima nunca están satisfechos. Incluso quienes en España (y no son pocos) tienen percepciones más ajustadas a la realidad y apoyarían seguir avanzando en la descentralización autonómica, no suelen tampoco tener claro en qué consisten exactamente las quejas catalanas. Como los demás son difíciles de convencer, esta entrada va dedicada a estos últimos.

A mi juicio, el maltrato fundamental hacia Catalunya se produce por la violación flagrante del principio de ordinalidad en el reparto de los fondos públicos. Dicho de otro modo, por el hecho de que los recursos disponibles por habitante después de pagados impuestos y ejecutado el gasto público sean en Catalunya menores que los de algunas comunidades con las cuales es “solidaria”. La solidaridad implica ayudar a quien está peor que uno mismo, no autoinmolarse por él. Creo firmemente que, si esto se hubiese corregido hace años, hoy los problemas en la relación Catalunya-España estarían prácticamente resueltos, y el independentismo sería algo minoritario y anecdótico, con un apoyo electoral de entre el 10 y el 15% del voto.

¿Es justo el principio de ordinalidad? Mi respuesta es que sí, rotundamente. La redistribución de los recursos entre ricos y pobres busca compensar, corregir y prevenir la reproducción de situaciones injustas de desigualdad de oportunidades no imputables a las personas que las sufren, sino a circunstancias que les vienen impuestas por la herencia social y económica, por el resultado de conflictos y equilibrios de poder en los que no han tenido arte ni parte, o por el hecho azaroso de haber nacido aquí y no acullá, en el seno de esta familia y no de otra. La redistribución (esto es lo que la derecha no entiende, porque no le interesa entenderlo) no se basa en la envidia ni en la venganza: no se trata de perjudicar al que tiene rentas superiores, sino de evitar perjuicios injustos e inmerecidos a quien las tiene inferiores. No se trata de suprimir los incentivos para prosperar económicamente, sino de hacerlos compatibles con una mayor justicia y cohesión social. Sin embargo, si no respetamos la ordinalidad, tales incentivos se dañan y la sensación de ser víctimas de un cierto parasitismo cunde con facilidad.

No es justo que tras redistribuir, el contribuyente neto quede peor que el beneficiario neto. Si pusiéramos a todas las comunidades en fila ordenadas según los recursos por habitante, por mucha redistribución que acabe habiendo, el orden posterior debería seguir siendo el mismo, aunque las diferencias, por supuesto, hayan disminuido.

Los gobiernos tripartitos de izquierdas en Catalunya (2003-2010) fueron los que por primera vez pusieron toda la carne en el asador para resolver esta cuestión de una vez por todas (no los de CiU, que estuvieron 23 años gobernando, 8 de ellos de la mano con el PP, sin plantear nunca nada parecido). Tanto el PSC de Maragall (y posteriormente de Montilla), con Castells como responsable económico, como ICV (que desde los años 90 especificaba esta cuestión muy claramente en su programa), se propusieron conseguir esto a través del nuevo Estatut; no así ERC, en cuyo subconsciente anida la idea de que, con ordinalidad o sin ella, cualquier euro que salga en dirección a España es un robo.

Al menos sobre el papel, las izquierdas catalanas estuvieron muy cerca de conseguir lo que hubiera sido un avance histórico y una solución estable al encaje de Catalunya en España, puesto que la famosa disposición adicional tercera del Estatut establecía (al menos antes de los “recortes” del Tribunal Constitucional) una corrección en el sistema de financiación autonómica que nos aproximaba mucho a la ordinalidad. Sin embargo, la triste realidad es que ni el gobierno del PSOE ni el del PP han dado cumplimiento a esta disposición (legalmente vigente, aprobada por el Congreso de los Diputados, y firmada por el Rey). Dicho claramente: la realidad es que fueron instituciones del Estado y gobiernos españoles los que se negaron a resolver el problema por esta vía (incluso, cosa incomprensible, después de haber asumido los costes políticos de su aprobación legal).

En España, la prensa de derechas (que es casi toda) se encargó de presentar al tripartito como un gobierno separatista (cuando precisamente haber atendido sus demandas hubiera evitado el auge actual del independentismo), mientras que en Catalunya, los medios del grupo Godó (estructuralmente ligados a CiU y que abominaban del tripartito por su política de izquierdas) e incluso TV3 (con gran peso de ERC en su dirección y con una independencia del gobierno que ahora CiU se ha encargado de suprimir) presentaron el fracaso como un descrédito del tripartito y como la prueba de la debilidad y el “españolismo” de la izquierda catalana, cuando la realidad es que ningún gobierno catalán en la etapa democrática había llegado tan lejos en sus reivindicaciones (y en sus logros) frente al gobierno español.

No es de extrañar que la sensación generalizada en Catalunya sea, entonces, la de que España cierra todas las puertas a cualquier solución aceptable en este terreno, y que no quedan abiertas sino apuestas más radicales y unilaterales.

A quienes ya tienen una visión prejuiciada de este tema, en España o en Catalunya, será difícil hacerles cambiar de opinión. Pero a todos los progresistas españoles que ven las cosas con más sensatez, habría que preguntarles, no sin dolor: ¿dónde estábais cuando las izquierdas catalanas os necesitaban para establecer de una vez por todas una relación justa y fraternal entre Catalunya y España?; a pesar de todos los costes políticos que seguramente asumísteis, ¿por qué no os mantuvísteis firmes contra el acoso mediático y social de la derecha española (y, simétricamente, de parte de la catalana)? Qué gran ocasión perdida. No es que no pueda volver (a ello me referiré en sucesivas entradas), pero, muy probablemente, ya no será la izquierda quien la protagonice. Y eso, no nos engañemos, significa que los recursos que, por la vía que sea, acabe consiguiendo Catalunya, no irán precisamente a las escuelas y los hospitales públicos.

 


This entry was posted on Sunday, 7 October, 2012 at 22:45 and is filed under Política. You can follow any responses to this entry through the feed. You can leave a response, or trackback from your own site.

One Response to “ El maltrato a Catalunya: guía para españoles progresistas”

  1. Fernando Aguiar Says:

    Muy bueno, ahora sí que me ha quedado clarísimo. ¡¡Muchas gracias!!
    Lo que no se me ocurre es una respuesta a tu pregunta -¿dónde estábamos los progresistas españoles?: pues quizá buscando a la izquierda con lupa por estos lares sin encontrarla, alucinando con la movida del Tribunal Constitucional y el Estatut, pidiendo en algún foro que no se tocara lo que había aprobado el parlamento catalán y los catalanes en referéndum, pidiendo la reforma del Senado y la desaparición del TC. Pero se hacía en foros marginales, porque la “izquierda” en el gobierno, el PSOE, ni acompañaba ni pudo hacerlo peor…iba a decir que no hicieron nada a derechas, pero no, lo hicieron todo a derechas.
    No sé si es tarde o no para arreglarlo, pero sí sé que la opción federal crece cada vez más en España, por suerte, aunque, por desgracia, parece que crece menos que la centralista…normal, la izquierda española no existe.

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