El debate periodístico sobre la publicación de sumarios

La divulgación de fragmentos sumariales –incluso, en algunos casos, de los declarados secretos también para las partes-  se ha reiterado en la prensa en los últimos años. Sin embargo, desde mi humilde ignorancia, parece que la reflexión sobre este vicio se contraía a un selecto grupo de constitucionalistas y procesalistas. No obstante, la creciente relevancia del problema planteado ya ha generado algún debate interesante en los medios de comunicación. Como ejemplo, transcribimos un artículo de A. Espada con fecha de ayer -6 de mayo de 2017-, que puede consultarse aquí***o bien en la copia siguiente, con nuestras acostumbradas negritas.  Desde luego, el tema es complejo y en el mismo texto se advierten algunas aristas delicadas. Jugosa, aunque discutible, es la propuesta de trasladar el principio procesal de igualdad de armas al terreno periodístico.

Para  enmarcar el tema, es conveniente la consulta de los artículos 301, 301 bis y 302 de la Ley de Enjuiciamiento Criminal  y es muy útil el sintético artículo de Juan Alberto DÍAZ LÓPEZ  “La ‘nueva’ corrección disciplinaria del artículo 301 LECrim”, publicado en Legaltoday el 8 de mayo de 2015.

 

Humphrey Bogart en “El cuarto poder”.

 

 

 

 

 

 

Fuente: ***

 

El tapabocas (II)

El jefe de opinión del periódico Vicente Lozano me escribió ayer diciéndome que no acababa de entender mis argumentos sobre el secreto sumarial. Hoy le he contestado:

«Querido Vicente, gracias por tu lectura, y por tus comentarios. Estas cosas adquieren especial valor cuando, como es el caso, las personas tienen opiniones distintas sobre asuntos claves.

Como deducirás de mi texto yo no he dicho que un periódico deba abstenerse por sistema de publicar fragmentos de un sumario. Incluso aunque la ley no lo permita, como es el caso inglés. Siempre he defendido que un periodista puede incumplir la ley por mandato imperativo de la verdad, solo que a condición de asumir las consecuencias y no lloriquear.

La ley española favorece la publicación de fragmentos de sumarios, secretos o no, y por lo tanto relaja las condiciones para los periodistas. A mi juicio esta comodidad, unida a las razones comerciales, ha provocado una deriva peligrosa en España. Fragmentos de sumarios, informes policiales, peritajes diversos, es decir y al fin, conjeturas, se publican en nuestros diarios —y lamento decir que muy especialmente en el nuestro— sin ningún filtro. Solo protegidos por el argumento de autoridad que inspiran sus autores. Pero, por desgracia, policías, fiscales e instructores son, como cualquiera, víctimas de sesgos, confusiones y errores. A veces son víctimas también de su insuficiencia intelectual. Y otras, aunque las menos, practican, lisa y llanamente, la mentira.

Cualquier cosa que un periódico publica debe atenerse al criterio de veracidad. Es decir, un periódico no puede mentir entre comillas protegido por el falaz argumento de autoridad. Ese tipo de construcciones gramaticales, y exculpatorias, tan caras a nuestro estilo: «La Udef dice…» Si el periódico decide publicar un fragmento de sumario debe cumplir una de estas dos condiciones. La primera es que el periódico esté convencido de que lo que relata es verdadero. Es decir, que no se trata de una posibilidad, sino de un hecho. Por supuesto el periódico puede equivocarse. Pero su punto de partida es la convicción. No lo cree la Udef. Lo cree el periódico. Y punto.

Como es natural esta condición de solidez se da pocas veces. La verdad de un sumario suele ser una «truth in progress». También en este caso el periódico puede estar convencido de la utilidad de su publicación. Pero II)es imprescindible que al tratarse de una verdad en marcha, de una verdad aún sujeta a versiones, el periódico incluya las versiones de todas las partes. ¿Qué es lo que sucede con los sumarios secretos? Que la verdad de la otra parte no puede publicare ¡en razón precisamente del carácter secreto del sumario!, porque las partes aún no han tenido acceso a lo que el periódico publica con tanto desparpajo. No creo que sea necesario subrayarte la falta de ecuanimidad, la indefensión que estas condiciones de publicación garantizan. Una indefensión que, por cierto, se practica incluso a posteriori. Para ponerte un ejemplo reciente y doméstico: observa el tratamiento que dio el periódico a la verdad provisional sobre los pagos a Rato de Lazard y el que le dio meses después a la verdad tout court.

Alrededor de estos delicados asuntos hay infinidad de cuestiones de interés. A mi juicio el periodismo debe reflexionar profundamente sobre ellas, porque ahí también está una de las razones dolorosas de su desprestigio y de su crisis. Ni que decir tiene que estoy a tu disposición para continuar este diálogo cuándo y cómo quieras.

Abrazo grande
A.”

     Arcadi Espada

“Deadline-USA” (proyectado en España como “el cuarto poder”).

 

 

 

 

 

 

 

Fuente: ***

 

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Acerca de Joan Amenós Álamo

Professor de Dret Administratiu
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