«Chenaralitá» y «Chirona».

1.- Daba grima oír hace poco a los miembros del Tribunal Supremo y a varios testigos y letrados esforzarse en pronunciar en catalán las palabras que aparecen en el título. Seguían así la ridícula moda que ha venido a exigir que los topónimos y  otros términos en catalán se escriban y pronuncien a la manera original y propia en esta lengua. Quizá se trate de hacer pasar un mal rato al hablante, porque no veo ninguna otra justificación, salvo el paletismo y los complejos tan habituales entre los españoles.

  …       La presencia de palabras extranjeras en la conversación  ha sido siempre un problema para todos los idiomas. Precisamente, para no ser sádicos o ridículos con los hablantes, a medida que una noción iba ganando importancia, la costumbre iba adaptando las palabras de mayor importancia a su propio acento y grafía. Así, en castellano se optó por “Londres” en vez del extraño “London” y en catalán la dificultad de “Murcia” se resolvió con un “Múrcia” [se lee “Múrsia”] que está muy bien (lo tenía fácil porque ya existe ese precioso nombre de Aiguamúrcia para un municipio de Tarragona).

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…        2.- Es cierto que esta regla sólo se aplica a los sustantivos relevantes o que más complican la vida al  parlante. Así, en catalán se ha buscado “Nova York” (y se evitan un «niu york»), pero no ha tenido necesidad de transformar “Idaho” (sueltan un “Idajo” y alabado sea Dios).  En este último caso, no se modifica la grafía, pero se deja la pronunciación al albur del hablante. Para los ingleses debe ser un enigma el modo en el que en los diálogos en español o en catalán se pronuncia “Washington”. En estos dos  idiomas, se admite un “guasington” apañadito y  ya está. Por supuesto, también los británicos  construyen sus adaptaciones y Lisboa se  trastoca en Lisbon.

La norma anterior que, como se observa, funciona de un modo bastante casuístico, se aplica con más firmeza cuando se trata de instituciones. No nos referimos a la “Kuin”, sino a la Reina de Inglaterra. El “Senate” norteamericano es el Senado para el castellano y el Senat para el catalán. En cambio, cuando se trata de nombres de persona  parece que las lenguas se inclinan por el respeto a la forma vernácula (aunque no faltan esporádicas acomodaciones como, por ejemplo, Julio Verne ).

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…         3.-En definitiva, lo correcto, en español, sería hablar de Generalidad, de Gerona, de Lérida y de Tarrasa (en este último caso para aludir a la renombrada Terrassa). Lo mismo ocurre para un catalán, que se refiere sin problemas a Andalusia, a Galícia  (pronunciado “Galísia”) o a Astúries. Y, desde luego, creo que no molesta a nadie que los ingleses sigan hablando de Spain o de Catalonia. La transformación efectuada demuestra que son topónimos relevantes para ellos.

Es decir, al contrario de lo que piensan algunos, la adaptación es una señal de envergadura y trascendencia. Y viceversa, el mantenimiento por el hablante de la grafía y la pronunciación más o menos original nos suele indicar que no vale la pena el cambio o que tampoco suena tan mal en el lenguaje en el que se habla. Por eso, me temo –con todos mis respetos- que Albuñuelas, Vilobí d’Onyar y Ramsgate (en el condado de Kent) no van a ser transformadas por los hablantes catalanes o castellanos (aunque vete a saber cómo los pronuncian).

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Acerca de Joan Amenós Álamo

Professor de Dret Administratiu
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