Primeras letras.

A Jaume Tena Fargas.

Nos preocupamos mucho –y debemos hacerlo- por el nivel que deben adquirir las universidades. Sin embargo, cualquier experto sabe que las dados ya se han jugado en los años iniciales del aprendizaje. Se hizo clásico al respecto el discurso de Camus en la recepción del premio Nobel, recordando agradecido al humilde maestro de la escuela nacional que le abrió las puertas del conocimiento.

En las clases de la última infancia y de la larga adolescencia se perfila entre los compañeros la sutil distinción de Cortázar entre cronopios, famas y esperanzas. Es una división que luego el futuro confirmará o desvanecerá.

Siempre procuré acercarme a los cronopios. Me gustaba su compañía porque los cronopios que conocí sabían muchas cosas de literatura y también de música. Trasteaban poemas y algunos aún conocieron los discos de vinilo y los “cassettes”. Supe luego que su vida no siempre fue fácil.

La muerte de un cronopio es un hecho absolutamente serio. Bartleby, desde el fondo del pasillo, anota que es una evidente certificación de su pesimismo (del pesimismo de Bartleby, porque la tristeza de los cronopios es otra cosa). Cuando se van, el tiempo queda convertido en una materia densa y pesadamente pegajosa. Imposible avanzar. Ni siquiera hacia atrás, hacia las primeras letras y canciones.

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Acerca de Joan Amenós Álamo

Professor de Dret Administratiu
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