El Derecho, el arca de Noé y nosotros.

1.-Reunión con los compañeros del ICALP (International Center for Animal Law and Policy) bajo los auspicios de la energía inagotable de Teresa Giménez-Candela. Concurren compañeros de muy diversos campos y se examinan asuntos de varios terrenos. Por ejemplo, los problemas de encaje gramatical y lingüístico que está teniendo la palabra “sintiente”. Parece  que nuestros primos segundos –los animales- ya van dejando de ser “cosas” y se acercan a nuevas calificaciones jurídicas. Se pasea por la mesa el resultado ya editado de un reciente coloquio en Francia, una de cuyas ponencias propone trasladar a ciertas especies el estatuto jurídico del incapaz. Es decir, existiría un complemento de capacidad –un tutor o un guardador- sobre la base de algo  similar a la personalidad jurídica.

Aparecí en este foro en parte por mi interés en estudiar las zonas europeas de protección de las aves y su relevancia para la construcción de un auténtico Derecho urbanístico y territorial europeo. Pero  lo cierto es que el panorama de esta rama del Derecho es dilatadísimo. Me acordaba de la charla que tuve el otro día con mi colega y amigo Pérez Monguió en Granada, donde me comentaba que estas cuestiones –tenencia de animales, perros peligrosos…- son fuente de sufrimientos humanos y por eso se había dedicado a ellos (de hecho, es un reputado especialista en estos terrenos).

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2.-No es fácil para un existencialista enfrentarse con estos temas. La vida devora a la vida. Es ontológicamente imposible manejar aquí nociones como “personalidad jurídica” o “derechos y deberes”, tan fieramente humanos. Sin embargo, lo cierto es que la presencia de estos seres plantea cada día problemas jurídicos de gran calado. Para empezar, los ya tradicionales: la muy discutible prohibición de los toros, los daños producidos por animales o la sanidad  y las epizootias (que, no sé muy bien por qué, siempre aparecían en los manuales de Derecho Adminisrtivo).

Pero es que, además, nuevas cuestiones florecen por doquier: el etiquetaje de productos  de origen cárnico con ciertas garantías de “bienestar animal”, el empleo terapéutico de perros y caballos –con algunas pruebas científicas en su favor-, la manipulación genética  (entre el ángel y el monstruo), el uso del espacio público (con conflictos crecientes, por cierto), etc.

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3.-Ante esta irrupción, la normativa parece seguir tres patrones orientativos:

……a) En primer lugar, un aumento de la tutela jurídica y un esfuerzo  que se atreve con nuevas categorías. Se justifica por la cercanía –incluso cerebral- con el hombre o por su larga convivencia como animales domésticos, que entraría claramente en el recinto de lo emocional (fundamental, por cierto, en una sociedad donde los hogares con un solo individuo son ya el 25%).

……b)Un segundo rango de salvaguardia  se centra en los animales que contribuyen al mantenimiento de la biodiversidad. Se observan aquí instituciones como las especies protegidas, las zonas de protección de aves y los espacios naturales, la lucha contra el comercio ilegal, etc.

…..c)Finalmente, un tercer ámbito podría girar en torno a la experimentación con animales y a su uso alimenticio, con reglas de gran recorrido histórico (el control veterinario o las cuotas pesqueras, por ejemplo) y otras mucho más nuevas (ética de la investigación científica,  alteraciones genéticas, etc.). Ahora bien, opino que todo lo que hemos dicho no rompe la herencia de Protágoras: Homo omnium rerum mensura est. Nadie reclama protección, por supuesto, para las ratas o para las lombrices intestinales.

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Acerca de Joan Amenós Álamo

Professor de Dret Administratiu
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