Notas para una sesión sobre dirección pública (I)

1.-“La función crea el órgano”, se nos decía en la biología elemental de primaria. Sin embargo, en la teoría de la burocracia podríamos decir que “la función crea el grupo o la clase profesional”. Viene esto a cuento en relación de la función directiva en las Administraciones Públicas. En las últimas décadas, se ha consolidado entre los estudiosos la presencia de un conjunto de tareas que se integrarían como una cuña entre lo estrictamente político y lo propiamente funcionarial y ejecutivo. Sería, en cierto modo, un tertium genus entre el alma cambiante de la política (ya no hay, propiamente, ninguna política conservadora) y el alma de la estabilidad y de la seguridad.

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2.-En síntesis, el concepto de misión directiva ha ido reforzándose gracias a dos corrientes. Por un lado, la transformación en el papel social y económico de la Administración. Desde hace ya varios decenios, es evidente que esa parte del Leviatán ya no se limita a tramitar expedientes y a dictar la resolución aplicativa pertinente. Esto último, ciertamente, es importantísimo, pero sabemos que nuestros poderes ejecutivos ya están en muchas salsas y promueven actividades, pergeñan acuerdos, escuchan a los vecinos, buscan y rebuscan fondos, articulan sinergias (perdón por la palabreja), etc.

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3.-Pero es que, además, el hombre llamado a la dirección –y perdonen en este caso la solemnidad- ha de adornarse de conocimientos específicos. En un principio, estas habilidades fueron estudiadas y expuestas por los grandes creadores del management, ya fuese en su versión taylorista o en otras más suaves. Pero sé que esto suena casi vintage y, en los últimos tiempos, se le ha pedido al directivo la luz del liderazgo, la fuerza para persuadir y la dulzura para ilusionar, la destreza para relacionarse con las personas y con los grupos, etc. Incluso, como decía un clásico, ha de ser especialista en “dirigir al jefe” (Managing your boss, de John J. Gabarro y John P. Kotter, como nos recordaba PIN ARBOLEDAS). Todo eso, por supuesto, sin olvidar las tierras áridas. Esto es,  un buen conocimiento del Derecho público, de la gestión presupuestaria y de los arreos informáticos.

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Acerca de Joan Amenós Álamo

Professor de Dret Administratiu
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