Philip Larkin y la paradoja del ahorro

1.-Los keynesianos se revolcaron deleitosamente en la paradoja del ahorro. En síntesis, se referían con ello a la situación que puede sufrir una economía nacional si los consumidores se  sienten empujados de forma mayoritaria o  incluso unánime por una voluntad de guardar y no gastar. Las ventas se vendrían abajo y los bancos harían un inútil esfuerzo de redistribución del ahorro, ya que nadie estaría interesado en la solicitud de créditos: ni los consumidores –que optaron por la tacañería-, ni las empresas –cuyas ventas disminuirían cada día de forma terrible-.

Ya no sé cómo se resolvió esta paradoja. Quizá con un encaje en una economía internacional que diera a cada uno un papel diferente (unos más gastosos y otros más contenidos). Esta sería la solución, excepto que todos los ciudadanos  del mundo se convirtiesen en implacables calvinistas del desierto. Otra hipótesis para salvar la paradoja fue el estudio y manipulación psicológica para hacernos alegres o tímidos con el dinero (en fin, ya lo saben, aquello de trabajar el subconsciente, la publicidad, la propaganda, la emulación entre iguales…). Finalmente –creo que la cosa acabó así- se recurrió a sofisticadas palancas monetarias y fiscales para evitar el estancamiento de los flujos de renta.

*

2.-Pero no era la respuesta de la teoría económica lo que me interesaba, sino el dilema existencial de la decisión entre el disfrute inmediato y el ahorro para el porvenir. A ello se refería el poeta inglés Philip Larkin en un poema magnífico –Money–  que conocí gracias a la edición que le hizo Marcel Riera en Labreu edicions (2009). La traducción de Riera es memorable y funciona perfectamente como poema en catalán (éste suele ser el mérito de las traducciones de Riera, que no sé cómo se lo hace, cómprenlo, ya verán). Por mi parte, he intentado verter al castellano una  versión que no fuera demasiado indigna.

Como puede observarse, Larkin tampoco desenreda la paradoja del ahorro y, más bien, acaba conectándola con lo que el poeta Jaime Gil de Biedma denominó “la radical insuficiencia de la vida”. Incluso el dinero –una de las fuerzas primordiales de la existencia- se ve atrapado por esa radical insuficiencia.

**

       3.-

       Money

 

Quarterly, is it, money reproaches me:

    ‘Why do you let me lie here wastefully?

I am all you never had of goods and sex.

    You could get them still by writing a few cheques.’

 .

So I look at others, what they do with theirs:   

    They certainly don’t keep it upstairs.

By now they’ve a second house and car and wife:

    Clearly money has something to do with life

—In fact, they’ve a lot in common, if you enquire:

    You can’t put off being young until you retire,

And however you bank your screw, the money you save

    Won’t in the end buy you more than a shave.

 .

I listen to money singing. It’s like looking down

    From long french windows at a provincial town,   

The slums, the canal, the churches ornate and mad

    In the evening sun. It is intensely sad.

 .

Philip Larkin.

 

Dinero.

 

Trimestralmente, ¿no es cierto? El dinero me reprocha:

“¿Por qué me dejas aquí muerto de asco?

Yo soy las posesiones y el sexo que nunca has gozado.

Aún podrías tenerlos con tu firma sola.”

Observo a los demás, qué hacen con el suyo:

ciertamente, no lo esconden bajo una baldosa.

Ya tienen segunda casa, coche y esposa.

Claramente, el dinero y la vida son del mismo mundo.

De hecho, tienen mucho en común, si piensas:

no mantendrás la juventud hasta jubilarte.

Y aunque ahorres tu salario en la libreta,

el rédito será al final decepcionante.

.

Oigo la canción del dinero. Me recuerda

a una ciudad provinciana desde unos ventanales;

los arrabales, el canal, las iglesias y sus encajes

en el atardecer. Es intensamente triste.

(Traducción de Joan Amenós).

 

 

 

 

 

 

 

Fotografía del poeta Philip Larkin. Fuente: Independent.

***

 

 

 

 

 

Acerca de Joan Amenós Álamo

Professor de Dret Administratiu
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