«Spanish Inquisition»…a estas alturas.

1.-Traemos hoy a este cuaderno una atinada reflexión de José María Macías sobre el ya famoso editorial de The Times respecto al inminente juicio en torno a los hechos del otoño de 2017 en Cataluña. Su título es “The Times view on the trial of the Catalan 12: Spanish Inquisition”. Llama la atención, como señala el autor, la entrada en tromba –Spanish Inquisition– comparada con el sensato empirismo inglés que luego se observa en el cuerpo del texto, describiendo lo ocurrido con pocas manías y dando algunos consejos políticos casi protocolarios. La sorpresa es, pues, el manido recurso a la Leyenda Negra, ese viejo animal de carga.

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2.-Sería demasiado largo discutir ahora sobre las bases de ese mito. Ya lo han hecho con gran precisión Elvira Roca Barea o Stanley G.Payne, entre muchos otros. En cierto modo, la construcción del invento a partir de verdades, medias verdades y mentiras descaradas era casi inevitable en el combate contra el Imperio dominante, especialmente si la propaganda la alentaba la gran potencia rival, la Pérfida Albión (para seguir con el antiguo enredo).

Lo curioso, no obstante, es la fuerza con la que el trampantojo se instaló, especialmente en la Gran Bretaña. En la educación media de un inglés, es un género más o menos habitual. De ahí la facilidad de la tinta gruesa del Times.

El espécimen tiene varias patas. Sintetizando mucho, la más paleta sería la que atribuye a los españoles –especialmente, a los castellanos- un carácter cruel y traicionero. Fue, quizá, la que más se hizo correr por los cronistas ingleses, ya desde las luchas en los Países Bajos y, en general, durante las pugnas en torno a los territorios y las rutas americanos.  Curiosamente, se ha querido ver en alguna ocasión un antecedente en la propaganda antiaragonesa y, específicamente, anticatalana,que algunos escritores italianos cultivaron en la Italia de los siglos XIV a XVI, aunque lo cierto es que predominó la admiración por los gobiernos hispánicos, como podemos ver en el mismo Maquiavelo con respecto a Fernando el Católico.

Una segunda patita es, con serio ceño, más institucional, y se ceba en los procesos de la Inquisición y sus tormentos. Aquí el flan se ha ido deshaciendo porque, en lo que  respecta por ejemplo a la brujería, parece que en España no se llegó a las cincuenta personas quemadas brutalmente en la hoguera, mientras que el Reino Unido alcanzó las mil y el protestantismo alemán se disparó hasta las 25.000 (***).  También aparecen por aquí las persecuciones religiosas, aunque los esfuerzos ibéricos ni de lejos se acercaron, por ejemplo, a los métodos y resultados de  la noche de San Bartolomé ( y los días posteriores al 23 y 24 de agosto del aciago 1572 en suelo francés).

Existe, en fin, un fragmento de la leyenda negra que apunta a la intolerancia política e ideológica hispánica. Ahí el inglés medio se viene arriba y puede citarte desde Locke hasta las sesiones de control del Parlamento, pasando por el Speakers’ Corner. Desde luego, la cosa tiene sus matices porque no quiero ni imaginar lo que hubiera ocurrido si una autoridad pública del Reino Unido de la Gran Bretaña proclama por dos veces en un mes la independencia de alguna parte de su territorio (y con ello no entro en la calificación jurídica de las declaraciones y hechos que –eso sí- compete al Tribunal Supremo). El artículo que transcribimos, por cierto, también hace alguna referencia indirecta a esta paradoja.

Por supuesto, todos estos tópicos son observados con una sonrisa por los historiadores serios y son ignorados por un gran número de los dirigentes británicos. Baste citar a M. Thatcher que, en su fundamental discurso del Colegio de Europa en Brujas el 20 de septiembre de 1988 –Let Europe be a family of nations– elaboró un mensaje sin complejos en favor de la exploración, colonización y civilización de todo el mundo que habían acometido los europeos y plasmó su peculiar programa para el continente:

Europa será más fuerte precisamente porque tiene a Francia como Francia, a España como España y a la Gran Bretaña como la Gran Bretaña, cada una con sus propias costumbres, tradiciones e identidad. Sería una locura intentar ahormarlas dentro de una especie de  retrato robot de la personalidad europea.”

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3.-Por puro azar, cayó en mis manos hace unos años uno de los ejemplos contemporáneos de los restos –un tanto desvaídos- de la Leyenda Negra. Se trata del magnífico y delicioso libro de sir E.H. Gombrich, A little history of the world, en la versión inglesa que él mismo preparó (había escrito en alemán un exitoso volumen en el año 1936 y, ya plenamente integrado justo desde ese año en la vida y la cultura inglesas, se atrevió con el ya definitivo texto en esa lengua, que fue publicado en el año 2005 gracias al impulso final de Caroline Mustill). Es un libro divulgativo y sintético, como el mismo autor avisa, y –justamente por eso- es más útil a nuestros efectos.

Por sus páginas aparece la cruel y sanguinaria codicia de Hernán Cortés, aunque no explica por qué 150 soldados (en realidad, fueron dos o tres centenares más), una tropa de caballería  de unas pocas decenas y algunos cañones conquistaron las tierras mejicanas. Algo alude, es  cierto, a los sacrificios humanos que tanto agradaban a los sacerdotes aztecas, pero pone el centro de todo lo ocurrido en la astucia y violencia de Cortés (luego irían viendo los historiadores que la clave quizás estuvo en los amplios apoyos indígenas que, entre pactos y traiciones, fue logrando el extremeño para dar más empuje a su puñado de aventureros).

Mejor parados quedan Isabel la Católica y Felipe II, pero la cosa se vuelve a complicar con la descripción de los miles de personas quemadas en la hoguera por herejía (la cifra es, desde luego, elevada, pero el debate numérico entre los historiadores parece más moderado). En fin, el ejemplar cayó en mis manos gratuitamente en Brighton, entregado por uno de los 20.000.- voluntarios de la cultura que lo difundían a causa de su previa selección como uno de los libros de la World Book Night de 23 de abril del 2013.

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«Spanish Inquisition»…a estas alturas.

José María Macías.

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Acerca de Joan Amenós Álamo

Professor de Dret Administratiu
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