Ablandar la vivienda

1.-Se empieza a hablar ya de las transformaciones económicas que se derivarán de la previsible generalización de los automóviles sin conductor. Es probable, según los gurús, que el mismo concepto de coche en propiedad sea sustituido por el acceso a flotas de vehículos más o menos extensas. Incluso, leía el otro día por ahí que los problemas y conflictos asociados a la necesidad de aparcar se evaporarían.

Ahora bien, mientras llega ese futuro luminoso sin carnet de conducción ni examinadores adustos, es presumible que los autos entren en un período de reducción de costes y precios. La mejora de los materiales, la automatización de la fabricación (ya muy avanzada)  y el perfeccionamiento del motor eléctrico parecen ir en esa dirección. De hecho, tal ha sido la tendencia de cualquier artefacto de uso masivo –aumento de prestaciones y reducción del precio- y lo mismo va a ocurrir con los utilitarios (ya pasó la época dorada de los oligopolios de Detroit). Otra cosa es, no obstante, que los individuos y las familias vuelquen un mayor porcentaje de gasto en transporte ante la alegría de los nuevos juguetes. De hecho, éste parece haber sido el efecto de ciertos abaratamientos, como los derivados de los viajes aéreos de bajo precio o de la tentación de vivir más lejos del centro urbano.

*

2.-Cambiando de tercio, el precio de la vivienda muestra una mayor resistencia, que sólo se afloja en situaciones de recesión y siempre de manera muy selectiva. En efecto, parece que aquí pesa mucho menos el factor tecnológico, el procedimiento para construir los hogares. Sin embargo, se observan dos intensas líneas de ataque que ya van dando sus frutos. Podríamos bautizarlas un poco caprichosamente como “doctrina de la eficiencia” y, en el otro lado, como “los arrabales alternativos”.

La “doctrina de la eficiencia” pone sobre el tapete el avance técnico innegable en la prefabricación de las piezas y en su transporte y fijación al terreno. De hecho, la prefabricación de piezas y materiales que se incorporan a la obra no ha cesado de crecer. Se trataría, simplemente, de apurar al máximo la robotización que se nos viene encima. Baste como ejemplo esta referencia de la prestigiosa  web Plataforma Arquitectura: “Cinco proyectos que muestran el potencial de la prefabricación” (abril, 2017).

“Studio Madalena”, de Apiacás Arquitetos (Brasil). Fuente: Plataforma Arquitectura. Fotografía de Leonardo Finotti.

Obsérvese que no se trata del mobile home, tan consolidado en ciertas culturas –como la norteamericana-, pero con un claro rechazo cultural en el área europea. La vivienda se fija al lugar y se ha elaborado ya una reflexión seria sobre la cimentación de estas arquitecturas. Quizá la optimización de estos bloques permita ejecutar en el futuro aquel apunte genial de Coderch con viviendas que reducían sus módulos-habitaciones (y los cedían incluso a los vecinos) a medida que los años nos iban pidiendo menos espacio, con menos críos y menos gente rondando por la casa…

**

3.-Los arrabales alternativos” se rigen por parámetros diferentes. De hecho, creo que se matiza el concepto cultural de  vivienda individual. Por tanto, se trabaja tanto a nivel de espacio público como de alojamiento. En el primer caso, se prima la creatividad, la participación del común, la sencillez y el uso colectivo efectivo, en contraposición al macroproyecto elitista, complejo y oneroso. Se habla, incluso, de un “urbanismo del mientras tanto” (mientras se disuelve la última de las cíclicas crisis) y de un “urbanismo afectivo”, tal como nos explicaba hace poco el amigo Miguel Jaenicke,  arquitecto del “Vivero de Iniciativas Ciudadanas”, en su sesión del Urban Thinkers Campus, en Madrid (11 de julio, 2017).

Proyecto de vivienda modular con materiales reciclados y de bajo coste, dibujado por Santiago Cirugeda. Fuente: Opchitecture.

La vivienda es, para esta corriente, un asunto más delicado. Quizá porque se toca el hígado de las creencias profundas. Lo decía el incisivo crítico de la arquitectura Martín Pawley:

       “Cuál es la diferencia entre 100 hogares móviles y un edificio de apartamentos de 3000 m2? La diferencia es la aceptación cultural” [1].

Se trata, en síntesis, de hallar nuevas fórmulas jurídicas y técnicas para hacer asequible la  compra de un hogar. En el primer caso, jugando con los vacíos legales o proponiendo, por ejemplo, nuevos contratos de uso compartido,  ya sea a tiempo total o parcial. Se observa ahí una zona de contacto –y quizá de fricción- con la denominada economía colaborativa. A nivel técnico, también se levanta el patrón de la simplicidad y del reciclaje, aunque intentando sacudirse el viejo fantasma de la autoconstrucción triste. El ejemplo en este terreno sería el innovador Santiago Cirugeda. Nos remitimos a un artículo que resume y da cuenta de sus planteamientos: “Temporary occupation of empty lots” (de Alberto Sáenz).

Metafóricamente, quizá se trataría de aplicar a la solidez de precios de la vivienda la atmósfera de la sociedad líquida. Ya sé que esto da un poco de vértigo, pero también entusiasmará a algún nómada de corazón.

***

 

[1] PAWLEY, M.: 20 th century architecture: a reader’s guide, Architectural Press, Oxford, 2000, pp.134-135.

Acerca de Joan Amenós Álamo

Professor de Dret Administratiu
Esta entrada fue publicada en Arquitectura, Arquitectura española y etiquetada , , . Guarda el enlace permanente.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Time limit is exhausted. Please reload the CAPTCHA.